Cuando yo me vine a Huelva, proviniente de Granada y sobre todo de Sierra Nevada, creía que se me acababa el mundo.
¿Que hago? le pregunté a un compañero.
Cómprate un velero, me dijo. La verdad es que mi única experiencia en vela era cuando estudiante en Granada, navegando en un vela ligera de la clase Vaurien que la Universidad de Granada tenía en el Pantano del Cubillas, cercano a la Ciudad.
Me compré un Janneau Fantasía de 23 piés (6,90 metros de eslora) y fuí a recogerlo con mi amigo y mentor náutico, un experto regatista de vela ligera, y amante sobre todo del patín catalán, una especie de catamarán que se gobierna con el cuerpo y las velas, pues no tiene timón.
Salimos a vela desde Punta Umbría y llegamos a Huelva, navegando a través de las maravillosas y únicas marismas del Parque Natural "Marismas del Odiel", entre flamencos, espátulas, garzas y demás, con un viento increible y entre cantos y vuelos de aves.
Quedé entusiasmado y a los pocos días, era la Semana Santa del año 1982, cogí a la familia y sin tener literalmente ni puta idea, con la comida y demás nos embarcamos para hacer ese maravilloso viaje, que luego tantas veces he repetido.
Lo primero es que Pepe Nevasport, entonces con 11 añitos, lo primero que hizo al subir al barco fué soltarlo de la boya donde estaba fondeado. Con una fuerte corriente que había ese día, el Veleta Uno, que así se llamaba mi primer barco se iba a la deriva con una pareja de inexpertos marinos y tres niños de 11, 7 y 4 años a bordo.
Conseguimos, de mala manera izar las velas y poner rumbo a Punta Umbría, donde llegamos sobre las cinco de la tarde, creyendo que éramos unos expertos marinos, dentro de nuestra atrevida inconsciencia.
Como en la zona de la Ría había muchos barcos, se me ocurrió dirigirme a una zona de la desembocadura en el Atlántico, totalmente despejada.
Embarrancamos en unos bajos. Tuvieron que venir a rescatarnos. Yo con el barco recién comprado no pensaba abandonarlo.
Vino un amigo nuestro que es médico forense, se llevó a la familia, aseguramos el barco con el ancla y me dejó una botella de wisky y unas revistas. Me dijo que vendría a ayudarme a sacar el barco cuando fuera la pleamar, a las 3 de la madrugada.
Yo me metí dentro del barco y me puse a beber y a leer. de pronto el barco se escoró y se puso de costado. Me asomé, y el agua había deaparecido por completo

. Era como un inmenso desierto de lodo lleno de millones de cangrejos que salían de sus agujeros y corrían a unas velocidades increibles.
Tras una animada charla con esos especímenes, que creo que se descojonaban de mí, y a los que en mi sueño alcohólico, rallano en el delirum tremens les llamé de todo, me quedé dormido.
Me despertó el sonido de la crujía del barco, desperezándose y poniéndose derecho.¡El agua había vuelto!

(En realidad siempre vuelve, pero eso lo he descubierto ahora).
Al poco rato llegó mi amigo, en un apequeña barquita para ayudarme a sacar el barco y llevarlo al muelle. En cuanto a nivel alcohólico estaba mucho peor que yo

. Ni estribor ni babor, ni leches. Tuve que saltar a su barquita para que no se cayera al agua.
Resulta que mi amigo es forense y tenía que hacer una autopsia a primera hora de la mañana. Y no hacía más que repetir que iba a llegar tarde. Yo le dije: ¡cóño pues si al muerto no le gusta esperar, que se largue!
El dijo: mejor ¡que le den por culo al muerto

!
Se nos rompió el pasador de la hélice de la barquita y terminamos remando los dos como condenados galeotes hasta dejar amarrado el Veleta Uno en el muelle.
El se fué a su autopsia,¡larga vida al difunto!, yo me tomé un chocolate con churros y me quedé dormido en el camarote del capitan ("Aucun est perfect except le capitain" decía un letrerito en la puerta del camarote).
Con esto quiero decirte que si ahora a mi, después de tantísimos años esquiando me hicieran optar por esquiar o navegar, pues diría aquello que atribuyen a Cristóbal Colon: "Navigare necesse, vivere non necesse".
Saludos, Milo y ya sabes que tendré mucho gusto en recibirte en el Orballo Uno.