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RegístrarseLa visera es una pista durísima. Jinm es un pionero de la disciplina de baches y discípulo de su tío que es uno de los mejores esquiadores de sierra nevada. Mucha gente del sector ha intentado hacerles sombra pero es imposible. El wedeln llevado a su extremo no tiene rivales. Conozco bien el tema por mi padre que los conocía bastante bien. Es imposible tener ese nivel de esquí si no lo has mamado desde los años 70 incluso antes. Cuando bajan por una pista es un examen continuo de ellos mismos y si ellos notan algún movimiento raro lo analizan para corregirlo. Así que chicos el superar a alguien que se mira el ombligo a diario es imposible. Si yo esquió con ellos es porque no vengo viciado del carving y además me he preparado para ello sino no les huelo ni las colas de los esquís. Creo que me he expresado con claridad.
Jinm sigue por aqui en invierno, pero con otro nick !!!![]()
Me sumo al homenaje, no solo de Pepe si no también de su hermano y meritorios colaboradores de sobra conocidos por todos. Pero antes de nada retrocedamos unas décadas. 1945, la Gran Guerra ha llegado a su fin. Las muertes se cuentan por millones. Las naciones están sumidas en una destrucción sin precedente. La vieja Europa ha muerto, la ha reemplazado la Pax Americana.
Pensar la paz como una estructura moral opuesta a la guerra, o como una armonía entre iguales, es un error nacido de la ignorancia de la historia de las civilizaciones y de la filosofía política. El conflicto y la pugna por el dominio son constantes que atraviesan todas las épocas, la guerra y la paz no son opuestos morales, sino fases de un interminable y omnipresente proceso de lucha por el poder.
La paz no niega la guerra, la prolonga por otros medios. Es siempre el resultado de una correlación de fuerzas en la que las potencias vencedoras imponen su orden sobre sus inferiores, configurando un nuevo equilibrio favorable a su propia conservación.
Europa creyó haber conquistado su libertad, pero nada más lejos de la realidad, acabó subordinada a la nueva estructura imperial americana. Estados Unidos, vencedor absoluto, reconstruyó el continente bajo su tutela. Primero mediante la economía, a través del Plan Marshall y de los préstamos condicionados. Mediante la política, interviniendo directamente en la reconfiguración política del continente, para así asegurar su control sobre el mismo, asegurar su estabilidad y defender sus intereses comerciales y militares. Intervinieron en la redacción de las constituciones alemana, italiana y, más tarde, española a través del partido socialdemócrata alemán y la Fundación Friedrich Ebert en Suresnes.
Así se constituyó la Europa de los Estados de partidos, la continuación de los regímenes totalitarios bajo una fachada socialdemócrata. Los partidos dejaron de ser cauces clandestinos de representación de la sociedad civil para convertirse en órganos del propio Estado, integrados en su estructura institucional y sostenidos con fondos públicos. Nacieron así los partidos estatales, facciones permanentes del poder que ya no compiten por conquistar el Estado, sino que administran conjuntamente su monopolio desde dentro, en proporción a la cuota electoral que les asigna una sociedad civil excluida de la lucha por el poder.
La preservación de esta satrapía exigía, como condición necesaria, la demolición del pensamiento racionalista y de las formas clasicistas que habían forjado nuestra civilización. Solo destruyendo la inteligencia crítica podía mantenerse un orden donde el Estado se confunde con la Nación. Pero los gobiernos pertenecen al Estado, no a la Nación. La Nación es una realidad anterior y superior: la conciencia de una unidad política entre hombres con historia y costumbres compartidas. Si la Nación no está representada, porque el poder legislativo se designa desde las mismas facciones estatales mediante listas y el ejecutivo mediante pactos corruptos entre las élites políticas, entonces el Estado se representa a sí mismo. Y cuando el Estado se representa a sí mismo, ya no hay política, porque ya no hay lucha por el poder. Es el dominio de la oligarquía.
A todo esto se sumó la inclusión casi forzosa de Europa en la alianza militar atlántica. Bajo la excusa de protegernos del enemigo imaginario, Estados Unidos aseguraba su dominio militar sobre el continente y su libertad para intervenir en Europa del este, África del norte y medio oriente.
En lo económico, el golpe definitivo llegó en 1971, cuando Nixon rompió los acuerdos de Bretton Woods y el dólar dejó de estar respaldado por el oro. Dos años después, Washington pactó con Arabia Saudí que el petróleo solo se vendería en dólares a cambio de armas y protección. Nacía así el petrodólar, y con él, una dependencia mundial que ha costado más de una tragedia.
A partir de ahí, el control se volvió total. Estados Unidos podía financiar su hegemonía imprimiendo la moneda que todos estaban obligados a usar. Las instituciones internacionales como el FMI, el Banco Mundial se encargaron de disciplinar a los países, prestando a los aliados, castigando a los rebeldes y asegurando que el sistema siguiera girando alrededor del dólar.
Esta nueva estructura mundial, como también lo hicieron anteriores civilizaciones, desarrolla su propia estética, y eso es de lo que os quiero hablar. La educación en la era de “la paz y el progreso” se convierte en una educación que deja atrás el racionalismo que caracterizó al mundo clásico y la escolástica. Los cuales enseñaban a distinguir lo verdadero de lo falso, lo bello de lo vulgar, someter las creencias al juicio lógico, cultivar el criterio, la disciplina, la forma y la proporción, y ordenar la mente conforme a principios universales como la lógica, las matemáticas o el arte. Piedras fundamentales de nuestra civilización. El mundo académico reemplaza el estudio científico por un estudio sentimentalista e ideológico dentro de una lógica mercantil. El arte deja de ser una poiesis clásica, es decir, una creación conforme a unos cánones de perfección. Desde entonces el arte se ha limitado a una sucesión de gestos vacíos avalados por el mercado, la política y una academia condicionada por ambos. justificándose por su novedad, por su efecto shock y por cómo de bien se amolde la obra al interés mercantil y político. En la sociedad posmoderna, lo vulgar, el arbitrio, y el mal gusto se vuelven la norma, hasta el punto de ver el clasicismo como signo de retroceso. Es la renuncia a la verdad del arte que es la belleza. El reflejo de la política en la vida y el arte.
En España en particular, el arte siempre ha estado ligado a lo popular. Del pueblo han salido el romancero o los toros. Costumbres populares que posteriormente fueron canonizadas. Fenómenos sin parangón en Europa. El romancero se canoniza en el siglo de oro español, siendo la única forma de poesía popular que llega a convertirse en literatura universal. Los juegos de toros, presentes desde tiempos inmemoriales y arraigados en la relación ancestral entre el hombre ibérico y la res, desde las escenas rupestres de Altamira hasta la caza, los encierros, capeas, lidias y suertes a caballo. Alcanzaron su canon artístico a finales del siglo XVIII con la obra de Pepe-Hillo, en la que emprendió la tarea de transformar un espectáculo popular, barroco y caótico en una disciplina racional, sometida a reglas, técnica y belleza. Su Tauromaquia constituye la codificación apolínea y neoclásica de una costumbre antigua. Bajo esta nueva concepción, el desorden de la naturaleza se somete al orden de la razón. El torero encarna así la virtud clásica, el valor gobernado por el raciocinio. Cossío culminaría después esta tradición interpretando la tauromaquia como una de las artes genuinamente españolas, edificada sobre los mismos fundamentos racionales y morales que animaron la tradición clásica europea.
Todo esto, la socialdemocracia se ha encargado de extinguirlo. Lo ha sustituido por su estética. La estética de las falsas democracias Europeas que tanto se encargan de celebrar mientras nuestro mundo se va a pique y los chinos se descojonan. La creación de cultismos y de palabrejas inventadas como la empatía, que teóricamente deriva del griego empátheia, la cual significa pasión. Hoy se presenta como una especie de facultad espiritual, una suerte de poder místico para introducirse en la mente ajena y sentir su sufrimiento, como si de La milla verde se tratara, con el fin de generar un sentimiento y actuar en consecuencia. Maldita palabra.
Nuestra tradición cristiana y grecolatina siempre han entendido el amor al enemigo y la compasión no como impulsos emocionales, sino como acciones derivadas de virtudes racionalmente codificadas, como la justicia o la prudencia. No nacen de una capacidad mágica para participar en la interioridad ajena, sino del ejercicio de la razón moral orientada hacia el bien. Eso es lo que separa al hombre de la bestia.
Otra gran palabra es el consenso político. Un término perfectamente acorde con la estética socialdemócrata, que caricaturiza de forma vil los valores apolíneos de la moderación y la prudencia. El consenso no representa la armonía de una comunidad política madura, sino la coartada ideológica con la que se justifica ante las masas el dominio de la oligarquía sobre la nación. Masas que, sumidas en una confusión generalizada, han sido educadas para interpretar el mundo a través de sus emociones y no mediante un criterio racional. Criterio que, por supuesto, no poseen, porque el propio régimen se ha encargado de impedir su formación. ¿O acaso qué fue el consenso sino el reparto del poder del Estado entre los atlantistas, la élite económica franquista y el Partido Socialista Obrero Español? Un pacto de dominación presentado como acuerdo nacional, mediante el cual se aseguró la continuidad del régimen bajo nuevas formas y con nuevos agentes.
La tolerancia es otro gran valor socialdemócrata. Cuando la tolerancia es unilateral y sólo puede existir entre desiguales. Se da cuando el fuerte tolera la existencia y la vida del débil. Yo prefiero el respeto. Será que soy un antiguo.
