Un profesor o profesora de esquí acostumbra a ser un actor humano prácticamente imprescindible de ver en una estación de esquí. Los vemos en la zona de debutantes, medio agachados y con los esquís en cuña cara a la pendiente, o en cuña invertida si se ponen frente al debutante y de espaldas a la pendiente. Otras veces en pistas encabezando una larga serpiente de varios alumnos que se deslizan por una pista azul. O en un trazado rojo, parado en un lateral frente a los alumnos para dar indicaciones o instrucciones.
Y siempre con ese uniforme que, se quiera o no, solo por llevarlo ya están proyectando cierta autoridad. Admiración. Respeto.
Pero, ¿Os habéis parado a pensar que piensan los profesores de esquí de sus alumnos? ¿Se imaginan qué tipología de alumno se van a encontrar cara a cara en pocos minutos? ¿Quizás segundos? ¿Qué les pasa por la cabeza en esos momentos de caminar de frente hacía el esquiador que están esperando su llegada desde el punto de encuentro?
Pues eso es lo que queremos saber y por ese motivo hemos estado entrevistando a algunos profesores de diferentes escuelas.
En la Molina
La familia Breitfuss es una leyenda del esquí en nuestro país y muy especialmente en La Molina. Imposible escribir o hablar de formación, competición e historia sin mencionarlos.
Edi Breitfuss, hermano menor del traspasado Lluis Breitfuus hace apenas un año y medio, estuvo hasta los 17 años en el equipo de saltos de trampolín de la estación. Después de formarse como profesor de esquí en la EEE, pasó a ser instructor y demostrador. Aunque siempre con base en La Molina, ha pasado por varias estaciones formando a futuros profesores. Hoy, a sus 53, sigue a pie de cañón en la estación de La Molina enseñando a esquiar desde la histórica Escola d'Esquí Poliesportiva de La Molina.
Le pregunto por cómo son esos primeros segundos o minutos de contacto y sensaciones entre alumno y profesor. ¿Qué les transmite ese alumno que le está esperando en el pie de pistas? ¿Su forma de vestir, su equipo o su aspecto ya describen cómo va a ser la clase?
Edi me explica que “vivimos en un país todavía sin apenas cultura de nieve. Por el caminar del alumno hacia la nieve ya puedes intuir cómo va a ser la clase, pero puede haber sorpresas. Influye mucho el nivel físico, deportivo o incluso cultural de ese alumno en cómo se va a desarrollar la formación. Incluso puede condicionar el nivel económico del alumno y el tipo de material con el que acude a la clase”.
Breitfuss razona que pasados los primeros minutos de contacto son los que “te sirven para adaptar tu vocabulario al alumno. Enseguida te das cuenta si tienes que usar un lenguaje técnico o más básico, o si mejor optar por una clase mucho más práctica y menos teórica adaptada al alumno”.
Al mismo tiempo recuerda que las apariencias engañan y que influye el carácter de cada persona. “No es lo mismo un debutante con carácter alegre, de actitud deportiva y valiente, en contraste con un alumno que, quizás, de buen principio va bien equipado, pero con una actitud más bien temerosa”, destaca Edi.
En esos años de formación no han faltado centenares de anécdotas, desde el alumno al que, contra todo pronóstico, no le salen bien las cosas, se “enfada y desespera consigo mismo”. En ese punto “hay que acompañar, ayudar, guiar y transmitirle confianza para que no se desanime y abandone” y después está el que “no tiene nivel para irse a una pista roja y tienes que frenarlo porque todavía no está ni de lejos preparado para hacer el salto”, destaca Edi Breitfuss.
Abel Fabra es profesor de esquí y propietario y director de la Escola d'esquí Cota2500, también radicada en La Molina, donde ejerce habitualmente. Por tradición familiar, llevan en el mundo de la nieve cerca de 60 años y él, a sus 52, lo lleva muy bien integrado en su día a día. La premisa de la escuela, para todos los profesores, es la de seguridad, diversión y aprendizaje.
Le pido por esos primeros y fundamentales minutos de contacto con su alumno o alumnos justo antes de empezar la clase. Cuáles son las impresiones y a la vez las reacciones de sus alumnos y estas son sus reflexiones.
“A veces las primeras impresiones llevan a errores y en otras a malentendidos. Hay clientes que al contratar la clase se venden como ya iniciados y te los llevas arriba confiando en lo que te han dicho. Y ves que al salir del telesilla se caen al primer contacto con la nieve. En otras ya desconfías cuando afirman su nivel. Ves cómo llevan las botas u alguna otra prenda y enseguida piensas que no concuerda lo que dice con lo que va a ser realmente en pista. Luego está el padre que quiere ver progresar a su hijo rápidamente y te cuenta que ya domina bastante. Y resulta que se pone el casco al revés”, expone Abel sobre esos primeros minutos.
