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Cita
Narval
La facilidad con que se accede hoy día a la montaña y la enorme cantidad de tecnología disponible al servicio del esquiador nos están acostumbrado a creer (incluso a muchos de los más viejos) que ir a la montaña en invierno es como acudir a una playa de moda en verano a "ligar bronce". Y a mucha gente la cuesta convencerse de que no es así. A la montaña hay que acercarse con muchísima prudencia, especialmente en invierno.
No tengo ni idea de cuáles han sido las circunstancias del accidente (la noticia no dice nada al respecto) y quiero pensar que ha sido un caso de mala suerte; pero, como cada vez que leo algo de este estilo, me hago la misma reflexión. No puedo evitarlo.
Alguna que otra vez he tenido que participar en rescates en montaña invernal -hace de ésto muchos años- y casi siempre he alucinado con la increíble temeridad, inconsciencia y falta de prudencia de los rescatados. En alguna de esas ocasiones lo he pasado muy mal y puedo decir, sin exagerar, que he visto en riesgo mi vida y la de mis compañeros en el rescate. Incluso he perdido algún amigo en una operación de este tipo. La sensación de impotencia que se experiementa cuando la montaña decide demostrarnos que somos una especie frágil y vulnerable que nada puede contra ella hay que vivirla para convencerse de hasta qué punto somos temerarios cuando nos enfrentamos alegremente a riesgos en los que nunca pensamos cuando decidimos irnos a pasar un divertido fin de semana en la nieve.
La montaña, al igual que la mar, hay que amarla, conocerla y respetarla. No es un parque de atracciones al que podamos ir alegremente a practicar actividades para las que nos falta preparación. Por supuesto que al más prudente, preparado y responsable le puede "tocar la china", pero las probabilidades aumentan de manera exponencial cuando no se está debidamente preparado y alerta. Que un divertido paseo de fin de semana se convierta en una tragedia puede ser cosa de segundos y hay que ser muy consciente de ello. No por repetido deja de ser cierto el dicho de que "más vale estar en tierra deseando estar en la mar que en la mar deseando estar en tierra" y ésto es de aplicación a la montaña punto por punto.
Estas reflexiones pueden no tener nada que ver con el accidente actual. Es posible que el accidentado fuese un experto de primera categoría, hubiese tomado todas las medidas posibles para conjurar el peligro y se haya tratado de una fatalidad inevitable. Lejos de mi la menor intención de criticarles a él ni a sus compañeros, puesto que no sé cuáles han sido las circunstancias que se han presentado. No quisiera que nadie se sintiese ofendido ni dolido por mi comentario. Pero creo que es oportuno aprovechar estas situaciones para hacer una llamada a la prudencia a quienes se están iniciando o a los que, a fuerza de convertir estas cosas en rutina, hemos perdido un poco la perspectiva y estamos en riesgo de olvidar que, sin las medidas de seguridad adecuadas y sin la preparación y prudencia necesarias, la montaña mata.
Lamento enormemente la pérdida del montañero y el dolor de su familia y espero que sean capaces de superar su tragedia con el cariño y el apoyo de todos.

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Narval
La facilidad con que se accede hoy día a la montaña y la enorme cantidad de tecnología disponible al servicio del esquiador nos están acostumbrado a creer (incluso a muchos de los más viejos) que ir a la montaña en invierno es como acudir a una playa de moda en verano a "ligar bronce". Y a mucha gente la cuesta convencerse de que no es así. A la montaña hay que acercarse con muchísima prudencia, especialmente en invierno.
No tengo ni idea de cuáles han sido las circunstancias del accidente (la noticia no dice nada al respecto) y quiero pensar que ha sido un caso de mala suerte; pero, como cada vez que leo algo de este estilo, me hago la misma reflexión. No puedo evitarlo.
Alguna que otra vez he tenido que participar en rescates en montaña invernal -hace de ésto muchos años- y casi siempre he alucinado con la increíble temeridad, inconsciencia y falta de prudencia de los rescatados. En alguna de esas ocasiones lo he pasado muy mal y puedo decir, sin exagerar, que he visto en riesgo mi vida y la de mis compañeros en el rescate. Incluso he perdido algún amigo en una operación de este tipo. La sensación de impotencia que se experiementa cuando la montaña decide demostrarnos que somos una especie frágil y vulnerable que nada puede contra ella hay que vivirla para convencerse de hasta qué punto somos temerarios cuando nos enfrentamos alegremente a riesgos en los que nunca pensamos cuando decidimos irnos a pasar un divertido fin de semana en la nieve.
La montaña, al igual que la mar, hay que amarla, conocerla y respetarla. No es un parque de atracciones al que podamos ir alegremente a practicar actividades para las que nos falta preparación. Por supuesto que al más prudente, preparado y responsable le puede "tocar la china", pero las probabilidades aumentan de manera exponencial cuando no se está debidamente preparado y alerta. Que un divertido paseo de fin de semana se convierta en una tragedia puede ser cosa de segundos y hay que ser muy consciente de ello. No por repetido deja de ser cierto el dicho de que "más vale estar en tierra deseando estar en la mar que en la mar deseando estar en tierra" y ésto es de aplicación a la montaña punto por punto.
Estas reflexiones pueden no tener nada que ver con el accidente actual. Es posible que el accidentado fuese un experto de primera categoría, hubiese tomado todas las medidas posibles para conjurar el peligro y se haya tratado de una fatalidad inevitable. Lejos de mi la menor intención de criticarles a él ni a sus compañeros, puesto que no sé cuáles han sido las circunstancias que se han presentado. No quisiera que nadie se sintiese ofendido ni dolido por mi comentario. Pero creo que es oportuno aprovechar estas situaciones para hacer una llamada a la prudencia a quienes se están iniciando o a los que, a fuerza de convertir estas cosas en rutina, hemos perdido un poco la perspectiva y estamos en riesgo de olvidar que, sin las medidas de seguridad adecuadas y sin la preparación y prudencia necesarias, la montaña mata.
Lamento enormemente la pérdida del montañero y el dolor de su familia y espero que sean capaces de superar su tragedia con el cariño y el apoyo de todos.

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