No daré nombres, lo prometo.
Bajando la zona de Peclet, en Val Thorens, 16:30 de un 1 de abril de 2005, un amigo y yo quedamos en un punto concreto fuera de pista. Le espero porque se ha toñado. Veo cómo no me ve y baja al pie de la silla. Voy bajando, y cuando llego a la silla, me lo encuentro intentando subir a una silla. Hubo un pequeño problema con la portezuela de acceso y ya estaban a punto de sentarse en ella una mujer belga y su hija (convencidas de que sólo subían las dos), pero aparece un poco retrasado el susodicho. La silla le golpea y se desestabiliza, la belga se aparta con susto, la silla recoge a la niña y la niña sale párriba en la silla.
El remontero sale hecho un basilisco de su guarida, la belga y el susodicho se suben en la siguiente. Empiezan a hablar y el ínclito pide disculpas y le explica que él ha pasado con la portezuela abierta y que pensaba que su amigo estaría ya arriba y por eso ha pasado. Pero su amigo va en la silla de detrás (usease yo) intentando contener la risa y con cara de francés de Marsella de toda la vida...
De repente, el ínclito esquiador ve a dos amigas más por la pista que baja y ni corto ni perezoso empieza a gritar como un loco desde la silla, casi subido encima de la belga, porque ellas estaban bajando por el otro lado del telesilla.
"¡Eh!¡Eh! ¿Habéis visto a Unai? Es que lo he perdido"
Ellas, que no me ven, pese a ir justo en la silla de detrás, gritan a su vez a pleno pulmón,
"No, no lo hemos visto"
Y hay una pequeña conversación subida de volumen hasta que la distancia entre ellas y él aumenta demasiado como para mantenerla sin que les oigan ya desde... pongamos Grenoble.
La cara de Marsellés de toda la vida que llevaba yo en la silla de detrás se fue paulatinamente transformando en una de sueco total, por aquello del qué dirán. Si es que... con lo sencillo que era ponerme a gritar yo también...
"Eh! Eh! Que estoy aquí!!!!
pero es que en esas ocasiones me quedo sin voz
In vino veritas, in nive sanitas