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Curro y Melga
Enviado: 03-04-2021 20:50




COMO TÚ, 268 metros, 6c/A1e, Los Vados, Granada.




(HABLA CURRO)
El Escalate es una gran pared, una inmensa mole, un gigantesco monumento que, al estilo de muchas paredes y tapias dolomíticas, destaca espectacularmente por encima del resto de paredes del espectacular cañón que el río Guadalfeo formó a su paso por el paraje conocido como Los Vados. La grandiosidad de este cañón se pone de manifiesto cuando circulamos por la antigua carretera nacional en dirección a la costa y, poco a poco, nuestra vista, según bajamos, se va topando con las distintas paredes de la zona. Al bajar, la pared con más protagonismo visual es la Pared de la Virgen. Pero no es hasta que se regresa a Granada por esa misma carretera cuando de verdad nos sorprendemos, tras una curva, con la inmensidad del Tajo del Escalate que, casi tocando el cielo, se nos viene encima.
Ya de niño, cuando yo no escalaba ni tenía ni idea de que la escalada se fuera a convertir en el eje de mi vida, estas paredes ya me sobrecogían las entrañas. Después, cuando comencé a escalar y ya metidos en faena, hice el Diedro blanco y, al poco tiempo, mira por dónde, me surgió la oportunidad de hacer el Koala, en el Escalate. Fuimos una cordada de tres, dos de mis mentores y yo, y como yo era totalmente novato porque no pasaban ni cinco meses desde que comencé a trepar, pues me iba a tocar ir “de paquete” y ellos decidirían todo. La primera decisión fue que, como había muchas dudas y miedos, haríamos la vía en dos días, sí, dos días con vivac en pared. Y esto a mí me resulto, como mínimo, asombroso y a la vez alucinante. Cual no sería mi sorpresa cuando al llegar a la vía y estando Ramón dando el primer largo, el otro compañero dice que se va a casa… Reestructuracion del planteamiento, recapacitación, seguimos, tú tira para abajo con lo que ya no hará falta y Ramón y yo a seguir, que para eso hemos venido. Llego yo a la reunión y tira tú que a mí me da la risa. Oseáse: Que pasé de ir “de paquete” a tener que dar un largo cada uno. Llegamos a lo que sería el vivac, tú escarbas por aquí, yo por el otro lado, rellenamos con lo que pillamos a mano y hacemos una plataforma más o menos medio en condiciones para pasar una noche “inolvidable” dos buenos amigos y, mira por dónde, en pleno marzo y con un bajón de temperaturas de los que sólo ocurren en esta tierra. Inolvidable fue el reparto de cargas que hicimos con el Lulu cuando él abortó la misión. El muy cabrón se llevó para abajo todo el agua de que disponíamos para el vivac y para el segundo día de escalada. Menos mal que no se llevó ni el tabaco, ni lo otro para darle gustillo al tabaco. Penas con pan son menos penas. Por supuesto que hicimos la vía. Esto es Numancia, de aquí no se va nadie. Pero esa es otra historia.
Mi siguiente contacto con la pared fue el intento de hacer la vía Reyes Magos. Pero no pudo ser, nada. La entrada repleta de pencas y arbustos pinchúos hizo que ni nos atasemos.
Y al tiempo, el mito: la Alfa-Centauro. ¡Qué nombre más bonito y qué via En ese momento era la vía mas larga y dura de Granada y aquello fue un sueño hecho realidad.
Y heme aquí, pensando y en modo estupefacto: ¿Cómo es posible? Sí ¿cómo es posible que un monumento como el tajo del Escalate tenga tan solo tres vías abiertas? Y lo sigo pensando después de deambular por el Midi, Ordesa, Naranjo, Terradets, Riglos, con cientos de vías y vías abiertas a lo largo de tantos años…
¿Cómo es posible? ¿Contribuirá a ello la fama de la roca? Sí, hay tramos con mucha piedra suelta y vegetación y, lo que es peor, tramos con mucha cascarilla y muchos tramos de lo que aquí llamamos “crocanti”, pero no todo, ¿no?
La roca en esta tapia la definen los colores: gris, gris-negra, rojo, rojo-naranja y marrón. En los dos primeros colores, encontramos buena roca, aunque en la negra con liquen. Al color rojo y rojo-naranja, aunque sea con condicionantes, se le puede sacar bastante partido (aunque suele tener bloques sueltos o adosados). Y con el color marrón, vas a encontrarte pastelazo casi seguro. Luego hay alguna que otra veta blanca, que suele ser buena roca, pero con poca adherencia. Con esta escala de colores ya podemos hacernos una idea de lo que nos vamos a ir encontrando.
Y aquí estamos de nuevo. Después de mirar la pared y volver a mirar fotos y verla y volverla a ver con prismáticos, me voy trazando en la imaginación una línea que creo que podría intentarse. Y mira por dónde, esta línea comienza en la parte más baja de la pared y termina en la más alta, surcando todo el centro de la muralla. De hacerla, sería la vía más larga de la pared, en torno a los 280 metros, totalmente vertical. ¿Saldrá? ¿Será posible hacerla o acaso me está pudiendo la ambición o la prepotencia? Porque no sólo busco una línea, sino LA VIA y, por supuesto, no quiero ni engaños, ni “tu-tías” Quiero LA VIA, y por supuesto desde abajo, lo más limpia posible y a ser posible en libre. No me interesa el artificial. Así que estas son las premisas y, con ellas, consigo convencer a mi amigo Rafa, Rafael Ibero.

