Hay varias cosas que me retraen de intervenir en los foros de Nevasport sobre medio ambiente. Se advierte un alto nivel de agresividad, quizá común a todos los del medio, potenciado por el anonimato. Hay una muy ibérica tendencia a la frivolización y a lo superficial. Fijaos en que en cuanto uno escribe más de cincuenta palabras ya está pidiendo perdón por la parrafada.
Pero si algo me asusta es Mostín. Y el Mostincentrismo. Cuando se tratan asuntos relativos al medio ambiente o a las ampliaciones, aparece malhumorado, hace gala de sus envidiables (no es ironía) conocimientos del Pirineo, coloca media docena de epítetos y, poco menos, manda callar. ¡S'acabó! Y además consigue ser el centro geográfico, neurálgico, geométrico, nuclear, ... el centro-centro de los debates. Llega un momento en el que lo que importa no es si van a ampliar tal o cual estación, sino lo que Mostín opina sobre ello.
También me preocupa que su vehemencia y pasión son tales que consigue,o eso parece al menos, que algunos de sus planteamientos se conviertan en verdades reveladas y se olvide el debate.
Este hilo comenzó, ya lo hemos olvidado en el fragor de la batalla, con una crítica a la Plataforma por recoger firmas. Entre mis muchas imperfecciones se encuentra la de no ser de Zaragoza, por lo que no puedo opinar con absoluto conocimiento de causa sobre la forma de actuar en esta campaña de los miembros de la Plataforma. Pero me cuesta creer que su campaña se haya basado en las malas artes que se les han atribuido. ‘Estratagema’, ‘engaño’,’hacen de las suyas’ son los términos que empleaba el autor del primer texto para referirse a las actividades de este colectivo. Es más se les acusa de escribir sus folletos ‘desde la perspectiva del que los ha hecho’. ¡Dios, qué oprobio! ¿Con qué derecho escriben en un papel lo que piensan?
Los ecologistas de la Plataforma lo único que hacen es recoger firmas para (se ha mencionado en algún mensaje con más voluntad que éxito) promover una Iniciativa Legislativa Popular, que es un derecho reconocido en la Constitución. Si, y sólo si, consiguen recoger con los requisitos exigidos el número de firmas que exige la ley (un tanto por ciento del censo) su iniciativa deberá ser debatida en el Legislativo correspondiente. En este caso las Cortes de Aragón. Donde, por cierto, es muy difícil que obtengan la mayoría necesaria para conseguir su aprobación. ¿Aprobación de qué? De una Ley para la Protección de las Montañas de Aragón. ¿Qué dice esa propuesta de ley? Léela: [
www.ecologistasaragon.org]
Claro, una vez perpetrados los dos graves delitos de lesa humanidad (pensar y decirlo), vienen las propuestas constructivas: restringir el derecho de voto a aquéllos que acrediten determinado nivel de conocimientos, por ejemplo.
En cuanto al contenido, los ecologistas basan su oposición a los proyectos que hay en torno a las estaciones de esquí en este texto [
www.ecologistasenaccion.org] que, aunque no pasa de ser una declaración genérica de principios, con todo lo malo que conlleva, es un texto moderado, cargado de razones (sí, quizá no tus razones, pero razones al fin) y una crítica a un modelo (es TU modelo, no EL modelo) y una llamada al diálogo. Esta y otras acciones de la Plataforma han intentado como objetivo táctico la paralización de las obras de Espelunciecha,la moratoria. Quien lea verá que la moratoria que propone la Plataforma significa paralizar la actividad para estudiar alternativas, conocer el real daño que producirán las obras y permitir el debate y el diálogo. Pero eso resulta ser fascismo. Yo, que lo conozco, no seré quien defienda aquí a Juanito Oiarzábal, entre otras cosas un maleducado, ni mucho menos a Sebastián Álvaro. Desde luego, si en algo discrepo de la Plataforma es en la elección de sus iconos mediáticos. Pero, sinceramente me aburre más la testosterona de Mostín, y el episodio de la ‘Batalla del Coloquio’, en la que al parecer se derrochó más hombría que la que corrió en la de Guadalete (711, Rodrigo al frente de los visigodos, Tarik y sus árabes y Musa con sus bereberes, que si no me suspende) y que hemos de releer cada vez que la Plataforma excita sus instintos.
