Uno de sus hábitats preferidos se ubica en la zona de Jotunheimen (hoy parque nacional), zona que rondamos para nuestro tour de esquí noruego.
Nuestro viaje comienza cuando aterrizamos en Bergen y, alquiler mediante, visitamos las estaciones de Voss, Myrkdalen, Hemsedal y Geilo.
El viaje se compuso en tres etapas. La primera de ellas hicimos base en Voss, para luego desplazarnos a Hemsedal, en plena tierra de trolls, para finalizar en una etapa de descanso y turismo en Bergen.

VOSS
Una vez aterrizados en Bergen, y recogido el coche de alquiler nos desplazamos a Voss. Aproximadamente, un trayecto nocturno de poco más de 100 km.

En esta época del año y a estas latitudes, a las 18.00 h, hora a la que recogimos el coche, ya es de noche, por lo que poco paisaje pudimos contemplar en el trayecto. Temíamos ser atacados por algún ser mitológico, pues esa oscuridad extrema favorece las emboscadas.
La semana anterior, por la zona, habían sufrido una ola de frío llegando a los -20 ºC y había estado nevando, pero nosotros tuvimos suerte que las temperaturas a nuestra llegada habían subido y el cielo estaba despejado.
Teniendo conocimiento que la semana pasada estuvo nevando con tan bajas temperaturas, viajábamos albergando la esperanza de que al día siguiente nos íbamos a encontrar una nieve deliciosa.
El trayecto desde el aeropuerto hasta este primer hotel fue tranquilo. Nadie nos atacó por el camino ¿Serán quizás los troles una fantasía? Tampoco nos nevó y la carretera estaba limpia.
A la salida de Bergen hay una autopista de tres carriles, que enseguida se convierte en carretera. Todas las autopistas de Noruega son de pago y, como ocurre en Portugal o Austria, no hay barreras sino que una cámara te lee, en nuestro caso, un dispositivo acoplado al coche que registra el pago. En realidad, es una tarifa de unos 200 € anuales, así que estos aparatos lo que hacen es comprobar que tengas al día el pago de la tarifa.
Si no se dispone de este dispositivo, también hay cámaras que leen la matrícula y luego te envían el cargo aunque no se muy bien cómo funciona, pero esa es la teoría.
Lo más recomendable es que, si vas con tu coche, registres la matrícula en el EPass24 y evitas problemas.
Ambos sistemas de pago sirven también para abonar transbordadores si vuestra intención es hacer el típico viaje de turismo por los magníficos fiordos noruegos.
En cuanto a los límites de velocidad, comentar que las carreteras están limitadas como máximo a 80 km/h, a excepción de alguna autopista, que como ya he dicho, son muy escasas en el país, lo que hace que los trayectos se alarguen mucho.
De hecho, en nuestra base en Voss, cuando nos desplazamos a Myrkdalen, que apenas hay 30 km. de distancia entre ambas estaciones, un trayecto parecido al que existe entre Jaca y Candanchú, nos costó 45 minutos llegar. Es verdad que por el camino, algún troll había derrumbado parte de la montaña y estuvimos un rato parados esperando al tráfico intermitente de un único sentido, pero pongamos que fueron como mucho 5 minutos de espera.
Además, como bien es sabido, las nevadas son muy frecuentes, lo que no hace aconsejable conducir a altas velocidades.

Aunque las máquinas pasan muy frecuentemente, y hay todo un arsenal trabajando todo el día todos los días, es imposible eliminar toda la nieve de la carretera, dejando las mismas listas para la conducción, pero siendo imprescindibles unas buenas ruedas de invierno. Olvidaros de las cadenas.

Curiosos estos tractores quitanieves que se veían por toda la zona. Un método barato, o mejor dicho, menos caro, para apartar la nieve de la carretera y que podría ser copiado por otros países para cubrir más terreno en emergencias puntuales.
Nuestro coche disponía de Autopass e íbamos magníficamente calzados por lo que circulamos alegremente y nuestro único temor era encontrarnos alguno de los gigantes mitológicos mencionados en el folclore escandinavo que nos secuestrara para formar parte de su menú.
Este era nuestro hotel

Un hotel con mucha historia, en el que se respira un ambiente de esquí por todos lados.


Inaugurado en 1864 y actualmente modernizado, aún conserva ese sabor del turismo de élite del siglo XIX.
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Situado al lado mismo de la estación de tren de Voss, por no decir en la misma estación.
Cuando llegamos, no habían indicaciones de cómo acceder al parking del hotel por lo que nos costó un rato encontrar la zona de aparcamiento, y eso que el hotel es bien visible.

Tampoco habían indicaciones que nos guiaran a la entrada principal así que mal aparcamos el coche donde pudimos y nos dispusimos a investigar la forma de acceder al hotel.
De forma cómica, conseguimos acceder por la parte trasera, no sin antes desplegar todo un show de resbalones y caídas para regocijo del público asistente que nos observaba al otro lado de las cristaleras. Esta zona estaba repleta de nieve y, lo que es peor, de hielo.
Al final descubrimos que la entrada principal y por la que se accede a la recepción del hotel está situada en la misma estación de tren.
Por lo que supimos a raíz de algunas conversaciones mantenidas con otras personas alojadas en el hotel, mucha gente que vive en Bergen y quiere esquiar el fin de semana, coge el tren y se desplaza hasta Voss, alojándose en
éste u otros hoteles de la zona e incluso los hay quienes hacen un trayecto de ida y vuelta el mismo día.

