No son buenos tiempos para los amantes de los deportes de invierno, sobre todo para los que no tenemos la suerte de, tener una estación de esquí en tu propio municipio. Luego están los que sí tienen estaciones en su provincia o en su comunidad autónoma. Los peor parados somos los que, en nuestro territorio confinado, ni siquiera tenemos montañas con la suficiente altura, como para poder tocar nieve y hacernos unas bajaditas. En este último grupo me encuentro encerrado yo, un valenciano apasionado del esquí y de la nieve, al cual su vida giraba en torno a los viajes de esquí y que esta temporada, si me permitís la metáfora, es como la de un oso polar, encima de un pequeño iceberg, varado en mitad del Mediterráneo.
Esta es la triste situación que nos encontramos muchos de nosotros. Un completo desastre que a más de uno le está quitando el sueño, afectándole a su estado de ánimo. En lo personal he de reconocer que psicológicamente ha sido muy duro. Pocas ganas de publicar nada en el blog, ni siquiera de mirar cualquier cosa relacionada con mi pasión, el esquí. Pero eso es muy difícil, basta con abrir cualquier red social, para que se te pongan los dientes bien largos y se desborden los sentimientos. Por ello despejar la mente con otros nuevos proyectos y actividades, que ya os iré contando en futuras ocasiones, ha sido la clave para rellenar el hueco que el esquí ocupaba en mi vida.
Cuando ya lo daba todo por perdido y cuando ya mi mente había entrado forzosamente en el "modo verano", resulta que nos visita una tal Filomena, que me obliga a encender de nuevo el radar cazapowder. Durante las navidades se comenzó a fraguar este borrascón, que sumado a la lengua de frío que ya teníamos encima, pronosticaba históricas nevadas generalizadas en lugares no habituales. Día a día los modelos meteorológicos seguían pronosticando esa pedazo borrasca. Pero a tantos días vista, todavía era un poco ciencia ficción y no acabábamos de creérnoslo. La ilusión de ver nevar en mi Valencia, cerquita de la costa, era muy bonita y la pequeña nevada de fin de año abría la esperanza.
El día 1 de enero, primer día del 2021, me levanté sabiendo que había nevado y, como esta nochevieja no hubo nada que festejar...
... salté de la cama y me llevé a la familia a tocar la nieve.
Era una buena forma de empezar el año, tras dos meses en el dique seco. Mi hija Tania retornaba a lo que le gusta, la nieve.
Su madre lo mismo.
Un placer comer en este entorno en nuestra camper, en la Puebla de San Miguel del Rincón de Ademuz, el primer día del 2021.
Esto solo iba a ser el preludio de la que se nos venía encima. Los siguientes días fueron muy emocionantes, viendo como los modelos seguían pronosticando algo gordo para los días posteriores a reyes. Solo faltaba ya una semana, por lo que parecía seguro que la nevada histórica que iba a dejar media península blanca, se iba a fraguar. Y así fue, el viernes 8 de enero, ya teníamos las viñas de la comarca de Utiel-Requena (Valencia) de esta manera.
Filomena entró definitivamente en la Comunidad Valenciana y como si nunca hubiera visto la nieve, para allá que me fui.
Cámara en mano, me perdí por los pueblecitos del interior de la provincia de Valencia...
... con la idea de captar la esencia de la nieve.
Todavía el espesor no era muy grande.
Pero las estampas ya comenzaban a ser preciosas.
La nieve lo embellece todo, da igual como sea el pueblo...
... da igual como sea de viejo.
Comenzaba así un fin de semana de condiciones de nieve épicas, en la mismísima provincia de Valencia.
El sábado 9 era el día loco, el día de la gran nevada, el día clave de Filomena.
Con todas las carreteras del interior nevadas, pusimos rumbo al final del límite provincial con Cuenca. El lugar elegido estratégicamente fue el pueblo de Aras de los Olmos, pero antes había que llegar. No iba a ser fácil, desde Chelva hacía arriba, ya existía la obligación de poner cadenas, lo que significaba conducir 30km hasta el destino con ellas puestas. Desde luego no era un día para desplazamientos, íbamos completamente solos por las carreteras. Pero nosotros vamos muy bien equipados, y con la experiencia de conducir muchas veces en peores condiciones. El camino nos dejaba con la boca abierta, con estampas puramente invernales, a solo media hora de la mismísima costa levantina.
Los cazapowders siempre consiguen su objetivo, y finalmente conseguimos llegar, donde otros amigos campers, Toni y Enrique, nos estaban esperando.
Hubo que palear y hacernos hueco para aparcar, pues todo el pueblo estaba completamente blanco.
Mientras seguía nevando y nevando, nos dimos una vueltecita foqueando por las calles de Aras de los Olmos, a 936m de altitud.
