Reportajes Viajes y aventuras en la nieve de nuestros visitantes
Última actualización: 06/02/2023 a las 17:57:00 (CET)

KitzSkiWelt 2022

KitzSkiWelt 2022
KitzSkiWelt es una marca comercial de nuevo cuño, producto de una estrategia de fusión de los dominios de SkiWelt y KitzSki, o lo que es lo mismo, Kitzbühel. Elegimos este destino por 2 razones, una más romántica y otra de carácter más pragmático: en primer lugar, cumplimos nuestro 10º aniversario viajando a Austria, y queríamos retornar a la primera estación que conocimos; y además porque es un dominio fácil de alcanzar en transporte público, y tras la experiencia del año pasado en el viaje a Innsbruck nos quedaron ganas de repetir.

¡OJO, LADRILLO! Avisaos estáis...

Dejo aquí el último post de nuestro blog de viajes, en el que narramos nuesrto último viaje de las pasadas Navidaes al "KizSkiWelt"

KitzSkiWelt es una marca comercial de nuevo cuño, producto de una estrategia de fusión de los dominios de SkiWelt y KitzSki, o lo que es lo mismo, Kitzbühel. Elegimos este destino por 2 razones, una más romántica y otra de carácter más pragmático: en primer lugar, cumplimos nuestro 10º aniversario viajando a Austria, y queríamos retornar a la primera estación que conocimos; y además porque es un dominio fácil de alcanzar en transporte público, y tras la experiencia del año pasado en el viaje a Innsbruck nos quedaron ganas de repetir.

Este año era un tanto complicado por fechas. Estos viajes los hacemos de sábado a domingo de la semana siguiente, pues así son los paquetes de alojamiento que ponen a disposición los establecimientos; salirse de ese guión puede suponer una subida de precios notable, y nosotros ya viajábamos en la semana más cara del año: del 24 de diciembre (Nochebuena) al 1 de enero (Año Nuevo). Este año se apuntaron Carl-Inox y la “Señora S.”, con quienes ha habíamos compartido viajes a Bad Gastein, Pirineo francés y Valle de Arán, así que nos pusimos con antelación manos a la obra a la tarea de localizar alojamiento. Después de días de búsqueda, fue un alojamiento encontrado por mi chica, la “Señora I.” el que nos respondía anunciando su disponibilidad y a un precio, sinceramente, muy competitivo: 77€ por persona y noche, en régimen de media pensión. ¡No olvidemos que viajamos en la que probablemente sea la semana más cara del año! El establecimiento era la Pension Brixnerwirt, en la localidad de Brixen Im Thale. El pueblo se encuentra en el fondo de un valle al que da nombre, en la carretera que une Wörgl con Kitzbühel. La ubicación es perfecta: tenemos un apeadero de tren en el mismo pueblo, 2 telecabinas que dan acceso al dominio de SkiWelt y parada de autobús que nos conecta con Kitzbühel en unos 10 minutos. Es decir, acceso a 2 zonas de esquí, una de 365 km. y otra de 235. Íbamos a tener pistas para aburrir.

Escribo “telecabina” porque durante el viaje fui debidamente instruido en que utilizar el término coloquial “huevo” es de paletos, si bien es cierto que para no parecer demasiado petulantes al final llegamos a una denominación mediopensionista de consenso: “telehuevo”.

El hecho de tener a tiro 2 zonas de esquí tales nos hizo decantarnos por el pase AllStar Card, que permite el acceso a la mayoría de estaciones de Austria. Por solo 30€ más en la tarifa de 6 días, podríamos jugar entre los 2 dominios a nuestro antojo, e incluso alguno más, como SkiJuwel, que cae relativamente cerca. Aunque al final, por pereza, no lo intentamos… Bastante teníamos con lo cercano. conservábamos nuestras tarjetas StarJack del viaje a Inssbruck el año anterior, así que las aprovechamos. Con este sistema no es necesario pasar por taquilla; compras tu pase en la web, introduces la numeración de tu tarjeta y automáticamente queda cargado. Así de fácil. Y los precios son los mismos que pagando in situ.