PRIMER LARGO: Estamos en el año 1986. Creo que en primavera. Después de deambular por el pie de vía, “mira por aquí parece”, subo una plaquita como formando gradas tirando hacia la derecha, meto un buril y comienzo una travesía a derechas con un pasito fino. Luego, por encima de una laja, voy a buscar una especie de canaletas que van formando diferentes torres de roca marrón, de aspecto tétrico y desplomadete, pero al mismo tiempo sorprendentemente escalable, aunque no fácil, y el tramo entero me permite colocar unos cuantos buenos fisureros. Salgo de la canaleta y me subo a la última torre, que queda cerrada por un desplome. Hasta aquí llego ese año de 1986. Destrepo un poco, meto un clavo donde puedo y me bajo. Segundo intento: Pasaron unos cinco años. Se van dejando las cosas para otro día y al final se alargan. Necesito otro compañero, porque Rafa está en otras cosas. Convenzo a Antonio Cantos, Antoñillo de Motril, y vuelta al tajo. Sería el año 1991. Llego al clavo, sigo hacia el desplome, consigo meter un spit y p’arriba, con pasaco incluido, placa a la vista. A duras penas consigo introducir una plana uno dos centímetros, meto estribo y, ya al salir en libre, justo al liberar el peso del estribo, se sale el clavo… vuelo sin motor hasta debajo del desplome. Aparentemente estoy bien y, de pronto, siento un impacto en la esquina izquierda de las gafas, donde se me produce un desconchón.f La maza, con su cordino de 2 metros voló zumbando directa a mi sien y si no llega a ser por las gafas… Como estoy bien, pues sigo. Consigo introducir otra vez la plana, porque no hay otra cosa mejor, pero esta vez no me arriesgo y, sin forzar el estribo, en un santiamén meto otro spit, uff. Prosigo, otro spit más, un fisurero y ¡reunion!! Y el gran misterio de esta vía: En la reunión me encuentro 2 clavos. Monto reunión, recupero las cuerdas, sube Antonio y con el trompo que hemos conseguido, montamos una R con dos parabolt. Lo de los dos clavos me sigue rondando la cabeza. Pero ¿cómo? Seguro, totalmente seguro estoy de que, por donde yo he subido, antes no lo ha hecho nadie, ni un solo rastro y, por los alrededores, imposible subir… A día de hoy sigo pensando lo que entonces deduje, que alguien llegó hasta allí rapelando desde arriba. Aunque esto está aún por confirmar. Hace poco supe que en la tercera reunión de la Innominata, la vía que queda unos diez metros a la izquierda, hay unos buriles antiguos. ¿Igual estos clavos son de alguien que se bajara desde allí? Dándole vueltas de nuevo a este asunto, mira por dónde me han confirmado que efectivamente así fue.

