11-3-2011 Valgrande-Pajares. Asturias, patria querida

11-3-2011 Valgrande-Pajares. Asturias, patria querida
A las cinco de la mañana se me ha acabado el sueño, así que después de pasar más de veinte minutos dando vueltas enroscándome entre las sábanas me levanto de la cama.  La calefacción de la habitación funciona a la perfección. Hace calor y todo.  
A las cinco de la mañana se me ha acabado el sueño, así que después de pasar más de veinte minutos dando vueltas enroscándome entre las sábanas me levanto de la cama.
  La calefacción de la habitación funciona a la perfección. Hace calor y todo.

  Abro la tapa del ordenador e intento ordenar y avanzar algo de trabajo. Ayer hablé con la persona que amo y lo que me dijo me hizo pensar; estoy a punto de terminar con el cuadrante noroeste y volver a casa, a su lado. No hace falta que corra. La prisa sólo me lleva a hacer las cosas mal y a no disfrutar de lo que estoy haciendo. Reflexiono. Me doy cuenta que he cometido algunos errores, pero ahora lo único que puedo hacer es intentar no volver a repetirlos.

  Pasadas las seis me vuelve a venir el sueño. Cierro la tapa, la luz y los ojos.

  A las ocho los abro, lo justo para coger el móvil y poner la alarma media hora más tarde.

  Suena la suave música que tengo puesta para despertarme y no quiero salir de la cama. Retiro las sábanas con pereza y voy hacia la ventana para observar el día. Cuando mis ojos se acostumbran a la luz puedo ver que ni una sola nube cubre el cielo.

  Me visto y bajo a la cafetería a desayunar. Veo a Ricardo que está fuera y salgo a buscarlo. Me dice que esta mañana tiene que irse a hacer unas gestiones y que hable con Pedro, el jefe de los pisteros. Sigo desayunando: zumo de naranja, una palmera de chocolate y un vaso de leche con cacao.

  Subo a la habitación, cojo los esquís y vuelvo a bajar para afrontar un nuevo día.

  Llego esquiando hasta el primer telesilla. Son las nueve y media.

  El Brañilín me dejará casi en la cota más alta de la estación, por encima de los 1800 metros.

  Mientras subo observo el entorno. A mi derecha puedo divisar las montañas que me rodean, verdes, con el espacio de los valles ocupado por un banco de niebla que da la sensación de ser un lago, visto desde la distancia.

 

   A poco de llegar veo otro telesilla, el Hoya del Cuetu Negro, al que le iría bien una mano de pintura.

  La primera bajada la hago tranquilamente, calentando la musculatura, disfrutando del sol. La segunda ya la hago un poco más deprisa, notando como los cantos de los esquís cortan la nieve, el aire frío en la cara. Me fijo en cómo está el material de balizaje y me digo que en la siguiente bajada lo tengo que retratar.

  Desde la silla, mientras subo, veo a un par de pisteros que bajan juntos, colocando los piquetes rectos y cuando llego arriba empiezo a bajar para tratar de encontrarlos.

  Los encuentro a la altura del telesilla Valle del Sol y me presento. Son Alan y Pelayo y me quedo con ellos mientras condicionan la pista con el material necesario y me cuentan las peculiaridades de su trabajo.

  Vuelvo a coger la silla y reflexiono sobre lo que he visto. Me he fijado en la cantidad de cañones diferentes que tienen instalados y quiero hacer fotos, pero cuando llego arriba me encuentro con Pedro, que me acerca en moto de nieve hasta la zona del Vallón, por encima del telesquí de Fuente La Reina, desde donde me enseña los valles de la vertiente sur.  Hablamos de la situación actual y me hace un resumen de los inicios de la estación.  Las posibilidades de ampliación que tiene Valgrande son muy grandes, pero parece que no hay dinero para hacer inversiones.

  Mientras hablamos Pedro y yo, un helicóptero nos sobrevuela. Son los bomberos de Asturias.

  Pedro marcha y yo bajo hasta que me encuentro con los bomberos, que pienso que están haciendo prácticas de rescate de víctimas de aludes, porque hay perros y sus cuidadores los llevan arriba y abajo, pero no.



  Inicio la conversación con Juan. Resulta que están preparando un protocolo para todos los cuerpos de bomberos de la zona para cuando hay aludes ya que por situación, ellos, el Grupo de Rescatadores de Asturias, pueden cubrir más rápidamente la cara sur de la cordillera cantábrica desde Oviedo que desde Valladolid, aunque pertenezca a otra comunidad autónoma. Tienen un cámara filmando el proceso, por ejemplo, de encender una bengala de humo verde para indicar la dirección del viento a los pilotos.