Tenemos alojamiento, tenemos pases, solo falta el transporte. La línea aérea, Lufthansa, como es habitual, por su política de no cobrar recargo por el equipaje deportivo de invierno. Sin embargo, este año son más restrictivos, pues solo se podía facturar 1 bulto (anteriormente permitían una maleta, funda de esquís y bolsa de botas). Ninguno problemo, pues nosotros viajamos siempre con nuestras fundas Douchebags, donde metemos esquís, botas, casco y parte de la ropa, mientras que el resto viaja con nosotros en cabina en una mochila del mismo fabricante. Resulta cómodo, porque las fundas tienen ruedas y las mochilas se le pueden acoplar, de forma que al bajar de avión solo hay que manejar 1 bulto. Otra estrategia que seguimos es la de llevar la ropa exterior con nosotros, en la mochila de cabina. La razón es que mientras esquís y botas es sencillo (y habitual) alquilar en caso de extravío de los nuestros, la ropa de esquí, especialmente la capa externa de GoreTex no es posible encontrarla en alquiler, y es demasiado cara para comprar un repuesto a la espera de que la aerolínea devuelva el equipaje perdido. Así que maletas hechas, y al aeropuerto. Los astures a Bilbao y os galegos a Porto; ese fue el único trayecto en medio de transporte particular, pues el horario de buses no es nada práctico. Como siempre, recogió nos recogió el coche Parkevoa, la compañía en que llevamos años confiando para tal menester: recogen el coche en la terminal a nuestra llegada y no lo devuelven en el mismo sitio al regreso. Imposible hacerlo más cómodo. Nos reuniríamos con nuestros compañeros de viaje en Munich con tan solo media hora de diferencia; de hecho, cuando nosotros nos dirigimos a recoger nuestro equipaje, ellos acababan de cargar el suyo.

Ya estábamos juntos, y tan solo quedaba por delante el tramo final hasta el hotel, que haríamos en tren. Un trayecto de media hora en S-Bahn del aeropuerto hasta la Ostbanhof de Munich, 1 hora de Railjet hasta Wörgl y finalmente 15 minutos en cercanías hasta Brixen Im Thale, nuestro destino. Finalmente 500 metros tirando de los maletones-funda y llegamos a nuestro hotel. Siendo el día de Nochebuena estábamos preocupados de si tendríamos cena en una fecha tan señalada, pero ya nos habían respondido por correo electrónico que si, así que nos despreocupamos de todo. Era la primera vez que llegábamos a nuestro destino tan temprano, así que dejamos el equipaje en nuestras habitaciones y nos fuimos a dar un paseo. Llegamos al pie de los remontes que dan acceso a pistas desde el pueblo, y nos llevamos la grata sorpresa de que un local de après-ski, el Brixner Stadl, estaba abierto ¡y a tope de marcha! Estaba siendo un viaje atípico, todavía no habíamos esquiado y ya estábamos de fiesta…
Fuimos capaces de no dejarnos llevar, y salir con dignidad del local después de algunas cervezas, y volvimos al hotel para la cena de Nochebuena. Nos portamos bien, y después de la sobremesa nos fuimos a nuestras respectivas habitaciones a felicitar las fiestas a la familia y después a meternos en cama, que al día siguiente tocaba esquiar.

SkiWelt, 25 de diciembre

El día de Navidad amaneció totalmente descubierto. Ni siquiera hacía mucho frío. Las condiciones de nuestro pase de esquí exigían que para validarlo lo usásemos por primera vez en SkiWelt, así que nos dirigimos al telehuevo que da acceso al sector norte del dominio.