SEGUNDO LARGO: Increíble, miro p’arriba y hay una fisura que primero forma un diedrín y luego, cortando una placa un pelín desplomada, parece que sigue, aunque intermitente. Progreso en libre. Meto primero un clavo, luego unos fisus y algún otro clavo, meto un spit, otro a continuación, otro clavo. A veces uso los estribos, sobre todo para meter los spit, pero en líneas generales voy subiendo en libre. Desde este último clavo, siempre en libre y con algún fisurero, llego a un enorme arbusto de varas pinchúas totalmente tiesas de más de tres metros de largo y de ancho. Lazo con un cordino todo lo que puedo de él y, a duras penas y arrastrándome como un lagarto entre pinchos, llego a donde monto la R2. A continuación, Antonio sube de segundo con la consigna de quitar sólo y exclusivamente los clavos malos y en su lugar poner un parabolt. Llega a la reunión y empezamos a rapelar. Y cuál sería mi sorpresa cuando, según vamos rapelando, veo que ha cosido el largo a parabolts. Al llegar al suelo y pisar tierra firme, me doy cuenta del verdadero alcance de la caída. Tengo el tobillo izquierdo destrozado. Acabé el día en el hospital.

TERCER LARGO: No vuelvo hasta dos años después. También me acompaña Antonio. Como no habíamos fijado ninguna cuerda, pues vuelta a empezar. Encadeno sin problemas el primer y segundo largos y comienzo a abrir el tercero. Subo unos ocho metros de una evidente rampa hacia la derecha que me deja en la entrada de un diedrito, donde, no sin esfuerzo, consigo colocar, de primero, un parabolt. Subo el diedrito y me coloco en la entrada de una placa, donde meto un spit. A continuación meto dos clavos en paralelo, subo unos tres o cuatro metros más e introduzco una buena U, de la que Antonio me descuelga un metro para tirar un gran bloque que estaba peligroso. Al caer, el bloque quedó dividido en dos cubos perfectos, de los cuales, uno se quedó a pie de vía y el otro fue rodando y rodando pendiente abajo hacia la carretera, donde tenía aparcado el coche recién comprado. En su último rebote, el dado de roca se desvío un metro de la trayectoria que llevaba y mi coche quedó a salvo afortunadamente. Después de tirar el bloque, me desvié a una canaleta que quedaba a la izquierda y que me condujo a un diedro en cuyo final monté la R3. Hasta aquí llegamos ese día. Días después, regresamos para repetir todo lo abierto e ir limpiando. Es entonces cuando, al volver a observar el cuarto largo, vimos que tenía bastante miga por el aspecto de la roca y nos planteamos dejar la vía equipada en un estilo más deportivo. Con este planteamiento, enderezamos el tercer largo en su tramo superior para no entrar en la canaleta de la izquierda y ponemos tres parabolts desde arriba. Sin embargo, el primer largo, nunca lo llegamos a dejar equipado de este modo.
Los años fueron pasando y el proyecto se fue quedando en el aire porque, poco a poco, yo fui apostando claramente por la escalada deportiva hasta que, aproximadamente en el año 2015, intenté retomar esta apertura. Convencí a Mountjoy para continuar con ello, pero bajando ese día con el coche, me golpearon por detrás en un semáforo, mis cervicales se jodieron y tres meses de rehabilitación frustraron mi empeño. Casi treinta años habían pasado ya desde que me metí por vez primera en la vía. Estamos en febrero de 2020. Vuelta a empezar. (HABLA LUIS) No era la primera vez que el Curro me hablaba de ese proyecto que tenía a medias en el Escalate desde el año de Maricastaña. Y en una de esas, me dejé engañar para bajar a Los Vados y acercarnos a hacer los tres largos que él abrió en su momento. Tras escalarlos, bastante sucios y llenos de vegetación tras tantos años olvidados, me entusiasman y decido sumarme al proyecto de continuar la vía. Ese día sólo hicimos los tres primeros largos y nos bajamos limpiando y saneando todo lo que íbamos viendo con la idea de volver pronto a empezar con el cuarto largo. Tras contarme Curro las distintas visicitudes por las que la vía pasó y tras darme cuenta del estilo impecable de apertura que él realizó en su día sin ningún friend, le digo que la única condición para sumarme al proyecto es que, si continuamos, es para restaurar también los tres primeros largos quitando todos los anclajes que no puso él desde abajo y tratar, en adelante, de seguir abriendo de la manera más limpia posible. Él está de acuerdo y es por eso que decidimos proseguir.

