Como casi cada año, nos encontramos reunidos con mi familia en Les Menuires (Les 3 Vallées), una estación ubicada en los Alpes franceses que forma parte de Les 3 Vallées. Estamos en el dominio esquiable más grande del mundo y muy “children-friendly” y esa fuerza poderosa llamada maternidad, que en cierto grado aplaca la voz interior que clama a gritos esquiar y libertad, también me impulsa a emprender la aventura de hacer planes con los peques para iniciarlos en la nieve.
Muy cerca de Les Menuires hay una explanada de esquí de fondo que se llama Plan de l’Eau que tiene un camino marcado, un riachuelo, algunos árboles, mesas de picnic y baños. Siento que es el lugar perfecto para pasear con los niños en un día de frío y sol como el que nos ha tocado.

Coordinar tomas, siestas, cargar leche, snacks, llevar todo el abrigo necesario, estar atentos a los resbalones, de nuevo la hora de sacarme leche…. a pesar de las ganas, con un niño de casi 2 años y una bebé de 4 meses, veo el salir del chalet como una utopía. Pero finalmente lo logramos, y damos inicio a nuestro día de nieve en familia.
De camino a Plan de l’Eau, me vislumbro con mis dos pequeños paseando con el trineo, probando los esquís al mayor, tirándonos bolas de nieve…. ¡Stop! Primer aprendizaje: Nunca, nunca, nunca tener expectativas de lo que será esta nueva experiencia maravillosa de llevar a tus hijos pequeños a vivir una aventura en la nieve.
Como ya han pasado unos meses desde ese momento y quiero ser fiel a lo que fue nuestra vivencia, voy a copiar literalmente lo que escribí esa tarde en mi diario de viajes. Sin filtros, sin maquillaje. Totalmente humano y real como la vida misma:
“Hace frío, muchísimo frío, pero sol, muchísimo sol. Así que se me ocurre proponer a Martín (mi marido) hace un super family-day de inducción a la nieve con los niños, y nos vamos a Plan de l’Eau los cuatro.
El plan era perfecto. Pero nos salió fatal.
Como ya nos venía pasando últimamente, el horario fue malo… malísimo. Y es que salir a la hora propuesta con los enanos, es misión imposible. Rompimos comidas, y siestas. Red flag número 1. Luego, la vestimenta la traíamos, pero lo que no se nos ocurrió fue que teníamos que enfundar a los niños en sus traje estrella, gorros, guantes y demases dentro del coche, y no afuera una vez ya estuvieran congelados. Red flag número 2. Esto de ir sumando capas a medida que caminas, con uno llorando por un lado y el otro empezando a quejarse, pésima idea. Red flag número 3: llevamos a los niños hiper equipados, pero a nosotros de andar por casa…. Resbalones, pies mojados, manos frías… más razones para agregar intensidad a una situación que ya de por sí, estaba alcanzando niveles de estrés interesantes.
Por fin llegamos a las mesas de picnic de la entrada. Pero los dos lloran, y lloran, y lloran. Maldita sea, ¿no los habíamos traído para disfrutar? Red flag número 4. Empezar a frustrarse.
Intento resolver la situación con comida para Pía, la pequeña, que al ser leche, me supongo que será más fácil. Pero dar pecho en una situación así… ¿cómo lo hacen las esquimales? Casi se me congela la teta intentando darle de mamar. Y además, ni siquiera lo logro, porque entre tanta capa y abrigo, en un banco en pleno parque… enfin, estoy a punto de tirar la toalla.
Mientras tanto, por el rabillo del ojo, veo que a Martín no le está yendo mejor con Benja, el mayor. Berrea mientras su padre le intenta poner los esquís, se retuerce, se le salen las gafas, le molestan las botas, no se quiere poner los guantes y tiene las manos congeladas… Se niega rotundamente a cooperar para hacer realidad nuestro sueño de verlo caminar con los esquís por primera vez. Claramente nuestro sueño. No el suyo.

Llegados a ese momento, lanzo una mirada de auxilio a mi marido, y veo en sus ojos que estamos pensando lo mismo: “Es hora de abortar misión”
Con -15 grados y un sol radiante, a menos de 1 hora de haber salido de casa, volvemos con los 2 niños dormidos en el coche, y el rabo entre las piernas.
Suerte que la noche antes habían llegado al chalet los Reyes Magos, y la vuelta a casa fue lo más disfrutado por Benja. Una casa con los abuelos esperándolo para llevarlo en trineo, y con el salón lleno de juguetes nuevos casi solo para él, pues su hermana es todavía muy pequeña para quitárselos, y sus primos mayores están haciendo clase de esquí y volverán por la tarde. El verdadero plan perfecto!!”
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Hoy echo la vista hacia atrás, y me siento en parte abrumada por tanta “Red Flag”, aunque también contenta por haberlo intentado y saber que las próximas veces, la cosa irá a mejor.
Recuerdo eso sí, que el día siguiente al “intento” decidimos dejar a los niños en el chalet y nos fuimos con mi marido a esquiar mano a mano. Nos mandamos una maratón de las buenas, que culminamos con una tartiflette memorable, con su respectiva copa de vino local y bière blanche. Con eso se nos quitó a todos cualquier mal sabor de boca que nos hubiera podido quedar del día anterior, a pesar de que seguía haciendo un frío de c** y ya no había sol, que de hecho no volvió a salir en lo que nos quedó de semana.


PS: Por cierto, algunas de las cuentas de Instagram de madres esquiadoras que más he visto últimamente son @juliamancuso, ex olímpica y madre de 3 que escribe sobre salud, viajes y familia que me inspira mucho, @tori.ski, “The Ski Obsessed Mum” que ha sacado un libro que se llama If they can Walk they can Ski que creo que me quiero leer antes de la próxima temporada, y @brithishadventuremum con sus “90 Mins from anywhere” que me animan a seguir intentándolo. ¿Me recomendáis otras? ¿Alguna en español?