El tren te deja al lado mismo de la «góndola» y de hecho vimos a muchas personas equipadas con esquís que salían del tren y se dirigían a la estación.

Además, dispone de un amplio horario por lo que incluso se puede uno quedar a cenar por la zona y volver de noche a Bergen.
Podéis consultar aquí los horarios:
La góndola se construyó con el único objetivo de poder dar acceso a la estación de esquí desde la estación de tren, ya que las pistas están orientadas al otro lado de la montaña y la verdadera base de la estación está en el lado opuesto al que se encuentra la estación de tren.

Una estación muy peculiar pues la «base de la estación» se encontraba en la cima de la estación. El pase se puede adquirir en la misma góndola, pero el alquiler de esquís, los servicios de la estación, la restauración el après-ski e incluso un restaurante en el que se puede ir a cenar, todo se encuentra en la cima.
Una cima situada a poco más de 800 metros sobre el nivel del mar y desde la que vi partir a un colega de pasión.

Un gusto cuando la misma estación es quién te ayuda a practicar tu devoción, en este caso, el vuelo en parapente, con indicaciones e infraestructuras.


Para llegar a la cima, adquirimos los pases en la misma góndola. Una amable señorita que atendía la taquilla nos aconsejó sacarla en la máquina pues de esta forma salía algo más barato.
Claro, que lo de barato es un decir, porque los precios de los forfaits son bastante caros.
Los pases nos costaron 72 €. Es verdad que estábamos en temporada alta pues nos advirtieron que las vacaciones escolares se disfrutaban justo la semana que nosotros llegábamos agravado por el hecho de que era domingo, lo que entiendo, también encarece el precio.
Una de las cosas que me llamó la atención es que disponen de un pase entre semana, que dura hasta las 19.00 h. Esto me recuerda a Niseko, que tenían un formato similar.
De esta forma, si tu condición física lo permite, es posible estar esquiando desde las 09.00 h hasta las 19.00 h de forma continuada, añadiendo así a la experiencia, la de poder disfrutar del esquí nocturno, de hecho la estación dispone de una amplia zona de esquí bajo los focos, focos que incluso encendían por el día si las condiciones del tiempo eran malas como así nos ocurrió nuestro primer día.
Lo curioso es que el esquí nocturno sólo funciona entre semana, no así los fines de semana.
Además hay opciones para sacar un forfait por horas, cosa que hicimos el último día, sacando un forfait de 3 horas lo que nos permitió poder esquiar antes de desplazarnos al siguiente campamento troll.

Como se puede ver, además de la opción de uno o varios días, también se puede adquirir un forfait de 6 días para gastar en 8 días, dando flexibilidad por si uno o dos días no se quiere o no se puede esquiar. Otras opciones son la de poder adquirir el forfait para dos días sueltos o para cinco días, el mencionado forfait de día más el pase nocturno (hasta las 19.00 h), el pase para tres horas y forfait de mañana y de tarde.
La estación se vende así misma como la más grande del oeste de Noruega y no lo pondría en duda si no engañaran en su plano de pistas, aunque en realidad no era un engaño sino que por las condiciones meteorológicas tenían desmantelados unos cuantos remontes y pistas.
Hay varias pistas y varios remontes que aparecen en el plano pero que en realidad no existen. Las pistas 15-roja y 14-verde no existen, aunque en su día sí debieron existir pues se ve que hay un tramo despejado y también vi a muchos locales meterse para hacer fuera pistas.
Nosotros nos metimos por error, y seguramente el error nos lo provocó un troll que se quería cargar a la sufrida Mercedes, pues no había indicaciones de que no se podía pasar a esa zona.
He de decir que Mercedes no disfrutó precisamente de esta incursión, pues además nos pilló un día de niebla y ventisca por lo que las condiciones no eran precisamente agradables.
Tampoco existe el remonte Horgaletten, marcado con una L en el plano y, claro está, ninguna de sus pistas adyacentes. Sobre el plano, la pista 19 tenía muy buena pinta, pero era inaccesible, ya que tampoco existía la pista 17.
Quizás simplemente estaban cerradas por algún motivo que desconozco y no se balizaron ni pisaron las pistas y los remontes simplemente estaban desmantelados, ya que por el lado de la góndola, el remonte marcado con la H-Hangurstrekket, también estaba desmontado y por tanto las pistas 1 y 2 no podían utilizarse, pero en este caso, el último día, que ya íbamos de vuelta en la góndola, sí que vimos que estaban poniéndolo a punto.
Se vende como que tiene 40 km. de pistas, pero en realidad su capacidad estaba mermada y habría que quitarle al menos un 30% del total. Los 11 km. de esquí nocturno sí estaban habilitados, pues todas las pistas iluminadas estaban accesibles.
Así que, con las capacidades de la estación reducidas, lo que sí es verdad, es que disfrutamos y mucho, del resto de la estación.
Una estación que no presenta especial dificultad, incluso la pista negra número 6 era bastante asequible y junto con la roja 7 eran las dos únicas que presentaban algo de dificultad.
Como se puede ver en la foto, el primer día nos pilló un tiempo no muy apacible, con nieve, viento y niebla, pero en la estación tenían el detalle de encender los focos en un intento de facilitar algo la visibilidad, aunque a duras penas se lograba este objetivo.
El resto de la diversión transcurre en los fuera pista donde vi a muchos locales de todas las edades atacarlas sin piedad introduciéndose en los más intrincados rincones de la estación.
Nosotros iniciamos nuestra incursión por la pista 9 - verde para empezar a calentar las piernas y tenía esta pinta.