  Ya están recogiendo y voy hacia los helicópteros. Allí, el bombero Torres me describe los modelos y me enseña el interior del de rescate, con todo el equipamiento de socorro, como el desfibrilador, la oxigenoterapia, la grúa, etcétera.
  Debo retirarme un poco, fuera del área de despegue por motivos de seguridad, mientras grabo el helicóptero de rescate canino. Consigo unas buenas imágenes de cómo desaparecen en el cielo.

 

Bajo hasta la pista y retomo el hilo de lo que quería hacer, instantáneas de la diversidad de cañones de nieve. En un corto espacio del trazado de la pista hay: un Tecno-Alpin M18, un Vega de Snowstar, un Sufag y un Leitner, aparte de algunas jirafas.
  https://www.youtube.com/watch?v=p88GjY8Rhuk
Me estremece un poco ver la poca protección de los cañones, pero parece, por lo que me han explicado antes, que nadie se ha hecho daño. Por lo que me han dicho tienen todo el material colocado y con tan poco personal no me extraña que no den abasto.

  Sigo bajando. Al fondo veo un par de esquiadores, uno de ellos con silla adaptada y me acerco.

 

Entablamos conversación y me cuenta que quedó en silla de ruedas por un accidente ecuestre y que fue su hijo quien le empujó a aprender de nuevo a esquiar. Se fue a Cerler, donde, con Javi de Handix, comenzó a recibir clases y se compró la silla. Me dice que en Asturias no hay ningún tipo de ayuda enfocada a los deportes de invierno para personas con discapacidad y que apenas existen subvenciones para las sillas de ruedas.
  Le explico que tiene varias opciones para seguir aprendiendo a practicar el deporte blanco: puede ir a La Molina a ver a la gente de Play & Train, en Sierra Nevada con Dubi, en La Pinilla ...

  Me dice que habló con FEDEM y le dijeron que tenían intención de hacer un club, pero que la realidad es bastante diferente, centrándose en otros deportes.
  Eduardo, el monitor que le acompaña, me dice que se sacó el título hace años, en Xanadú, a través de la Fundación También.

  Ellos siguen esquiando y yo encuentro a Ricardo, que ya ha vuelto. Entramos en el bar del Grupo Toribión y aprovecho para preguntarle algunas cosas que me han venido a la cabeza durante la mañana, como la diversidad de cañones, el aspecto exterior que muestra la estación, algunas pintadas reivindicativas, que el snowpark estaba desatendido ...
  Mientras contesta a mis preguntas tomamos una bebida típica de estas tierras, cuyo nombre no recuerdo.

  Coincidimos con Ángel, el responsable de la escuela de esquí. Ricardo nos presenta y empezamos a hablar del tema del esquí adaptado. Entre otras cosas me da información sobre el precio de las clases y la disponibilidad que tienen de material, como los estabilos y las sillas.
  Me invita a ir a la escuela para enseñarme "in situ" el local y el material de que disponen.

  Cámara en mano sigo a Ángel. Primero me cuenta que tienen una especie de convenio con la escuela de San Isidro por el que comparten las sillas adaptadas mientras me enseña la dual-ski con la que pueden dar clases. Aplaudo la colaboración entre las escuelas de las diferentes comunidades autónomas ya que desde la administración pública no se hace mucho caso de estas necesidades.
  Le pregunto cuántos monitores tienen para dar servicio a personas con discapacidad. En la escuela hay un par o tres de monitores para personas con problemas de movilidad y el mismo numero para atender a personas ciegas.

  En compañía de Ángel, que me enseña el interior de la escuela, voy conociendo un poco más el funcionamiento de esta. El planning de horas que hay colgado en un corcho me da una idea de la cantidad de trabajo que se hace en esta estación.

  Haciendo esquina con la escuela está la tienda del alquiler, donde Chilli me muestra, con todo lujo de detalles, lo que se ha convertido en su pasión.
  Me hace un tour por sus dominios mientras me cuenta la situación en que se encuentra y la esperanza que tiene de poder dar mejor servicio. Me da un montón de información, datos, me hace ver cosas de la estación en las que no me había fijado. Hablamos del aspecto exterior de la estación, de algunos pocos trabajadores que no parece gustarles demasiado el trabajo que hacen y que se convierten en un cáncer para la estación.
  La conversación deriva a recuerdos más personales; me enseña y me explica algunas de las fotografías que tiene colgadas en la pared, con personajes del mundo del deporte, sobre todo de ciclismo, pero también de fútbol, evidentemente de esquí, de motor, de piragüismo ...
  Entramos en temas técnicos entre los pasillos del alquiler. Hace un salto en el tiempo cuando recuerda la cantidad de secadores de botas que fabricó y vendió por toda España. Tiene más de 1200 pares de botas de esquí alpino, repartidas en diferentes locales, tablas de snow, esquís de travesía, esquís de fondo, esquís de gama alta, la novedad del 123, raquetas y un juguete muy especial, el dúo, un par de esquís que tiene dos fijaciones montadas, para poder esquiar dos personas juntas.
 


