Consumimos alimentos de proximidad. Apostamos por mercados locales. Valoramos la trazabilidad de los alimentos y el impacto ambiental de lo que compramos: comida, bienes, etc Entonces, ¿por qué no aplicar esa misma lógica a nuestra forma de viajar y esquiar?
El concepto de esquí de KM 0 se basa en algo sencillo: priorizar las estaciones más cercanas a nuestro lugar de residencia. No por patriotismo, aunque quizás también, sino más bien por por sostenibilidad, economía y coherencia territorial.
En un momento en que el turismo compite globalmente y el cambio climático obliga a repensar los desplazamientos, esquiar cerca de casa muy posiblemente dejará de ser una opción secundaria para convertirse en una decisión estratégica.
La mayor huella del esquí no está en la pista
La actividad del esquí, en sí misma, tiene un impacto controlado y cada vez más regulado. Las estaciones modernas trabajan con eficiencia energética, sistemas de producción de nieve optimizados y planes de sostenibilidad. Pero el mayor impacto ambiental no está en el remonte. Está en el desplazamiento.
Viajes largos en coche o avión multiplican las emisiones de CO₂, el consumo de combustible y el coste económico del viaje. Reducir kilómetros significa reducir huella. El esquí de KM 0 actúa directamente sobre ese factor.
Impacto económico: el dinero que se queda en casa
Cuando un esquiador decide desplazarse lejos, su gasto —forfait, alojamiento, restauración, alquiler, compras— se va con él. En cambio, cuando esquía cerca: ayuda a sostener y consolidar el empleo local, dinamiza económicamente y socialmente valles de montaña, refuerza indirectamente a pequeñas y medianas empresas de la zona y ayuda a fijar población. y es que las estaciones no son solo infraestructuras deportivas: son motores económicos.
Caso práctico: el modelo PIRINEU365
PIRINEU365 es un ejemplo claro de cómo se está articulando esta filosofía de proximidad. Bajo esta marca se agrupan seis estaciones gestionadas por FGC Turisme: La Molina, Vall de Núria, Vallter, Espot Esquí, Port Ainé y Boí Taüll.
Estas estaciones tienen una influencia directa en comarcas como el Berguedà, la Cerdanya, el Ripollès, el Pallars Sobirà o la Alta Ribagorça, donde el turismo de invierno, o si lo preferís el sector o mundo de la nieve, representa un porcentaje significativo del Valor Añadido Bruto y del empleo.
Los datos son claros: la actividad de las seis estaciones representa un 10,50% del Valor Añadido Bruto (VA
comarcal y un 7,09% de la ocupación total en las comarcas de Cerdanya, Ripollès, Pallars Sobirà y Alta Ribagorça.
El dato relevante no es sentimental, es económico: y sin embargo una parte significativa de los esquiadores (el 42%) opta cada temporada por destinos lejanos, lo que supone una salida directa de gasto fuera del territorio de origen.
Retener parte de ese flujo no es solo una cuestión comercial. Es una estrategia de desarrollo regional.
Esquí de proximidad es cohesión territorial
Al final, las estaciones de montaña son la base y el motor para que se mantengan abiertos hoteles y restaurantes, generan empleo directo e indirecto, freenan la despoblación rural y permiten que los jóvenes trabajen en su propio valle. Cuando el flujo turístico se debilita, el impacto es inmediato.
El esquí de KM 0, ya sea en Andalucía, Aragón, Catalunya... fortalece ecosistemas económicos frágiles que dependen en gran parte de la temporada blanca.
La opción de más frecuencia a menos coste
Además del componente ambiental y económico, existe una ventaja práctica: las escapadas de un día, pueden implicar menos gasto en transporte (según el planteamiento que hagamos de 5 días sueltos frente a una escapada de una semana pero más lejos), nos dan mayor flexibilidad y pueden acabar dando un resultado de más días de esquí por temporada. Digamos que el modelo de proximidad populariza la nieve, como lo fue en sus orígenes en buena parte.
Pensar global, esquiar local
El paralelismo con la alimentación es evidente. Lo que años atrás aplicábamos este tema, casi que puede asociarse en un paralelo casi perfecto, como el de los buenos esquiadores. Un esquí KM 0 es igual a un producto alimenticio de KM 0, ya que una estación cercana implica menos transporte, menos emisiones, apoyas a la empresa local (lo que sería el productor local), apoyas a la economía de montaña, ayudas al consumo responsable y generas un turismo más concienzado. En resumen, el esquí de KM 0 no debería ser una campaña puntual, sino una invitación a la reflexión.
La próxima vez que planifiques una escapada blanca, la pregunta no debería ser solo “¿dónde hay más kilómetros de pista?”, sino también: ¿Dónde tiene más sentido dejar mi huella? Porque el futuro del esquí más cercano a nuestros hogares no dependerá únicamente de la nieve, sino de cuando y cómo decidamos movernos hacia ella.
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