Como se puede ver, a pesar de la luz plana, es una pista sencilla por la que los no iniciados pueden empezar a practicar sus primeros pasos después de una iniciación en la pista 4, la verdadera pista para empezar de cero, y que permite bajar desde el «top» de la estación hasta la verdadera base, en Bavallen, de la misma de forma ininterrumpida. Esto facilita muchísimo el aprendizaje, ya que permite a los no iniciados estar practicando durante mucho tiempo sin tener que parar a coger el remonte.
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Durante el trazado se pueden combinar con pistas azules por si las habilidades han mejorado a lo largo de la jornada y, si no se quiere bajar hasta la base, también se puede enlazar con la silla Trâsølsekspressen, un magnífico remonte desembragable de seis plazas por silla que te deja rápidamente en la «base-top» de la estación.
Después de calentar, decidimos, intrépidos que somos, probar la pista 16, tras coger el remonte de Slettafjell.

Que tenía esta pinta



Cuyo final nos regalaba estas vistas el segundo día, que fue más amable con nosotros.


A lo largo del recorrido de la pista verde 8b, que enlazaba con la que acabábamos de bajar, nos encontrábamos núcleos de casas con estas pintas.

Pues bien, muchas de ellas son alojamientos ofrecidos por la estación que te venden como un verdadero ski-in/ski-out. Tenéis información en el siguiente enlace.
Desde luego, puedo asegurar que sí es un verdadero pie de pistas, o mejor dicho, un en medio pistas.




A estas cabañas se puede llegar por la mencionada pista verde o también por la pista roja número 7. También existe, al igual que ocurre en Tres Valles, todo un entramado de carreteras y túneles que te permiten llegar a estas cabinas sin tener que utilizar un vehículo preparado para la nieve, como una ratrack o una moto de nieve.
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Por supuesto, tampoco podíamos dejar pasar la pista negra número 8:

Muy disfrutona y que no presentaba especial dificultad.



Una pena que no estuviese la estación al 100%, pero aún así la disfrutamos mucho y, aunque estaba llena de niños haciendo de las suyas con sus correspondientes progenitores, en realidad apenas se notaba masificación y se podía esquiar a gusto en cualquier lado.
Las colas son mínimas y muy bien ordenadas, se nota la educación de la gente, pues se respetan muchísimo los turnos y en ningún momento se genera caos, lo que hace que las colas avancen a buen ritmo y no haya que esperar más de cinco minutos para subir de nuevo al remonte.
Y algo que me llamó muchísimo la atención. La afición al esquí es brutal. Da igual el tiempo que haga, aunque las condiciones eran muy adversas, viento, frío, nieve y niebla, nadie se quedaba en la cafetería, las pistas estaban llenas y la gente, sobre todo los chavales, disfrutando como nadie.
Otra de las cosas que me llamó mucho la atención, y esta no es positiva, es el pisado de pistas. Desde luego, he visto mejores pisados que los noruegos. Menos mal que la nieve era magnífica y suplía esta carencia.
Terminado nuestro día, bajaríamos a disfrutar de una cerveza, producto de lujo en Noruega y a esperar un nuevo día.

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Myrkdalen

Nos adentramos en las profundidades de los dominios Troll y nos vamos a Myrkdalen. Como se puede ver, nos separan algo más de 30 km desde nuestra base en Voss, pero tardamos casi 45 minutos en llegar, debido al estado de las carreteras y a que algún troll se había dedicado a destrozar parte del muro que resguardaba las mismas.
La parte roja que se ve en el trayecto estaba con un derrumbamiento de la montaña y sólo había un carril habilitado, por lo que había que hacer turnos para poder pasar y eso fue básicamente lo que nos retrasó en el trayecto.
La noche anterior estuvo nevando y teníamos que salir de este agujero:

Aunque la nieve estaba muy suelta y no hubo mayor problema que el de descargar un poco al coche de nieve, lo suficiente para poder andar con buena visibilidad.
El camino, especialmente cubierto.

Pero es una maravilla lo bien equipados que están todos los coches, lo que hacía que la circulación fuese de los más tranquila posible. La normalidad aún con nieve estaba presente y no se formaba ningún caos.
Cuando llegamos, este era el aspecto del parking.


