El éxito, hace más de dos siglos, de la religión cristiana que luego fué católica a partir de la Reforma Luterana, fué doble: por un lado, el mensaje de igualdad para todos los seres humanos, en un mundo romano donde hasta los hijos eran tratados como cosas a disposición del paterfamilias, por no hablar de los esclavos.
Por otro, su adaptación a las fiestas paganas de los romanos(los norteamericanos de entonces, para entendernos). Las fiestas de invierno (Navidad) y primavera (Semana Santa) coinciden con la celebración de solticios y equinocios, recolección de cosechas, vinos y demás. Ceres y sobre todo Baco, junto con Saturno, son los predecesores de nuestros dioses y diosas.
Carece del más elemental rigor científico que Jesucristo naciera en invierno y muriera en primavera, se supone que 33 años después.
Por cierto que la Pascua cristiana, es una apropiación más o menos indebida de la Pascua judía. De hecho, lo que se celebraba en la Santa Cena era la Pascua judía.
Dicho lo cual, hay que señalar, que Sevilla, toda ella, en el mes de abril, se mueve entre eros(amor/vida) y tanatos (muerte), según la más pura doctrina freudiana.
Eros es la feria de abril y tanatos es la semana santa.
Pero aún ese culto a la muerte se hace con una cierta alegría, no exenta de provincianismo. La curiosa imagen de los hombres trajeados, con sus corbatas oscuras y visitando monumentos con sus legítimas (o no tan legítimas) vestidas de negro, es lo que se conoce como la figura del "capillita", que aunque debería estar más cerca de tánatos que de eros, sin embargo no es así.
Los capillitas se alimentan de olor a incienso (por cierto bastante parecido al del porro) y de trompetazos y aporreos de tambor, sin llegar por supuesto a los extremos de Calanda, tierra del Luis Buñuel.
Mi amigo Isidoro, sevillano, capillita y dueño de un bar en Huelva, que está situado en la calle de Jesús Nazareno (yo creo que él es el que ha bautizado la calle, que antes no se llamaba así) en estas fechas se pone a soltar incienso en el bar y a poner música de tambores y trompetas.Buen tipo mi amigo Isidoro, que estos días anda como una moto y entre taco y taco de tortilla y tanque de Cruz Campo. Se le ve como a Santa Teresa, casi levitando de amor, no se si a J.C. o mirando a más de una, que con este tiempo, ya empiezan a asomar los canalillos y los ombligos.
Porque esta lucha sevillana entre eros y tanatos es en lo que consiste la semana santa sevillana, más que en una adoración de feísimas imágenes barrocas.
Abril es el gran mes de Sevilla, no hay ciudad en el mundo como ella en ese tiempo. Sus parques, sus olores de azahar, sus flores y su gente con ganas de juerga, a pesar de sus trajes oscuros, la hacen algo así como incomprensible para el que no está en el "rollo".
Aquí los únicos latigazos son de Cruzcampo, y hay que ser de madera, para seguir siendo virgen tras pasar toda la semana santa en la calle