Ayer, al llegar a casa, sentí un escalofrío por la espalda. La temperatura había descendido, los niños tenían la nariz roja y los mofletes sonrosados. No había duda, estaba en el ambiente, el frío había llegado.
¡Qué nervios! Lo hice todo deprisa, improvisé la cena, decidí que la niña se podía bañar mañana, por hoy, eché un par de piropos a mi mujer y, cuando todo estaba en silencio, la niña dibujando frente al televisor, el bebé intentando gatear por el suelo, la mujer doblando ropa... cuando todo estaba en orden, la sorprendí: -"Cariño, ¿te importa si le quito la cera a los esquís?", me miró sorprendida y dijo: -"si quieres..."
Ahí empezó todo, casi perdí la razón. Salí a la terraza, monté el banco, cogí los esquís, busqué el material de trabajo, cambié la bombilla, aparté las bicicletas, puse un esquí sobre el banco, encendí la radio, trabajé con la concentración que nunca conseguí cuando estudiaba y terminé un esquí. Ufffffff, lo miré y remiré y pensé que estaba bien.
Entré a casa, todo estaba en orden, le dije a mi adorada esposa -"¿quieres verlo?, creo que está bien" me dijo amablemente -"no". "Voy a hacer el otro" -le dije-. Y me contestó "¿Cuántos tienes?". "Pares tres y los tuyos cuatro". "¿Y sólo has hecho uno en todo este tiempo?" Y mientras me iba a la terraza dije en voz suave para que no se oyera "hoy sólo hago un par, mañana sigo".
Y lo terminé. El par de esquís que más uso ya está listo. Al final de temporada hice suelas y cantos y los dejé preparados para pasar el verano. Ahora ya están listos para la nieve. Sólo espero que este año tengamos más nieve y las piedras no se ceben en ellos como lo hicieron el año pasado.
Hoy he pasado por el taller del coche, y lo he dejado para que arreglaran una cosilla y para que me cambiaran las ruedas por las de invierno. Porque el invierno ya está aquí, ya ha llegado, y espero que para quedarse.
¡Buena temporada a todos amigos!. Que la disfruten.