Hay material por doquier, está todo aprovechado al máximo y mientras comemos un cacho de empanada hecha por la madre de uno de los chicos, me cuenta su batalla para conseguir dar un mejor servicio a sus clientes.

Le pido que le dé un vistazo a mis suelas, por si necesitaran un repaso. No las ve mal y mientras les aplica un poco de cera seguimos conversando. Coincidimos en el estado de la estación, que se ve vieja, dejada, con lo poco que costaría cambiarle el aspecto con una mano de pintura, unas cuantas obras menores y un poco de cuidado por parte de todos.

  Cuando termina con mis Pistols empezamos a hablar de botas y me saca un par de maletines con utensilios para deformar el plástico y amoldar la bota a la forma del pie, para evitar los típicos juanetes y dolencias varias que sufrimos algunos esquiadores.
  No tengo ninguna duda de que este hombre asesorará de manera espléndida, sea cual sea el  nivel, a cualquier amante del esquí que pase por su tienda.
  Antes de partir me regala una pastilla de cera, que me dice que es ecológica y no daña tanto el medio ambiente ya que, según me dice y yo desconocía, la cera es bastante tóxica en este aspecto.

  Ricardo se ha ofrecido a bajarme a Pola de Lena para coger el autobús, pero él y su familia ya han hecho mucho por mí y prefiero encontrar a alguien que haga el trayecto expresamente. Aparte de que le doy vueltas a la idea de quedarme en Pajares, en el albergue que hay en el pueblo, para preparar un poco mi llegada a las siguientes estaciones. El personal del alquiler baja hacia Oviedo y me pueden dejar donde quiera.

  El cielo se empieza a tapar y yo doy por terminada mi esquiada en Valgrande-Pajares.

  Subo a la habitación, me ducho, preparo la mochila y bajo. Paso cuentas con Cristian, voy a las oficinas y me despido de Ricardo, que me escribe una dedicatoria muy bonita en el libro de firmas y subo a buscar el material.

  Cuando bajo me dicen que una chica ha pedido por mí. Extrañado me pregunto quién puede ser, pero me dicen que es la chica del alquiler, que ya marchan y que los espere detrás del hotel.
  Con su furgoneta llego a Pajares, donde me dejan.

  Voy hacia el albergue, pero no hay nadie que lo atienda, sólo dos chicos portugueses en los ordenadores ya que el albergue es también el local social y tienen computadoras y conexión a Internet, además de tener una pequeña cocina y servir comidas y bebidas.

  Conecto mi ordenador y trabajo hasta que llega Marisa, la mujer que se encarga de cuidar el edificio.
  Me enseña las dos habitaciones y los baños. Es perfecto, limpio, cálido ... muy agradable.

  Subo mis cosas y sigo haciendo con el ordenador, chateando, actualizando los estados en las redes sociales, subiendo vídeos a YouTube, hablando por teléfono.

  Llega un peregrino, muy cansado, que se instala en la misma habitación que yo. La otra está ocupada por una chica que también ha venido sola.

  El local se va llenando de gente del pueblo que viene a hacer un café, a jugar a las cartas o a pasar el rato ya que es el único lugar de Pajares donde se puede hacer cualquiera de estas cosas.

  Y así pasan las horas, hasta que llega el momento de cenar. Las partidas de cartas se suceden hasta bien entrada la noche.

  La gente se va yendo y me quedo solo. Hablo con mi amor por skype. Nos decimos buenas noches. Mañana iré hasta Pola de Lena para coger un autobús que me lleve hasta Villablino, pueblo cercano a la estación de Leitariegos.

  Subo a la habitación, me desnudo y me meto en el saco. 

4 Comentarios Escribe tu comentario

  • #1
    Fecha comentario:
    09/05/2011 23:21
    #1
    :+: seguimos!

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    • Gracias!
  • #2
    Fecha comentario:
    11/05/2011 12:58
    #2
    Si, seguimos con pesimas fotografias! jajaja

    Se te pasó el arroz, este blog en pleno invierno vale, pero ahora con el calorcito...

    Has ido espaziando cada vez mas las aventuras y has terminado por descolgar al lector..

    Suerte con "EL PROYECTO".

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  • #3
    Fecha comentario:
    14/05/2011 22:37
    #3
    :+: ....Ya Queda Poco... :diable:

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  • #4
    Fecha comentario:
    15/05/2011 13:48
    #4
    ¿Para qué, Alex? :lol2:

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    • Gracias!

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