La nueva generación de jóvenes está resistiéndose a que su civilización se reduzca a la nada, que su arte sea un compendio de obras kitsch nihilistas. Los jóvenes están volviendo al teatro, a la ópera, a los toros. No solo están volviendo a los toros, van a los toros a ver toreo clásico. Quieren ver a Morante, quien ha sabido enganchar a toda una generación de jóvenes reviviendo a Joselito el Gallo y a Juan Belmonte. Pues el wedeln es lo mismo, un arte, que aunque derive del elitismo académico de quienes lo trajeron a la sierra, se ha convertido en costumbre popular entre los locales de la sierra que lo hemos ido aprendiendo boca a boca, vídeo a vídeo unos de otros, entendiendo que es totalmente racional y que se ajusta a la realidad de la montaña. Es compatible con la nieve papa, con el hielo, con los baches. Un arte popular que ha sido perfeccionado técnicamente y que existe sobre premisas racionales. Racionales, no porque lo diga caballoloko, ni javitron ni jinm, si no porque son compatibles con la experiencia empírica. La base del esquí es la centralidad. La física así nos lo dice. Basta con ver a Jinm bajar la visera y compararlo con el esquí de alguien que piense que la base es el canto. Por eso odian tanto a Pepe, porque ha canonizado una forma popular de esquiar en sierra nevada acorde a unos códigos neoclásicos que producen un esquí técnicamente y estéticamente superior. Se niega a postrarse ante la forma hegemónica que resulta ser más bien un producto del mercado que algo derivado de la experiencia verdadera. Mientras tanto, al igual que la academia artística está vendida a las ideologías y al mercado, la del esquí lo está también. Ellos tienen el monopolio de la enseñanza a través del poder políticaoque les dan sus instituciones, sus editoriales, ellos imponen la estética hegemónica del esquiador. Un esquiador de 25 años que llega borracho a las pistas a las 11 de la mañana después de una noche de apres ski y discoteca, que a las 2 horas baja a comer y a las 3 de la tarde recoge. Una caricatura comercializable entre un público joven lobotomizado por el nihilismo. Lo mismo puedo decir de la técnica del carving, que no cuestiono su utilidad en competiciones y pistas pisadas pero que se ve superada por el wedeln en control, polivalencia y belleza.
Aparte de todo esto, Jinm y su hermano siempre se han esforzado por promocionar la sierra. Más que los que cobran por ello. Son despreciados porque son técnicamente y estéticamente superiores. Yo no creo que el desprecio surja de la envidia como cree mi amigo JaviTron. Es un desprecio pragmático, pues suponen un problema para la implantación definitiva de su modelo mercantil en la sierra. El mercado es frío, lo conozco bien. La oligarquía, aunque muy frecuentemente se mueva por razones espúreas y para atacar la verdad y la razón humana, sus agentes operan racionalmente, y suelen tener estrategias calculadas y poco emocionales.
Cita
CaballoLoKo
Me sumo al homenaje, no solo de Pepe si no también de su hermano y meritorios colaboradores de sobra conocidos por todos. Pero antes de nada retrocedamos unas décadas. 1945, la Gran Guerra ha llegado a su fin. Las muertes se cuentan por millones. Las naciones están sumidas en una destrucción sin precedente. La vieja Europa ha muerto, la ha reemplazado la Pax Americana.
Pensar la paz como una estructura moral opuesta a la guerra, o como una armonía entre iguales, es un error nacido de la ignorancia de la historia de las civilizaciones y de la filosofía política. El conflicto y la pugna por el dominio son constantes que atraviesan todas las épocas, la guerra y la paz no son opuestos morales, sino fases de un interminable y omnipresente proceso de lucha por el poder.
La paz no niega la guerra, la prolonga por otros medios. Es siempre el resultado de una correlación de fuerzas en la que las potencias vencedoras imponen su orden sobre sus inferiores, configurando un nuevo equilibrio favorable a su propia conservación.
Europa creyó haber conquistado su libertad, pero nada más lejos de la realidad, acabó subordinada a la nueva estructura imperial americana. Estados Unidos, vencedor absoluto, reconstruyó el continente bajo su tutela. Primero mediante la economía, a través del Plan Marshall y de los préstamos condicionados. Mediante la política, interviniendo directamente en la reconfiguración política del continente, para así asegurar su control sobre el mismo, asegurar su estabilidad y defender sus intereses comerciales y militares. Intervinieron en la redacción de las constituciones alemana, italiana y, más tarde, española a través del partido socialdemócrata alemán y la Fundación Friedrich Ebert en Suresnes.
Así se constituyó la Europa de los Estados de partidos, la continuación de los regímenes totalitarios bajo una fachada socialdemócrata. Los partidos dejaron de ser cauces clandestinos de representación de la sociedad civil para convertirse en órganos del propio Estado, integrados en su estructura institucional y sostenidos con fondos públicos. Nacieron así los partidos estatales, facciones permanentes del poder que ya no compiten por conquistar el Estado, sino que administran conjuntamente su monopolio desde dentro, en proporción a la cuota electoral que les asigna una sociedad civil excluida de la lucha por el poder.
La preservación de esta satrapía exigía, como condición necesaria, la demolición del pensamiento racionalista y de las formas clasicistas que habían forjado nuestra civilización. Solo destruyendo la inteligencia crítica podía mantenerse un orden donde el Estado se confunde con la Nación. Pero los gobiernos pertenecen al Estado, no a la Nación. La Nación es una realidad anterior y superior: la conciencia de una unidad política entre hombres con historia y costumbres compartidas. Si la Nación no está representada, porque el poder legislativo se designa desde las mismas facciones estatales mediante listas y el ejecutivo mediante pactos corruptos entre las élites políticas, entonces el Estado se representa a sí mismo. Y cuando el Estado se representa a sí mismo, ya no hay política, porque ya no hay lucha por el poder. Es el dominio de la oligarquía.
A todo esto se sumó la inclusión casi forzosa de Europa en la alianza militar atlántica. Bajo la excusa de protegernos del enemigo imaginario, Estados Unidos aseguraba su dominio militar sobre el continente y su libertad para intervenir en Europa del este, África del norte y medio oriente.
En lo económico, el golpe definitivo llegó en 1971, cuando Nixon rompió los acuerdos de Bretton Woods y el dólar dejó de estar respaldado por el oro. Dos años después, Washington pactó con Arabia Saudí que el petróleo solo se vendería en dólares a cambio de armas y protección. Nacía así el petrodólar, y con él, una dependencia mundial que ha costado más de una tragedia.
A partir de ahí, el control se volvió total. Estados Unidos podía financiar su hegemonía imprimiendo la moneda que todos estaban obligados a usar. Las instituciones internacionales como el FMI, el Banco Mundial se encargaron de disciplinar a los países, prestando a los aliados, castigando a los rebeldes y asegurando que el sistema siguiera girando alrededor del dólar.
Esta nueva estructura mundial, como también lo hicieron anteriores civilizaciones, desarrolla su propia estética, y eso es de lo que os quiero hablar. La educación en la era de “la paz y el progreso” se convierte en una educación que deja atrás el racionalismo que caracterizó al mundo clásico y la escolástica. Los cuales enseñaban a distinguir lo verdadero de lo falso, lo bello de lo vulgar, someter las creencias al juicio lógico, cultivar el criterio, la disciplina, la forma y la proporción, y ordenar la mente conforme a principios universales como la lógica, las matemáticas o el arte. Piedras fundamentales de nuestra civilización. El mundo académico reemplaza el estudio científico por un estudio sentimentalista e ideológico dentro de una lógica mercantil. El arte deja de ser una poiesis clásica, es decir, una creación conforme a unos cánones de perfección. Desde entonces el arte se ha limitado a una sucesión de gestos vacíos avalados por el mercado, la política y una academia condicionada por ambos. justificándose por su novedad, por su efecto shock y por cómo de bien se amolde la obra al interés mercantil y político. En la sociedad posmoderna, lo vulgar, el arbitrio, y el mal gusto se vuelven la norma, hasta el punto de ver el clasicismo como signo de retroceso. Es la renuncia a la verdad del arte que es la belleza. El reflejo de la política en la vida y el arte.
En España en particular, el arte siempre ha estado ligado a lo popular. Del pueblo han salido el romancero o los toros. Costumbres populares que posteriormente fueron canonizadas. Fenómenos sin parangón en Europa. El romancero se canoniza en el siglo de oro español, siendo la única forma de poesía popular que llega a convertirse en literatura universal. Los juegos de toros, presentes desde tiempos inmemoriales y arraigados en la relación ancestral entre el hombre ibérico y la res, desde las escenas rupestres de Altamira hasta la caza, los encierros, capeas, lidias y suertes a caballo. Alcanzaron su canon artístico a finales del siglo XVIII con la obra de Pepe-Hillo, en la que emprendió la tarea de transformar un espectáculo popular, barroco y caótico en una disciplina racional, sometida a reglas, técnica y belleza. Su Tauromaquia constituye la codificación apolínea y neoclásica de una costumbre antigua. Bajo esta nueva concepción, el desorden de la naturaleza se somete al orden de la razón. El torero encarna así la virtud clásica, el valor gobernado por el raciocinio. Cossío culminaría después esta tradición interpretando la tauromaquia como una de las artes genuinamente españolas, edificada sobre los mismos fundamentos racionales y morales que animaron la tradición clásica europea.
Todo esto, la socialdemocracia se ha encargado de extinguirlo. Lo ha sustituido por su estética. La estética de las falsas democracias Europeas que tanto se encargan de celebrar mientras nuestro mundo se va a pique y los chinos se descojonan. La creación de cultismos y de palabrejas inventadas como la empatía, que teóricamente deriva del griego empátheia, la cual significa pasión. Hoy se presenta como una especie de facultad espiritual, una suerte de poder místico para introducirse en la mente ajena y sentir su sufrimiento, como si de La milla verde se tratara, con el fin de generar un sentimiento y actuar en consecuencia. Maldita palabra.
Nuestra tradición cristiana y grecolatina siempre han entendido el amor al enemigo y la compasión no como impulsos emocionales, sino como acciones derivadas de virtudes racionalmente codificadas, como la justicia o la prudencia. No nacen de una capacidad mágica para participar en la interioridad ajena, sino del ejercicio de la razón moral orientada hacia el bien. Eso es lo que separa al hombre de la bestia.
