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2026: ¿Éxito real o espejismo? El momento de resetear los Deportes de Invierno en España
Tras el cierre de la cita olímpica de 2026, España celebra medallas históricas en Esquí de Montaña. Como Entrenador Nacional, Formador e integrante de la generación de 2004 —aquella que rompió moldes con medallas olímpicas, Copas del Mundo y títulos mundiales junior—, mi felicitación a Ana, Oriol, Ot y a sus técnicos es total. Su éxito no es azar; es el resultado de una base sólida y una preparación técnica innegociable.
Sin embargo, tras el podio se esconde una realidad incómoda: 54 años de sequía en disciplinas tradicionales y una estructura que, si no cambia drásticamente, nos encamina a medio siglo más de irrelevancia internacional en el Snowboard y el Esquí Alpino.
La brecha entre la Estética y la Efectividad
A nivel internacional, el diagnóstico sobre España es demoledor: “Bonitos, pero poco efectivos”. Nos hemos convertido en expertos en logística y marketing —furgonetas impecables y uniformidad perfecta— pero hemos descuidado lo que ocurre en la nieve.
El presupuesto proyectado de 6,4 millones de euros para 2025 debe dejar de ser un recurso para mantener estructuras y pasar a ser un motor de rendimiento. No es solo una cuestión de dinero; es una cuestión de ACTITUD.
Mi propuesta: Horizonte 2026-2034
Como profesional que vive la formación día a día, propongo un cambio radical en la RFEDI bajo tres pilares de gestión:
Inversión en el "Kilómetro Cero" (La Regla de las 10.000 Horas): No hay atajos. Necesitamos reconstruir la tecnificación en el tramo crítico de los 12 a los 16 años. Sin base, no hay cima.
Optimización del Presupuesto:
80% Directo a Actividad Deportiva (reduciendo el gasto estructural al 20%).
Reparto Equitativo y Blindado: 25% para Alpino, 25% para Snowboard y 25% para Fondo, con un 10% obligatorio destinado exclusivamente a tecnificación en cada área.
Renovación de los Cuadros Técnicos: Es hora de una limpieza general. Necesitamos personal que priorice la actitud y el resultado deportivo sobre la inercia administrativa.
Un mensaje a los responsables
Sr. Alejandro Blanco (COE) y Sr. José Manuel Rodríguez Uribes (CSD): El éxito del Skimo en 2026 debe ser el espejo, no la cortina de humo. El potencial de nuestros atletas es brutal, pero la estructura actual es un techo de cristal.
Es el momento de poner la cuenta a cero. De volver a fomentar la actitud del Snowboard y de entender que, sin una buena base, el camino hacia el podio es una utopía. Nunca es tarde para volver a empezar, pero hay que empezar de verdad.
¿Seguiremos gestionando apariencias o empezaremos a formar campeones?
#DeportesDeInvierno #RFEDI #Olimpiadas2026 #Tecnificación #Snowboard #Esquí #GestiónDeportiva #AltoRendimiento #skimo
La paradoja noruega: No buscar y encontrar un montón de medallas.
Lo que realmente te hace volar la cabeza es que un país de apenas 5,6 millones de habitantes arrase con 41 medallas (18 de oro) haciendo justo lo contrario de lo que dictan los manuales de "alto rendimiento" tradicionales.
Mientras aquí a veces nos perdemos en tecnificaciones precoces y estructuras rígidas, ellos funcionan bajo una premisa que parece casi romántica: "Alegría del deporte para todos". En Noruega, por ley, no hay clasificaciones, ni puntos, ni campeonatos nacionales para niños menores de 13 años; solo se permiten partidos y competiciones casi vecinales. Su objetivo oficial no es fabricar campeones, es que los chavales y chavalas se diviertan, socialicen y no sientan presión por ganar.