Pero sinceramente si alguien no entiende lo que con acierto expone 7001, apaga y vámonos: Hay daños irreversibles. Si no se aplica la moratoria que piden, entre otros, los ecologistas, desparecerá la anchoa del Cantábrico. Es muy probable que desaparezca. Y es irreversible. ¿Qué es más razonable? Aceptar la ‘fascista’ petición de ecologistas y científicos, parar, estudiar, debatir, ... O exponerse a que dentro de un año no haya nada sobre qué debatir y tengamos que ir a los museos a ver las anchoas.
En su momento ¿qué era más razonable? Aceptar la petición de moratoria para Espelunciecha o dejar en manos de Aramón el valle. Porque no había más alternativas. No se habló nunca de una ampliación civilizada de Formigal. Se trataba de ponerlo en manos de Aramón. De dejarles que aplicasen allí los planteamientos desarrollistas y especuladores que, a los hechos me remito, han acabado aplicando en Formigal. No había otra alternativa encima de la mesa. O Aramón o moratoria. Y moratoria para debatir. Y en ese debate un colectivo, minoritario, defendiendo la no ampliación. ¡Por supuesto! ¿Es que no es legítimo? No una fuerza oscura poniendo piedras bajo las suelas de los esquís. Ni robando el pan a los montañeses. Un colectivo que ejerce la crítica a un modelo económico y de explotación de la montaña. No es un poder en la sombra. Los ecologistas no mandan. ¡Otro gallo nos cantaría! Se enfrentan a uno de los mayores enemigos que puede haber: el modelo económico y social, eso que llamamos ‘el poder’: gobiernos, multinacionales, aramones, medios de comunicación, eunates, bancos, inmobiliarias, ... Ni tan siquiera logran que un mínimo de sus propuestas se lleven a cabo. Sí que han conseguido que las instituciones y las empresas adornen de una cierta ‘corrección ambiental’ las mayores aberraciones antinaturales. Pero de ahí no pasan. Por desgracia (es una opinión personal) son minoría.
Minorías y mayorías. Otro argumento recurrente. Este no es el primer hilo que nace sobre estaciones-ecologismo, etc ... Y siempre sale la burra de los intereses y los derechos de la mayoría de los montañeses a brincos. Uno, que es muy rojo, nunca va a negar sus preferencias por la democracia participativa. Pero tal y como está organizado este mundo, mientras no hagamos la revolución (no sé a qué estamos esperando) creo que no se puede renunciar al principio de subsidiariedad. Estos es que las instituciones gobiernan sobre su ámbito mientras sean capaces de hacerlo, y siempre que no entren en el terreno de otra. Es decir, que un municipio puede legislar sobre el asfaltado de sus calles, pero no sobre las carreteras nacionales que atraviesen su territorio. Porque el trazado de las carreteras nacionales es competencia legal de otra institución, que las planifica basándose en el interés colectivo de todos los usuarios, sean del municipio que sean. Y eso ocurre en todos los ámbitos, incluso en el ejemplo de la comunidad de propietarios que menciona Mostín. Por muy propietario que seas de un edificio no puedes hacer obras que contravengan las normas urbanísticas. Pero es que además, no es necesariamente bueno que sean los afectados los que decidan sobre un bien general, como en este caso las montañas. ¿Se imagina a alguien que fuesen los conductores los que legislasen sobre las normas de circulación? ¿Los cazadores sobre la caza?¿los albañiles o los constructores sobre las calidades de los materiales? ¡Qué miedo!
