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Nevadita y paciencia. Caen 10-15 cm de nieve fría con bastante viento. El plan que se empieza a dibujar es de bajar el Taschachwand, pero el día después de una nevada con viento no es para nada razonable. Hacemos pues repetición de la jugada del día 15. Freeride en la estación para aprovechar que no hay casi nadie que hace fuerapista y que la nieve está aún muy disfrutona.
Pasamos el día haciendo pequeñas líneas y algunos saltos. En las umbrías la nieve sigue polvo fría, en zonas con más sol la cosa se va calentando. En ambos casos, las placas de viento están reactivas. Son pequeñas y manejables, pero adaptamos nuestra elección de terreno según las avalanchas que creemos que se pueden desencadenar.
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Y aquí algunas fotos que hicimos de las placas accidentales para informar el Lawinenwarndienst.
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Último vistazo al Taschachwand, con los dedos cruzados para que esta nieve estabilice antes de acercarnos en un par de días...
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Unos días por Pitztal. 15-24 de abril de 2026
Parte 1: 17 de abril
Soy un enamorado de las montañas de Pitztal. Para mí, las instalaciones de Pitzaler Gletscher dan acceso al mejor freeride o esquí "big mountain" del Tirol, sin lugar a dudas. Diría que, de los sitios en los que he esquiado, solo l'Aiguille du Midi y la Grave están al mismo nivel, y personalmente prefiero Pitztal al haber mucha menos afluencia que en esos sitios tan conocidos.
Pues bien, en un invierno con problemas de capa débil persistente desde noviembre, las montañas que tanto me gustan de Pitztal no se podían esquiar con garantías de seguridad. A parte que este invierno no ha sido especialmente abundante en nevadas, por lo que muchas líneas no han sido esquiadas en toda la temporada.
Aún así, la primavera es el momento para ir a por los glaciares, las montañas altas, y las líneas de ensueño. Y así es como el pasado viernes 17 decidíamos volver a Pitztal para hacer un poco de travesía después del éxito del día 15. El objetivo era sencillo, culminar el Wildspitze, cima del Tirol. Pero con las buenas condiciones y la marabunta que se lanza a por la cima cada mañana, pensamos que sería mejor hacer una bajada de menor altitud primero para luego subir al Wildspitze sin gente. Vistas desde el Mittelbergjoch de Taschachwand, Petersenspitze y Wildspitze.
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Y así fue como, debidamente encordados, nos aventuramos por la subida alternativa del Taschachferner, evitando así los grandes grupos que iban por la ruta normal, cerca pero fuera de nuestro campo visual. Al lado de grandes grietas glaciares subíamos, despacito, hacia el Petersenspitze, pequeño pico de 3484m cubierto por el hielo de las estribaciones occidentales del Taschachferner.
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La verdadera cima del Wildspitze a la vista.
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Llegando a la cima de Petersenspitze, con el Hinterer Brochkogel detrás.
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Vistas de aúpa, al fondo vemos el Gepatschferner, glaciar más grande del Tirol en las inmediaciones de Kaunertal.
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En dirección oeste la arista enlaza hasta el Hochvernagtspitze (3536m) sin bajar en ningún momento de los 3200m. La cara norte resultante es un sueño para el esquí de pendiente, con opciones casi ilimitadas entre 300 y 700m de desnivel y siempre por encima de 2600m, todas ellas con pendientes que superan los 40 grados en parte del recorrido y en algunos casos flirtean con los 50 o incluso más. Llegar desde la estación de esquí se limita a una cómoda travesía (por glaciar, eso sí) de unos 400m de desnivel, y una vez abajo se puede seguir el valle hasta llegar de nuevo a la base del funicular.
Cuando hicimos la bajada del Taschachferner en febrero, me fijé en una corta canal orientada a oeste que bajaba del glaciar colgado que hay por debajo del Petersenspitze. Después de estudiarlo en mapas y tomas de satélite, parecía claro que era una bajada sencilla, de paisaje espectacular y sin exposiciones innecesarias. Perfecto para una toma de contacto. Así pues, una vez en la cima del Petersenspitze y aprovechando que estábamos aún encordados, uno de los compañeros se adentró en la cara norte, una corta (150m) pared de hielo que se suele citar como 50º, aunque me pareció algo menos.
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Después de establecer que la nieve parecía estable, llegó la hora de bajar. Pues bien, con la nevadita de un par de días antes estaba en excelentes condiciones de nieve polvo, y se podían enlazar giros a alta velocidad con las purgas persiguiéndonos.
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Una enorme sonrisa al llegar al gran ventisquero que marcaba la segunda (y mucho más relajada) parte de la bajada. A vista de dron, espectacular el glaciar y disfrutona la bajada.