Creímos que en un «día de trolls» con una meteorología tan adversa, íbamos a estar solos, pero rápidamente nos dimos cuenta que la gente convive con estas condiciones como nosotros aguantamos nuestro verano.

Nos calzamos los esquís y para arriba.

Me dio la sensación de que esta estación, poco conocida, era más grande que la de Voss. Tanto por el plano de pistas, como luego esquiándola.
Pero a su vez, también me dio la sensación de que las pistas eran más tendidas que las de Voss. Apenas presentaban dificultad y yo creo que tienen marcadas pistas negras por el que dirán, pero realmente eran bastante sencillas.
Nosotros comenzamos cogiendo la silla Myrkdalsekspressen, marcada con la A en el plano.

En cuyo trayecto pudimos comprobar que el ski-in/ski-out se lo toman muy en serio en Noruega.
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Y una vez arriba, decidimos hacer una primera bajada para calentar por la pista 1-azul.
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Muy buen terreno, pista muy ancha, pero como ya comprobé en Voss, el pisado de pistas deja mucho que desear y, como se puede ver, al tener luz plana, se hacía difícil de esquiar.
La estación tiene una estructura dividida en dos valles que me recordaba mucho a Peyragudes. El valle que da al centro de la estación podría asimilarse a la zona de Peyresourde y el otro valle a Les Agudes.
Aquí vemos a la intrépida Mercedes abriéndose paso entre la chavalería.

Y en la base de la estación, muy visible, el hotel Myrkdalen, punto de referencia.

La zona de debutantes no es tan amplia como la de Voss. Para iniciarse en el esquí, creo que es más adecuada esta última.

La otra parte de la estación estaba más tranquila. Este es el aspecto que tenía la pista 21-roja.

No sé si se puede apreciar bien en la foto, pero poca inclinación presentan las pistas rojas. La dificultad estriba más en el pisado de pistas y en la poca visibilidad que teníamos.
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Desde luego, esta parte presenta un aspecto inhóspito, ideal para trolls.





No me canso de mirar al valle.

A la vuelta, el remonte H-Storhaugekspressen, nos deja en uno de los puntos más altos de la estación y se puede ver el remonte que cogimos a primera hora.

Desde ahí, se disfruta de unas vistas magníficas, incluso a pesar de la niebla, donde se intuye un magnífico valle.
Desde ahí, volvimos a disfrutar de las pistas de este valle, hasta que, en un momento dado nos retiramos sin ver a ninguno de los monstruos mitológicos de los que tanto se habla por estos lares.
Lo bueno de tener un aparcamiento lleno de nieve, es que se puede volver esquiando, lo que resulta bastante cómodo.

Me gustó mucho esta estación, y sobre todo, me pareció que tenía más terreno, si bien es verdad que, como ya comenté, Voss estaba a medio gas. Voss, eso sí, tiene más desnivel esquiable.
Se nota que hay terreno y por lo que vi, me dio la sensación de que aquí se hizo la estación de esquí desde cero, no partiendo de un pueblo como si ocurre con Voss.
HEMSEDAL
Nuestro tercer día comenzó subiendo de nuevo a las pistas de Voss, ya que lo teníamos bien a mano, pero compramos el forfait de 3 horas, de forma que estaríamos un rato en Voss, luego devolveríamos los esquís e iríamos a comer por el pueblo.
De camino al restaurante, contemplamos la magnífica iglesia de Voss.

Repusimos fuerzas y para Hemsedal.

Aunque tendríamos posibilidades de practicar esquí nocturno al llegar a Hemsedal, ese día no esquiamos más, bastante teníamos con lo que hicimos y luego el desplazamiento por una carretera inhóspita digna del más cruel de los trolls.
Son 175 km. lo que separaba una estación de otra, que a primera vista podría no parecer mucho, pero las carreteras, con sus límites de velocidad y su estado, muchas de ellas cubiertas de nieve, hacen que el trayecto sea pesado y se tarden casi 3 horas en llegar.
Una de las cosas que más me llamó la atención, son los tendidos eléctricos en mitad de la montaña y al verlos me recordó que ahí se rodó la película Troll Hunter, una película de serie B, un falso documental que afirmaba que el gobierno noruego trataba de ocultar la existencia de los trolls y que «reporteros» independientes querían desvelar su existencia.
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En el desvío de la carretera E16 para entrar en la 52, empezamos a subir un puerto de montaña en la que sospechamos se debe cortar frecuentemente, al ser una zona ventosa y que recibe muchas nevadas. Esta sospecha se reforzaba por el hecho de la existencia de barreras preparadas para cortar el paso a los incautos como nosotros.
Menos mal que el día en el que nos desplazábamos se daban buenas condiciones meteorológicas. Aun así soplaba mucho viento que cubría la carretera por lo que había que circular con precaución y no pasábamos de los 60 km/h.
Lo más curioso es que en mitad de la nada, vimos a unos cuantos locos pasándoselo pipa con unas velas de kite-surf, dejándose deslizar por un lago helado, en mitad de un venturi y a -5ºC.
Una vez llegados al hotel, pusimos el coche a cargar, sí, coche eléctrico, así de locos estamos algunos, cenita y a dormir, que al día siguiente nos esperaba otro buen día de esquí.
Y al día siguiente, pues nos acercamos a la estación, alquilamos equipo y para pistas.
Una de las cosas curiosas que tiene esta estación es que los pases hay que sacarlos en una «recepción para visitantes». No está especificado como taquillas. Nos costó un rato encontrarlas.
Adquiridos los pases pudimos comprobar que sólos, lo que se dice sólos, no íbamos a estar y eso a pesar de las condiciones meteorólicas tan adversas.