Otra gran palabra es el consenso político. Un término perfectamente acorde con la estética socialdemócrata, que caricaturiza de forma vil los valores apolíneos de la moderación y la prudencia. El consenso no representa la armonía de una comunidad política madura, sino la coartada ideológica con la que se justifica ante las masas el dominio de la oligarquía sobre la nación. Masas que, sumidas en una confusión generalizada, han sido educadas para interpretar el mundo a través de sus emociones y no mediante un criterio racional. Criterio que, por supuesto, no poseen, porque el propio régimen se ha encargado de impedir su formación. ¿O acaso qué fue el consenso sino el reparto del poder del Estado entre los atlantistas, la élite económica franquista y el Partido Socialista Obrero Español? Un pacto de dominación presentado como acuerdo nacional, mediante el cual se aseguró la continuidad del régimen bajo nuevas formas y con nuevos agentes.
La tolerancia es otro gran valor socialdemócrata. Cuando la tolerancia es unilateral y sólo puede existir entre desiguales. Se da cuando el fuerte tolera la existencia y la vida del débil. Yo prefiero el respeto. Será que soy un antiguo.
La nueva generación de jóvenes está resistiéndose a que su civilización se reduzca a la nada, que su arte sea un compendio de obras kitsch nihilistas. Los jóvenes están volviendo al teatro, a la ópera, a los toros. No solo están volviendo a los toros, van a los toros a ver toreo clásico. Quieren ver a Morante, quien ha sabido enganchar a toda una generación de jóvenes reviviendo a Joselito el Gallo y a Juan Belmonte. Pues el wedeln es lo mismo, un arte, que aunque derive del elitismo académico de quienes lo trajeron a la sierra, se ha convertido en costumbre popular entre los locales de la sierra que lo hemos ido aprendiendo boca a boca, vídeo a vídeo unos de otros, entendiendo que es totalmente racional y que se ajusta a la realidad de la montaña. Es compatible con la nieve papa, con el hielo, con los baches. Un arte popular que ha sido perfeccionado técnicamente y que existe sobre premisas racionales. Racionales, no porque lo diga caballoloko, ni javitron ni jinm, si no porque son compatibles con la experiencia empírica. La base del esquí es la centralidad. La física así nos lo dice. Basta con ver a Jinm bajar la visera y compararlo con el esquí de alguien que piense que la base es el canto. Por eso odian tanto a Pepe, porque ha canonizado una forma popular de esquiar en sierra nevada acorde a unos códigos neoclásicos que producen un esquí técnicamente y estéticamente superior. Se niega a postrarse ante la forma hegemónica que resulta ser más bien un producto del mercado que algo derivado de la experiencia verdadera. Mientras tanto, al igual que la academia artística está vendida a las ideologías y al mercado, la del esquí lo está también. Ellos tienen el monopolio de la enseñanza a través del poder políticaoque les dan sus instituciones, sus editoriales, ellos imponen la estética hegemónica del esquiador. Un esquiador de 25 años que llega borracho a las pistas a las 11 de la mañana después de una noche de apres ski y discoteca, que a las 2 horas baja a comer y a las 3 de la tarde recoge. Una caricatura comercializable entre un público joven lobotomizado por el nihilismo. Lo mismo puedo decir de la técnica del carving, que no cuestiono su utilidad en competiciones y pistas pisadas pero que se ve superada por el wedeln en control, polivalencia y belleza.
Aparte de todo esto, Jinm y su hermano siempre se han esforzado por promocionar la sierra. Más que los que cobran por ello. Son despreciados porque son técnicamente y estéticamente superiores. Yo no creo que el desprecio surja de la envidia como cree mi amigo JaviTron. Es un desprecio pragmático, pues suponen un problema para la implantación definitiva de su modelo mercantil en la sierra. El mercado es frío, lo conozco bien. La oligarquía, aunque muy frecuentemente se mueva por razones espúreas y para atacar la verdad y la razón humana, sus agentes operan racionalmente, y suelen tener estrategias calculadas y poco emocionales.
Cita
CaballoLoKo
Me sumo al homenaje, no solo de Pepe si no también de su hermano y meritorios colaboradores de sobra conocidos por todos. Pero antes de nada retrocedamos unas décadas. 1945, la Gran Guerra ha llegado a su fin. Las muertes se cuentan por millones. Las naciones están sumidas en una destrucción sin precedente. La vieja Europa ha muerto, la ha reemplazado la Pax Americana.
Pensar la paz como una estructura moral opuesta a la guerra, o como una armonía entre iguales, es un error nacido de la ignorancia de la historia de las civilizaciones y de la filosofía política. El conflicto y la pugna por el dominio son constantes que atraviesan todas las épocas, la guerra y la paz no son opuestos morales, sino fases de un interminable y omnipresente proceso de lucha por el poder.
La paz no niega la guerra, la prolonga por otros medios. Es siempre el resultado de una correlación de fuerzas en la que las potencias vencedoras imponen su orden sobre sus inferiores, configurando un nuevo equilibrio favorable a su propia conservación.
Europa creyó haber conquistado su libertad, pero nada más lejos de la realidad, acabó subordinada a la nueva estructura imperial americana. Estados Unidos, vencedor absoluto, reconstruyó el continente bajo su tutela. Primero mediante la economía, a través del Plan Marshall y de los préstamos condicionados. Mediante la política, interviniendo directamente en la reconfiguración política del continente, para así asegurar su control sobre el mismo, asegurar su estabilidad y defender sus intereses comerciales y militares. Intervinieron en la redacción de las constituciones alemana, italiana y, más tarde, española a través del partido socialdemócrata alemán y la Fundación Friedrich Ebert en Suresnes.
Así se constituyó la Europa de los Estados de partidos, la continuación de los regímenes totalitarios bajo una fachada socialdemócrata. Los partidos dejaron de ser cauces clandestinos de representación de la sociedad civil para convertirse en órganos del propio Estado, integrados en su estructura institucional y sostenidos con fondos públicos. Nacieron así los partidos estatales, facciones permanentes del poder que ya no compiten por conquistar el Estado, sino que administran conjuntamente su monopolio desde dentro, en proporción a la cuota electoral que les asigna una sociedad civil excluida de la lucha por el poder.
La preservación de esta satrapía exigía, como condición necesaria, la demolición del pensamiento racionalista y de las formas clasicistas que habían forjado nuestra civilización. Solo destruyendo la inteligencia crítica podía mantenerse un orden donde el Estado se confunde con la Nación. Pero los gobiernos pertenecen al Estado, no a la Nación. La Nación es una realidad anterior y superior: la conciencia de una unidad política entre hombres con historia y costumbres compartidas. Si la Nación no está representada, porque el poder legislativo se designa desde las mismas facciones estatales mediante listas y el ejecutivo mediante pactos corruptos entre las élites políticas, entonces el Estado se representa a sí mismo. Y cuando el Estado se representa a sí mismo, ya no hay política, porque ya no hay lucha por el poder. Es el dominio de la oligarquía.
A todo esto se sumó la inclusión casi forzosa de Europa en la alianza militar atlántica. Bajo la excusa de protegernos del enemigo imaginario, Estados Unidos aseguraba su dominio militar sobre el continente y su libertad para intervenir en Europa del este, África del norte y medio oriente.
En lo económico, el golpe definitivo llegó en 1971, cuando Nixon rompió los acuerdos de Bretton Woods y el dólar dejó de estar respaldado por el oro. Dos años después, Washington pactó con Arabia Saudí que el petróleo solo se vendería en dólares a cambio de armas y protección. Nacía así el petrodólar, y con él, una dependencia mundial que ha costado más de una tragedia.
A partir de ahí, el control se volvió total. Estados Unidos podía financiar su hegemonía imprimiendo la moneda que todos estaban obligados a usar. Las instituciones internacionales como el FMI, el Banco Mundial se encargaron de disciplinar a los países, prestando a los aliados, castigando a los rebeldes y asegurando que el sistema siguiera girando alrededor del dólar.
Esta nueva estructura mundial, como también lo hicieron anteriores civilizaciones, desarrolla su propia estética, y eso es de lo que os quiero hablar. La educación en la era de “la paz y el progreso” se convierte en una educación que deja atrás el racionalismo que caracterizó al mundo clásico y la escolástica. Los cuales enseñaban a distinguir lo verdadero de lo falso, lo bello de lo vulgar, someter las creencias al juicio lógico, cultivar el criterio, la disciplina, la forma y la proporción, y ordenar la mente conforme a principios universales como la lógica, las matemáticas o el arte. Piedras fundamentales de nuestra civilización. El mundo académico reemplaza el estudio científico por un estudio sentimentalista e ideológico dentro de una lógica mercantil. El arte deja de ser una poiesis clásica, es decir, una creación conforme a unos cánones de perfección. Desde entonces el arte se ha limitado a una sucesión de gestos vacíos avalados por el mercado, la política y una academia condicionada por ambos. justificándose por su novedad, por su efecto shock y por cómo de bien se amolde la obra al interés mercantil y político. En la sociedad posmoderna, lo vulgar, el arbitrio, y el mal gusto se vuelven la norma, hasta el punto de ver el clasicismo como signo de retroceso. Es la renuncia a la verdad del arte que es la belleza. El reflejo de la política en la vida y el arte.
