El Eiger: un tresmil con alma de cuatromil
Este año me propuse ascender al Eiger (3970m) que se me quedó pendiente el año pasado, y al Matterhorn (4478m), que era mi ilusión 2026.
La idea para el verano 2026 era ascender el Eiger por la arista Mittellegi que empieza en el refugio Mittellegi que está casi colgando sobre la arista y que en su último tramo coincide con la salida de la más que conocida Nordwand, y dos días más tarde subir el Matterhorn por la famosa arista Hornli, primera vía de subida al Matterhorn abierta por Whymper en 1865, horas antes de que Carrel lograse llegar a la cima por la arista del Leone o Arista Lion.
Tanto el Eiger como el Matterhorn, aun por sus aristas más “sencillas” requieren una preparación previa bastante intensa, debido a la altitud, a la exposición, a tener que hacer cima en un tiempo determinado y a los largos descensos de igual o mayor dificultad y duración que la propia ascensión.
Yo empecé a entrenar alrededor del mes de septiembre 2025 pero una lesión en el tobillo en noviembre 2025 me tuvo un par de meses bastante parada, así que la realidad es que empecé a entrenar en serio después de Reyes 2026. El entrenamiento consistió en esquí de montaña con salidas de alrededor de D+800m-1000m, y cuando la nieve se acabó salir a correr 2-3 veces por semana alrededor de 10-12 Km, correr por montaña andando rápido en subidas y corriendo en llanos y cuestas abajo, rutas de montaña de D+ >1300m los fines de semana y D+ 700-800 entre semana con cresteos fáciles, y subir y bajar escaleras en los días en que la meteo no acompañaba… y así llegó julio.
Este año ha sido bastante malo para las actividades de alta montaña debido al calor intenso que ha hecho en altura, con isotermas que frecuentemente han superado los 4000m. Las condiciones de los glaciares se han vuelto extremadamente peligrosas por la aparición de grandes grietas, y lo mismo ha ocurrido con algunas rutas clásicas de ascensiones en roca, debido a la cantidad y a la intensidad de los desprendimientos de rocas a causa de la desaparición paulatina del permafrost. Debido a esto tuve que ajustar un poco mis planes y cancelar el Matterhorn que, aunque se está haciendo, está peligroso y hay que hacerlo en poco tiempo para minimizar riesgos, tiempo que yo no me vi capaz de hacer, así que finalmente decidí cambiar el Matterhorn por el Weissmies (4027m), en el valle de Saas Grund y Saas Fee.
El día 6 de agosto llegué a Chamonix con idea de empezar a aclimatar el 8 de agosto. Yo, como siempre repito con mi guía y ya amigo, Pablo Herraez. Este año, para el Eiger se nos une otra cordada que guía otro guía y también buen amigo Pablo Velasco.
El día 8 de agosto madrugamos para pasar a la parte italiana del Macizo del Mont Blanc y aclimatar en una vía equipada con maromas en las Aiguilles Marbrees (3535m) y terminar haciendo la arista de las Aiguilles Marbrees antes de volver a descansar a Chamonix para empezar al día siguiente la aproximación al Eiger. Esta vía es buena por dos motivos: está cerca del Refugio Torino por lo que la aproximación por el glaciar del Gigante es muy corta, este punto es especialmente importante este año porque el glaciar está muy agrietado, y el otro punto positivo es que ayuda a familiarizarse en la escalada con el uso de maromas que, como todo, tiene su truco para no machacarte.
El día 9 de agosto madrugamos y partimos hacia Grindelwald, que son aproximadamente 3 horas y poco en coche desde Chamonix. En Grindelwald cogimos el teleférico Eiger Express y después el famoso tren de la Jungfraujoch para bajarnos en la estación de Eismeer y ahí empezar nuestra aventura. El tren de la Jungfraujoch es el tren que más alto sube en Europa (3463m), por eso lo llaman Top of Europe, desde ahí se pueden disfrutar de unas vistas impresionantes del Aletsch Glaciar que, con sus 22 Km de longitud, es el más largo de la Europa continental. Un poco antes de llegar al final del trayecto hay una estación, Eismeer, que significa “océano glaciar o mar de hielo”, donde el tren para 5 minutos para que los turistas se bajen a admirar el glaciar de la cara sur del Eiger, desde dentro del túnel del tren que atraviesa el mismo Eiger. Nosotros nos bajamos en esa estación y ya no volvimos a subirnos al tren, porque desde esa estación y a través de una red de túneles se da acceso al exterior por la cara sur del Eiger que es desde donde se accede al Mittellegihutte, y desde donde se inicia la arista Mittellegi.
Para llegar al Mittellegihutte hay que atravesar el glaciar y subir una última parte por una zona rocosa. Este año el glaciar está muy roto y tuvimos que atravesar alguna grieta para las que habían instalado puentes, también ha habido desprendimientos de rocas y hubo que atravesar zonas comprometidas por el riesgo de desprendimiento. Donde ya ha habido un desprendimiento, puede haber más y cruzar esas zonas no es especialmente divertido. Finalmente, a las 17:00 llegamos al refugio desde donde disfrutamos de una bonita puesta de sol.