Y no olvidemos que las montañas son patrimonio de todos. Incluso, que me corrija algún abogado si me equivoco, a partir de cierta altitud no existe la propiedad privada. Son todo terrenos comunales. Además son espacios naturales en algunos de los que durante siglos han convivido el hombre y la naturaleza sin destrozos. A otros nunca ha llegado. Ahí tienen su último reducto especies que se encuentran al borde de la desaparición. Son ecosistemas extremadamente frágiles, en los que mínimas intervenciones humanas pueden tener consecuencias catastróficas. Irreparables. Por ello es importante evaluar con mucho cuidado todo lo que en ellas se hace. Y si miramos a la historia, hay motivos para preocuparse.
Puede ser económicamente viable hacer estaciones invernales en Punta Suelza y el valle de Benasque, ampliar Panticosa y Formigal, unir Candanchú y Astún, ... Nadie va a poner en duda los conocimientos de Mostín sobre nivología pirenaica. Pero no es la única opción. Se plantean las ampliaciones antes de mejorar las infraestructuras existentes. Se olvidan los numerosos fracasos económicos de estaciones pirenaicas. A ambos lados de la frontera hay estaciones cerradas; por falta de nieve, por imprevisión, por mala gestión, ... Minusvaloramos el daño objetivo que provoca la existencia de una estación de esquí porque somos esquiadores. Desmontes, canalizaciones de agua, embalses, alteración de cursos de agua, fuentes no depuradas de aguas residuales, basura, ruido, interrupción de rutas de animales salvajes. El esquí es una actividad de mucho mayor impacto ambiental que el montañismo, y el que no lo vea es porque no quiere.
Hablamos de los intereses de los habitantes del valle olvidando que, en general, los beneficios económicos que genera una estación son de muy baja calidad: empleo precario y estacional, terciarización, desaparición de actividades tradicionales, fuerte presión del urbanismo de segunda vivienda, especulación, incremento del precio de la vivienda.
Es decir, que lo que falla no es el esquí, es el modelo. En otro hilo se me ocurrió preguntar si el esquí es un deporte o una actividad turística y nadie me contestó. Porque si de veras es una actividad meramente deportiva, ¿qué sentido tiene que junto a una instalación para practicar ese deporte tenga que haber, necesariamente, una pizzeria, un disco bar, saunas y restaurantes?
Hay muchos esquiadores que pueden (podemos) pasar un delicioso y completo día de esquí sin necesidad de hamburgueserías, discotecas ni tiendas. Ahora bien, si es una actividad turística como la playa, dígase. Dígase y comiéncese a tomar las medidas que eviten que la montaña termine como el litoral español: un estercolero, un ejemplo de urbanismo salvaje y de destrozo del medio ambiente. Y entre ellas una planificación racional, defensora del patrimonio natural, armonizadora de los intereses económicos de los habitantes con las prácticas agroganaderas tradicionales y con el esquí. Duramente limitadora de ‘adosadismo’, el urbanismo salvaje que no repara en nada con tal de construir más, del que en Andorra tenemos un ejemplo cercano.
Publicaba hace poco La Vanguardia que, como llevaban años diciendo los ecologistas, el Parque Nacional de Aigüestortes es mucho más rentable económicamente que la estación de Espot. “Los que van a andar a la montaña-dicen los empresarios- recorren todo el valle, compran en las tiendas. El Parque Nacional no lo cerrarán nunca, lo cual no se puede decir de la estación de esquí”.
Bien, esto son ideas, las mías, para un debate. El que no esté de acuerdo, si quiere, que lo diga y lo razone. Por eso es un foro. Probablemente habré escrito incorreciones, argumentos débiles y cometido errores. Seguro que alguien me los entresacará para ponerme a parir. Será una pena. Porque me pondrán a parir a mí en lugar de rebatir lo que digo. Es habitual en este foro.