Me maravilla la política horaria de estas estaciones.

Al igual que en Voss, tienen un horario continuado de 10 horas, por lo que se puede combinar esquí diurno y nocturno. De hecho, parece que muchos noruegos se lo toman con calma y aparecen por pistas sobre las 11.00 h y se quedan esquiando hasta las 18.00 h o 19.00 h. Esto es admirable y es algo que únicamente lo he visto en Hokkaido y también en Utah.

Nada más empezar, vemos que esta estación está más modernizada que las dos anteriores.

Telesilla desembragable de seis plazas por silla y con capota incluida. Casi, casi, como en Austria. Sólo le faltan los asientos calefactables.
También se puede observar que, debido al tiempo adverso, los focos de pistas los tenían encendidos. Parece una tontería, pero al final se nota cuando vas bajando por pista. Aunque no mucho, pero algo mejora la visibilidad.
He de decir que aunque había mucha gente y nos encontramos unas buenas colas, debido a que todo está muy bien organizado y que la gente respeta a los esquiadores que tienen por delante, no se tardaba más de cinco minutos en subir a la silla. Algo que nunca he visto por nuestros lares. Al principio pensaba que nos íbamos a hinchar a esperar, pero en realidad, de lo único que me hinché es de esquiar.
Además, hay superficie esquiable de sobra que absorve toda esta demanda. Quizás no había tanta gente pues el parking estaba sólo a medio gas.

Comenzamos, pues, nuestra jornada de esquí, como de costumbre, bajando por alguna pista poco exigente, en este caso la marcada con el número 10 en el plano, para ir calentando motores.

Y de paso, ya podemos ver que aquí se intenta mimar al cliente lo máximo posible porque desde casi cualquier punto de la estación se puede salir con los esquís puestos desde casa.

Y si tu alojamiento no está a pie de pistas, pero sí en lo alto del pueblo, tampoco es un problema, te bajas por la carretera con los esquís.

Claramente se hace hincapié en el hecho de vender estancias a pie de pistas, bueno, en realidad, a mitad de pistas.

La siguiente pista que bajamos fue la 8-Negra, visto que la nieve estaba fantástica, destacando, eso sí, el mal pisado de pistas. También estaba iluminada, ayudándonos de esta forma a realizar la bajada de forma algo más fácil.
En pocas estaciones he visto yo que se iluminen pistas negras. Esto, sin duda, atraerá a mucha gente experimentada al esquí nocturno.


Me gustó muchísimo esta pista, tanto su trazado, como el hecho de que poca gente se metía, entiendo que el color disuade a los menos duchos en nuestro deporte, pero en realidad yo creo que podría calificarse como una roja difícil.
Como se puede ver en el plano de la estación, existe un intinerario que se sale de lo que es el valle principal de la estación. Se trata de la pista 49-azul, desde la que se puede acceder desde el remonte E-Hollvin Express, la primera silla que cogimos, de seis, desembragable y con capota.
Se trata más de un camino «estilo Saint Lary» que de una verdadera pista azul, pero en cuanto te metes en mitad del intinerario, la tranquilidad y el silencio se apodera de ti.
Yendo para allá, nos cruzamos con el primer intinerario que se puede bajar.
La clasificación la hacen similar a la que se sigue en Estados Unidos, hay pistas de uno o dos diamantes. Y aquí sí se puede decir que es una pista negra de verdad, no el «fake» que bajamos hace un rato.

Y también te puedes cruzar con el segundo intinerario de la estación, también doble diamante, y para que no haya dudas y alguien se equivoque, la señalización es bastante clara.

El camino en sí, tenía poca dificultad, pero el paisaje es mágico.




Como se puede ver en el plano, en el final de pistas hay dos opciones. O seguir por la pista azul, que visto lo visto, no tenía nada especial en lo que a esquí se refiere, y desde ahí, para volver a la estación hay que coger un ski-bus que está incluido con el forfait, o si no quieres estar esperando al autobús, la otra opción es bajar por la 52-verde, que te deja en un pequeño arrastre de dos plazas por percha, que da a una pista verde (la 50) ideal para gente que se quiera iniciar, pues la zona es muy tranquila, los apartamentos están ahí mismo (como en toda la estación) y tiene pinta de que cuando sale el sol es una zona muy soleada. Ideal para enganchar a los no iniciados a esta maravillosa afición.
Además, en esta pista verde se puede disfrutar de imágenes tan idílicas como ésta.