Atravesando grietas por el glaciar sur del Eiger hasta llegar a Mittellegihutte:


El día 10 de agosto empieza temprano, a las 4:00 desayuno y a las 4:20 encordados fuera del refugio para empezar nuestra ascensión al Eiger. Hace una noche bonita, estrellada y nada de frío, así que es la noche perfecta. Por otro lado, solo hemos dormido 5 cordadas en el refugio por lo que la subida será tranquila y sin aglomeraciones.
El Eiger es una montaña de 3970 m con alma de 4000. Su cara norte “Nordwand” se hizo famosa a principios del siglo XX porque fue la última cara norte de las montañas europeas en ser ascendida, cobrándose la vida de grandes escaladores de la época. Mención especial merecen la cordada alemana de Kurtz y Hinterstoisser y la cordada austriaca de Angerer y Rainer que en 1936 murieron intentando la primera ascensión de esta cara norte, después de estar varios días colgados de la pared en unas condiciones inhumanas azotados por las tormentas y las avalanchas. Por la cercanía con nosotros, también merece especial mención la cordada de Rabadá y Navarro, primeros españoles que intentaron ascender esta cara norte en agosto de 1963. Tras varios días en la pared atrapados por el mal tiempo, finalmente murieron de agotamiento y congelación en la zona que se conoce como la “Araña Blanca” la noche del 15 al 16 de agosto de 1963. Para dar idea de la dificultad y peligrosidad de esta pared, solo decir, que sus cuerpos no pudieron ser rescatados hasta finales de diciembre de ese mismo año.
Siguiendo con nuestra aventura en el Eiger, empezamos a subir la arista Mittellegi a las 4:30 am, la ruta alterna zonas más llanas y más “fáciles”, zonas de trepada de II/III+ y con algún punto esporádico de IV equipados con maromas que ayudan a subir. El inicio de la arista es muy expuesto, se va andando por un filo muy estrecho con caída a ambos lados, sin embargo, yo no fui muy consciente porque como se atraviesa de noche, no se llega a percibir del todo la estrechez de la arista. Así, poco a poco, entre trepadas, escaladas, gendarmes, zonas más llanas y otras más escarpadas vamos ganando altura. La primera parada la hicimos en la antecima tras escalar el último gendarme antes de llegar a la cima, para ver amanecer y reponer fuerzas. Desde aquí las vistas hacia el este son impresionantes por lo que el amanecer fue especialmente bonito.
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Diferentes momentos del amanecer sobre la arista
Una peculiaridad de esta arista es que la cima no se ve hasta que estas muy cerca de ella, pero al estar salpicada de gendarmes vas viendo todo el rato falsas cimas que te hacen creer que ya estás casi llegando. El último tramo, donde la arista es compartido con la salida de la Norwand, generalmente hay que atravesarlo por una arista muy afilada de nieve y hielo, este año debido al calor esta zona había desaparecido, y nosotros pudimos hacerla por roca, lo que agradecí porque es mucho más seguro. Y así, finalmente llegamos a la cima tras 3:38 horas. Esa cima que fue pisada por primera vez en 1859 por los alpinistas Barrington, Alhmer y Bohren que llegaron a ella a través de la arista noroeste que hoy se usa en algunos casos para bajar pero que está cada vez más en desuso por su peligrosidad debido a la descomposición de la roca.
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Arista cimera que generalmente, al menos un tramo, se hace por un fino filo de nieve
Tras disfrutar de la tan ansiada cima, empezamos el descenso por la arista sureste. En el Eiger, la cima no es la mitad del camino, el descenso es más largo en tiempo, mucho más cansado y yo diría que también más peligroso que el ascenso porque ya acumulas el cansancio y la atención disminuye. Además, hay que subir y bajar 3 gendarmes más que suman al desnivel acumulado casi 400 m, antes de llegar al glaciar que hay que atravesar para llegar al Monchhutte desde donde sale un sendero, esta vez bien acondicionado y preparado para que los turistas que llegan al Jungfraujoch puedan pasear por el glaciar sin el peligro de caer en alguna grieta. Nosotros tardamos al Monchhutte 4:14 horas desde la cima y 37 min más al Jungraujoch. En total desde el Mittellegihutte hasta Jungfraujoch recorrimos 7,5 Km de los cuales aproximadamente 4-4,5 Km son de arista y el resto de glaciar.
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Datos técnicos del recorrido según el reloj Garmin Fenix 8
La entrada en Jungfraujoch es triunfal, yo me sentí como se habría sentido un Caballero de la Tabla Redonda si hoy le sueltas en Times Square, con todos los turistas que están por allí tomándose una cerveza haciéndote fotos como si fueses un souvenir más porque vas “disfrazado de alpinista”. Desde allí cogimos el tren, y luego el teleférico Eiger Express para llegar al coche de donde habíamos salido 12 horas antes.
Y aquí se acaba mi ascensión al Eiger, pero no mi semana de ascensiones.