CUARTO LARGO: Volvemos de nuevo y, como Curro ya curró lo suyo en su momento, me deja tirarle a mí. Tras escalar los tres primeros largos, se nos había hecho ya un poco tarde ese día y sólo pudimos abrirlo hasta la mitad. Nada más salir de la reunión, entran un par de clavos sucesivos que quitan un poco el miedo que provoca lo rota que está la roca en esta parte. Al poco, ya con una roca que empieza a ser de un color gris claro, izo el taladro y meto el primer parabolt. Sigo escalando y meto otro. Alcanzo una repisa con varias lajas de las de crocanti sueltas y como no me fío, meto otro parabolt. Me monto en la repisa. La roca cada vez es mejor, pero hay mucho bloque inestable y nada para proteger con fisureros ni clavos. Empiezo a flanquear hacia la izquierda, meto con mucho trabajo un clavo que no queda muy bien pero que me permite izar de nuevo el taladro con más confianza para meter otro parabolt. Llegados a este punto, es ya muy tarde y, tras dejar la cuerda fija, bajo a la reunión. Aunque la progresión salió en libre, no tuve más remedio que entre seguro y seguro ir colgándome para sanear con cuidado la roca sin descalabrar a mi compañero. En la R3 fijamos una estática de 100 metros y nos vamos pitando para casa. Al siguiente día que podemos volver, jumareamos con más pena que gloria por las cuerdas fijas y conseguimos abrir completo el cuarto largo que, desde donde lo dejamos. Con un paso no difícil pero sí delicado, se completa el flanqueo a izquierdas, montándose en una repisa que nos conduce a una laja gigantesca donde comienza un pequeño diedro muy estético y fácil de escalar que se protege bien con piezas pequeñas (bicoin y alien). El diedro termina saliendo ligeramente a la izquierda. Desde ahí es preciso flanquear a la derecha por unas graditas fáciles para poder entrar en la reunión nuevamente hacia la izquierda. Cuando Curro sube de segundo, estima que no estaría de más algún seguro fijo en este tramo del diedro y añade dos clavos. Contentos por haber abierto entero el largo, nos bajamos fijando cuerdas.

