Acabada la segunda guerra mundial y con una Europa sedienta de encontrar nuevas vías de desarrollo económico, en Francia se ideó el 'Plan Neige' para las zonas rurales y de montaña. El Gobierno empezó a apoyar prácticamente cualquier proyecto relacionado con el turismo de nieve, lo que se empezó a llamar 'oro blanco'.
Como resultado, empezaron a 'brotar' remontes por todos lados. Incluso en montañas y cotas donde no quedaba acreditado que se pudiera abrir instalaciones para esquiar durante varios meses del invierno. En la década de los '80, tan solo 20 años después de auge del Plan Neige, muchos de estos centros alpinos se dieron cuenta que mantener todo aquello era demasiado caro para la facturación que realmente hacía porque no solo no nevaba tanto, sino que muchos años se quedaron a verlas venir.
Como consecuencia, muchas de ellas cerraron. Y para hacerlo simplemente ningún empleado subió más hasta la estación de esquí. Es así como una parte visible de la historia del desarrollo del esquí (pilonas, estaciones y cables de remontes mecánicos) que dejaron de transportar esquiadores, nunca llegaron a desaparecer. Aún hoy en día se siguen cerrando estaciones de esquí porque ahora se suma que a muchas de ellas les ha crecido la competencia. Grandes complejos invernales que con la construcción de autopistas quedaron relativamente cerca y con mucha mñas garantía de nieve. Hasta el punto que la situación empieza a adquirir una dimensión que obliga a plantearse qué hacer con todos esos hierros.
El último inventario de Mountain Wilderness publicado en mayo de 2026, contabiliza 105 remontes mecánicos abandonados en 59 emplazamientos de Francia. Sumando la longitud de todos ellos, tendríamos 61,579 kilómetros acumulados. La organización considera abandonados estos aparatos cuando llevan ya un mínimo de cinco años sin funcionar.
De todos esos remontes abandonados, 21 están en el Pirineo francés, es decir, el 20%. Esas instalaciones suman 15,569 kilómetros de longitud.
La razón de que se hayan acumulado tantos remontes ahí arriba, está en que nunca pensó nadie en el después. Es decir, siempre se dio por sentado que aquello funcionaría toda la vida, así que no se legisló para obligar a retirar los aparatos una vez se diera por abandonada la explotación comercial de la estación de esquí.
No fue hasta finales de 2016 que se publicó la Ley Montagne II, cuyo nuevo régimen para los remontes mecánicos entró en vigor el 1 de agosto de 2017. Desde entonces, el artículo L472-2 del Código de Urbanismo francés establece que la autorización para ejecutar una nueva instalación debe incorporar una obligación de desmontaje del remonte y de sus construcciones anexas, además de la restauración del terreno. Esa desinstalación debe realizarse en un plazo de tres años desde la parada definitiva de la instalación.

