Es bueno que los padres recordemos a los hijos los momentos de su infancia, porque tal vez, en un futuro por desgracia no muy lejano, ellos nos tendrán que recordar a nosotros nuestros buenos momentos
A partir de determinadas edades uno tiene más pasado que futuro. La ventaja del pasado es que se puede contar, y cuando se cuenta se vuelve a disfrutar.
Por eso me acuedo cuando esas navidades del año 1974 en el impresionante estadio de saltos de Garmish Paterkischen, estábamos viendo los saltos de año nuevo, esos que retransmiten por televisión.
El estadio, construido en la época nazi, es impresionante y dentro estaba lleno de gente. El día era medio nublado y nevaba levemente y la verdad, ver saltar a tanta gente uno tras otro, era un poco pesado cuando llevabas unas horas.
Pepe quería irse de allí, a jugar en el hotel con unos Legos que le habíamos comprado en Suiza y empezó a llorar.
Yo le dí un coscorrón y lloró aún más fuerte. Una señora, parecida a las abuelitas que pinta Forges en sus chistes, con zapatillas y toquilla, pero que seguía a los saltadores de uno en uno con una lista en la que los iba tachando (quizá tuviera a algún nieto en el evento) me miró severamente.
Otro día nos fuimos a visitar el Alpen Zoo de Innsbruck. En ese sitio, que recoge a los animales vivos de los Alpes. Pepe Nevasport dejó de chuparse el dedo, cosa que hacía de pequeño. Lo acerqué a la valla donde estaba un furibundo jabalí y le dije: "Este es el famoso jabalí come-pitos. Si sigues chupándote el dedo ya sabes lo que te va a pasar...!
Aterrorizado, fué a refugiarse en brazos de su abuela, y desde entonces, que yo sepa, no ha vuelto a chuparse el dedo, al menos voluntariamente.

Y todos sus apendices, espero que se encuentren en buen estado de funcionamiento.
Antes de amenazarlo con el jabalí lo había amenazado con Fraga Iribarne, pero no daba resultado.
Así que ya lo sabeis, si tenies hijos con problemas infantiles, os los llevais a los alpes, los inflais a hostias, los emborrizais en nieve y los acojonais con los javalies.