Y como curiosidad, el final de la pista 49, nos dejaba al lado mismo del hotel. De no ser porque teníamos que alquilar esquís y lo mejor era hacerlo en la base de la estación, lo ideal hubiera sido coger el ski-bus, que paraba en la puerta misma de nuestro hotel y terminar en esa pista para volver andando al hotel. Las circustancias mandan y no pudo ser.
De vuelta al núcleo de la estación, quisimos ir a la parte alta de la misma, que se encuentra a unos 1.345 msnm. y hacer una bajada continua hasta la base a 645 msnm para disfrutar de un desnivel esquiable de 700 metros, que no estaba nada mal.

Aquí si que comprobamos que las pistas son bastante más largas. Lo que se espera de un gran dominio esquiable.
Empezamos a pensar que esta estación no tiene la fama de Voss pero es una joya, una gran desconocida. Nuestra sensación era que tiene una mayor área esquiable y, lo que es seguro, que no engañaban con los planos, pues todas las pistas y remontes estaban operativos.
Bajada esta zona, quedaba por conocer la parte más a la derecha del plano, el pico Ronin, que estaba algo más bajo pero también presentaba buena altitud.
Un buen detalle de la estación es que facilitan un banco para que la gente de snowboard pueda calzarse cómodamente la tabla.

Este remonte da únicamente acceso a dos pistas, rojas para más señas, que eran muy divertidas.
Desde donde se puede ver la parte desde la que venimos.

Desde ahí, volvimos a bajar a la base de la estación, cruzándonos con el ski-fun para que los más pequeños puedan iniciarse en el mundo del free-style y pierdan así la cabeza por completo.


Continuando con el camino, seguimos impresionados por las vistas.



La iluminación en pistas que no falte.

También quisimos conocer la parte de Skarsnuten, aunque he de decir, que no merece la pena y más bien da la sensación de que ese remonte y la pista azul que la acompaña están hechos con el único propósito de dar acceso mediante esquís a los residentes de esa urbanización.
Me recordaba un poco a la silla Parador de Sierra Nevada, cuyo único propósito es el de dar acceso a los alojados en la urbanización, pero no sirve para el esquí recreativo.

Volvimos de nuevo a Tinden, donde nos podíamos recrear en esta inhóspita imagen.

Para disfrutar de nuevo por la pista 17-roja.


Teminamos el día tomando una goulash soup en la base del telesilla de ocho plazas por silla Hollvin Express, donde nos encontramos a un español, de Barcelona, con el que estuvimos charlando un rato.
Es curioso, porque en todas las estaciones en las que estuvimos, y en todos los hoteles en los que nos alojamos, siempre había alguien que hablaba español, ya sean españoles o de Sudamérica. Esto ayudaba sobremanera en hacer las planificaciones u obtener información. Además, nos agradecían enormemente el poder hablar en español, pues poco turismo patrio frecuenta estos lugares.
En cuanto a la estación, he de decir que esta es la que, con diferencia, más me ha gustado de todas las que hemos visitado en Noruega y la que, al menos aparentemente, más superficie esquiable y más diversidad de pistas presenta de todas ellas.
Si hacéis un viaje de esquí a Noruega por esta zona y os véis obligados a elegir, sin duda alguna, Hemsedal debería ser vuestra elección.
GEILO
Aún nos quedaba por conocer otra estación que estaba apuntada en nuestra planificación inicial. Notamos que existía un pique entre Hemsedal y Geilo. La gente de Hemsedal decía que ésta era mejor estación, pero en Geilo decían lo mismo de la suya.
Aún así, aunque nos decían los residentes de Hemsedal que no merecía la pena, nosotros queríamos formarnos nuestra propia opinión, por lo que no variamos los planes.
Cogimos el coche y, 80 km. mediante, mediante una carretera bien nevada, tomamos camino.

A mitad de camino nos cruzaríamos con la estación de esquí de Gol, una pequeña estación que no tenía intención de visitar, pero por falta de tiempo, ojalá hubiera tenido un día más para poder conocerla.
Aún así, creo que estaba cerrada porque no vimos a nadie esquiando y tampoco coches, así que, sin saberlo, acertamos. De hecho, consultando en su página web, los lunes, martes y jueves permancen cerrados. El día que pasamos era jueves.
Lo miércoles abren únicamente para el esquí nocturno, de 17.00 a 20.00 y los viernes, sábados y domingos sí que abren, pero tampoco es que madruguen mucho, porque los viernes abren a partir de las 11.00, eso sí, están hasta las 19.00 y los fines de semana de 10.00 a 16.00.
Estos horarios tan relajados indican claramente que ésta es una estación enfocada a familias, no para enfermos del esquí, hecho que se corrobora por ser una estación pequeña, aunque presenta pistas de todos los colores.
En cualquier caso, nuestro objetivo era Geilo y para allá que fuimos.

Cuando marqué la dirección en el google maps, éste me llevó a Geilo, sin problemas, pero como siempre hace, optimiza para guiarnos por el camino más corto y nos dejó en Havsdalen, en el extremo derecho del plano.
Por un momento pensamos que nos tendríamos que dar la vuelta e ir al pueblo, porque el parking era pequeño. No había problemas para aparcar, pero pensamos que no podríamos sacar los pases de esquí y tampoco alquilar.
Aún así, preguntar no cuesta, por lo que preguntamos en un restaurante que había ahí mismo y nos indicaron la única tienda de alquiler que se encontraba en esta zona y que además vendía forfaits, por lo que al final, aparcar ahí fue todo un acierto. Todo era muy tranquilo y pudimos elegir bien los esquís que queríamos y empezamos la jornada relajada.
Una jornada que salió soleada. Nos despediremos del esquí noruego con sol. Vaya día bueno nos salió.