QUINTO LARGO: Ese día viene con nosotros Javier Martín, quien nos ayuda a portear material y le da una buena cepillada extra a todo lo que ya está abierto y una vez que ya estamos los tres en la R4, nos preguntamos cómo demonios se suben los de Yosemite con tanta facilidad con los jumar por las cuerdas fijas. Menuda peoná. Curro decide comenzar el quinto largo. Sale de la reunión y cinco metros más arriba mete un clavo. Se sube a buscar una chorrera evidente tras meter un alien al principio, pero al tocar la chorrera se da cuenta de que está húmeda. Destrepa y decide probar suerte por la derecha de la chorrera. Yo le digo y le repito que por ahí no va a salir. Él persevera, después de haber dado ya un paso finorro y más expuesto de la cuenta. Desde la reunión le decimos, tanto Javi como yo, que se baje y le tire por la chorrera aunque esté mojada. Él sigue a lo suyo y encara la placa. De repente, ve que no puede meter nada ni p’arriba ni p’abajo y decide, al fin, destrepar. En una laja crocanti a su derecha mete dos friend seguidos para colgarse y meter un parabolt que nunca metió. De pronto, la laja se abre como un libro y el Curro vuela en péndulo hasta por debajo de la reunión. Todos le damos gracias al clavo y al alien que le ha quitado el temido factor 2. Por suerte no ha pasado nada, aunque el tobillo se ha llevado un buen golpe, que días después le molestará más que en caliente. Javi le tira p’abajo porque tenía que irse ya y yo prosigo abriendo el largo. Como tengo claro que la vía va a ir por la chorrera, subo hasta donde Curro metió el alien y le enchufo a la chorrera. Para mi alegría, tiene buen canto y no está tan húmeda, era sólo al principio. Protejo bien con friends aunque consciente de que los tubos de órgano de la chorrera aguantarían si me colgara pero igual reventarían con una caída. Encuentro un puente de roca, que lazo y dejamos fijo, y llego al morro superior de la chorrera en donde inicio una travesía hacia la derecha por un terreno de bastante escombrera que requiere de una sucesión de tres parabolts que nos deja en la base de un diedro muy sucio y con muchísima vegetación, cascarilla y lajas sueltas. Especialmente atemoriza una torre de dados amontonados que queda a la izquierda y de la que posteriormente Curro tira lo más gordo. Empleo mucho tiempo en limpiar lo suficiente para poder pasar. La fisura del diedro es prácticamente ciega y obliga a limpiar muchísimo los pocos emplazamientos que ofrece para clavar. En el diedro meto algunos clavos y un último parabolt desde el que me bajo por lo tarde que se nos ha hecho y porque, tras probar el paso de distintas maneras, no veo la forma de que me salga en libre. Vuelvo a fijar la cuerda en ese punto y me bajo. No se nos olvide decir que era 8 de marzo, Día de la Mujer y que, al poco y sin saberlo, nos vimos sin posibilidad de bajar por el confinamiento que trajo el bicho este con el que todavía estamos peleando. En el último rápel, vemos que vienen dos tíos subiendo por la verea y que resultan ser el Mountjoy y el Deivi. Nos ayudan a bajar todos los trastos y así acaba el día. Hasta el 30 de mayo no pudimos regresar y, tras volver a jumarear por las cuerdas fijas, encuentro la solución al paso del que me bajé, bastante técnico y de mucha decisión, y unos pocos metros más arriba meto un clavo a la izquierda en una repisa donde creo que haremos reunión para arrepentirme al momento y flanquear con mucho cuidado hacia la derecha buscando subirme a una repisa buena encima de una torre. Ahí monto reunión en una universal que quedará ahí para los restos porque no hay manera de sacarla, izo el taladro, monto reunión y sube Curro liberando ya el largo entero. Confirma lo técnico del paso final, limpia algunas regletillas más y, ya en la reunión, nos quedamos un rato estudiando lo que nos queda todavía por arriba. El calor empieza aprieta más y más y decidimos bajarnos y posponer la vía para después del verano, por lo que retiramos las cuerdas fijas. Ese día nos vamos contentísimos, pero reventados.