Pero añade que, dejando aparte las declaraciones previas al iniciar la clase, las reacciones de los alumnos hacia el profesor son siempre de respeto, y que “en el momento que estamos con el alumno, el profesor pasa a ser un referente en todo lo que se diga y proponga. El alumno asiente positivamente con todo lo que se le pida”.
En Masella y Port Ainé
Jordi Mora es profesor de Masella Escola d'esquí. Lo es desde 1996. Su media es de 500 horas de clase por temporada, aunque hubo una en la que llegó a las 700. Difícilmente baja de las 5 horas diarias y, por supuesto, tiene una experiencia en el trato como pocos, con multitud de anécdotas con sus alumnos. Entusiasta con su trabajo y de su colectivo. De los que no cambiaría su profesión por nada del mundo. Te podrías pasar con él horas y horas hablando del mundo de la nieve, recordando centenares de anécdotas divertidas. A sus 57 años pocas cosas le sorprenden en el mundo de la enseñanza. Le planteo si ya imagina como va a ser la clase de esquí solo con ver a su alumno.
"Evidentemente que me hago una idea muy acertada de como va a ser la clase. Lo primero por como visten y por el material que llevan, pero claro, en ocasiones puede resultar engañoso. Recuerdo un alumno perfectamente vestido con ropa de marca y técnica, de lo más puntero, con buen casco, bota dureza 120, esquís de taller, todo nuevo, y que ya de primeras me dice que es un debutante. Que se compró el equipo en Andorra asesorado por un empleado de la tienda", explica Jordi entre la sonrisa y la desaprobación. Nada que ver con la primera impresión que dio el alumno en esos primeros segundos, que más bien parecía el alumno que contrataba un profesor para mejorar la tecnificación.
Jordi también identifica un tipo de alumno con el que tiene claro con el cual el problema no va a ser la clase en sí mismo, sino que va a ser un reto incluso llegar al final. Se trata del "debutante de edad bastante avanzada, que quiere aprender a esquiar sin antes haberlo hecho nunca, quizás recién jubilado, y en su día con un trabajo de mesa frente a un ordenador. Y con un físico que no ayuda. Ya sabes que incluso va a ser difícil llegar al final de la clase", afirma Jordi, que igualmente reconoce que en otras ocasiones un profesor de esquí puede convertirse en un confidente de un cliente que, más que "aprender o progresar en el esquí, necesita alguien con quien poder hablar y que le escuchen". Exactamente, es lo que le paso con un cliente-conocido hace un par de años. La clase de dos horas fue una charla forzada por el mismo cliente que lo que menos buscaba era una formación.
Gabriel Lopetegui es profesor de esquí con su propia escuela Cims del Pallars, radicada en Port Ainé. Aunque ahora ya dirige la escuela y otros negocios más que impartir clases, lleva ya 34 años en el sector y una dilatada experiencia en la enseñanza, formación en deportes de invierno, deportes de aventura y gestión en empresas de turismo, también de su propiedad.
Lopetegui coincide con la mayoría de profesores de esquí en que "es fácil imaginar como va a ser una clase de esquí cuando coincides cara a cara con tu alumno, pero claro, no siempre es así. No importa si el alumno va muy bien equipado o, por el contrario, con material ya muy usado. Es en el momento que visualizas cómo se mueve o como camina con las botas cuando ya puedes imaginar que tipo de alumno y que tipo de clase va a resultar". Y en la misma línea añade que "lo mismo ocurre cuando un alumno se muestra ágil en sus movimientos o pone una cara de asustadizo. Ya intuyes que actitud va a tener durante la clase y el ritmo de aprendizaje".
Aun así, sobre las presuposiciones o las apariencias, Lopetegui tiene una posición prudente y pone dos ejemplos muy representativos de lo que las paraciencias iniciales pueden llevar a pensar erróneamente.
"Fue el caso de un chico que contrató clases para practicar esquí fuera pista, porque dijo, que no se le daba bien y que necesitaba mejorar. Presuponía que era un buen esquiador y que habría que darlo todo en ese día, ja ja, pero la realidad fue que, solo bajar del telesilla y deslizarnos unos pocos metros para acceder a un fuera pista, vi que lo estaba haciendo en cuña", recuerda Gabriel.
Al mismo tiempo lo contrasta con este otro caso del que, literalmente, asegura que va a recordar toda la vida, cuando "un equipo de jugadores de hoquey contrato clases de iniciación. Para todos ellos era su primer día en la nieve y, contra todo pronóstico, a la segunda hora de clase acabamos bajando en un paralelo casi perfecto", explica Gabriel, que atribuye ese éxito a la similitud de movimientos entre el esquí y el patinaje.