La gente alucinada viéndonos con el material de esquí en el pueblo! En la imagen, Pablo Atalaya por la plaza del pueblo con su splitboard.
A nosotros no nos parecía tan estraño lo de esquiar por las calle del pueblo, más fuerte eran las imágenes que nos llegaban desde Madrid jaja.
Filomena no nos permitió aventurarnos por la alta montaña. El día no estaba para muchas florituras. Lo mejor y más seguro era inspeccionar los alrededores del pueblo y pasar la jornada con un poco de agroski, made in Valencia.
Aras de los Olmos nos sorprendió mucho. Pensaba que ya lo había visto todo en esta vida pero que va... hasta un dinosaurio vimos!
Y seguía nevando y nevando...
... ya ibamos por los 40cm acumulados.
Tras la paradita para comer en las furgos y el posterior resopón, por la tarde la nevada nos dio un pequeño respiro. Parece que lo peor ya ha pasado, es el momento de buscar cualquier rampa...
y reirnos un poquito!
Aras de los Olmos, me recordaba a algún pueblo del Pirineo.
Filomena nos regaló este atardecer morado que nos hizo alucinar, antes de meternos en la furgos a cenar.
Tras una noche muy fría, amanecimos el domingo con cielos más despejados.
Era el momento de pasar a la acción, teníamos que descubrir como había quedado la montaña tras el nevadón.
Enrique, Toni, José, Pablo y yo, eramos los encargados de abrir huella en busca de las cimas más altas.
Conforme nos separabamos del pueblo...
... alucinábamos con el paisaje.
Dios mío...
...parece Laponia !!
Mires donde mires, esta blanco. Estamos solos, nadie más se a atrevido a venir por estos lugares.
¿No parece Valencia verdad?
La travesía nos dejó unas imágenes increíbles.
Bosques repletos de nieve.
Nunca había visto Valencia de esta manera tan brutal de nieve.
Ya el lunes, volví al lío, esta vez con Franch de compañero.
No creáis que es fácil encontrar una montaña con intención de descenderla. Es casi misión imposible, porque esto es Valencia, no el Pirineo. Aquí no hay base de nieve, no hay grandes desniveles, ni tampoco hay casi altura; por lo que, aunque hayan caído 50cm de nieve nueva, no es suficiente para cubrir todo el manto de vegetación que cubre la montaña. Desde la carretera vimos esta montaña que a priori parecía que podríamos hacer un bajadón, pero los matorrales de debajo de la nieve lo hicieron inviable, pasando de "bajadón" a "bajadita" jaja.
La ruta comenzó en el pueblo de El Collado, cerca de Aras de los Olmos. Y ese pico que estábamos subiendo, sin saberlo, resulta que se asciende hasta los 1469m de altitud, donde existen las ruinas del Castillo del Pobo. Pues nada, esquí y turismo rural activo, es lo que toca para hoy lunes!
El plan inicial era subir lo más vertical posible al pico desde el mismo pueblo, pero rápidamente vimos que era imposible. Tocó tirar de vista de pájaro en Google Earth, para encontrar una pista forestal que nos llevará lo más arriba posible del pico rodeándolo.
El pueblo lo íbamos dejando atrás.
La parte final para llegar a la cima fue matadora, dura dura de verdad. Equipo acuestas y para arriba como dos jabatos. Vaya sitio para montar un Castillo!! No entiendo como los romanos podían asentarse aquí, y no solo ellos, también los árabes y otras civilizaciones, hasta su asedio y destrucción por parte las tropas Carlistas en el año 1840.
Y por fin llegamos! Cumbre!!
El lugar es bárbaro, el pueblo de El Collado de donde venimos, se ve muy abajo desde la cornisa de la cima.
Mires donde mires, la nieve lo cubre todo. ¿El Pirineo?? No, Valenciaaaa!
Comenzamos a descender...
...esta vez sin tanto rodeo, más verticalmente.
Pronto alcanzamos el pueblo.
Contento con la actividad realizada.
Y con la conquista del Castillo del Pobo para el recuerdo!
Pues esto es todo lo que he podido hacer sobre la nieve, de mi provincia de Valencia, durante 4 días consecutivos, donde he podido olvidar un poco todas penas de la pandemia, gracias a Filomena. He calmado las ansias con un powder muy fresco, que me a hecho recordar paisajes nevados que tanto añoro. Espero que en el siguiente vídeo, quede reflejado lo bonita que es "la terreta" cuando la nieve lo cubre todo.
Agradecer a mis compis de aventura. Una vez más añadir, que estas y otras aventuras, sin ellos no serían posibles.
Hasta la próxima y recordad...SED FELICES!!