Como se puede ver en el plano, la estación está claramente dividida en dos zonas, en realidad en dos cadenas montañosas distintas, separadas por un lago y unidas mediante un ski-bus. La zona que parte de Geilo, que era en la que nos encontrábamos y la zona de Vestlia.
Enseguida elaboramos un plan de esquí. Nuestra idea era, por tanto, ir a la zona de Vestlia, esquiar un rato por ahí y luego volver a nuestra zona, para terminar el día tranquilamente sin prisas ni agobios.
Así que, cogimos el primer arrastre para llegar a la cima, Geilohovda.

Desde aquí se puede acceder a una gran variedad de pistas, muy divertidas todas. Nosotros bajamos por la 21-azul, para ir calentando y de cuya base sale el ski-bus que cruza el pueblo y nos deja en la otra parte de la estación.
Desde esta parte de la estación se ve claramente las pistas del otro lado.

Pensaba que quizás se podría cruzar el pueblo andando, pero in-situ está claro que es necesario coger el ski-bus o utilizar algún otro tipo de transporte porque están bastantes separadas las dos zonas.
En la base de la pista nos encontramos la parada del ski-bus, está bien visible. De hecho, cuando llegamos estaba saliendo gente del autobús.
La otra parte de la estación se nota que es más comercial. Tienen instalaciones preparadas para el verano.

Y además vimos a clubes entrenando a los futuros campeones noruegos. Lo que yo vi es a unos chavales enchufados, aunque no noto diferencia con nuestros chavales patrios. Es una pena que en nuestro país se pierdan por el camino futuras estrellas del esquí mientras que las estructuras noruegas permiten que los más destacados continuen y formen un buen equipo de competición.

Comenzamos por la zona de Kikut pero vimos que tanto las zonas azules como las rojas eran muy tendidas y apenas se disfrutaba de ellas, aunque el paisaje compensa todas las penalidades.




Y desde aquí, cómo no, podíamos observar de donde venimos.

Una zona ideal para principiantes, soleada y tendida, con buenos paisajes y remontes amables. También disponían de un buen snowpark en la pista 65 y chavales de mucho nivel mostraban sus mejores artes en increíbles contorsiones aéreas. Aquí hay mucho nivel.

Nosotros, que ni somos principiantes ni tampoco unos pros de giros imposibles, decidimos cambiar de zona y nos fuimos a Bjødnahovda, donde la pista 59-roja Treningsarena sí era bastante más desafiante y divertida. En la pista paralela, la 58 se estaban realizando los entrenamientos de los chavales.

Bajamos un par de veces más y decidimos volver a nuestra zona en Geilo, desde cuya cima se puede acceder a la pista 23-negra, que aunque es corta, es muy divertida.


Con buenas vistas.

Y dando la sensación de que una parte de la estación vigila a la otra ¿será por los trolls?

Impresionante las vistas al lago.

Tachadas las pistas de esta zona, teníamos que tachar del plano las que están más arriba en el plano, coincidiendo también con el top de la estación a 1109 msnm.

Desde la cima de Gullstein vimos cabañas de verano que, por lo que pudimos comprobar a lo largo de todo el camino desde Voss hasta aquí, eran muy habituales y nos preguntábamos como se podía acceder a esas cabañas, pues no distinguíamos camino algun



En invierno quizás con una moto de nieve y, ¿en verano? Las cabañas están en la cima de la montaña, no en el valle.
Al menos, andan protegidos de los trolls al estar rodeados de las impresionantes estructuras de tendidos eléctricos que los mantenían contenidos.

Esta zona era muy divertida y en la base de la ladera, en Halstensgård hay un restaurante de estilo tradicional de lo más auténtico y que es ideal para realizar una parada para reponer fuerzas.



Para subir, eso sí, se hace por un infernal telearrastre de ancla bastante incómodo. Está claro que ésta no es zona para principiantes.

La vuelta se puede hacer por un intinerario azul que nos temíamos nos iba a obligar a remar cual campeones de esquí de fondo. Pero también podíamos seguir por el mismo valle sin tanto sufrimiento, que es lo que hicimos.



Y de esta forma, nos despedimos del esquí en noruega.
Al final no hemos visto ningún ser mitológico, así que habrá que organizar otro viaje, a ver si en la siguiente los encontramos.
Tampoco tuvimos suerte para ver alguna aurora boreal, pero es que aunque se hubieran dado las condiciones, hubiera sido imposible porque todos los días o mejor dicho, todas las noches estaba nublado.
BERGEN
Finalizado nuestro tour de esquí, quisimos reservarnos un día para volver tranquilamente y no estar con la tensión de estar pendiente de la hora de salida del avión, por si nos pilla algún tipo de atasco, por si la carretera se pusiera imposible o por cualquier otro motivo.
Así que, tranquilamente, nos dispusimos a realizar los 270 km. que nos separan de Hemsedal, trayecto que lleva aproximadamente unas cuatro horas y media.