El paisaje era un tanto desolador. Hacía semanas que no nevaba en todo Centroeuropa, y la nieve escaseaba. Nos movíamos por una zona de uno 700 metros de altitud, y todo a nuestro alrededor estaba verde, donde destacaba tan solo una cinta blanca de las pistas que bajan a los pueblos. Sin embargo, las bajas temperaturas les permitían conservar lo que había caído y también producir nieve de cañón, así que nos llevamos una grata sorpresa al llegar arriba. Absolutamente todo el dominio a nuestra disposición estaba abierto, así que pusimos pies en polvorosa para intentar llegar al punto más alejado de donde estábamos. Bajamos a Scheffau, posteriormente a Elmau y finalmente llegamos a Going Am Wilden Kaiser, que es el nombre de la sierra que delimita nuestro dominio de esquí por el norte. Ya nos habíamos pasado más de la mitad de la jornada de esqui para llegar, así que emprendimos la vuelta, no sin antes parar en algún punto de la estación para tomar una cerveza y comer algo. Ese día no nos pasamos mucho, pues nos habían puesto la cena para ¡las 5 y media de la tarde! ¡Eso es la hora de la merienda! Avanzábamos rápido, esquiando solos, sin gente en las pistas y, por consiguiente, sin hacer colas. Todavía nos daría tiempo de tomar unas cerves en al Brixner Stadl antes de volver al hotel.

Kitzbühel, 26 de diciembre

Este día tocaba tomar bus por la mañana. La parad estaba enfrente de la puerta del hotel. Nos montamos sin agobios, pues no había apenas gente a bordo, y en 12 minutos nos dejaba al pie del telehuevo Fleckalmbahn, que da acceso a la estación de esquí de Kitzbühel desde Kirchberg. Lo primero que hicimos fue dirigirnos hacia el Hahnenkamm, el pico desde donde parte la famosa carrera de esquí de descenso. Fotos en el portillón de salida para el recuerdo, y bajamos hasta el pueblo por la pista que se retuerce alrededor de la de carreras. Volvimos a ascender en el famoso telehuevo que lleva los nombres de los ganadores de la carrera y nos dirigimos hasta el sector de Pengelstein. La idea era tomar el teleférico 3S para cruzar el valle y llegar al extremo opuesto de la estación, ya en Mitersill.

La nieve, aunque vieja, se conservaba en perfectas condiciones, lo cual, unido a la escasa afluencia en pistas, nos permitía ir bastante rápido. Así llegamos al Paß Thurn, el puerto que da acceso al valle de Pinzgau y donde se encuentra la divisoria entre los estados federados de Tirol y Salzburgerland. Cogimos el Panorahmabahn para emprender el regreso, pero con la soleada tarde que se había quedado era imposible no parar arriba del todo, a comer algo reconstituyente en una terraza y tomar una cerveza, disfrutando de unas vistas espectaculares.

Ya de regreso a nuestro lado del valle, decidimos dar por finalizado el día d esquí en el pueblo de Kitzbühel, para palpar el ambiente de una de las mecas del esquí alpino, y todo hay que decirlo, del famoseo, del lujo y del postureo. También aprovechamos para intentar poner remedio, infructuosamente, a las molestias que las botas estaban causando a Isa. Finalmente, un error de cálculo nos llevó a pedir un taxi para volver al hotel: tras esperar varios minutos nuestro autobús, decidimos preguntar a un lugareño que nos confirmó que el día 26 era festivo y ya había pasado el último…

SkiWelt, 27 de diciembre

Un primer vistazo desde la ventana de la habitación deja claro que este día será diferente; al contrario que las jornadas anteriores, el cielo se encuentra totalmente cubierto, y se ve helada desde la ventana, signo inequívoco de que la temperatura ha caído.