Fomentan que toquen todas las disciplinas posibles en clubes de pueblo, baratos y accesibles, para que desarrollen una base motriz de verdad antes de elegir su camino. No existen los equipos de "élite" infantiles ni esos viajes competitivos que cuestan un riñón a las familias mucho antes de que el chaval sea adolescente.
Lo que buscan es salud pública, cohesión social y, sobre todo, evitar que los jóvenes abandonen el deporte quemados antes de tiempo. Y aquí viene lo curioso: buscando salud, se han encontrado con el éxito absoluto. Sin buscar la medalla de forma desesperada, la han encontrado por el camino.
Han demostrado que la excelencia no depende de cuánto dinero gastes en logística o en aparentar, sino en invertir ese dinero en ciencia y conocimiento cuando el deportista ya es maduro, respetando sus tiempos de crecimiento. Al final, resulta que el modelo más rentable para ganar no es el que más presiona, sino el que mejor cuida la base.
Sin ir más lejos, tengo a mi cuñado con el niño de 5 años apuntado a fútbol en el club de su pueblo dos días a la semana, y otros dos días más lo lleva a otro club que tiene equipos en "división de honor" para que —según él— le enseñen bien. Y mientras lo lleva en el coche, le deja el móvil con los goles del fin de semana para que se motive... Para mí, muy loco todo.
El deporte debería ser socialización y salud, así lo veo yo. Si seguimos tratando a niños y niñas como proyectos de élite, tendremos en el futuro a unos pocos elegidos rodeados de un montón de frustrados que dejarán el deporte y que cuando tengan hijos intentarán que sus hijos/as lleguen donde ellos/as no han llegado.
Cita
Sifu
La paradoja noruega: No buscar y encontrar un montón de medallas.
Lo que realmente te hace volar la cabeza es que un país de apenas 5,6 millones de habitantes arrase con 41 medallas (18 de oro) haciendo justo lo contrario de lo que dictan los manuales de "alto rendimiento" tradicionales.
Mientras aquí a veces nos perdemos en tecnificaciones precoces y estructuras rígidas, ellos funcionan bajo una premisa que parece casi romántica: "Alegría del deporte para todos". En Noruega, por ley, no hay clasificaciones, ni puntos, ni campeonatos nacionales para niños menores de 13 años; solo se permiten partidos y competiciones casi vecinales. Su objetivo oficial no es fabricar campeones, es que los chavales y chavalas se diviertan, socialicen y no sientan presión por ganar.
Fomentan que toquen todas las disciplinas posibles en clubes de pueblo, baratos y accesibles, para que desarrollen una base motriz de verdad antes de elegir su camino. No existen los equipos de "élite" infantiles ni esos viajes competitivos que cuestan un riñón a las familias mucho antes de que el chaval sea adolescente.
Lo que buscan es salud pública, cohesión social y, sobre todo, evitar que los jóvenes abandonen el deporte quemados antes de tiempo. Y aquí viene lo curioso: buscando salud, se han encontrado con el éxito absoluto. Sin buscar la medalla de forma desesperada, la han encontrado por el camino.
Han demostrado que la excelencia no depende de cuánto dinero gastes en logística o en aparentar, sino en invertir ese dinero en ciencia y conocimiento cuando el deportista ya es maduro, respetando sus tiempos de crecimiento. Al final, resulta que el modelo más rentable para ganar no es el que más presiona, sino el que mejor cuida la base.
Sin ir más lejos, tengo a mi cuñado con el niño de 5 años apuntado a fútbol en el club de su pueblo dos días a la semana, y otros dos días más lo lleva a otro club que tiene equipos en "división de honor" para que —según él— le enseñen bien. Y mientras lo lleva en el coche, le deja el móvil con los goles del fin de semana para que se motive... Para mí, muy loco todo.
El deporte debería ser socialización y salud, así lo veo yo. Si seguimos tratando a niños y niñas como proyectos de élite, tendremos en el futuro a unos pocos elegidos rodeados de un montón de frustrados que dejarán el deporte y que cuando tengan hijos intentarán que sus hijos/as lleguen donde ellos/as no han llegado.