SEXTO LARGO: El verano pasa y no estamos de vuelta hasta el 24 de octubre. Durante estos meses, hemos estado dándole muchas vueltas a cómo continuar la vía. Finalmente decidimos entrar desde arriba rapelando por dos razones: 1) No llegar demasiado tarde ni cansados a la R5 para seguir abriendo vía y 2) poder sanear de piedras todo lo que veíamos que iba a ser el sexto largo, bastante podrido y sucio. Una vez arriba del tajo, localizamos el lugar donde pensábamos que saldría la vía, montamos una reunión y bajamos limpiando algo, no demasiado para no entretenernos y que se nos fuera el día. Montamos las reuniones hasta llegar a la R5, desde donde Curro arranca de nuevo. Un paso bastante apretadillo y delicado, lo empuja hacia la derecha, donde se pone a dar vueltas como una peonza y desde donde, al final, no lo ve claro y se baja. Le tomo el relevo, aprovecho un alien que él metió y compruebo que a mí el paso me sale más fácil. Protejo al momento con un clavo que luego Curro al subir de segundo deja lazado, meto más arriba un buen friend y luego una plana que no se queda muy bien pero que me permite flanquear hacia la derecha para proteger bastante más arriba con algo mejor. Este tramo queda un poco expuesto. Es importante lo de flanquear desde la plana hacia la derecha para proteger en unas fisuritas que hay, porque si no ya la cosa se complica hasta que podemos encontrar, bastante más arriba, dónde proteger. Se sigue subiendo por terreno evidente pero delicado hasta unas gradas donde, para evitar unos bloques sueltos, nos vamos hacia la izquierda a buscar una sucesión de tres clavos, de los cuales yo sólo puse uno al subir y los otros dos los colocamos al rapelar para guiar la vía. En el último de ellos, es preciso flanquear nuevamente hacia la derecha hasta colocarnos en una repisa en la que es mejor levitar. En la repisa, bajo el bloque, encontraremos un clavo y entra un friend del 4. Superado este paso, algo delicado, salimos a un terreno más fácil que va a buscar una pequeña rampa que sube en diagonal hacia la derecha y que nos deja en la reunión. Curro subió saneando mucho más este largo que, además, hemos limpiado intensivamente cada vez que hemos pasado por ahí. A día de hoy creemos que el largo ha quedado ya con la roca en condiciones, bastante limpio, pero aún así recomendamos andarse con cuidado y, sobre todo, saber navegar bien para leerlo correctamente. Es, con toda seguridad, el largo más expuesto de toda la vía.

SÉPTIMO LARGO: Regresamos el 13 de diciembre. Ya estamos en el paño de roca blancuzca y naranja al que tantas ganas teníamos de llegar. Se confirma nuestros presagios. Va a ser el largo más duro de la vía. Se sale de la reunión con un pasuco obligado hacia la izquierda, donde encontramos al momento un parabolt. Se sigue con tendencia en diagonal hacia la derecha, encontramos un paso fino y llegamos a un puente de roca. Desde ahí, un parabolt más, alguna pieza grande y nos montamos en una buena repisa. A partir de aquí y tras una sucesión de tres parabolts seguidos, llego a una laja suelta que me resulta imposible cruzar sin tirarla. Pero para tirarla, tengo que quitar a Curro de está. Y él no puede irse de la reunión sin dejar de asegurarme. Así que p’abajo. El tramo de tres parabolts andará en torno al 6c. Días después regresamos de nuevo rapelando desde arriba. Tiramos entera la laja que me cerraba el paso el día anterior y con unos cuantos pasos de uña y colgando de algunos clavos pencos, consigo poner cuatro parabolts más y avanzar hasta la repisa donde queda la R7. Curro sube intentando liberar, pero aún así tiene que acerar dos parabolts seguidos y salir con estribo del último de ellos. Casi no nos lo creemos. Ya estamos a apenas cuarenta metros de salir por arriba. Curro llega exhausto a la reunión y decidimos que le sigo tirando yo de primero.

OCTAVO LARGO: Encaro el diedro que tanto mirábamos desde abajo todos estos meses, justo en medio de la gran L naranja que destaca en la parte superior de la pared. Desde abajo nos acojonaba que fuera desplomado, pero al llegar aquí vemos que se deja escalar y proteger muy bien. El diedro entero sale limpio y al final, hacia la derecha, meto un clavo que casi serviría más para una variante hacia la derecha que para por donde finalmente decidimos tirarle. Desde el clavo cruzamos ligeramente hacia la izquierda hacia un tramo de placa con canto ligeramente desplomada en el que han quedado tres parabolts. Me bajo del último de ellos, sin fuerzas ya para poco más que no sea rapelar de forma segura hasta abajo. El 4 de enero va a ser el último día de apertura. Volvemos a subir la vereda hasta lo alto del tajo y rapelamos hasta la R8 con un frío de mil demonios. Le echo la bronca al Curro repetidas veces por no echarse ni una puñetera chaquetilla. Va como siempre, de punkarra total, con sus mallas y su camisetilla. El castañetear de dientes se le escucha hasta en la playa de Salobreña. Sinceramente, me acojona un poco que le de una hipotermia mientras me asegura. Le tiro. Llego al último parabolt y salgo en libre para pillar una muy buena fisura en donde entra el 0.75 a cañón. Un paso de decisión, nos saca de la fisura hacia una especie de diedrillo que conduce, con pasos delicados, hacia el nicho de la R9. De camino a la erre hay un puente de roca lazado.