Elegimos para este día el lado sur del dominio de SkiWelt, el sector de Westendorf, al que accedemos desde el mismo punto que el primer día, pero tomando el “telehuevo” del lado contrario de la carretera, llamado, precisamente, Skiweltbahn. Al desembarcar en la estación superior, nos recibe una ligera nevada que ya había depositado unos 10 centímetros de nieve fresca a lo largo de la noche. Tomamos dirección hacia el Ki-Westbahn, el extremo sur de la estación, ya en el valle del Sperten, a escasos kilómetros de uno de los accesos a la vecina estación de Kitzbühel. El Spertental discurre desde Kirchberg hasta Aschau, en el fondo del valle; en ese pequeño pueblo nos alojamos en 2013, la primera vez que viajamos a Austria, en un hotel al fondo del valle, llamado Aschauerhof. El precio, 565€ por persona en régimen de media pensión y con el forfait de 6 días incluido. Nada que ver con 10 años después, desafortunadamente…

Bajo la nevada seguimos ratoneando por las pistas de Westendorf hasta llegar al final, con las pistas del sector de Penglestein de Kitz ya a la vista, cuando era ya mediodía, y había dejado de nevar. Comenzamos el regreso hacia Brixen sin paradas, y al llegar a nuestro pueblo, cruzamos la carretera y remontamos la ladera opuesta del valle para tratar de llegar a Soll; pero viendo que habíamos sido demasiado optimistas, descartamos la posibilidad de bajar al pueblo, nos entretuvimos por la zona, unos subiendo al Höhe Salve, que con sus 1.830 metros da inicio a la pista más alta de la estación, otros esquiando en la zona intermedia, para finalmente regresar a Brixen casi al cierre de la estación. Esta vez hicimos la bajada en cabina, pues ya habíamos recorrido la pista que desciende hasta el pueblo el primer día, y esas bañeras de nieve de cañón congelada no eran apetecibles en absoluto.

Como siempre, incapaces de resistir la llamada del Brixner Stadl y su música machacona, nos tomamos unas cervezas antes de volver al hotel a cenar y descansar.

Kitzbühel, 28 de diciembre

Se notaba que los días más familiares habían llegado a su fin, pues la afluencia de gente a la estación había aumentado considerablemente. Ya el autobús iba más lleno que el primer día, y al pie del Fleckalmbahn la cola de acceso al “telehuevo” era más compacta.

Dedicaríamos el día a recorrer la zona norte de la estación, la que se arremolina alrededor de Kirchberg y Kitzbühel, pues el extremo opuesto ya lo conocíamos desde el primer día. Comenzábamos a sufrir las primeras colas, y las pistas se llenaban de bañeras antes de lo habitual ante el abundante y continuo flujo de esquiadores. Buscar alivio fuera de las pistas era totalmente inviable, pues la escasa nieve que había estaba dura como el pedernal.

A media jornada decidimos cambiar el plan inicial y tomar el teleférico 3S, cruzando de nuevo el valle hacia el otro lado, con idea de bajar hasta Jochberg y la esperanza de que la concurrencia de esquiadores no fuese tan elevada. Acertamos de pleno. Pudimos hacer un par de bajadas hasta el pueblo casi solos, y tan solo volvimos a encontrar una pequeña multitud al tomar el remonte que nos llevaría de vuelta al 3S. Tanto habíamos apurado la jornada que en algún remonte nos miraban con cara de perdonarnos la vida, pues éramos prácticamente los últimos en regresar.

En esta ocasión desdeñamos la posibilidad de bajar a Kitzbühel de après-ski, y volvimos por donde habíamos venido. Un enorme atasco provocó que el autobús llegase tarde y demorase todavía más en salir, de modo que la espera hizo que perdiésemos las ganas de fiestear. Los cuerpos pedían algo de descanso, y tan solo Isa y yo prolongamos el viaje hasta nuestro acceso a SkiWelt para dejar los esquís para hacer cera y cantos. Nos venía bien dejarlos allí, pues de ese modo los podríamos recoger al día siguiente por la mañana antes de subir.

SkiWelt, 29 de diciembre

Nos habían quedado 3 sectores de SkiWelt por recorrer: Söll, Itter y Hopfgarten, y serían los 3 destinos para la penúltima jornada de esquí. Tras 2 días de fresquete, las temperaturas habían vuelto a subir, y se notaba en la calidad de la nieve en los valles. Yo no aguantaba hasta mediodía, sino que a media mañana ya se empezaba a poner pesada. En las partes altas, sin embargo, seguía absolutamente marmórea. Esas condiciones tan cambiantes provocaban que se viesen caídas por todos lados, y tras contabilizar hasta 5 helicópteros recogiendo lesionados, alguno en nuestras propias narices, hizo que nos lo tomásemos con calma.

