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Víctor González: una bonita historia de superación

Víctor González: una bonita historia de superación
El 22 de octubre de 2015 volví a nacer. Sufrí un grave accidente realizando snowboard de montaña en el Parque Nacional de Aguestortes. Después de golpear el suelo con mi cabeza, escuché como mi columna vertebral, a la altura del cuello, estallaba.
Me quedé agarrotado y encogido en la nieve. Mis manos hacían formas grotescas y no podía más que susurrar. Mis compañeros de descenso (todos grandes montañeros) me taparon con una manta térmica y fabricaron un vivac humano con sus propios cuerpos, para protegerme del frio. Al mismo tiempo, dos bomberos que pertenecían al grupo, actuaban consecuentemente, estirando mi cuerpo para reducir la hemorragia e inmovilizarme el cuello. Gracias a la rápida y metódica actuación de mis compañeros, ahora puedo escribir estas líneas y hacer posible este relato.

Pero sus miradas no podían mentir. Sus ojos relevaban la gravedad de la situación.

Después de un rescate muy arriesgado en helicóptero, en donde el piloto se jugó la vida, me trasladaron al hospital, donde fui operado de urgencia por una rotura de las vertebras c5 y c6 con invasión medular del 30 %. En la operación las unieron con una artrodesis y recubrieron mi masa medular con una malla de moss.

Dos días después de la operación, al despertar, vi a una persona vestida de verde al lado de mi cama. Lo primero que le dije fue:
-Doctor, ¿volveré a hacer snowboard?
Él me miró asombrado. Me daba respuestas vagas y confusas, pero debido a mi insistencia me confirmó mis peores temores.
-Víctor, tienes una paraplejia y no volverás a caminar.
Cerré los ojos y me dejé llevar por la anestesia que aún permanecía en mi cuerpo.

Pasé cierto tiempo en esa cama de hospital, sintiéndome como un liviano saco de carne atrofiada con una mente que no asimilaba lo sucedido y sin capacidad de reacción. Pero un día, algo cambio en mí, y después de unos 500 cambios posturales asistidos, 30 exploraciones anales, más de 300 pastillas y unas 250 sondas vesicales, decidí no esperar a los milagros y salí a buscarlos.

Víctor González


Y es que a veces, para darnos cuenta de lo fuertes y extraordinarios que somos, necesitamos llegar a una situación extrema, a unos limites físicos y mentales que nos coloquen entre las cuerdas, que nos exijan salir de lo convencional y empezar a creer y vivir de forma diferente.

Me di cuenta que somos los creadores de nuestra realidad, aquello en lo que creemos y nos enfocamos en lo que conseguimos. Y yo, quería volver a subirme a una tabla de snowboard y deslizar… No sólo eso, le prometí a mi madre que me vería participar en unas paralimpiadas haciendo snowboard.

Decidí ver cada problema como una oportunidad de encontrar una solución, sobre todo cuando estos problemas están contaminados con ignorancia, estadísticas, miedos e incapacidad de otras personas que prefieren llamar milagros a resultados encontrados por caminos aleatorios, humanos y holísticos, donde ellos nunca tuvieron inquietudes para caminar.

Aquel día descubrí que mis incapacidades físicas no eran más que mis propias debilidades, pero mi fuerza de voluntad me haría invencible. Y no sabemos lo fuertes que somos hasta que la única opción que tengamos es ser extremadamente fuertes.

Aquel día empecé a perder el miedo a fracasar y empecé a tener miedo a triunfar.

Decidí que cada día era una oportunidad de empezar a intentarlo.

Aquel día dejé de ser el reflejo de mis escasos triunfos pasados y empecé siendo una débil luz de esperanza que va cogiendo intensidad conforme iba cumpliendo pequeñas metas. También aprendí que de nada vale encontrar la luz si no la vas a usar para alumbrar el camino de los demás.

Aquel día en el hospital decidí cambiar tantas cosas…..

Me di cuenta de que el fracaso es una parada intermedia entre la salida y la llegada, y es una parada en la que con la correcta actitud, encontrarás respuestas y secretos para avanzar más rápido que antes, hacia la consecución del éxito. Empecé a valorar los fracasos que me encontraba en mi camino, por que me daban mucha información sobre qué y cómo tenía que hacer las cosas para conseguir la meta final de volver a recuperar mi cuerpo. Y cada fracaso me demostraba que estaba luchando en la dirección correcta.

Y de que los sueños nacen solamente para hacerse realidad. Desde aquel día ya no duermo para descansar, ahora solo duermo para soñar, y cuando me despierto, me esfuerzo para que mi vida se parezca a mis sueños.

Aquel día descubrí que no hay que intentarlo, hay que hacerlo. Y después de hacerlo….compartirlo.

Ahora siento mi discapacidad como la extraordinaria capacidad de vivir fuera de mi zona de confort todos los días, algo que me hace vivir retos donde antes había solo normalidad.

Lo que antes era subir una montaña para pasar el día, ahora se convierte en la aventura de escalar un gigante de 8000m, teniendo que hacer campos base, porteos, planificación y disfrutando la gran alegría de poder compartirlo con mis amigos, y además ayudar a enfocar de otra manera a personas que también tienen lesiones medulares o capacidades especiales.

Vic Gonzalez
www.vicgonzalez.com

Víctor Gonzalez


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4 Comentarios Escribe tu comentario

  • #1
    Fecha comentario:
    15/03/2019 19:26
    #1
    :oh!: :oh!:

    Felicidades por tu fortaleza , tanto mental, como física. Por mucho años sigas disfrutando de tu deporte . :+: :+:

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    • Gracias!
  • #2
    Fecha comentario:
    15/03/2019 22:24
    #2
    Enhorabuena por tu mentalidad, fe en ti mismo y perseverancia. CHAPEAU

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    • Gracias!
  • #3
    Fecha comentario:
    17/03/2019 20:53
    #3
    Qué pasada. Uno se queda sin saber qué decir. :+:

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    • Gracias!
  • #4
    Fecha comentario:
    19/03/2019 15:12
    #4
    No tenía ni idea, que se podía hacer snowboard con una paraplejia. Flipando me quedo. Realmente impresionado por la vivencia, aunque aquí vemos el resultado de tu lucha, no quiero ni imaginarme, por lo que habrás pasado hasta llegar al nivel deportivo y de conciencia de hoy. Enhorabuena.
    Lo que te ha pasado, es uno de los temores profundos y sordos que tengo para mí y los míos. Y leerte, me da esperanza, fuerza y alegría, aunque espero no tener que recurrir a ellas para afrontar algo tan complejo. Gracias por ello. Sólo de personas que como tú han recorrido cada centímetro de ése camino, aceptaría creerme la vivencia, sinó, lo dejaría como otro recopilatorio de coaching de Mercadona más, que tanto abundan hoy en día.
    Siéntete orgulloso. Yo lo estoy al leerte y conocer tu historia y tus palabras.
    Un abrazo;

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    • Gracias!

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