Repuestos del esfuerzo y llegado el último rezagado, disfrutamos como se merece las despejadas palas de la primera parte de la ruta. Luego llega una zona de cotollas y arbustos, una delicia ir sorteándolas pero, eso sí, con mucho ojo de no quedar enganchado en los alambres de los cercados enterrados en la nieve. Superamos algún que otro obstáculo y después de cruzar el bosque del final llegamos a Redipuertas donde nos esperaba nuestro gran amigo Jose para llevarnos de vuelta a la estación, y a píe de pista nos dejó, todo un detalle, sí señor.














