En España en particular, el arte siempre ha estado ligado a lo popular. Del pueblo han salido el romancero o los toros. Costumbres populares que posteriormente fueron canonizadas. Fenómenos sin parangón en Europa. El romancero se canoniza en el siglo de oro español, siendo la única forma de poesía popular que llega a convertirse en literatura universal. Los juegos de toros, presentes desde tiempos inmemoriales y arraigados en la relación ancestral entre el hombre ibérico y la res, desde las escenas rupestres de Altamira hasta la caza, los encierros, capeas, lidias y suertes a caballo. Alcanzaron su canon artístico a finales del siglo XVIII con la obra de Pepe-Hillo, en la que emprendió la tarea de transformar un espectáculo popular, barroco y caótico en una disciplina racional, sometida a reglas, técnica y belleza. Su Tauromaquia constituye la codificación apolínea y neoclásica de una costumbre antigua. Bajo esta nueva concepción, el desorden de la naturaleza se somete al orden de la razón. El torero encarna así la virtud clásica, el valor gobernado por el raciocinio. Cossío culminaría después esta tradición interpretando la tauromaquia como una de las artes genuinamente españolas, edificada sobre los mismos fundamentos racionales y morales que animaron la tradición clásica europea.
Todo esto, la socialdemocracia se ha encargado de extinguirlo. Lo ha sustituido por su estética. La estética de las falsas democracias Europeas que tanto se encargan de celebrar mientras nuestro mundo se va a pique y los chinos se descojonan. La creación de cultismos y de palabrejas inventadas como la empatía, que teóricamente deriva del griego empátheia, la cual significa pasión. Hoy se presenta como una especie de facultad espiritual, una suerte de poder místico para introducirse en la mente ajena y sentir su sufrimiento, como si de La milla verde se tratara, con el fin de generar un sentimiento y actuar en consecuencia. Maldita palabra.
Nuestra tradición cristiana y grecolatina siempre han entendido el amor al enemigo y la compasión no como impulsos emocionales, sino como acciones derivadas de virtudes racionalmente codificadas, como la justicia o la prudencia. No nacen de una capacidad mágica para participar en la interioridad ajena, sino del ejercicio de la razón moral orientada hacia el bien. Eso es lo que separa al hombre de la bestia.
Otra gran palabra es el consenso político. Un término perfectamente acorde con la estética socialdemócrata, que caricaturiza de forma vil los valores apolíneos de la moderación y la prudencia. El consenso no representa la armonía de una comunidad política madura, sino la coartada ideológica con la que se justifica ante las masas el dominio de la oligarquía sobre la nación. Masas que, sumidas en una confusión generalizada, han sido educadas para interpretar el mundo a través de sus emociones y no mediante un criterio racional. Criterio que, por supuesto, no poseen, porque el propio régimen se ha encargado de impedir su formación. ¿O acaso qué fue el consenso sino el reparto del poder del Estado entre los atlantistas, la élite económica franquista y el Partido Socialista Obrero Español? Un pacto de dominación presentado como acuerdo nacional, mediante el cual se aseguró la continuidad del régimen bajo nuevas formas y con nuevos agentes.
La tolerancia es otro gran valor socialdemócrata. Cuando la tolerancia es unilateral y sólo puede existir entre desiguales. Se da cuando el fuerte tolera la existencia y la vida del débil. Yo prefiero el respeto. Será que soy un antiguo.
La nueva generación de jóvenes está resistiéndose a que su civilización se reduzca a la nada, que su arte sea un compendio de obras kitsch nihilistas. Los jóvenes están volviendo al teatro, a la ópera, a los toros. No solo están volviendo a los toros, van a los toros a ver toreo clásico. Quieren ver a Morante, quien ha sabido enganchar a toda una generación de jóvenes reviviendo a Joselito el Gallo y a Juan Belmonte. Pues el wedeln es lo mismo, un arte, que aunque derive del elitismo académico de quienes lo trajeron a la sierra, se ha convertido en costumbre popular entre los locales de la sierra que lo hemos ido aprendiendo boca a boca, vídeo a vídeo unos de otros, entendiendo que es totalmente racional y que se ajusta a la realidad de la montaña. Es compatible con la nieve papa, con el hielo, con los baches. Un arte popular que ha sido perfeccionado técnicamente y que existe sobre premisas racionales. Racionales, no porque lo diga caballoloko, ni javitron ni jinm, si no porque son compatibles con la experiencia empírica. La base del esquí es la centralidad. La física así nos lo dice. Basta con ver a Jinm bajar la visera y compararlo con el esquí de alguien que piense que la base es el canto. Por eso odian tanto a Pepe, porque ha canonizado una forma popular de esquiar en sierra nevada acorde a unos códigos neoclásicos que producen un esquí técnicamente y estéticamente superior. Se niega a postrarse ante la forma hegemónica que resulta ser más bien un producto del mercado que algo derivado de la experiencia verdadera. Mientras tanto, al igual que la academia artística está vendida a las ideologías y al mercado, la del esquí lo está también. Ellos tienen el monopolio de la enseñanza a través del poder políticaoque les dan sus instituciones, sus editoriales, ellos imponen la estética hegemónica del esquiador. Un esquiador de 25 años que llega borracho a las pistas a las 11 de la mañana después de una noche de apres ski y discoteca, que a las 2 horas baja a comer y a las 3 de la tarde recoge. Una caricatura comercializable entre un público joven lobotomizado por el nihilismo. Lo mismo puedo decir de la técnica del carving, que no cuestiono su utilidad en competiciones y pistas pisadas pero que se ve superada por el wedeln en control, polivalencia y belleza.
Aparte de todo esto, Jinm y su hermano siempre se han esforzado por promocionar la sierra. Más que los que cobran por ello. Son despreciados porque son técnicamente y estéticamente superiores. Yo no creo que el desprecio surja de la envidia como cree mi amigo JaviTron. Es un desprecio pragmático, pues suponen un problema para la implantación definitiva de su modelo mercantil en la sierra. El mercado es frío, lo conozco bien. La oligarquía, aunque muy frecuentemente se mueva por razones espúreas y para atacar la verdad y la razón humana, sus agentes operan racionalmente, y suelen tener estrategias calculadas y poco emocionales.
He tardado más de un mes en leer tu comentario, tomar notas, intentar estructurar las ideas y alcanzar una mínima comprensión preliminar como para poder
responderte con algo de mínima propiedad. Publicaste esto allá por el 20/10/2025 y todavía lo seguiré estudiando un tiempo más.
¡Oh, excelsa, brillante, enrevesada y retorcidísima reflexión a la vez! ¡Qué brillante la tuya, Caballo Loco! Una oda filosófica que para un humilde y desolado
insecto con dos neuronas como yo —guardián del wedeln perdido y representante de esta plebe vulgar, llana, sencilla y enormemente ignorante que puebla
este foro, y que espero algún día se libere de las cadenas que la han condenado a la mediocridad eterna— es casi incomprensible.
Para colmo, la has lanzado del tirón, sin un mísero doble espacio. Aquí en Nevasport nos consolamos escribiendo nuestros tochos a doble espacio
para que el personal no se desanime al leernos; lo tuyo es como el «Modo Hardcore» de los post, intensificando aún más la densidad y la desolación grotesca al
leerlo. Te leo con la reverencia con que se contempla un tratado de metafísica o de espacios recubridores y homotopía, intentando que no me explote la cabeza
en el intento y apartando en todo momento de mi cabeza la idea de cortarme la venas en este mismo instante.
Y ahora, dejando a un lado mi miseria neuronal, quiero sumarme al homenaje: gracias al hilo de la Visera del Juicio Final y a aquellas fotos pude conocer a la
tripulación de la Enterprise y aprender de ellos. Renuncié a otras oportunidades y bajé a Sierra Nevada para vivirlo, y fue un sueño hecho realidad. La lista de
matices y vivencias asociadas a ese hilo es tan enorme que no cabe en un simple comentario; haría falta un curso de varios años para contarlo todo. ¡Gracias por
tanto!
Saludos desde la mediocridad neuronal.
Dr. Javi_Tron
Vicepresidente de los Bache@dictos
Guardián del Wedeln prohibido y de la contrarotación
Liberador de las almas en pena caídas en la ignorancia eterna
Maestro supremo del Club del Doble Espacio y de las Letras Gordas, y orgulloso poseedor de más títulos auto-asignados por la puta cara de los que caben en una firma.
Cita
Javi_Tron
Cita
CaballoLoKo
Me sumo al homenaje, no solo de Pepe si no también de su hermano y meritorios colaboradores de sobra conocidos por todos. Pero antes de nada retrocedamos unas décadas. 1945, la Gran Guerra ha llegado a su fin. Las muertes se cuentan por millones. Las naciones están sumidas en una destrucción sin precedente. La vieja Europa ha muerto, la ha reemplazado la Pax Americana.
Pensar la paz como una estructura moral opuesta a la guerra, o como una armonía entre iguales, es un error nacido de la ignorancia de la historia de las civilizaciones y de la filosofía política. El conflicto y la pugna por el dominio son constantes que atraviesan todas las épocas, la guerra y la paz no son opuestos morales, sino fases de un interminable y omnipresente proceso de lucha por el poder.
La paz no niega la guerra, la prolonga por otros medios. Es siempre el resultado de una correlación de fuerzas en la que las potencias vencedoras imponen su orden sobre sus inferiores, configurando un nuevo equilibrio favorable a su propia conservación.
Europa creyó haber conquistado su libertad, pero nada más lejos de la realidad, acabó subordinada a la nueva estructura imperial americana. Estados Unidos, vencedor absoluto, reconstruyó el continente bajo su tutela. Primero mediante la economía, a través del Plan Marshall y de los préstamos condicionados. Mediante la política, interviniendo directamente en la reconfiguración política del continente, para así asegurar su control sobre el mismo, asegurar su estabilidad y defender sus intereses comerciales y militares. Intervinieron en la redacción de las constituciones alemana, italiana y, más tarde, española a través del partido socialdemócrata alemán y la Fundación Friedrich Ebert en Suresnes.
