La verdad es que esa es una hora muy buena para disfrutar de la última bajada.
Es una plácida alternativa a la de la bulliciosa y no menos agradable happy hour con el lumumba y demás y a la hora del famoso té de las cinco inglés.
Lo que pasa es que siempre está el pister cierra pistas que te envía para abajo.
Cuando vamos a los Alpes, eso lo llevan a rajatabla y aparecen por los maravillosos bares y chiringuitos variopintos que hay en los sitios más impensables y preciosos.
No te dejan apurar la copa, y lo más que puedes hacer es esconderte en el WC hasta que se vayan.
Lo malo, es que cierren y se vaya el dueño para abajo y te encuentren al día siguiente congelado y encerrado en el water.
Pero, ya en serio. Haced siempre caso de los pisters, y salvo que os conozcais muy bien el sitio donde esquieis, portaos bien porque os podeis perder, y pasar la noche en la montaña no es ninguna tontería.
El lobo viene siempre, Caperucita, nunca.