Bajamos a Hopfgarten en primer lugar, y tanto nos gustó la bajada que repetimos. Larga y poco concurrida; y al ser a primera hora, la nieve aguantó perfectamente. Viendo que la nieve se soltaba, esta vez si subimos los cuatro al Höhe Salve y lo descendimos por su parte posterior, esta vez camino de Itter. Ya finalmente, camino de Söll, rozando el medio día, encontramos un Hütte en medio de pista que tenía buen aspecto y nos detuvimos a almorzar. El único momento desagradable del viaje, pues olvidos en la comanda, demasiada demora en servir la mesa y la mala educación de la camarera hicieron que nos fuésemos bastante enfadados camino de Söll. Cualquier escriba echa un borrón, pero no es lo habitual en la zona, todo hay que decirlo.

Regresamos en el Hexenwasser Gondelbahn hacia el núcleo más familiar de la estación, un auténtico “Triángulo de la Bermudas” donde el lío de pistas y remontes puede hacer que pases un buen rato dando vueltas hasta encontrar el camino correcto; en gran medida es culpa de la forma de señalizar de la estación, un tanto particular y nada que ver con su vecina Kitzbühel, donde las indicaciones son totalmente claras. Afortunadamente encontramos nuestra ruta a la primera, y subimos una segunda y última vez al Höhe Salve para emprender el regreso hacia Brixen, donde esta vez, fueron La “Señora S.” y Carl-Inox quienes dejaron sus esquís para hacer mantenimiento. Y claro, enfrente del taller, el Brixner Stadl…

Estaba claro que era el día de fiesta. Penúltimo día de viaje para la inmensa mayoría de turistas en la zona, y había que darlo todo. Cerveza va, cerveza viene, algún Aperol Spritz y varios Flying Hirsch y tuvimos que salir por piernas antes de que se nos pasase el horario de la cena, donde todavía cayó alguna cerveza más, e incluso en la habitación, pues teníamos provisiones del día anterior. La vida austríaca es muy dura…

KitzSkiWelt, 30 de diciembre

Cuando se está de fiesta, se está de fiesta; y cuando se esquí, se esquía. Los excesos de la tarde-noche anterior no fueron para tanto en realidad, pues a las 11 ya estábamos en cama. Cuando no hay que picar piedra da tiempo a todo, así que la noche loca no fue impedimento para estar desayunando a la hora de costumbre en nuestro último día de esquí.

Ya habíamos visitado todo, así que no quedaba nada nuevo por explorar, por lo que pusimos un plan diferente: cruzar esquiando el sector de Westendorf y pasar a Kitzbühel con el bus que une K-West con Penglestein. La noche loca si parecía haber mella en otros, pues de nuevo había bajado la cantidad de gente en las pistas. Llegamos al final del dominio, nos montamos en el bus y cruzamos a la otra estación. Poco a poco fuimos volviendo al Hahnenkamm, y propuse a mis compañeros bajar la Streif, la pista de carreras de la Copa del Mundo de Descenso, que en realidad está marcada como un itinerario balizado. Algún recelo inicial, pero la nieve estaba en perfectas condiciones. Pwero desafortunadamente solo pudimos bajar hasta la Mausefalle, el primer salto que dan los competidores. El resto del recorrido estaba cerrado al público debido a la escasez de nieve y habida cuenta de la proximidad de la carrera, tan solo 3 semanas más tarde. Al menos pudimos pisarla un poco, y seguir su trazado por las pistas aledañas, reconociendo diferentes puntos de la que con seguridad es la pista más mítica del esquí alpino.

