Aunque no hacemos más que ver como pequeñas estaciones e incluso alguna de mediano tamaño, tiran la toalla y deciden cerrar para siempre aludiendo a sus bajas cotas y la reducción de las nevadas, también hay casos de pequeños complejos invernales que pese a las dificultades deciden seguir adelante, principalmente por la labor social y educativa que representan esos remontes.
Es en los Alpes donde principalmente encontramos ejemplo de pequeñas estaciones de esquí que sobreviven con dificultad a la pérdida de nieve natural. Pero pocas tienen detrás una historia tan singular como 🇦🇹 Kaiserau, en Estiria.
Sus terrenos pertenecen desde hace siglos a una abadía benedictina que, con la expansión del esquí en los años 60, comenzó a incorporar también el turismo de invierno a una propiedad que hasta entonces había tenido un uso principalmente agrícola y forestal. Hoy, el Stift Admont sigue apostando por mantenerlo abierto pese a las dificultades de una estación de esquí situada a apenas unos 1.100 metros.
Kaiserau se encuentra junto a la Abadía Admont, en el corazón de Estiria y en las proximidades del parque nacional Gesäuse. Es un dominio pequeño, con unos tres kilómetros de pistas y tres remontes, además de cintas para principiantes. No pretende competir con las grandes estaciones austríacas: su público principal son las familias, los niños y los habitantes de los municipios de los alrededores.
Lo extraordinario está en quién es su propietario. El Stift Admont (abadía benedictina de Admont), posee Kaiserau desde 1551, cuando el entonces abad Valentin Abel adquirió la propiedad para el monasterio. Durante siglos, estos terrenos tuvieron principalmente un uso agrícola y forestal. La organización religiosa tenía allí sus recursos económicos y llegó a mantener una importante explotación lechera.
El cambio llegó con el auge del turismo de montaña y del esquí en los Alpes. En los años 60 la Abadía Admont comenzó a desarrollar también la vertiente turística de Kaiserau. Construyó una carretera de peaje hacia la montaña Klinkehütte y en 1967 montan el Kalbling-Skilift, un remonte que funcionó durante aproximadamente tres décadas.
Por esas mismas fechas aparece también el actual Schlosslift, uno de los remontes principales de Kaiserau. El Brunntallift llegaría posteriormente, en los años 70. De esta manera la Stift Admont fue incorporando el esquí a una finca que durante siglos había tenido una finalidad principalmente agrícola y forestal.

Interior de la Abadía de Admont
Mantener abierta una estación de esquí a baja cota
El problema es que las condiciones que permitieron desarrollar el esquí en Kaiserau han cambiado. La estación se mueve aproximadamente entre los 1.100 y los 1.370 metros de altitud y depende cada vez más de la nieve producida para garantizar la apertura.
El propio Stift Admont reconoce las dificultades. En su información más reciente sobre Kaiserau explica que la estaciónde esqui afronta unas condiciones cada vez más complicadas por la falta de nieve natural y que el cambio climático no juega a favor de una pequeña estación situada a esta altitud.
Pese a ello, la abadía continúa invirtiendo en las instalaciones. Para la temporada 2025-26 se realizaron trabajos sobre el sistema de innivación, las conducciones y el depósito de agua, además de otras actuaciones destinadas a poder garantizar el funcionamiento de las pistas de esquí.
La estación tiene además una función que va bastante más allá del turismo. El Ayuntamiento de Admont aporta más de 60.000 euros anuales para contribuir a mantenerla abierta. El motivo es que Kaiserau es utilizada regularmente por colegios y guarderías de la comarca para cursos y jornadas de esquí. A los alumnos de 1ºy 2º grado de los municipios de Admont y Ardning se les regala el material.
Y ahí está probablemente la razón por la que la estación continúa existiendo. Su futuro no depende únicamente de cuántos turistas consiga atraer. Para la abadía y las administraciones locales, Kaiserau cumple también una función deportiva y social.

Institución religiosa y política local se unen para mantener vivo el esquí entre los escolares de la región
Un caso único en Europa pero no en el mundo
La temporada 2026-27 está prevista entre el 25 de diciembre y el 14 de marzo, siempre condicionada por las condiciones de nieve. El dominio mantiene sus tres remontes principales y el área para principiantes.
Es un modelo muy diferente al de las grandes estaciones alpinas. Mientras estas necesitan atraer visitantes de mercados internacionales y ampliar continuamente su oferta, Kaiserau puede sobrevivir con una escala mucho más modesta: unas pistas para aprender, familias de la zona y colegios que utilizan sus instalaciones. Y todo ello dentro de una propiedad que pertenece a la misma institución religiosa desde hace casi cinco siglos.
No es la única estación de esquí en manos de una organización religiosa
El caso de Kaiserau es excepcional en Europa, pero no es único en el mundo. En Estados Unidos existen pequeñas instalaciones de esquí vinculadas directamente a organizaciones religiosas.
Uno de los ejemplos más claros es Bear Canyon Ski Area, en Montana. Los terrenos donde están sus pistas y remontes son estatales, pero la Mount Ellis Academy, un colegio de la Iglesia Adventista del Séptimo Día firmó un contrato en 1952 para operar en exclusica esa estación de esqui. Cuenta contr un un T-bar, tres pistas iluminadas. Se utiliza para actividades educativas y deportivas propias.
El modelo se repite a una escala todavía más pequeña en algunos campamentos cristianos estadounidenses. Forest Springs, un campamento cristiano de Wisconsin fundado en 1958, dispone de su propia pequeña zona de esquí, Sunset Hill, con siete pistas, dos remontes de cuerda y una cinta para principiantes. El esquí forma parte actualmente de sus programas de invierno y campamentos familiares. Son instalaciones muy alejadas del concepto habitual de una estación alpina. No pretenden convertirse en destinos turísticos por sí mismas, sino proporcionar a los miembros de la comunidad local, estudiantes o feligreses una infraestructura deportiva.

Imagen de Kaiserau con la nueva planta de energía fotovoltaica instalada a partir de 2016
Y en Corea del Sur está el caso contrario
Si Kaiserau representa el extremo de una estación diminuta mantenida por una institución religiosa, en Corea del Sur encontramos prácticamente el caso contrario.
Mona YongPyong fue abierta como estación de esquí en 1973. Tres décadas después, en 2003, fue adquirida por Tongil Group, el conglomerado empresarial vinculado a la Iglesia de la Unificación fundada por Sun Myung Moon.
Tongil Group no es una pequeña organización dedicada exclusivamente a actividades religiosas. Para mantenerse económicamente el conglomerado ha mantenido intereses empresariales en sectores como la construcción, la industria pesada, la alimentación y el turismo. Yongpyong se incorporó a ese entramado empresarial cuando ya era una estación de esquí consolidada.
Yongpyong dispone actualmente de 31 pistas y 15 remontes, incluida una telecabina, y fue una de las sedes de los Juegos Olímpicos de Invierno de PyeongChang 2018.


Y en verano se reinventa con diferentes actividades como la bicicleta
