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Última actualización: 19/04/2021 a las 17:07:00 (CET)

El rabillo del ojo

El rabillo del ojo
Mucha gente me pregunta cómo tumbarse más al final de una vuelta, cómo controlar la velocidad en una fuerte pendiente en giros amplios o cómo es eso de iniciar un viraje “colgándose” desde el techo de la curva.

Mucha gente me pregunta cómo tumbarse más al final de una vuelta, cómo controlar la velocidad en una fuerte pendiente en giros amplios o cómo es eso de iniciar un viraje “colgándose” desde el techo de la curva. Todos estos gestos - que hoy llevamos a cabo fácilmente gracias a los esquíes de carving – se pueden mejorar con un truco simplísimo que no tiene que ver con la cadera, las rodillas, la separación de las piernas ni nada de eso, sino con algo mucho más sencillo: el rabillo del ojo. 

Cuando ya somos capaces de conducir una vuelta aceptablemente, es posible que nos encontremos con que en las palas fuertes no somos capaces de controlar muy bien la velocidad. El truco para conseguirlo sin derrapar es remontar en la pendiente. Para ello, nada mas comenzar el viraje, miraremos con el rabillo del ojo al monte, al lugar hacia el que queremos – precisamente – “remontar”. Esto, por una cuestión biomecánica que aquí se hace muy extenso explicar, hace que nuestro cuerpo se mantenga centrado y perpendicular a la trayectoria del viraje, pero lo mejor es que hace que inconscientemente se incline uno más al interior pues es allí adonde tiende a mirar. ¿A que es sencillo? 

Con esto se consigue una buena dosificación entre la angulación y la inclinación, lo que facilita el trabajo de los esquís y asegura una buena conducción, fluida y con velocidad más o menos constante. Pero lo mejor es que todo el gesto se lleva a cabo de una manera más rápida y dinámica. Por ejemplo, en la bicicleta de montaña es igual; inclinarse más no es tanto una cuestión de “tirarse” adentro de la curva como de mirar al lugar adecuado y, así, tumbar ni más ni menos de lo que pida el viraje. 

En cuanto queramos iniciar la siguiente vuelta no tendremos más que utilizar de nuevo la mirada y, aquí viene lo bueno. Al girar la cabeza hacia el valle, debido como dije antes a la mecánica de nuestra “arquitectura ósea y muscular”, nos encontraremos de repente lanzándonos hacia la máxima pendiente y comenzando el siguiente viraje. Este gesto, bien compenetrado con las propiedades de reacción de los esquís (y, por supuesto, la intención de comenzar una nueva vuelta) es una de las mejores armas para iniciar un giro a mucha velocidad. Observad, por ejemplo, a Hermann Maier o a cualquier corredor de Copa del Mundo cómo gira la cabeza sistemáticamente cada vez que inicia una vuelta en un muro. 

Todo esto tiene una explicación muy compleja pero que puede resumirse en algo muy simple, y es que el cuerpo tiende a ir hacia donde se mira. Utilizando el rabillo del ojo se esquía más dinámico y más seguro, porque uno dirige el vehículo por donde quiere y con más anticipación. 

¡Buenas huellas!

Carolo©2001

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