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Al final la bajada gira hacia el oeste, por una canal relativamente ancha pero que desafortunadamente estaba llena de bolas debidas a la fusión provocada por las nubes que hubo por la tarde del día 15. Bajamos de aquella manera al glaciar y ponemos pieles a los pies de la imponente Taschachwand.
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En la cima habíamos mirado horarios de autobuses, pues al ritmo que íbamos no íbamos a llegar a la estación antes de que esta cerrara. El último bus pasaba a las 19:30, por lo que en teoría tenemos tiempo para el Wildspitze.
Subimos despacito, pues las temperaturas son altas, por la lengua del glaciar hasta llegar al punto de inicio de la anterior subida.
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Aquí, un poco de debate. A uno le molesta ir encordado, mientras al otro y a mí nos da pereza hacer la vía normal hasta el Wildspitze, pues se nos va a hacer tarde y son muchos kilómetros. Hay ya una traza bien marcada por la cara norte del Wildspitze, y decidimos ir encordados dos primero, y el otro detrás, sin cuerda, pensando que si fuera a pasar algo sería más probable que le pasara al primero o al segundo que al tercero.
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Así pues empezamos la subida, con la pared norte del Wildspitze cada vez más cerca (250m y, de nuevo, sobre 50º según reseñas).
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Por encima de 3400 empezamos a notar la altitud y perdemos ritmo. La traza está resbalazida y la nieve dura a ratos. Las vistas lo compensan. La antecima está cerca....
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Vistas a la parte superior del glaciar, vía normal de subida (y bajada) hacia el Wildspitze. Parece una pista de esquí.
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En realidad la cima que parece el Wildspitze desde la estación es el pico norte, mientras que el verdadero pico está justo detrás, separados por una afilada arista con algunas subidas y bajadas, delicada según las condiciones. Con el compañero de cordada dejamos las cosas en la cima norte y hacemos la arista para culminar el Tirol, ya que estamos cerca. Desde la cima norte mirando a la cima sur, con el compi llegando arriba.
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Y desde la cima sur mirando hacia la cima norte, con la arista que nos separa.
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El otro compañero, que ya había hecho el pico en otra ocasión, se toma el final de la subida con más calma y nos encontramos de nuevo en la cima norte para preparar las cosas. Vamos justos de tiempo para el bus, pero si no pasa nada de bajada llegamos.
"Si no pasa nada"... Empiezo diciendo, mientras me quito los esquís con las suelas llenas de hielo. Les digo que vayan tirando mientras empiezo a rascar, aún a 3700 metros. Me calzo de nuevo los esquís y me acerco a la pared norte. Uno que se ha ido a tierra de nadie, ni suficientemente a la izquierda para seguir las trazas de otros días ni suficientemente a la derecha como para esquivar el único obstáculo de la pared, una grieta glaciar considerable justo encima de la cuál está ahora, confiando en los cantos de los esquís. Después de unos gritos y la intervención del otro compañero para salir del paso (sólo hacía falta hacer una corta diagonal hacia la derecha), hago la bajada por donde pensaba que habíamos hablado antes que íbamos a bajar todos. Nieve polvo, el sol medio escondido detrás de una nube pero no había tiempo para esperar que esta se fuera.
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Otra parte empinada en un repecho antes de llegar por tercera vez al punto de inicio de la aventura, para esta vez seguir bajando.
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Gritos de éxtasis con el sol ya bastante bajo, y la larga lengua glaciar bajo nuestros esquís con nieve crema en su "segundo punto" al bajar la temperatura por la tarde.
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La bajada prosigue sin más contratiempos más allá de la nieve que en cotas bajas está bastante blanda y lenta.
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Las avalanchas húmedas que me preocupaban de este valle ya se vinieron abajo hace tiempo, por lo que hacemos la larga pista forestal con los esquís a los pies, remando de vez en cuando, hasta llegar a la base 10 minutos antes del bus. Menuda aventura buena.
Preparamos las cosas en un banco, vamos a por agua en el Après Ski y esperamos al bus. Cuando llega nos acercamos, dejando espacio para que pueda girar. En febrero presenciamos cómo un bus de la línea que no era se llevaba por delante a varias personas que se habían "acercado demasiado". En fin. El caso es que, ante nuestra completa y absoluta estupefacción, el bus terminó la maniobra y, en nuestras narices, se fue. Gritando y corriendo fuimos detrás, igual miraba en el retrovisor. Nada. El último bus del día, no desde la estación sino de todo Pitztal, se acababa de ir. Intenté llamar a la compañía de transportes, sin éxito. Un chico que había escuchado nuestros gritos se acercó y nos ofreció acercarnos a otro pueblo, pues él se quedaba durmiendo en el párking. Aceptamos la simpática oferta y nos acercó a Plangeross. Preguntamos en varios hoteles si alguno tenía opciones de transporte e intentamos parar los coches que bajaban. Nada.