En Candanchú y Sierra Nevada
Robert Puente lleva 30 años en la profesión. Con base inicial en Candanchú, en los últimos años lo hemos visto en el Snozone y sobre todo moviéndose por muchísimas estaciones. Debe ser uno de los profesores de esquí más conocidos y populares a nivel español. Aparte de esos 30 años vinculado a la formación, su currículum también es extenso en lo que se refiere a la competición. Es autor de varios libros y fue presentador de televisión del programa Todo Nieve. Y por supuesto, lo conocemos muy bien por ser colaborador fijo en Nevasport y ser el responsable del programa Reporteros de nieve que patrocina el portal de ofertas de esquí Esquiades.com.
Robert es de los que por regla general piensa, aunque admite que con excepciones, que un profesor de esquí ya se puede hacer una idea de cómo será un cliente y una clase de esquí “con solo ver como camina encima la nieve, como lleva los esquís, o incluso cómo va equipado. Ya te puedes imaginar con cuál tipología de cliente vas a pasar esa hora, o par de horas, que vienen por delante”.
Sin embargo, añade que “a pesar de esa primera impresión, se confirme o no pasado un rato, el oficio de tantos años te lleva a ser un poco pedagogo" y afirma que "ya sabes cómo llevar al cliente a un estado de motivación e interés en el cual el alumno quiera aprender y progresar. Al final eso es lo que interesa a ambas partes. Si entras bien, llegas puntual y prestas atención al cliente desde el primer minuto, este se queda contento, tranquilo y agradecido”.
Como anécdota, explica la de un ilustre cliente a quién hizo clases cuando apenas era un crío. “Tendría 5 o 6 años. En los primeros minutos, ya vi que hablaba mal, insultaba y su actitud era pasiva. Practicaba una cuña asimétrica total y parecía imposible que aprendiera. Solo hacía giros bien hacia un lado. ¡Me costó lo mío y al final lo logré, aunque reconozco estuve a punto de renunciar a darle clases desde el primer minuto o directamente dejarlo en manos de otro profesor, ja, ja!”, explica Robert, que recuerda esa experiencia precisamente por esos primeros minutos de encuentro de desmotivación absoluta del alumno.
Chio Delgado es bien conocida en Sierra Nevada por su larga trayectoria en el mundo de la nieve y de la competición. Por años en el sector y por experiencia en distintos ámbitos. Fue olímpica en Vancouver (2010), en la modalidad de SkiCros y aunque es de Huesca (dónde empezó a esquiar con apenas dos añitos), lleva en Sierra Nevada desde joven , donde se ha formado como deportista y entrenadora.
En el 2015, tras la retirada deportiva y unos años en Madrid en el COE, vuelve a la estación granadina para dirigir la escuela de esquí (Xhio Premium SkiSchool) y el equipo de tecnificación. Precisamente ha sido responsable del equipo de tecnificación de la Federación Andaluza de Deportes de Invierno y nexo de unión en el comité de freestyle con la Española.
Así pues, el alumno con el que se va a encontrar Chío en su día a día tiene poco que ver con las escuelas tradicionales. En su centro no se imparten clases por horas, sino de medio día, o día entero, lo cual ya deja entrever que se trata de una tipología de formación o enseñanza muy poco convencional. Le pido por esos primeros momentos de contacto con sus alumnos. ¿Te haces una idea de como va a ser la clase con ese alumno una vez lo visualizas por primera vez?
"En muchos casos sí. Aunque hay que tener en cuenta que hoy en día la equipación de gama alta es muy accesible y es común observar esquiadores con buena vestimenta y buenos esquís, aunque que quizás no sean grandes esquiadores. Puedes ver un principiante perfectamente equipado, pero realmente es cuando están llevando los esquís, como caminan o como están tratando el material para hacerte una idea acertada del tipo de esquiador que tienes delante", afirma Chío.
Y es que reconoce sin ambigüedades que los alumnos de su escuela, y más concretamente los de tecnificación, son ya de por sí un perfil muy concreto. "El alumno o corredor que llega aquí está muy motivado. Quiere progresar rápidamente. Es un esquiador confirmado, que viene a tecnificar, y eso ya te identifica como será la formación" razona la propietaria y directora de Xhio School. Así pues, cuando le pido por algún posible fracaso o renuncia por parte del alumno, por si en alguna ocasión existe quien se plantea abandonar al poco de iniciarse la formación, quizás por resultar dura o demasiado exigente, Chío, responde con absoluto entusiasmo que "qué va, ja, ja! Al contrario. Lo que acostumbra a suceder es que incluso han venido por medio día y quieren alargar hasta el final de la jornada".
En resumen, para Chío "es fácil de imaginar" solo con el primer contacto con el alumno cómo va a ser la jornada.
