Y vino alguien e inventó ese diabólico aparato llamado “plano de pistas”, ese, en apariencia, inocente libreto que te dan al comprar el ITS (forfait para entendernos). Vaya tela de invento.
Para empezar, suelen incluir un croquis de cómo llegar a la estación, ¡¡a buenas horas!! , cuando antes nos hemos perdido por esa maldita comarcal, hemos dado tres vueltas completas al pueblo y preguntado a cuatro lugareños, a la guardia civil y al séptimo de caballería.
Tiene la loable virtud de adiestrarnos en la lectura inversa, que a ver quien es el guapo que adivina de que lado estará la página siguiente y a la vista de cualquiera de ellas, diríase que las estaciones españolas son el paraíso del “powder” y que siempre hace un sol que te cagas.
Pero vayamos al quid de la cuestión, la forma en la que están doblados, vamos por Dios, hay que hacer un máster en papiroflexia para entenderlo. Alguna estación ha ofrecido forfaits gratis a quien devuelva uno plegado tal cual fue recogido y siguen esperando al primer afortunado; se dice que Rubrick, el del cubo ese, estuvo a punto pero no lo consiguió.
Y no hablemos del tamaño. Desplegarlo en pistas un día de viento es como una iniciación al windsurfingesquí y hacerlo en el telesilla es ya una temeridad en la que te expones a perder los bastones, los guantes y las amistades a base de codazos. Eso si, en caso de apuro te puede servir de manta térmica.
Si a pesar de todo has conseguido llegar al meollo del invento, al plano de pistas propiamente dicho, y crees que tus problemas han acabado, estás equivocado amigo, tendrás que ser un maestro del arte del quite y el volapié, mira plano, memoriza número, gira plano, busca pista en la lista de pistas, ¡¡nooooo, esa es la de remontes la otra!!, verónica, chicuelina y pase de pecho, ya la tengo, esta es la pista ¡¡ por la que estoy bajando de “switch” sin quererlo!!. No es de extrañar que algunos se los estudien en casa.
Como se nota que los expertos en planos eran buenos estudiantes; por favor señores, tengan piedad de la sufrida plebe e instrúyanse en el viejo y noble arte de hacer chuletas, pequeñas, concisas y útiles, sus clientes lo agradecerán y sus parkings también.