Así se constituyó la Europa de los Estados de partidos, la continuación de los regímenes totalitarios bajo una fachada socialdemócrata. Los partidos dejaron de ser cauces clandestinos de representación de la sociedad civil para convertirse en órganos del propio Estado, integrados en su estructura institucional y sostenidos con fondos públicos. Nacieron así los partidos estatales, facciones permanentes del poder que ya no compiten por conquistar el Estado, sino que administran conjuntamente su monopolio desde dentro, en proporción a la cuota electoral que les asigna una sociedad civil excluida de la lucha por el poder.
La preservación de esta satrapía exigía, como condición necesaria, la demolición del pensamiento racionalista y de las formas clasicistas que habían forjado nuestra civilización. Solo destruyendo la inteligencia crítica podía mantenerse un orden donde el Estado se confunde con la Nación. Pero los gobiernos pertenecen al Estado, no a la Nación. La Nación es una realidad anterior y superior: la conciencia de una unidad política entre hombres con historia y costumbres compartidas. Si la Nación no está representada, porque el poder legislativo se designa desde las mismas facciones estatales mediante listas y el ejecutivo mediante pactos corruptos entre las élites políticas, entonces el Estado se representa a sí mismo. Y cuando el Estado se representa a sí mismo, ya no hay política, porque ya no hay lucha por el poder. Es el dominio de la oligarquía.
A todo esto se sumó la inclusión casi forzosa de Europa en la alianza militar atlántica. Bajo la excusa de protegernos del enemigo imaginario, Estados Unidos aseguraba su dominio militar sobre el continente y su libertad para intervenir en Europa del este, África del norte y medio oriente.
En lo económico, el golpe definitivo llegó en 1971, cuando Nixon rompió los acuerdos de Bretton Woods y el dólar dejó de estar respaldado por el oro. Dos años después, Washington pactó con Arabia Saudí que el petróleo solo se vendería en dólares a cambio de armas y protección. Nacía así el petrodólar, y con él, una dependencia mundial que ha costado más de una tragedia.
A partir de ahí, el control se volvió total. Estados Unidos podía financiar su hegemonía imprimiendo la moneda que todos estaban obligados a usar. Las instituciones internacionales como el FMI, el Banco Mundial se encargaron de disciplinar a los países, prestando a los aliados, castigando a los rebeldes y asegurando que el sistema siguiera girando alrededor del dólar.
Esta nueva estructura mundial, como también lo hicieron anteriores civilizaciones, desarrolla su propia estética, y eso es de lo que os quiero hablar. La educación en la era de “la paz y el progreso” se convierte en una educación que deja atrás el racionalismo que caracterizó al mundo clásico y la escolástica. Los cuales enseñaban a distinguir lo verdadero de lo falso, lo bello de lo vulgar, someter las creencias al juicio lógico, cultivar el criterio, la disciplina, la forma y la proporción, y ordenar la mente conforme a principios universales como la lógica, las matemáticas o el arte. Piedras fundamentales de nuestra civilización. El mundo académico reemplaza el estudio científico por un estudio sentimentalista e ideológico dentro de una lógica mercantil. El arte deja de ser una poiesis clásica, es decir, una creación conforme a unos cánones de perfección. Desde entonces el arte se ha limitado a una sucesión de gestos vacíos avalados por el mercado, la política y una academia condicionada por ambos. justificándose por su novedad, por su efecto shock y por cómo de bien se amolde la obra al interés mercantil y político. En la sociedad posmoderna, lo vulgar, el arbitrio, y el mal gusto se vuelven la norma, hasta el punto de ver el clasicismo como signo de retroceso. Es la renuncia a la verdad del arte que es la belleza. El reflejo de la política en la vida y el arte.
En España en particular, el arte siempre ha estado ligado a lo popular. Del pueblo han salido el romancero o los toros. Costumbres populares que posteriormente fueron canonizadas. Fenómenos sin parangón en Europa. El romancero se canoniza en el siglo de oro español, siendo la única forma de poesía popular que llega a convertirse en literatura universal. Los juegos de toros, presentes desde tiempos inmemoriales y arraigados en la relación ancestral entre el hombre ibérico y la res, desde las escenas rupestres de Altamira hasta la caza, los encierros, capeas, lidias y suertes a caballo. Alcanzaron su canon artístico a finales del siglo XVIII con la obra de Pepe-Hillo, en la que emprendió la tarea de transformar un espectáculo popular, barroco y caótico en una disciplina racional, sometida a reglas, técnica y belleza. Su Tauromaquia constituye la codificación apolínea y neoclásica de una costumbre antigua. Bajo esta nueva concepción, el desorden de la naturaleza se somete al orden de la razón. El torero encarna así la virtud clásica, el valor gobernado por el raciocinio. Cossío culminaría después esta tradición interpretando la tauromaquia como una de las artes genuinamente españolas, edificada sobre los mismos fundamentos racionales y morales que animaron la tradición clásica europea.
Todo esto, la socialdemocracia se ha encargado de extinguirlo. Lo ha sustituido por su estética. La estética de las falsas democracias Europeas que tanto se encargan de celebrar mientras nuestro mundo se va a pique y los chinos se descojonan. La creación de cultismos y de palabrejas inventadas como la empatía, que teóricamente deriva del griego empátheia, la cual significa pasión. Hoy se presenta como una especie de facultad espiritual, una suerte de poder místico para introducirse en la mente ajena y sentir su sufrimiento, como si de La milla verde se tratara, con el fin de generar un sentimiento y actuar en consecuencia. Maldita palabra.
Nuestra tradición cristiana y grecolatina siempre han entendido el amor al enemigo y la compasión no como impulsos emocionales, sino como acciones derivadas de virtudes racionalmente codificadas, como la justicia o la prudencia. No nacen de una capacidad mágica para participar en la interioridad ajena, sino del ejercicio de la razón moral orientada hacia el bien. Eso es lo que separa al hombre de la bestia.
Otra gran palabra es el consenso político. Un término perfectamente acorde con la estética socialdemócrata, que caricaturiza de forma vil los valores apolíneos de la moderación y la prudencia. El consenso no representa la armonía de una comunidad política madura, sino la coartada ideológica con la que se justifica ante las masas el dominio de la oligarquía sobre la nación. Masas que, sumidas en una confusión generalizada, han sido educadas para interpretar el mundo a través de sus emociones y no mediante un criterio racional. Criterio que, por supuesto, no poseen, porque el propio régimen se ha encargado de impedir su formación. ¿O acaso qué fue el consenso sino el reparto del poder del Estado entre los atlantistas, la élite económica franquista y el Partido Socialista Obrero Español? Un pacto de dominación presentado como acuerdo nacional, mediante el cual se aseguró la continuidad del régimen bajo nuevas formas y con nuevos agentes.
La tolerancia es otro gran valor socialdemócrata. Cuando la tolerancia es unilateral y sólo puede existir entre desiguales. Se da cuando el fuerte tolera la existencia y la vida del débil. Yo prefiero el respeto. Será que soy un antiguo.
La nueva generación de jóvenes está resistiéndose a que su civilización se reduzca a la nada, que su arte sea un compendio de obras kitsch nihilistas. Los jóvenes están volviendo al teatro, a la ópera, a los toros. No solo están volviendo a los toros, van a los toros a ver toreo clásico. Quieren ver a Morante, quien ha sabido enganchar a toda una generación de jóvenes reviviendo a Joselito el Gallo y a Juan Belmonte. Pues el wedeln es lo mismo, un arte, que aunque derive del elitismo académico de quienes lo trajeron a la sierra, se ha convertido en costumbre popular entre los locales de la sierra que lo hemos ido aprendiendo boca a boca, vídeo a vídeo unos de otros, entendiendo que es totalmente racional y que se ajusta a la realidad de la montaña. Es compatible con la nieve papa, con el hielo, con los baches. Un arte popular que ha sido perfeccionado técnicamente y que existe sobre premisas racionales. Racionales, no porque lo diga caballoloko, ni javitron ni jinm, si no porque son compatibles con la experiencia empírica. La base del esquí es la centralidad. La física así nos lo dice. Basta con ver a Jinm bajar la visera y compararlo con el esquí de alguien que piense que la base es el canto. Por eso odian tanto a Pepe, porque ha canonizado una forma popular de esquiar en sierra nevada acorde a unos códigos neoclásicos que producen un esquí técnicamente y estéticamente superior. Se niega a postrarse ante la forma hegemónica que resulta ser más bien un producto del mercado que algo derivado de la experiencia verdadera. Mientras tanto, al igual que la academia artística está vendida a las ideologías y al mercado, la del esquí lo está también. Ellos tienen el monopolio de la enseñanza a través del poder políticaoque les dan sus instituciones, sus editoriales, ellos imponen la estética hegemónica del esquiador. Un esquiador de 25 años que llega borracho a las pistas a las 11 de la mañana después de una noche de apres ski y discoteca, que a las 2 horas baja a comer y a las 3 de la tarde recoge. Una caricatura comercializable entre un público joven lobotomizado por el nihilismo. Lo mismo puedo decir de la técnica del carving, que no cuestiono su utilidad en competiciones y pistas pisadas pero que se ve superada por el wedeln en control, polivalencia y belleza.
Aparte de todo esto, Jinm y su hermano siempre se han esforzado por promocionar la sierra. Más que los que cobran por ello. Son despreciados porque son técnicamente y estéticamente superiores. Yo no creo que el desprecio surja de la envidia como cree mi amigo JaviTron. Es un desprecio pragmático, pues suponen un problema para la implantación definitiva de su modelo mercantil en la sierra. El mercado es frío, lo conozco bien. La oligarquía, aunque muy frecuentemente se mueva por razones espúreas y para atacar la verdad y la razón humana, sus agentes operan racionalmente, y suelen tener estrategias calculadas y poco emocionales.
He tardado más de un mes en leer tu comentario, tomar notas, intentar estructurar las ideas y alcanzar una mínima comprensión preliminar como para poder
responderte con algo de mínima propiedad. Publicaste esto allá por el 20/10/2025 y todavía lo seguiré estudiando un tiempo más.