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Sifu
La paradoja noruega: No buscar y encontrar un montón de medallas.
Lo que realmente te hace volar la cabeza es que un país de apenas 5,6 millones de habitantes arrase con 41 medallas (18 de oro) haciendo justo lo contrario de lo que dictan los manuales de "alto rendimiento" tradicionales.
Mientras aquí a veces nos perdemos en tecnificaciones precoces y estructuras rígidas, ellos funcionan bajo una premisa que parece casi romántica: "Alegría del deporte para todos". En Noruega, por ley, no hay clasificaciones, ni puntos, ni campeonatos nacionales para niños menores de 13 años; solo se permiten partidos y competiciones casi vecinales. Su objetivo oficial no es fabricar campeones, es que los chavales y chavalas se diviertan, socialicen y no sientan presión por ganar.
Fomentan que toquen todas las disciplinas posibles en clubes de pueblo, baratos y accesibles, para que desarrollen una base motriz de verdad antes de elegir su camino. No existen los equipos de "élite" infantiles ni esos viajes competitivos que cuestan un riñón a las familias mucho antes de que el chaval sea adolescente.
Lo que buscan es salud pública, cohesión social y, sobre todo, evitar que los jóvenes abandonen el deporte quemados antes de tiempo. Y aquí viene lo curioso: buscando salud, se han encontrado con el éxito absoluto. Sin buscar la medalla de forma desesperada, la han encontrado por el camino.
Han demostrado que la excelencia no depende de cuánto dinero gastes en logística o en aparentar, sino en invertir ese dinero en ciencia y conocimiento cuando el deportista ya es maduro, respetando sus tiempos de crecimiento. Al final, resulta que el modelo más rentable para ganar no es el que más presiona, sino el que mejor cuida la base.
Sin ir más lejos, tengo a mi cuñado con el niño de 5 años apuntado a fútbol en el club de su pueblo dos días a la semana, y otros dos días más lo lleva a otro club que tiene equipos en "división de honor" para que —según él— le enseñen bien. Y mientras lo lleva en el coche, le deja el móvil con los goles del fin de semana para que se motive... Para mí, muy loco todo.
El deporte debería ser socialización y salud, así lo veo yo. Si seguimos tratando a niños y niñas como proyectos de élite, tendremos en el futuro a unos pocos elegidos rodeados de un montón de frustrados que dejarán el deporte y que cuando tengan hijos intentarán que sus hijos/as lleguen donde ellos/as no han llegado.
Algo más habrá para que hayan conseguido tantas medallas, por ejemplo irán poco a la playa , seguro que casi no salen por ahí de cañas.
Es una cultura diferente a la nuestra, y allí es "invierno" muuuchos meses al año.
La paradoja noruega: No buscar y encontrar un montón de medallas.
Lo que realmente te hace volar la cabeza es que un país de apenas 5,6 millones de habitantes arrase con 41 medallas (18 de oro) haciendo justo lo contrario de lo que dictan los manuales de "alto rendimiento" tradicionales.
Mientras aquí a veces nos perdemos en tecnificaciones precoces y estructuras rígidas, ellos funcionan bajo una premisa que parece casi romántica: "Alegría del deporte para todos". En Noruega, por ley, no hay clasificaciones, ni puntos, ni campeonatos nacionales para niños menores de 13 años; solo se permiten partidos y competiciones casi vecinales. Su objetivo oficial no es fabricar campeones, es que los chavales y chavalas se diviertan, socialicen y no sientan presión por ganar.
Fomentan que toquen todas las disciplinas posibles en clubes de pueblo, baratos y accesibles, para que desarrollen una base motriz de verdad antes de elegir su camino. No existen los equipos de "élite" infantiles ni esos viajes competitivos que cuestan un riñón a las familias mucho antes de que el chaval sea adolescente.