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Sopesamos opciones y al final llamamos un taxi, que nos llevó a los tres, esquís incluidos, a Imst, donde llegamos justos para el tren. Una hora y media más tarde y 90 euros más pobres de lo esperado llegamos de nuevo a Innsbruck, donde el día después iba a ser de descanso (léase, fui a hacer telemark en Stubai. Necesité una siesta a mediodía para poder seguir esquiando la tarde)
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Cita
Medicine
Parte 1: 17 de abril
................. hasta llegar a la base 10 minutos antes del bus. Menuda aventura buena.
El caso es que, ante nuestra completa y absoluta estupefacción, el bus terminó la maniobra y, en nuestras narices, se fue. Gritando y corriendo fuimos detrás, igual miraba en el retrovisor. Nada. El último bus del día, no desde la estación sino de todo Pitztal, se acababa de ir. Intenté llamar a la compañía de transportes, sin éxito. Un chico que había escuchado nuestros gritos se acercó y nos ofreció acercarnos a otro pueblo, pues él se quedaba durmiendo en el párking. Aceptamos la simpática oferta y nos acercó a Plangeross. Preguntamos en varios hoteles si alguno tenía opciones de transporte e intentamos parar los coches que bajaban. Nada.
Sopesamos opciones y al final llamamos un taxi, que nos llevó a los tres, esquís incluidos, a Imst, donde llegamos justos para el tren. Una hora y media más tarde y 90 euros más pobres de lo esperado llegamos de nuevo a Innsbruck, donde el día después iba a ser de descanso (léase, fui a hacer telemark en Stubai. Necesité una siesta a mediodía para poder seguir esquiando la tarde)
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Medicine
Parte 1: 17 de abril
................. hasta llegar a la base 10 minutos antes del bus. Menuda aventura buena.
El caso es que, ante nuestra completa y absoluta estupefacción, el bus terminó la maniobra y, en nuestras narices, se fue. Gritando y corriendo fuimos detrás, igual miraba en el retrovisor. Nada. El último bus del día, no desde la estación sino de todo Pitztal, se acababa de ir. Intenté llamar a la compañía de transportes, sin éxito. Un chico que había escuchado nuestros gritos se acercó y nos ofreció acercarnos a otro pueblo, pues él se quedaba durmiendo en el párking. Aceptamos la simpática oferta y nos acercó a Plangeross. Preguntamos en varios hoteles si alguno tenía opciones de transporte e intentamos parar los coches que bajaban. Nada.
Sopesamos opciones y al final llamamos un taxi, que nos llevó a los tres, esquís incluidos, a Imst, donde llegamos justos para el tren. Una hora y media más tarde y 90 euros más pobres de lo esperado llegamos de nuevo a Innsbruck, donde el día después iba a ser de descanso (léase, fui a hacer telemark en Stubai. Necesité una siesta a mediodía para poder seguir esquiando la tarde)
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Se ve que tanto esquiar obnubila la mente y no deja discurrir bien al cerebro; mira que te lo dije, si os pasa algo, llámame. Y allí estaba yo , en Rifflsee pasando el tiempo echando una cerveza .........
Si es que con esta juventud, no se puede![]()
Cita
Trock
Cita
Medicine
Parte 1: 17 de abril
................. hasta llegar a la base 10 minutos antes del bus. Menuda aventura buena.
El caso es que, ante nuestra completa y absoluta estupefacción, el bus terminó la maniobra y, en nuestras narices, se fue. Gritando y corriendo fuimos detrás, igual miraba en el retrovisor. Nada. El último bus del día, no desde la estación sino de todo Pitztal, se acababa de ir. Intenté llamar a la compañía de transportes, sin éxito. Un chico que había escuchado nuestros gritos se acercó y nos ofreció acercarnos a otro pueblo, pues él se quedaba durmiendo en el párking. Aceptamos la simpática oferta y nos acercó a Plangeross. Preguntamos en varios hoteles si alguno tenía opciones de transporte e intentamos parar los coches que bajaban. Nada.
Sopesamos opciones y al final llamamos un taxi, que nos llevó a los tres, esquís incluidos, a Imst, donde llegamos justos para el tren. Una hora y media más tarde y 90 euros más pobres de lo esperado llegamos de nuevo a Innsbruck, donde el día después iba a ser de descanso (léase, fui a hacer telemark en Stubai. Necesité una siesta a mediodía para poder seguir esquiando la tarde)
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Se ve que tanto esquiar obnubila la mente y no deja discurrir bien al cerebro; mira que te lo dije, si os pasa algo, llámame. Y allí estaba yo , en Rifflsee pasando el tiempo echando una cerveza .........
Si es que con esta juventud, no se puede

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