La Habana, 2 abr (PL) La inminente muerte del Papa Juan Pablo II significará para el deporte la pérdida de un entusiasta defensor y amante, solo privado del ejercicio físico por sus recurrentes problemas de salud.
El ahora agonizante pontífice amó al deporte desde que apenas era el simple capellán polaco Karol Wojtyla: practicó fútbol, natación, ciclismo, esquí, canotaje y realizó largas caminatas montañeras hasta que las enfermedades lo postraron.
Quienes lo vieron porterear cuando joven, en su Wadowice natal, aseguran que Wojtyla defendía bien las redes escolares, aunque luego prefirió el esquí y la natación al fútbol.
Desde su investidura, Juan Pablo II tuvo fama de "Papa deportivo", una imagen que él mismo propició, con desenfado insólito en el Vaticano.
Tal proyección del Santo Padre era consecuente con su actitud juvenil y poco convencional, contraria al estilo escrupuloso de Pablo VI y el a veces ingenuo de Juan Pablo I.
En 1978, el primer Papa no italiano en 455 años proclamó desde el balcón de San Pedro el lema que lo acompañó durante todo su mandato ecuménico: "no teman".
Por eso enfrentó los tapujos seculares del catolicismo y encontró tiempo entre sus múltiples responsabilidades para escaparse a las laderas alpinas a esquiar, una tentación que a cada rato lo asaltaba.
En 1980, los principales medios de prensa del mundo divulgaron una foto del Papa surcando un ventisquero, muchas veces secundado por el entonces presidente italiano, Sandro Pertini.
Aquellos paseos permanecieron en secreto hasta que un esquiador descubrió al Vicario de Dios desandando un trillo montañero calzado con botas viejas y con una sencilla boina en lugar de su tiara.
El jerarca del catolicismo también nadaba mucho, sobre todo para superar sus frecuentes dolores musculares, por eso aceptó la piscina que unos católicos ingleses le construyeron en su residencia estival de Castelgandolfo, cerca de Roma.
Ya imposibilitado de realizar cualquier actividad física, aún Juan Pablo II predicaba el valor de la práctica deportiva para fomentar virtudes humanas como la fraternidad, la tolerancia, la solidaridad, la perseverancia y la convivencia digna.
Además, deploró en repetidas oportunidades que el deporte perdiera su esencia para sumirse en otras preocupaciones, principalmente económicas.
También abogó por "un deporte que contribuya a hacer amar la vida, que eduque en el sacrificio, en el respeto y en la responsabilidad, haciendo que se valore plenamente a cada persona humana".
Juan Pablo II: deportista apasionado amen de fervoroso católico