¡Oh, excelsa, brillante, enrevesada y retorcidísima reflexión a la vez! ¡Qué brillante la tuya, Caballo Loco! Una oda filosófica que para un humilde y desolado
insecto con dos neuronas como yo —guardián del wedeln perdido y representante de esta plebe vulgar, llana, sencilla y enormemente ignorante que puebla
este foro, y que espero algún día se libere de las cadenas que la han condenado a la mediocridad eterna— es casi incomprensible.
Para colmo, la has lanzado del tirón, sin un mísero doble espacio. Aquí en Nevasport nos consolamos escribiendo nuestros tochos a doble espacio
para que el personal no se desanime al leernos; lo tuyo es como el «Modo Hardcore» de los post, intensificando aún más la densidad y la desolación grotesca al
leerlo. Te leo con la reverencia con que se contempla un tratado de metafísica o de espacios recubridores y homotopía, intentando que no me explote la cabeza
en el intento y apartando en todo momento de mi cabeza la idea de cortarme la venas en este mismo instante.
Y ahora, dejando a un lado mi miseria neuronal, quiero sumarme al homenaje: gracias al hilo de la Visera del Juicio Final y a aquellas fotos pude conocer a la
tripulación de la Enterprise y aprender de ellos. Renuncié a otras oportunidades y bajé a Sierra Nevada para vivirlo, y fue un sueño hecho realidad. La lista de
matices y vivencias asociadas a ese hilo es tan enorme que no cabe en un simple comentario; haría falta un curso de varios años para contarlo todo. ¡Gracias por
tanto!
Saludos desde la mediocridad neuronal.
Dr. Javi_Tron
Vicepresidente de los Bache@dictos
Guardián del Wedeln prohibido y de la contrarotación
Liberador de las almas en pena caídas en la ignorancia eterna
Maestro supremo del Club del Doble Espacio y de las Letras Gordas, y orgulloso poseedor de más títulos auto-asignados por la puta cara de los que caben en una firma.
Cita
Javi_Tron
Cita
CaballoLoKo
Me sumo al homenaje, no solo de Pepe si no también de su hermano y meritorios colaboradores de sobra conocidos por todos. Pero antes de nada retrocedamos unas décadas. 1945, la Gran Guerra ha llegado a su fin. Las muertes se cuentan por millones. Las naciones están sumidas en una destrucción sin precedente. La vieja Europa ha muerto, la ha reemplazado la Pax Americana.
Pensar la paz como una estructura moral opuesta a la guerra, o como una armonía entre iguales, es un error nacido de la ignorancia de la historia de las civilizaciones y de la filosofía política. El conflicto y la pugna por el dominio son constantes que atraviesan todas las épocas, la guerra y la paz no son opuestos morales, sino fases de un interminable y omnipresente proceso de lucha por el poder.
La paz no niega la guerra, la prolonga por otros medios. Es siempre el resultado de una correlación de fuerzas en la que las potencias vencedoras imponen su orden sobre sus inferiores, configurando un nuevo equilibrio favorable a su propia conservación.
Europa creyó haber conquistado su libertad, pero nada más lejos de la realidad, acabó subordinada a la nueva estructura imperial americana. Estados Unidos, vencedor absoluto, reconstruyó el continente bajo su tutela. Primero mediante la economía, a través del Plan Marshall y de los préstamos condicionados. Mediante la política, interviniendo directamente en la reconfiguración política del continente, para así asegurar su control sobre el mismo, asegurar su estabilidad y defender sus intereses comerciales y militares. Intervinieron en la redacción de las constituciones alemana, italiana y, más tarde, española a través del partido socialdemócrata alemán y la Fundación Friedrich Ebert en Suresnes.
Así se constituyó la Europa de los Estados de partidos, la continuación de los regímenes totalitarios bajo una fachada socialdemócrata. Los partidos dejaron de ser cauces clandestinos de representación de la sociedad civil para convertirse en órganos del propio Estado, integrados en su estructura institucional y sostenidos con fondos públicos. Nacieron así los partidos estatales, facciones permanentes del poder que ya no compiten por conquistar el Estado, sino que administran conjuntamente su monopolio desde dentro, en proporción a la cuota electoral que les asigna una sociedad civil excluida de la lucha por el poder.
La preservación de esta satrapía exigía, como condición necesaria, la demolición del pensamiento racionalista y de las formas clasicistas que habían forjado nuestra civilización. Solo destruyendo la inteligencia crítica podía mantenerse un orden donde el Estado se confunde con la Nación. Pero los gobiernos pertenecen al Estado, no a la Nación. La Nación es una realidad anterior y superior: la conciencia de una unidad política entre hombres con historia y costumbres compartidas. Si la Nación no está representada, porque el poder legislativo se designa desde las mismas facciones estatales mediante listas y el ejecutivo mediante pactos corruptos entre las élites políticas, entonces el Estado se representa a sí mismo. Y cuando el Estado se representa a sí mismo, ya no hay política, porque ya no hay lucha por el poder. Es el dominio de la oligarquía.
A todo esto se sumó la inclusión casi forzosa de Europa en la alianza militar atlántica. Bajo la excusa de protegernos del enemigo imaginario, Estados Unidos aseguraba su dominio militar sobre el continente y su libertad para intervenir en Europa del este, África del norte y medio oriente.
En lo económico, el golpe definitivo llegó en 1971, cuando Nixon rompió los acuerdos de Bretton Woods y el dólar dejó de estar respaldado por el oro. Dos años después, Washington pactó con Arabia Saudí que el petróleo solo se vendería en dólares a cambio de armas y protección. Nacía así el petrodólar, y con él, una dependencia mundial que ha costado más de una tragedia.
A partir de ahí, el control se volvió total. Estados Unidos podía financiar su hegemonía imprimiendo la moneda que todos estaban obligados a usar. Las instituciones internacionales como el FMI, el Banco Mundial se encargaron de disciplinar a los países, prestando a los aliados, castigando a los rebeldes y asegurando que el sistema siguiera girando alrededor del dólar.
Esta nueva estructura mundial, como también lo hicieron anteriores civilizaciones, desarrolla su propia estética, y eso es de lo que os quiero hablar. La educación en la era de “la paz y el progreso” se convierte en una educación que deja atrás el racionalismo que caracterizó al mundo clásico y la escolástica. Los cuales enseñaban a distinguir lo verdadero de lo falso, lo bello de lo vulgar, someter las creencias al juicio lógico, cultivar el criterio, la disciplina, la forma y la proporción, y ordenar la mente conforme a principios universales como la lógica, las matemáticas o el arte. Piedras fundamentales de nuestra civilización. El mundo académico reemplaza el estudio científico por un estudio sentimentalista e ideológico dentro de una lógica mercantil. El arte deja de ser una poiesis clásica, es decir, una creación conforme a unos cánones de perfección. Desde entonces el arte se ha limitado a una sucesión de gestos vacíos avalados por el mercado, la política y una academia condicionada por ambos. justificándose por su novedad, por su efecto shock y por cómo de bien se amolde la obra al interés mercantil y político. En la sociedad posmoderna, lo vulgar, el arbitrio, y el mal gusto se vuelven la norma, hasta el punto de ver el clasicismo como signo de retroceso. Es la renuncia a la verdad del arte que es la belleza. El reflejo de la política en la vida y el arte.
En España en particular, el arte siempre ha estado ligado a lo popular. Del pueblo han salido el romancero o los toros. Costumbres populares que posteriormente fueron canonizadas. Fenómenos sin parangón en Europa. El romancero se canoniza en el siglo de oro español, siendo la única forma de poesía popular que llega a convertirse en literatura universal. Los juegos de toros, presentes desde tiempos inmemoriales y arraigados en la relación ancestral entre el hombre ibérico y la res, desde las escenas rupestres de Altamira hasta la caza, los encierros, capeas, lidias y suertes a caballo. Alcanzaron su canon artístico a finales del siglo XVIII con la obra de Pepe-Hillo, en la que emprendió la tarea de transformar un espectáculo popular, barroco y caótico en una disciplina racional, sometida a reglas, técnica y belleza. Su Tauromaquia constituye la codificación apolínea y neoclásica de una costumbre antigua. Bajo esta nueva concepción, el desorden de la naturaleza se somete al orden de la razón. El torero encarna así la virtud clásica, el valor gobernado por el raciocinio. Cossío culminaría después esta tradición interpretando la tauromaquia como una de las artes genuinamente españolas, edificada sobre los mismos fundamentos racionales y morales que animaron la tradición clásica europea.
Todo esto, la socialdemocracia se ha encargado de extinguirlo. Lo ha sustituido por su estética. La estética de las falsas democracias Europeas que tanto se encargan de celebrar mientras nuestro mundo se va a pique y los chinos se descojonan. La creación de cultismos y de palabrejas inventadas como la empatía, que teóricamente deriva del griego empátheia, la cual significa pasión. Hoy se presenta como una especie de facultad espiritual, una suerte de poder místico para introducirse en la mente ajena y sentir su sufrimiento, como si de La milla verde se tratara, con el fin de generar un sentimiento y actuar en consecuencia. Maldita palabra.
Nuestra tradición cristiana y grecolatina siempre han entendido el amor al enemigo y la compasión no como impulsos emocionales, sino como acciones derivadas de virtudes racionalmente codificadas, como la justicia o la prudencia. No nacen de una capacidad mágica para participar en la interioridad ajena, sino del ejercicio de la razón moral orientada hacia el bien. Eso es lo que separa al hombre de la bestia.