Pero no habíamos ido a mirar únicamente, si no también a esquiar. No pudimos resistir la tentación de echar un vistazo al glamour rayano a la horterez de una parte de la concurrencia, y seguimos a lo nuestro. Nos habían quedado pendiente el Steinbergkögel, con sus 3 espectaculares pistas negras: Direttissima, Powder Heaven y Griesalm. Al ser una zona con menos tránsito de esquiadores debido a su exigencia, y una ladera norte sin apenas insolación a lo largo del día, la nieve estaba simplemente deliciosa. Asi pues, satisfechos tras entretenernos en la zona, decidimos empreder el regreso por nuestros propios medios, pues todavía nos quedaba tiempo… o eso creíamos.

Bajamos de nuevo a Penglestein, autobús y de nuevo en SkiWelt, camino de casa. Divisamos un Hütte, el Fleidingalm Jausenstation y de repente, se nos pasó la prisa. Una cabaña de madera preciosa, con su estufa cerámica y decorada con enseres y fotos de época. A pesar de estar prácticamente vacío el local y ser los últimos, nos dejamos estar allí, tan a gusto. Sabíamos que eran las últimas bajadas del viaje, y de alguna forma las estábamos postergando… tanto que casi se nos va de las manos!! Camino del Choralmbahn, el último remonte que necesitábamos coger para no tener que coger el bus de regreso, ya nos habían salido los pisters al paso para indicar el camino correcto. Llegamos, subimos y, salvo Susana, ya no nos volvimos a calzar los esquis. Ella fue la última valiente que bajó a Brixen por la pista, los demás nos dejamos meces por el suave bamboleo del telehuevo que nos dejó frente al Brixner Stadl para una última birra.

Munich, 31 de diciembre

Las 9 de la mañana y 8,3º en el exterior. Parece que nos escapamos justo a tiempo, pues se espera una inusual subida de temperaturas la semana siguiente.

En lugar de arrastrar los maletones, tomamos el bus interurbano que es gratuito para esquiadores… pero como ya no éramos tales, sino unos viajeros cualesquiera, tendríamos que pagar. Sin embargo, amablemente el conductor no nos cobró, por ser un trayecto de tan solo una parada hasta la estación de tren. Tan solo un transbordo en Wörgl después, estábamos montado en el convoy que nos llevaría a la estación principal de Munich, en pleno centro, donde íbamos a pasar la Nochevieja. Dejamos todos los bártulos en el hotel y nos fuimos a comer. Schweinshaxe, un codillo por cabeza, regado con cerveza; no podía ser de otro modo.

Antes de que nos conquistase la modorra, nos fuimos a dar un paseo. Recorrimos toda la parte vieja de la ciudad, con calma, disfrutando del ambiente festivo de la última tarde del año. Los muniqueses habían tomado las calles ya a esa hora, en lo que era el aperitivo antes de la cena; es sabido que tienen una costumbres más tempranas que las nuestras. Nosotros seguimos a lo nuestro, haciéndonos los remolones. Tras un par de intentos fallidos de reservar una mesa, decidimos que cenaríamos en la Hofbräuhaus, un lugar donde no se necesita reserva, pero hay que andar avispado para coger mesa. Todavía tendríamos tiempo de ir hasta el hotel para una ducha, una siesta de una hora y de nuevo a la calle.

Una hora más nos costó conseguir mesa; no mucho más que cualquier día de fin de semana en hora punta. Aquí se comparte mesa, al estilo de las pulpeiras Donde veas un hueco, pides paso y en breve aparecerá un camarero. Nuestros compañeros, en esta ocasión fueron una chica peruana, su marido suizo y su hijo, que habían venido a Munich a pasar las fiestas navideñas. Acabamos de cháchara todos juntos, intercambiándonos teléfonos e invitaciones de visita.

Ya al filo de la medianoche nos dirigimos todos a la Marienplatz, con la firme intención de comernos las uvas al son del reloj del consistorio viejo. Pero nuestro gozo en un pozo… Ni una campanada, ni una cuenta atrás, ni nada de nada. De repente, la multitud empezó a gritar, a tirar fuegos artificiales y a abrazarse, por lo que intuimos que ya estábamos en el nuevo año. Bueno, al menos no fue tan sórdido como el año que tuvimos que cenar pizzas precocinadas en el Gasteinertal! Las 12 uvas del bote al gaznate del tirón y a felicitarnos el Año Nuevo.