Además, tenemos que volver sobre nuestros pasos y sabíamos que teníamos que atravesar el altiplano, cuya carretera se corta al tráfico frecuentemente debido a las condiciones climatológicas.
Al menos, el día de vuelta nos hizo muy buen tiempo y no hizo falta dar un rodeo por Geilo, lo que hubiera supuesto añadir 50 km. más al trayecto y al menos una hora más.
Las carreteras limpias, sin problemas, nos permitían ir a la velocidad legal de las vías y el trayecto muy cómodo hasta Bergen.

Nos llamó mucho la atención la cantidad de túneles que atravesaban las distintas montañas que se cruzaban en nuestro camino. Túneles de una longitud considerable, de varios kilómetros de longitud. El más grande tenía 25 km.
Y más nos llamó la atención que en los mismos, cada 6 km. se cambiaba la iluminación del túnel.

Esto se hace para romper con la monotonía de un túnel gris y espabilar así a los conductores poniendo de nuevo la atención, minimizando así las somnolencias y los accidentes por distracción.

El final del trayecto transcurre por uno de los famosos fiordos que nos recrean la vista.

La verdad es que el trayecto es muy bonito. No en vano, el trayecto en tren de Bergen a Oslo se vende como uno de los más bonitos del mundo paisajísticamente hablando, aunque ya se sabe que esto es muy subjetivo.
Llegamos al medio día, dejamos las maletas en el hotel, pusimos el coche a cargar en uno de los parking de la zona y nos dispusimos a visitar la ciudad, que bien lo merece.
Un paseo por sus calles.



Hicimos la foto obligada al muelle de Bryggen patrimonio de la UNESCO.




Con selfie incluido.

Por supuesto, había que ver esto más de cerca.


Y, no sólo el muelle, sino también otros rincones.

Y nos subimos a una de las colinas que rodean la ciudad en uno de los trenes cremalleras.





Y en un acto premonitorio, encontramos un cartel que nos indicaba para donde teníamos que ir de vuelta.

Cosa que hicimos al día siguiente.
OBSERVACIONES Y DATOS PRÁCTICOS
Nos ha gustado mucho Noruega, aunque no es para ir todos los años, es un país caro, donde una cerveza te puede llegar a costar 15 €.
En la mayoría de los sitios se puede pagar con euros. En muchos de los sitios disponen de datáfonos que te dan la opción de pagar en euros o en coronas noruegas, lo que es una ventaja a la hora de evitar comisiones por cambio de moneda. Nosotros no llevamos coronas ni tampoco sacamos allí. No nos hizo falta.
En cuanto al coche, lo escogí eléctrico, sabiendo que la infraestructura en este país es muy buena. Al final, fue comodísimo, porque en los dos hoteles de montaña, tanto en Voss como en Hemsedal, tenían sus propios cargadores, por lo que lo dejábamos por la noche cargando y al día siguiente ya lo teníamos a tope. En ningún momento tuvimos que hacer paradas intermedias entre trayectos.
En Bergen, nuestro hotel no tenía parking, pero en un parking público de la zona se ofrecía la posibilidad de cargar el coche de forma gratuíta. Pagas el parking, pero no la carga.
En la casa de alquiler nos solicitaban que dejáramos la batería hasta al menos el 70%.
Las carreteras no son malas, pero no se puede correr. Primero porque son carreteras algo reviradas y la gente no corre, pero también porque es muy frecuente encontrar nieve en el asfalto, lo que exigía prudencia.
En los casi 1000 km. recorridos no vi que nadie descontrolara el coche y tampoco se me fue a mí, sólo una vez en una curva cerrada subiendo a Myrkdalen y enseguida pude recuperar el control. Los coches están muy bien preparados para la nieve. Aquí la nieve no es un problema, a no ser que caiga un metro en una noche, claro está.
Además, habían máquinas constantemente pasando. Máquinas como las que conocemos en España, con depósito de sal y pala para apartar la nieve de las carreteras, pero también pequeños tractores a los que se les agregaba una pala al morro de los mismos y en todos los pueblos y ciudades estaban constantemente apartando nieve.
Eso sí, si sois de pasear después de un día de esquí, preparar bien las botas y la ropa de abrigo, porque todas las aceras están llenas de nieve, no se aparta de las aceras, bastante tienen con despejar las calles y carreteras.
Internet está disponible en cualquier lado y aplican las normas de roaming de la Unión Europea, aunque sea un país que no pertenezca a la UE. Tampoco hace falta pasaporte para viajar, es zona Schengen.
Los enchufes son los mismos, no es necesario comprar adaptadores.
Y por el idioma, no os preocupéis, en muchos de los sitios se habla español y absolutamente todo el mundo habla inglés.
Y ahora que ya lo sabéis todo de Noruega, todo lo que os he contado quería decir , ¿a qué esperáis para ir a conocerlo?


