Otra gran palabra es el consenso político. Un término perfectamente acorde con la estética socialdemócrata, que caricaturiza de forma vil los valores apolíneos de la moderación y la prudencia. El consenso no representa la armonía de una comunidad política madura, sino la coartada ideológica con la que se justifica ante las masas el dominio de la oligarquía sobre la nación. Masas que, sumidas en una confusión generalizada, han sido educadas para interpretar el mundo a través de sus emociones y no mediante un criterio racional. Criterio que, por supuesto, no poseen, porque el propio régimen se ha encargado de impedir su formación. ¿O acaso qué fue el consenso sino el reparto del poder del Estado entre los atlantistas, la élite económica franquista y el Partido Socialista Obrero Español? Un pacto de dominación presentado como acuerdo nacional, mediante el cual se aseguró la continuidad del régimen bajo nuevas formas y con nuevos agentes.
La tolerancia es otro gran valor socialdemócrata. Cuando la tolerancia es unilateral y sólo puede existir entre desiguales. Se da cuando el fuerte tolera la existencia y la vida del débil. Yo prefiero el respeto. Será que soy un antiguo.
La nueva generación de jóvenes está resistiéndose a que su civilización se reduzca a la nada, que su arte sea un compendio de obras kitsch nihilistas. Los jóvenes están volviendo al teatro, a la ópera, a los toros. No solo están volviendo a los toros, van a los toros a ver toreo clásico. Quieren ver a Morante, quien ha sabido enganchar a toda una generación de jóvenes reviviendo a Joselito el Gallo y a Juan Belmonte. Pues el wedeln es lo mismo, un arte, que aunque derive del elitismo académico de quienes lo trajeron a la sierra, se ha convertido en costumbre popular entre los locales de la sierra que lo hemos ido aprendiendo boca a boca, vídeo a vídeo unos de otros, entendiendo que es totalmente racional y que se ajusta a la realidad de la montaña. Es compatible con la nieve papa, con el hielo, con los baches. Un arte popular que ha sido perfeccionado técnicamente y que existe sobre premisas racionales. Racionales, no porque lo diga caballoloko, ni javitron ni jinm, si no porque son compatibles con la experiencia empírica. La base del esquí es la centralidad. La física así nos lo dice. Basta con ver a Jinm bajar la visera y compararlo con el esquí de alguien que piense que la base es el canto. Por eso odian tanto a Pepe, porque ha canonizado una forma popular de esquiar en sierra nevada acorde a unos códigos neoclásicos que producen un esquí técnicamente y estéticamente superior. Se niega a postrarse ante la forma hegemónica que resulta ser más bien un producto del mercado que algo derivado de la experiencia verdadera. Mientras tanto, al igual que la academia artística está vendida a las ideologías y al mercado, la del esquí lo está también. Ellos tienen el monopolio de la enseñanza a través del poder políticaoque les dan sus instituciones, sus editoriales, ellos imponen la estética hegemónica del esquiador. Un esquiador de 25 años que llega borracho a las pistas a las 11 de la mañana después de una noche de apres ski y discoteca, que a las 2 horas baja a comer y a las 3 de la tarde recoge. Una caricatura comercializable entre un público joven lobotomizado por el nihilismo. Lo mismo puedo decir de la técnica del carving, que no cuestiono su utilidad en competiciones y pistas pisadas pero que se ve superada por el wedeln en control, polivalencia y belleza.
Aparte de todo esto, Jinm y su hermano siempre se han esforzado por promocionar la sierra. Más que los que cobran por ello. Son despreciados porque son técnicamente y estéticamente superiores. Yo no creo que el desprecio surja de la envidia como cree mi amigo JaviTron. Es un desprecio pragmático, pues suponen un problema para la implantación definitiva de su modelo mercantil en la sierra. El mercado es frío, lo conozco bien. La oligarquía, aunque muy frecuentemente se mueva por razones espúreas y para atacar la verdad y la razón humana, sus agentes operan racionalmente, y suelen tener estrategias calculadas y poco emocionales.
He tardado más de un mes en leer tu comentario, tomar notas, intentar estructurar las ideas y alcanzar una mínima comprensión preliminar como para poder
responderte con algo de mínima propiedad. Publicaste esto allá por el 20/10/2025 y todavía lo seguiré estudiando un tiempo más.
¡Oh, excelsa, brillante, enrevesada y retorcidísima reflexión a la vez! ¡Qué brillante la tuya, Caballo Loco! Una oda filosófica que para un humilde y desolado
insecto con dos neuronas como yo —guardián del wedeln perdido y representante de esta plebe vulgar, llana, sencilla y enormemente ignorante que puebla
este foro, y que espero algún día se libere de las cadenas que la han condenado a la mediocridad eterna— es casi incomprensible.
Para colmo, la has lanzado del tirón, sin un mísero doble espacio. Aquí en Nevasport nos consolamos escribiendo nuestros tochos a doble espacio
para que el personal no se desanime al leernos; lo tuyo es como el «Modo Hardcore» de los post, intensificando aún más la densidad y la desolación grotesca al
leerlo. Te leo con la reverencia con que se contempla un tratado de metafísica o de espacios recubridores y homotopía, intentando que no me explote la cabeza
en el intento y apartando en todo momento de mi cabeza la idea de cortarme la venas en este mismo instante.
Y ahora, dejando a un lado mi miseria neuronal, quiero sumarme al homenaje: gracias al hilo de la Visera del Juicio Final y a aquellas fotos pude conocer a la
tripulación de la Enterprise y aprender de ellos. Renuncié a otras oportunidades y bajé a Sierra Nevada para vivirlo, y fue un sueño hecho realidad. La lista de
matices y vivencias asociadas a ese hilo es tan enorme que no cabe en un simple comentario; haría falta un curso de varios años para contarlo todo. ¡Gracias por
tanto!
Saludos desde la mediocridad neuronal.
Dr. Javi_Tron
Vicepresidente de los Bache@dictos
Guardián del Wedeln prohibido y de la contrarotación
Liberador de las almas en pena caídas en la ignorancia eterna
Maestro supremo del Club del Doble Espacio y de las Letras Gordas, y orgulloso poseedor de más títulos auto-asignados por la puta cara de los que caben en una firma.
¿Y el fairy?![]()
Cita
NenRos
Cita
Javi_Tron
Cita
CaballoLoKo
Me sumo al homenaje, no solo de Pepe si no también de su hermano y meritorios colaboradores de sobra conocidos por todos. Pero antes de nada retrocedamos unas décadas. 1945, la Gran Guerra ha llegado a su fin. Las muertes se cuentan por millones. Las naciones están sumidas en una destrucción sin precedente. La vieja Europa ha muerto, la ha reemplazado la Pax Americana.
Pensar la paz como una estructura moral opuesta a la guerra, o como una armonía entre iguales, es un error nacido de la ignorancia de la historia de las civilizaciones y de la filosofía política. El conflicto y la pugna por el dominio son constantes que atraviesan todas las épocas, la guerra y la paz no son opuestos morales, sino fases de un interminable y omnipresente proceso de lucha por el poder.
La paz no niega la guerra, la prolonga por otros medios. Es siempre el resultado de una correlación de fuerzas en la que las potencias vencedoras imponen su orden sobre sus inferiores, configurando un nuevo equilibrio favorable a su propia conservación.
Europa creyó haber conquistado su libertad, pero nada más lejos de la realidad, acabó subordinada a la nueva estructura imperial americana. Estados Unidos, vencedor absoluto, reconstruyó el continente bajo su tutela. Primero mediante la economía, a través del Plan Marshall y de los préstamos condicionados. Mediante la política, interviniendo directamente en la reconfiguración política del continente, para así asegurar su control sobre el mismo, asegurar su estabilidad y defender sus intereses comerciales y militares. Intervinieron en la redacción de las constituciones alemana, italiana y, más tarde, española a través del partido socialdemócrata alemán y la Fundación Friedrich Ebert en Suresnes.
Así se constituyó la Europa de los Estados de partidos, la continuación de los regímenes totalitarios bajo una fachada socialdemócrata. Los partidos dejaron de ser cauces clandestinos de representación de la sociedad civil para convertirse en órganos del propio Estado, integrados en su estructura institucional y sostenidos con fondos públicos. Nacieron así los partidos estatales, facciones permanentes del poder que ya no compiten por conquistar el Estado, sino que administran conjuntamente su monopolio desde dentro, en proporción a la cuota electoral que les asigna una sociedad civil excluida de la lucha por el poder.
La preservación de esta satrapía exigía, como condición necesaria, la demolición del pensamiento racionalista y de las formas clasicistas que habían forjado nuestra civilización. Solo destruyendo la inteligencia crítica podía mantenerse un orden donde el Estado se confunde con la Nación. Pero los gobiernos pertenecen al Estado, no a la Nación. La Nación es una realidad anterior y superior: la conciencia de una unidad política entre hombres con historia y costumbres compartidas. Si la Nación no está representada, porque el poder legislativo se designa desde las mismas facciones estatales mediante listas y el ejecutivo mediante pactos corruptos entre las élites políticas, entonces el Estado se representa a sí mismo. Y cuando el Estado se representa a sí mismo, ya no hay política, porque ya no hay lucha por el poder. Es el dominio de la oligarquía.
A todo esto se sumó la inclusión casi forzosa de Europa en la alianza militar atlántica. Bajo la excusa de protegernos del enemigo imaginario, Estados Unidos aseguraba su dominio militar sobre el continente y su libertad para intervenir en Europa del este, África del norte y medio oriente.
En lo económico, el golpe definitivo llegó en 1971, cuando Nixon rompió los acuerdos de Bretton Woods y el dólar dejó de estar respaldado por el oro. Dos años después, Washington pactó con Arabia Saudí que el petróleo solo se vendería en dólares a cambio de armas y protección. Nacía así el petrodólar, y con él, una dependencia mundial que ha costado más de una tragedia.
A partir de ahí, el control se volvió total. Estados Unidos podía financiar su hegemonía imprimiendo la moneda que todos estaban obligados a usar. Las instituciones internacionales como el FMI, el Banco Mundial se encargaron de disciplinar a los países, prestando a los aliados, castigando a los rebeldes y asegurando que el sistema siguiera girando alrededor del dólar.