Weissmies: un gigante amable entre glaciares
Tras un día de descanso en Chamonix, el día 12 de agosto, mientras toda España estaba buscando un sitio para ver el eclipse total de sol, Pablo y yo nos fuimos a por la siguiente ascensión, el Weissmies, una montaña considerada “fácil” dentro de los 4000s, pero no por ello, con menos encanto.
La aproximación hasta el refugio Almageller se hace por un sendero de media montaña, y tras 3 horas y D+ 1300 m llegas al refugio, completamente diferente al Mittellegihutte. A diferencia del Mittellegihutte que es un refugio pequeño, familiar y amable, éste es un refugio enorme donde alpinistas, escaladores y senderistas comparten espacio. Pasamos la tarde con la esperanza de que desapareciesen las nubes para poder ver el eclipse, pero finalmente no hubo opción. Está claro que no se puede tener todo.
El día 13 de agosto desayunamos a las 4:00 y a las 4:15 estábamos saliendo del refugio.
El Weissmies tiene varias opciones para la ascensión, la vía normal es por su glaciar de la cara norte que este año está inaccesible, además se puede subir por su arista sureste que es la arista más sencilla y por donde nosotros pensábamos bajar y por la arista oeste Rotgrat, con algo más de dificultad que la arista sureste, y por donde finalmente. subimos.
La aproximación desde el refugio Almageller hasta la arista Rotgrat se hace atravesando la lengua de un antiguo glaciar, es una pedrera interminable pero que, gracias a los guías de la zona, está muy bien señalizada, de hecho, a veces se te olvida que vas camino de un 4000. Tras 2 horas y D+ aproximado de 200m saltando de piedra en piedra, llegas a una canal donde es el momento de encordarse y equiparse con casco y el arnés para empezar la trepada con pasos de II/III+ que te deja al pie de la arista Rotgrat.
La arista es bonita y estética con algún paso expuesto, pero que en general se hace sin estrés (que es lo que yo necesitaba). Salvo en 2 o 3 pasos donde agradezco la cuerda, la gran mayoría del trayecto se puede hacer en libre sin demasiado riesgo. La roca es gneis muy compacto y noble, con mucho canto, lo que facilita su escalada.
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Diferentes momentos del recorrido sobre la arista
Poco a poco vamos cogiendo altura hasta llegar al último paso de roca a los 3850 m aproximadamente, y ahí empieza el último tramo de arista que transcurre por glaciar y que este año está especialmente difícil y peligroso porque está en hielo vivo, y los crampones y el piolet apenas se clavan. Yo aquí ya voy con pocas fuerzas y Pablo me va asegurando al hielo cada 30-40 m para que si hay algún error no acabe en drama.
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Grietas en el glaciar del Weissmies y arista cimera
Y poco a poco, pasito a pasito, salvamos los 170 m que nos separan de la cumbre y tras 6 horas aproximadamente y D+ 1100m, hacemos cima.
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Últimos largos metros hasta la cima
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Datos técnicos del recorrido según el reloj Garmin Fenix 8. La altura real del Weissmies es 4017m-4020m dependiendo de ls reseñas. La altura máxima del gráfico se debe a un error de calibración.
Y ya en la cumbre, viene la gran sorpresa del día, la bajada la hacemos en parapente, nos libramos de los 2400 m de desnivel negativo y de las 5 horas que nos esperaban de vuelta hasta el coche. Yo ya tenía un adelanto del plan, pero hasta que Pablo no vio las condiciones de viento y de la zona para despegar no me pudo asegurar nada, así que yo no me había hecho ilusiones hasta no tener la confirmación final en la cima, aunque en el fondo soñaba con poder bajar volando.
En 15 minutos Pablo monta la vela, nos atamos y tras un aterrizaje abortado y otro exitoso nos despedimos del Weissmies volando.
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Vistas de la cima del Weissmies desde el aire
Y ahora ya, tranquilamente estoy en el Lago de Annecy pensando en las siguientes ascensiones, donde seguro que estará el Matterhorn y alguna más, pero eso sí, como condición ya le pongo que tenga una buena pista de despegue para parapentes (la edad me está volviendo cada vez más exigente). Mil gracias a Pablo Herraez y Pablo Velasco, mis súper guías del Eiger pero sobre todo mis amigos. Y también mil gracias a Pablo Herraez por esta ascensión al Weissmies y por ponerle la mejor guinda a este magnífico pastel con la bajada en parapente.
¡Nos vemos en las pistas o con alguna cervecita entre las manos!
Enlaces de IG y contactos:
Pablo Herraez @pablohperpi_mountainguide. Instructor de Parapente y Guía UIAGM en Chamonix
Pablo Velasco @pablovelasco73. Guía de alta montaña y esquí de montaña en Guadarrama, Levante, Picos de Europa y Pirineos.
Marta Gómez-Serranillos @martagomezserranillos. La zumbada del esquí y el alpinismo que os está escribiendo estas líneas.





