Lo que buscan es salud pública, cohesión social y, sobre todo, evitar que los jóvenes abandonen el deporte quemados antes de tiempo. Y aquí viene lo curioso: buscando salud, se han encontrado con el éxito absoluto. Sin buscar la medalla de forma desesperada, la han encontrado por el camino.
Han demostrado que la excelencia no depende de cuánto dinero gastes en logística o en aparentar, sino en invertir ese dinero en ciencia y conocimiento cuando el deportista ya es maduro, respetando sus tiempos de crecimiento. Al final, resulta que el modelo más rentable para ganar no es el que más presiona, sino el que mejor cuida la base.
Sin ir más lejos, tengo a mi cuñado con el niño de 5 años apuntado a fútbol en el club de su pueblo dos días a la semana, y otros dos días más lo lleva a otro club que tiene equipos en "división de honor" para que —según él— le enseñen bien. Y mientras lo lleva en el coche, le deja el móvil con los goles del fin de semana para que se motive... Para mí, muy loco todo.
El deporte debería ser socialización y salud, así lo veo yo. Si seguimos tratando a niños y niñas como proyectos de élite, tendremos en el futuro a unos pocos elegidos rodeados de un montón de frustrados que dejarán el deporte y que cuando tengan hijos intentarán que sus hijos/as lleguen donde ellos/as no han llegado.
Cita
Sifu
La paradoja noruega: No buscar y encontrar un montón de medallas.
Lo que realmente te hace volar la cabeza es que un país de apenas 5,6 millones de habitantes arrase con 41 medallas (18 de oro) haciendo justo lo contrario de lo que dictan los manuales de "alto rendimiento" tradicionales.
Mientras aquí a veces nos perdemos en tecnificaciones precoces y estructuras rígidas, ellos funcionan bajo una premisa que parece casi romántica: "Alegría del deporte para todos". En Noruega, por ley, no hay clasificaciones, ni puntos, ni campeonatos nacionales para niños menores de 13 años; solo se permiten partidos y competiciones casi vecinales. Su objetivo oficial no es fabricar campeones, es que los chavales y chavalas se diviertan, socialicen y no sientan presión por ganar.
Fomentan que toquen todas las disciplinas posibles en clubes de pueblo, baratos y accesibles, para que desarrollen una base motriz de verdad antes de elegir su camino. No existen los equipos de "élite" infantiles ni esos viajes competitivos que cuestan un riñón a las familias mucho antes de que el chaval sea adolescente.
Lo que buscan es salud pública, cohesión social y, sobre todo, evitar que los jóvenes abandonen el deporte quemados antes de tiempo. Y aquí viene lo curioso: buscando salud, se han encontrado con el éxito absoluto. Sin buscar la medalla de forma desesperada, la han encontrado por el camino.
Han demostrado que la excelencia no depende de cuánto dinero gastes en logística o en aparentar, sino en invertir ese dinero en ciencia y conocimiento cuando el deportista ya es maduro, respetando sus tiempos de crecimiento. Al final, resulta que el modelo más rentable para ganar no es el que más presiona, sino el que mejor cuida la base.
Sin ir más lejos, tengo a mi cuñado con el niño de 5 años apuntado a fútbol en el club de su pueblo dos días a la semana, y otros dos días más lo lleva a otro club que tiene equipos en "división de honor" para que —según él— le enseñen bien. Y mientras lo lleva en el coche, le deja el móvil con los goles del fin de semana para que se motive... Para mí, muy loco todo.
El deporte debería ser socialización y salud, así lo veo yo. Si seguimos tratando a niños y niñas como proyectos de élite, tendremos en el futuro a unos pocos elegidos rodeados de un montón de frustrados que dejarán el deporte y que cuando tengan hijos intentarán que sus hijos/as lleguen donde ellos/as no han llegado.
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