Esta nueva estructura mundial, como también lo hicieron anteriores civilizaciones, desarrolla su propia estética, y eso es de lo que os quiero hablar. La educación en la era de “la paz y el progreso” se convierte en una educación que deja atrás el racionalismo que caracterizó al mundo clásico y la escolástica. Los cuales enseñaban a distinguir lo verdadero de lo falso, lo bello de lo vulgar, someter las creencias al juicio lógico, cultivar el criterio, la disciplina, la forma y la proporción, y ordenar la mente conforme a principios universales como la lógica, las matemáticas o el arte. Piedras fundamentales de nuestra civilización. El mundo académico reemplaza el estudio científico por un estudio sentimentalista e ideológico dentro de una lógica mercantil. El arte deja de ser una poiesis clásica, es decir, una creación conforme a unos cánones de perfección. Desde entonces el arte se ha limitado a una sucesión de gestos vacíos avalados por el mercado, la política y una academia condicionada por ambos. justificándose por su novedad, por su efecto shock y por cómo de bien se amolde la obra al interés mercantil y político. En la sociedad posmoderna, lo vulgar, el arbitrio, y el mal gusto se vuelven la norma, hasta el punto de ver el clasicismo como signo de retroceso. Es la renuncia a la verdad del arte que es la belleza. El reflejo de la política en la vida y el arte.
En España en particular, el arte siempre ha estado ligado a lo popular. Del pueblo han salido el romancero o los toros. Costumbres populares que posteriormente fueron canonizadas. Fenómenos sin parangón en Europa. El romancero se canoniza en el siglo de oro español, siendo la única forma de poesía popular que llega a convertirse en literatura universal. Los juegos de toros, presentes desde tiempos inmemoriales y arraigados en la relación ancestral entre el hombre ibérico y la res, desde las escenas rupestres de Altamira hasta la caza, los encierros, capeas, lidias y suertes a caballo. Alcanzaron su canon artístico a finales del siglo XVIII con la obra de Pepe-Hillo, en la que emprendió la tarea de transformar un espectáculo popular, barroco y caótico en una disciplina racional, sometida a reglas, técnica y belleza. Su Tauromaquia constituye la codificación apolínea y neoclásica de una costumbre antigua. Bajo esta nueva concepción, el desorden de la naturaleza se somete al orden de la razón. El torero encarna así la virtud clásica, el valor gobernado por el raciocinio. Cossío culminaría después esta tradición interpretando la tauromaquia como una de las artes genuinamente españolas, edificada sobre los mismos fundamentos racionales y morales que animaron la tradición clásica europea.
Todo esto, la socialdemocracia se ha encargado de extinguirlo. Lo ha sustituido por su estética. La estética de las falsas democracias Europeas que tanto se encargan de celebrar mientras nuestro mundo se va a pique y los chinos se descojonan. La creación de cultismos y de palabrejas inventadas como la empatía, que teóricamente deriva del griego empátheia, la cual significa pasión. Hoy se presenta como una especie de facultad espiritual, una suerte de poder místico para introducirse en la mente ajena y sentir su sufrimiento, como si de La milla verde se tratara, con el fin de generar un sentimiento y actuar en consecuencia. Maldita palabra.
Nuestra tradición cristiana y grecolatina siempre han entendido el amor al enemigo y la compasión no como impulsos emocionales, sino como acciones derivadas de virtudes racionalmente codificadas, como la justicia o la prudencia. No nacen de una capacidad mágica para participar en la interioridad ajena, sino del ejercicio de la razón moral orientada hacia el bien. Eso es lo que separa al hombre de la bestia.
Otra gran palabra es el consenso político. Un término perfectamente acorde con la estética socialdemócrata, que caricaturiza de forma vil los valores apolíneos de la moderación y la prudencia. El consenso no representa la armonía de una comunidad política madura, sino la coartada ideológica con la que se justifica ante las masas el dominio de la oligarquía sobre la nación. Masas que, sumidas en una confusión generalizada, han sido educadas para interpretar el mundo a través de sus emociones y no mediante un criterio racional. Criterio que, por supuesto, no poseen, porque el propio régimen se ha encargado de impedir su formación. ¿O acaso qué fue el consenso sino el reparto del poder del Estado entre los atlantistas, la élite económica franquista y el Partido Socialista Obrero Español? Un pacto de dominación presentado como acuerdo nacional, mediante el cual se aseguró la continuidad del régimen bajo nuevas formas y con nuevos agentes.
La tolerancia es otro gran valor socialdemócrata. Cuando la tolerancia es unilateral y sólo puede existir entre desiguales. Se da cuando el fuerte tolera la existencia y la vida del débil. Yo prefiero el respeto. Será que soy un antiguo.
La nueva generación de jóvenes está resistiéndose a que su civilización se reduzca a la nada, que su arte sea un compendio de obras kitsch nihilistas. Los jóvenes están volviendo al teatro, a la ópera, a los toros. No solo están volviendo a los toros, van a los toros a ver toreo clásico. Quieren ver a Morante, quien ha sabido enganchar a toda una generación de jóvenes reviviendo a Joselito el Gallo y a Juan Belmonte. Pues el wedeln es lo mismo, un arte, que aunque derive del elitismo académico de quienes lo trajeron a la sierra, se ha convertido en costumbre popular entre los locales de la sierra que lo hemos ido aprendiendo boca a boca, vídeo a vídeo unos de otros, entendiendo que es totalmente racional y que se ajusta a la realidad de la montaña. Es compatible con la nieve papa, con el hielo, con los baches. Un arte popular que ha sido perfeccionado técnicamente y que existe sobre premisas racionales. Racionales, no porque lo diga caballoloko, ni javitron ni jinm, si no porque son compatibles con la experiencia empírica. La base del esquí es la centralidad. La física así nos lo dice. Basta con ver a Jinm bajar la visera y compararlo con el esquí de alguien que piense que la base es el canto. Por eso odian tanto a Pepe, porque ha canonizado una forma popular de esquiar en sierra nevada acorde a unos códigos neoclásicos que producen un esquí técnicamente y estéticamente superior. Se niega a postrarse ante la forma hegemónica que resulta ser más bien un producto del mercado que algo derivado de la experiencia verdadera. Mientras tanto, al igual que la academia artística está vendida a las ideologías y al mercado, la del esquí lo está también. Ellos tienen el monopolio de la enseñanza a través del poder políticaoque les dan sus instituciones, sus editoriales, ellos imponen la estética hegemónica del esquiador. Un esquiador de 25 años que llega borracho a las pistas a las 11 de la mañana después de una noche de apres ski y discoteca, que a las 2 horas baja a comer y a las 3 de la tarde recoge. Una caricatura comercializable entre un público joven lobotomizado por el nihilismo. Lo mismo puedo decir de la técnica del carving, que no cuestiono su utilidad en competiciones y pistas pisadas pero que se ve superada por el wedeln en control, polivalencia y belleza.
Aparte de todo esto, Jinm y su hermano siempre se han esforzado por promocionar la sierra. Más que los que cobran por ello. Son despreciados porque son técnicamente y estéticamente superiores. Yo no creo que el desprecio surja de la envidia como cree mi amigo JaviTron. Es un desprecio pragmático, pues suponen un problema para la implantación definitiva de su modelo mercantil en la sierra. El mercado es frío, lo conozco bien. La oligarquía, aunque muy frecuentemente se mueva por razones espúreas y para atacar la verdad y la razón humana, sus agentes operan racionalmente, y suelen tener estrategias calculadas y poco emocionales.
He tardado más de un mes en leer tu comentario, tomar notas, intentar estructurar las ideas y alcanzar una mínima comprensión preliminar como para poder
responderte con algo de mínima propiedad. Publicaste esto allá por el 20/10/2025 y todavía lo seguiré estudiando un tiempo más.
¡Oh, excelsa, brillante, enrevesada y retorcidísima reflexión a la vez! ¡Qué brillante la tuya, Caballo Loco! Una oda filosófica que para un humilde y desolado
insecto con dos neuronas como yo —guardián del wedeln perdido y representante de esta plebe vulgar, llana, sencilla y enormemente ignorante que puebla
este foro, y que espero algún día se libere de las cadenas que la han condenado a la mediocridad eterna— es casi incomprensible.
Para colmo, la has lanzado del tirón, sin un mísero doble espacio. Aquí en Nevasport nos consolamos escribiendo nuestros tochos a doble espacio
para que el personal no se desanime al leernos; lo tuyo es como el «Modo Hardcore» de los post, intensificando aún más la densidad y la desolación grotesca al
leerlo. Te leo con la reverencia con que se contempla un tratado de metafísica o de espacios recubridores y homotopía, intentando que no me explote la cabeza
en el intento y apartando en todo momento de mi cabeza la idea de cortarme la venas en este mismo instante.
Y ahora, dejando a un lado mi miseria neuronal, quiero sumarme al homenaje: gracias al hilo de la Visera del Juicio Final y a aquellas fotos pude conocer a la
tripulación de la Enterprise y aprender de ellos. Renuncié a otras oportunidades y bajé a Sierra Nevada para vivirlo, y fue un sueño hecho realidad. La lista de
matices y vivencias asociadas a ese hilo es tan enorme que no cabe en un simple comentario; haría falta un curso de varios años para contarlo todo. ¡Gracias por
tanto!
Saludos desde la mediocridad neuronal.
Dr. Javi_Tron
Vicepresidente de los Bache@dictos
Guardián del Wedeln prohibido y de la contrarotación
Liberador de las almas en pena caídas en la ignorancia eterna
Maestro supremo del Club del Doble Espacio y de las Letras Gordas, y orgulloso poseedor de más títulos auto-asignados por la puta cara de los que caben en una firma.
¿Y el fairy?
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