Pieza de un viejo telesquí abandonada en un bosque. © Mountain Wilderness
Pero hay un problema: esta obligación no es retroactiva.
Los telesquís, telesillas y demás remontes construidos bajo el régimen anterior no quedaron automáticamente sometidos a esa obligación cuando la Ley Montagne II entró en vigor. Por eso, una instalación construida en los años 60, 70, 80 o incluso posteriormente pero antes de agosto de 2017 podía cerrar definitivamente sin que la nueva normativa le impusiera, por sí sola, la retirada física de todas sus estructuras.
La legislación sí contempla qué debe ocurrir cuando una instalación permanece cinco años consecutivos sin explotación: el representante del Estado puede poner al explotador en situación de proceder a su parada definitiva. Pero esto y desmontaje completo no son exactamente lo mismo.
Así se entiende la paradoja: desde 2017 Francia tiene una obligación clara de desmontaje para las nuevas instalaciones, mientras que en la montaña permanece un legado de remontes antiguos que quedaron fuera de esa obligación cuando fueron construidos.
90 de los 105 remontes son telesquís
El inventario muestra además que no estamos hablando principalmente de grandes aparatos abandonados. De los 105 remontes contabilizados por Mountain Wilderness, 90 son telesquís, 11 son telesillas y solamente cuatro pertenecen a la categoría de grandes remontes, que incluye teleféricos, telecabinas y funiculares.
Los telesquís representan así aproximadamente el 86% del inventario. Son, en buena medida, los restos de pequeños dominios de esquí construidos sin mucho control durante la expansión de este tipo de turismo por las montañas francesas. También son los que resultaban relativamente baratos de construir y permitieron abrir numerosos pequeños sectores y estaciones locales. Cuando esas instalaciones dejaron de ser competitivas o suficientemente rentables, su retirada podía resultar más complicada de justificar económicamente que simplemente dejarlas fuera de servicio. De los 61,579 kilómetros acumulados citados al principio, la mayoría pertenecen a instalaciones cortas. El 58% mide menos de 500 metros.
El fenómeno tampoco pertenece únicamente a las estaciones de los años sesenta. Según el inventario, 52 de los remontes abandonados dejaron de funcionar entre 2011 y 2020, mientras que otros 15 fueron abandonados entre 2001 y 2010. En otras palabras, una parte muy importante del problema se ha generado durante las últimas dos décadas.
Esto explica también por qué Mountain Wilderness considera que el inventario puede seguir creciendo aunque las instalaciones más antiguas comiencen a desaparecer: continúan cerrando dominios de esquí de tamaño pequeño y mediano y aparecen nuevos remontes obsoletos.
Con todo, Mountain Wilderness considera que 2025 fue un año excepcional en cuanto al número de desmontajes. Se retiraron instalaciones tanto de abandonos recientes como remontes que llevaban más de 40 años fuera de servicio. También se desmantelaron algunos dominios completos o conjuntos importantes de remontes.
Entre los principales trabajos realizados durante 2025 están los de Vauplane, Rochejean, Col de l'Arzelier, Saint Pierre Chartreuse, Notre Dame du Pré y La Sambuy.
En Céüze 2000, por ejemplo, comenzó el desmontaje de los ocho telesquís de la estación. Los trabajos se interrumpieron durante el invierno para evitar daños en el terreno provocados por la retirada de las pilonas y el paso de maquinaria. En mayo de 2026 ninguna de esas ocho instalaciones estaba completamente desmontada, por lo que Mountain Wilderness las mantenía todavía en su inventario.
La asociación considera que este aumento de los desmontajes demuestra que las operaciones a gran escala son posibles pese a su complejidad técnica y económica. En muchos casos son las administraciones locales las que terminan asumiendo el coste.
Pero es que hay tanto remonte abandonado y cuando cierra otra estación de esquí aparecen otros tantos más, que con el ritmo de desmontaje de 2025 apenas sería suficiente para bajar el número de instalaciones obsoletas pendientes de retirar.

Telesquí abandonado cubierto por maleza y vegetación. © Mountain Wilderness
El Pirineo francés: 21 remontes abandonados
De los cinco grandes macizos analizados por Mountain Wilderness, el Pirineo ocupa el segundo lugar. De hecho, 21 de los 105 remontes abandonados están en el Pirineo francés, frente a 54 en los Alpes, 16 en los Vosgos, nueve en el Macizo Central y cinco en el Jura.
Mountain Wilderness Catalunya ha iniciado en 2026 un trabajo específico para identificar y documentar las estaciones de esquí abandonadas de los Pirineos catalanes y del Val d'Aran. Esta sección es la encargada de inventariar también las que cerraron en Neiges Catalanes: Puigmal y Puyvalador además de la pequeña Mosset (Prades).
En la vertiente española, el trabajo ha incluido estaciones como Rasos de Peguera, Llessuí, La Tuca, Vallfosca Interllacs y el sector Estivella del Port del Comte. La organización está documentando sus restos y el estado de las instalaciones para elaborar un inventario específico de este patrimonio abandonado.
De todas maneras, Rasos de Peguera ya advirtió que la estación de esquí no está abandonada, que hay actividad todo el año, incluso en invierno con las nevadas y que lleva trabajando desde hace tiempo para recuperar las instalaciones de alguna manera.

Telesquí abandonado en Llessui. © Mountain Wilderness Catalunya
Cuanto cuesta desmontar un remonte
Mountain Wilderness estima que retirar un telesquí puede costar aproximadamente entre 50.000 y 80.000 euros, una cifra que puede aumentar considerablemente cuando el acceso a las instalaciones exige maquinaria especial o medios de transporte específicos. En los remontes grandes, la complejidad aumenta todavía más.
También existe el problema de determinar quién debe pagar cuando una estación ha desaparecido, la empresa explotadora ya no existe o el dominio pertenece a una administración local con recursos limitados.
Por eso los desmontajes realizados en 2025 son especialmente relevantes: demuestran que las antiguas instalaciones pueden desaparecer aunque normalmente haya requerido años de tramitación, financiación pública y trabajos técnicos específicos.