NOVENO LARGO: Para que el círculo se cierre después de treinta y cinco años, le digo al Curro que el noveno largo le toca a él. Que él empezó la vía y a él le corresponde finiquitarla. Ni corto ni perezoso y ya sin tanto frío después de venir calentito de subir de segundo el octavo largo, se cuelga la panoplia completa de cacharros y le tira p’arriba. (HABLA CURRO) Estoy flipando en colores. Se han cumplido mis sueños y mis designios. Llevaba treinta y cinco años soñando con este largo y es tal cual a cómo lo había soñado. Flipante. Un diedro trabajoso de escalar y muy forzado de proteger en toda su extensión. Nada más salir de la reunión meto un clavo. Y sin pensármelo mucho tiro para arriba sin mirar mucho ni el material que voy metiendo ni dónde ni cómo va quedando. A la salida del diedro, ligeramente hacia la derecha, me paro a recuperar el resuello y soy consciente de que la vía ya está en el bote. Atravieso un arbusto y ya estamos. No quepo en mí de gozo. Lo primero que hago, antes de que el Luis le tire, es llamar al Antoñillo para decirle que he hecho la vía. El Luis sube y nos abrazamos.

Ya para finalizar, no tengo más remedio que darle las gracias a la piedra por permitirme subir por una línea que llevaba millones de años esperando que alguien la subiera. La vía se llama COMO TÚ, en homenaje a la piedra según el famoso poema de León Felipe, popularizado por la versión musical de Paco Ibáñez. Se dio la feliz coincidencia, cuando le comenté el nombre al Luis, de que este era también uno de sus poemas favoritos y de que, además, otro de sus poemas favoritos, del poeta salvadoreño Roque Dalton, también se titula "Como tú". Gracias a todas las personas que de una manera u otra nos han ayudado para la consecución de este proyecto. Sirva también como homenaje al tristemente fallecido Rafael Ibero Cobo, Rafa de Capileira.



Curro haciendo el L1 en la primavera de 2020


Curro en el L2 el día que la hicimos completa en cordada de tres con el Mountjoy


Curro sonriente llegando a la R4 el día que la hicimos completa en el día


Luis al final de la travesía después de la chorrera del L5


En la R5 el día que abrimos el quinto largo


Antoñito Mountjoy bailando fino en el L6


Luis tirando de uña durante la apertura del L7


Curro saliendo de la R7


Curro haciendo el L7 el día de la apertura


Otra toma de Curro en el mismo largo el día que lo abrimos


Luis en el L8


Alegría en la foto de cumbre el día que acabamos la vía


Con el Deivi el día 8 de marzo de 2020 tras bajarnos de la vía. Aphoto del Mountjoy.


El trío Calaveras cuando la hicimos del tirón el domingo 28 de marzo de 2021


Curro a pie de vía haciendo taichí y explicándoles al Deivi y al Mountjoy uno de los pasucos de la vía
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Enviado: 04-04-2021 10:18
Registrado: 12 años antes
Mensajes: 84
Grande Curro.
Buenísimo relato, no deja indiferente. Solo espero repetir la vía para comentarla contigo delante de unas cervezas. Enhorabuena a tí por concluir tu ópera prima y al resto del equipo por todo vuestro trabajo desinteresado.

Un abrazo grande!!
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Enviado: 06-04-2021 14:05
Registrado: 14 años antes
Mensajes: 504
Espectacular la vía y el relato, sois unos fenómenos risaspulgar arriba



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