Todavía nos dimos tiempo para ir hasta el mercado viejo para brindar con una botella de Prosecco y una última ronda por invitación de nuestros compañeros de mesa. Y con eso, llegó el momento de recogerse, pues al día siguiente todavía teníamos por delante el último madrugón, antes de partir hacia el aeropuerto. Llegamos en 50 minutos escasos, en tren, y a la misma terminal. Muy cómodo. Pasamos el control de embarque y todavía desayunamos todos juntos, antes de dirigirnos cada uno a nuestras puertas, tras despedirnos. Nuestros vuelos volvían a salir con media hora de diferencia, y aunque nosotros teníamos un trayecto mucho más corto, todavía nos entretuvimos de camino a casa, pues conseguimos mesa en un restaurante de Vila do Conde para empezar el año con buen pie y la barriga llena.

Otro viaje a la buchaca. Ya van 13 viajes a Austria en 10 años, y siempre con la ilusión del primero. A dónde será el próximo?

Y de traca final, el "bidio" del viaje:

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9 Comentarios Escribe tu comentario

  • #1
    Fecha comentario:
    25/01/2023 00:21
    #1
    Espectacular viaje! Kitzbühel fue también destino de mis primeros viajes a Austria. Espectacular estación, vistas, huttes....

    Fantástico reportaje. Casi nos lo hemos pasado tan bien leyéndolo como vosotros ahí....Bueno no, vosotros mucho mejor en Austria.

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    • Gracias!
  • #2
    Fecha comentario:
    25/01/2023 10:11
    #2
    Espectacular repor, SkiWelt fue también nuestra primera incursión a Austria allá por el 2002, sin duda uno de los mejores viajes de esquí que hemos hecho, Austria nunca defrauda

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    • Gracias!
  • TMG
    TMG
    #3
    Fecha comentario:
    26/01/2023 00:47
    #3
    Muy buen reportaje, se nota que disfrutasteis mucho.

    Por poco no coincidimos, estuve esquiando con mi hijo en Kitzbühel del 20 al 23 de diciembre y en SkiWelt el 31 de Diciembre y visitando Munich el 1 de Enero.

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    • Gracias!
  • #4
    Fecha comentario:
    26/01/2023 14:00
    #4
    Pedazo de reportaje, niño!

    Me apunto el sitio este, que yo había estado mirando Ellmau, pero este año iba ya tarde. Ya te preguntaré cositas.

    Abrazos y besos! ;)

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    • Gracias!
  • #5
    Fecha comentario:
    27/01/2023 09:02
    #5
    Curiosamente nos cruzamos el día 31, Y efectivamente, como bien dices, fué una semana con temperaturas más altas todavía en ése inicio de invierno verde Europeo.
    Gracias x compartir; :+:

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    • Gracias!
  • JAO
    JAO
    #6
    Fecha comentario:
    30/01/2023 15:16
    #6
    Pedazo de viaje!!!!
    Enhorabuena y gracias por contarlo (y ponernos los dientes largos) :+:

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    • Gracias!
  • #7
    Fecha comentario:
    30/01/2023 16:45
    #7
    ¡Mancantao el reportaje! A ver cuando puedo yo hacer algún viaje de esos.

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    • Gracias!
  • #8
    Fecha comentario:
    30/01/2023 17:16
    #8
    #7 :lol2: :lol2: :lol2:

    Qué cara más dura tienes... Si todavía te estás relamiendo de gustirrinín del que acabas de volver!!

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    • Gracias!
  • #9
    Fecha comentario:
    30/01/2023 17:27
    #9
    #4 Ya tu sabeh que puedes preguntar todo lo que tú quieras, salao. Y gracias por el piropo.

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    • Gracias!

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