En la Vall de Núria y Vallter 2000
Vall de Núria es una estación de esquí pequeña con un tipo de público muy concreto: el familiar y el debutante que se inicia en el esquí alpino o en el esquí de montaña, muy en auge en los últimos años. Un segmento de clientes que conoce bien Oriol Mestre, guía de montaña y profesor de esquí de la compañía Oxineu Guies de Muntanya i Escola d'esquí. Lleva ya 18 años en el oficio. Aunque ha trabajado en otras estaciones y ha acompañado clientes en otros destinos, lo cierto es que la Vall de Núria es su zona de trabajo habitual.
Cuando le pregunto por esos primeros minutos de contacto con el cliente, explica que “ya estamos previamente informados por los compañeros de oficina, que nos indican con qué tipo de alumno vamos a tratar. Y con prestar un poco de atención a su forma de vestir, e incluso como acarrean el equipo, ya se intuye que tipo de alumno va a ser en la nieve. Si en el primer contacto intuyes que el cliente está incómodo, o que ha llegado forzado, enseguida adaptas tu vocabulario para que pueda estar más a gusto con la situación. Hay que procurar adaptarse a su posición”, argumenta Oriol, que también contrasta con el alumno que “si observas que llega bien equipado y que agarra bien los esquís y bastones, automáticamente sabes que su actitud va a ser receptiva y con ganas de aprender”.
En sus años como profesor se ha encontrado con múltiples situaciones. Desde el niño que llega con las botas derecha e izquierda intercambiadas en los pies, hasta el crío algo más mayorcito que, sin ganas de esquiar ni aprender, llega apático total “forzado por unos padres ansiosos para que empiece a esquiar lo antes posible. Y me he visto obligado a abandonar la clase a la media hora y hablar con los padres”, destaca.
O el caso extremo contrario, el del cliente excesivamente motivado y entregado. Explica que ese fue el caso de un alumno que, a través de un club de montaña del cual cabía suponer que se había hecho algún tipo de filtro, especialmente teniendo en cuenta que era un cursillo dirigido a iniciados que querían progresar, y se apuntó a una salida de skimo sin tener una base de esquí alpino mínima.
“En ningún momento el alumno dio señales de no saber esquiar. Se puso las pieles en los esquís, foqueó hasta la cima con el resto del grupo, con normalidad. Y cuando llegó el momento de bajar nos confesó que no tenía ni idea de esquiar. Ni siquiera sabía hacer cuña. Me hundí por no haberlo detectado. Me vi llegando de noche y sufriendo hasta la estación. Por suerte, ese alumno estaba tan motivado ya desde buen principio, con buena forma física, e imagino que poniendo tanta atención a todo lo que había que hacer que, con una clase de esquí expréss, increíblemente pudimos descender”, todavía recuerda Oriol entusiasmado y sorprendido por aquella experiencia.
Vallter es un tipo de estación con algunas similitudes a la de Núria, en la que también predomina el público familiar. Sus escuelas de esquí tratan mayoritariamente con debutantes, que con frecuencia son niños y niñas llevados por unos padres ansiosos de que aprendan rápido.
Aina Surinyach es profesora de esquí de la Escola d'Esquí Nord-Sud. La temporada 23-24 ha sido su primera campaña en la profesión, así que tiene poco que ver con todos los casos anteriormente expuestos.
Admite que a ella le gusta dar clases a los más pequeñitos, pero por el funcionamiento de la escuela, sus alumnos pueden ser de todas las edades. Uno de sus secretos para enseñarles a esquiar es ganarse la confianza de los pequeños y todo gracias a tener facilidad para conectar con ellos.
Como en el caso de Oriol, a ella ya le llega un primer informe muy breve del alumno al que deberá hacer clase. Cuál es su edad, si es su primera vez, si ya ha estado en contacto con la nieve y alguna otra observación. “En mi caso tengo que decir que tengo un tipo de alumno ya de por sí muy receptivo y con ganas de aprender. Los primeros segundos son muy importantes, en función de cómo sea tu primera aproximación dependerá que el alumno se sienta a gusto y te entregue su confianza, sobre todo cuando es un niño, y de si es tímido. Luego dependerá de su facilidad por aprender, de que se sienta cómodo y de si le gusta las primeras sensaciones practicando este deporte. Y finalmente, desde el minuto uno, lo importante es que la transmitas que se lo va a pasar bien”, declara Aina.
Pero tratar con niños también puede ser tarea difícil y con grandes incógnitas, ya que "en ocasiones hay niños pequeños que dicen estar cansados muy rapido y tienes que ir buscando diferentes recursos para motivarlos, para seguir disfrutando de la clase de esquí, y la mayorian lo consiguen y se lo pasan muy bien!", asegura Aina, por lo que tiene que tirar un poco de imaginación para intentar mantener su motivación en seguir aprendiendo.
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