Como dice Johannes, la concesión de la nieve, o mejor dicho el derecho exclusivo a utilizar la nieve de Sierra Nevada fué comprado por D. José Carreras Mata no se si a finales del siglo XIX o a principios del XX por 100.000 pesetas/oro de las de la época y creo que fué por el plazo de 90 años, por lo que dicha concesión seguro que ya ha caducado.
Es curioso, porque una de las nietas o tal vez biznietas de D. José Carreras es la mujer de Bernard Chabbey, un ingeniero suizo amigo y compañero mío de la época de Cetursa y hoy el hombre de Doppelmayer en España y no sé si Sudamérica (donde también se instalan remontes aunque no haga calor, como en Tenerife Ski Resort, je,je.)
De él, y de nuestras interminables tertulias frente a la botella del "Centenario Terry" en la happy hour de la Sierra Nevada de los años 70 me enteré de esta curiosidad de boca de quien en aquella época representaba lo máximo a lo que podía llegar el ser humano: suizo, guapo e ingeniero, ahí es nada, y por este orden.
Cuando los eventos de la final de la Copa del Mundo del año 1777 (esa que los Vándalos del Oeste prefieren ignorar porque no la organizaron ellos) salió un lujoso reportaje en el Ideal de Granada, hablando del tema e incluso adjuntando una fotografía del documento de adjudicación.Así que a las hemerotecas me remito.
Se habló entonces de que los herederos iban a pedir una indemnización por el uso de la nieve en la Copa del Mundo, pero eso se desechó, y que yo sepa, no se inició trámite alguno, ya que la familia, por cierto de mi barrio (el Realejo), comprendían la situación y lo único que querían era publicar la noticia, el reconocimiento público y nada más.
Por otro lado, el negocio de "acarrear" nieve por el Camino de los Neveros, yo no lo conocí, ya que entraron en funcionamiento las fábricas de hielo. Me acuerdo de las de la calle Valera y la del Escudo del Carmen, y recuerdo al pasar por delante de dichos ingenios el intenso olor a amoniaco y el estruendo de las barras de hielo al ser descargadas.En el cálido verano granadino eran un auténtico oasis de frescura, y el destino de su apreciada producción eran las "neveras", unos artefactos precursores de nuestros actuales frigoríficos, en cuya parte de encima se colocaba la barra de hielo, y debajo los alimentos a conservar.
Luego iban los vendedores al por menor, en bicicletas, con las enormas barras envueltas en arpillera y con un afilado instrumento de dientes de sierra utilizado para cortarlo te vendían un cuarto de barra, media barra o la barra entera.
Mi padre compraba siempre media barra en otra fábrica de hielo de la Cuesta de los Cerdos, y la llevaba envuelta en un saco y chorreando agua al Colmenar, en Huétor Santillán, en el antiguo Renault 4/4. Encima de la barra de hielo ponía los melones y las sandias que compraba en un tenderete de la Plaza de la Trinidad y subía por las curvas del Fargue, Puerto Lobo y la Sotanilla a toda leche para que no se derritiera la barra de hielo.Entonces se podían comprar los melones "calados", es decir que el vendedor te hacía un corte triangular y te dejaba probar. Si el melón no era bueno, no te lo llevabas.
Mi padre, que siempre tuvo muy buena mano para elegir melones (claro ejemplo el que suscribe) los compraba sin calar, porque eran más baratos.
Pasaba por Huétor Santillán delante de la casa de los Carmona (tu aún no conocias a "Concha me recibes"

y por delante de la casa de los Wihelmi, donde ya había un Fernando Wihelmi que acostumbraba a dar grandes paseos en solitario....Y por la de los Monsalve (de cuyas habilidades odontólogicas guardo áureos recuerdos) y por la del Nono Mesa Moles aquel sabio decano de Derecho que decía que se aprendía más en el patio de la facultad que asistiendo a clase.....Y la de tantas y tantas familias de Granada que veraneban en un paraje maravilloso, hoy desgraciadamente medio destruido por las canteras. (Pero eso no es atentado ecológico, claro)
En fin, que como vereis, Granada y su entorno siempre han estado muy vinculados a la nieve y al hielo, y en invierno y en verano la nieve y el hielo siempre han sido de todos y para todos.
Los que en teoría eran los propietarios de la nieve nunca ejercieron, y mucho menos van a ejercer el "ius utendi et abutendi res sua" en que según los romanos consistía el derecho de propiedad.
Eso se ha quedado para los Vándalos del Oeste, que cierran accesos, destruyen carreteras, y al igual que el insigne Fraga gritan aquello de "la nieve es mía".