Hay remontes que pasan completamente desapercibidos hasta que anuncian que van a desaparecer. Y entonces uno descubre que aquello que parecía una simple silla más del mapa era, en realidad, una pequeña pieza de la historia del esquí. Y eso es precisamente lo que está a punto de ocurrir en Niseko Village.
La estación japonesa se encuentra inmersa en una profunda renovación de su red de remontes con la construcción de un nuevo telecabina de ocho plazas, cuya primera fase se inaugura este diciembre de 2026 y se completará un año después. Y dentro de ese mismo proyecto desaparecerán también los Wonderland Chair A y Wonderland Chair B.
Son dos telesillas de un solo asiento instalados en paralelo que llevan décadas dando servicio a la parte alta de Niseko Village. Ambas son de pinza fija fabricados por la empresa Nippon Cable. Ambos tienen una capacidad de 500 personas/hora, y miden poco más de 800 metros.
El primer telesilla del mundo se inventó en 1936 y era de una sola plaza. Pero luego fueron desapareciendo por otros de mayor capacidad. Sin embargo en Japón esta clase de remonte se ha resistido a desaparecer. De hecho de los 109 que siguen en funcionamiento en el planeta, más del 70% siguen en ese país.
Los telesillas monoplaza eran instalaciones sencillas, relativamente económicas y de poca capacidad, pensadas para estaciones que tampoco necesitaban transportar grandes cantidades de gente.
Un Wonderland puede mover alrededor de 500 personas por hora. Para una gran estación moderna sería una capacidad ridícula. Para una pequeña estación japonesa que daba servicio fundamentalmente a esquiadores locales podía ser más que suficiente. Y esa es una de las claves para entender por qué Japón está lleno de ellos.

Telesilla monoplaza Wonderland de Niseko. Sin barra y con la percha para agarrarse como seguridad, este tipo de remonte sigue muy presente en Japón
Cuando Japón se llenó de pequeñas estaciones
Durante el gran desarrollo del esquí japonés se construyeron una enorme cantidad de pequeñas áreas esquiables repartidas por todo el país. No todas estaban destinadas a convertirse en los grandes destinos internacionales que hoy conocemos como Niseko, Hakuba o Shiga Kogen. Muchas eran pequeñas, vinculadas a poblaciones locales, empresas, municipios, o complejos turísticos de dimensiones modestas. Sus instalaciones eran sencillas: un puñado de pistas, el aparcamiento, un edificio de servicios y unos cuantos remontes simples.
Para ese modelo no tenía demasiado sentido instalar un telesilla de cuatro o seis plazas capaz de transportar miles de personas cada hora. Una silla individual cumplía su cometido. Pero al ser de pinza fija las velocidades son relativamente moderadas y la capacidad también queda limitada. Este tipo de instalación fue muy habitual, pero que con la evolución de los remontes durante los años 80 los sistemas más rápidos y de mayor capacidad fueron ganando terreno.
Y precisamente por eso las pequeñas estaciones fueron su último refugio. Según el inventario de Skiresort.com, existen 109 telesillas de una plaza en funcionamiento en todo el mundo. De ellos, 70 están en Japón. Es decir, allí tienen el 70%. El contraste con otros países es enorme. Italia conserva seis; Chequia y Eslovenia, cuatro cada una; Alemania, tres; Estados Unidos, solamente dos; y países como Austria y Reino Unido tienen uno cada uno.
¿Por qué sobreviven precisamente allí?. La explicación no es que Japón haya decidido conservarlos como piezas de museo. Al contrario. En muchos casos simplemente siguen siendo útiles. Una estación pequeña no necesitaba necesariamente un telesilla de gran capacidad. Mientras el remonte funcionase, llevara a los esquiadores donde tenían que ir y sus costes fueran asumibles, había pocos motivos para sustituirlo.
En Europa ocurrió algo diferente. Las estaciones de esquí alpino fueron creciendo. Se conectaron valles, se ampliaron dominios, aumentó el número de esquiadores y aparecieron las grandes inversiones en remontes. La pregunta dejó de ser "¿cómo subimos a la montaña?" para convertirse en "¿cómo subimos a la montaña a 2.000 o 3.000 personas por hora?". El telesilla monoplaza tenía poco que hacer en esa carrera.
El número de telesillas de una plaza disminuye porque normalmente son sustituidos por instalaciones de mayor capacidad y su baja capacidad de transporte hace que cada vez resulte más difícil justificar económicamente su mantenimiento. En Japón, sin embargo, quedan muchísimas estaciones en las que no había necesidad de meterse en esas inversiones.
Nippon Cable es el único fabricante que mantiene este tipo de remonte monoplaza en su catálogo. Los dos de Niseko United que se van a sustituir son precisamente de esta empresa. La compañía no obstante también tiene otros modelos, desde telesillas fijos hasta modernos desembragables de dos a seis plazas, además de telecabinas y sistemas combinados.

Telesilla monoplaza en una de las estaciones de esquí que forman el dominio esquiable de Niseko (Japón)
¿Por qué una silla de una plaza y no un telesquí?
Aunque el telesquí también está ampliamente implantado en Japón, para muchas de esas pequeñas estaciones que se construyeron durante el gran desarrollo del esquí, era una solución relativamente sencilla y económica, pero ofrecía algunas ventajas importantes frente a engancharse a un cable con una percha.
La primera era evidente: el pasajero podía sentarse. En un telesquí hay que permanecer de pie sobre los esquís durante toda la subida, algo que no siempre resulta sencillo cuando el trazado tiene cambios de pendiente, curvas o tramos más exigentes. En una silla, el esquiador simplemente se sienta y deja que el remonte haga el trabajo.
Y esto tenía especial sentido en Japón, donde muchas de las estaciones que se construyeron no eran grandes dominios alpinos, sino pequeñas áreas de esquí adaptadas a montañas de relieve bastante irregular. Un telesilla podía seguir mejor determinados cambios de pendiente y salvar un trazado más variado sin exigir al usuario el mismo esfuerzo que un arrastre.
Además, el monoplaza no estaba limitado exclusivamente al esquiador. También podía utilizarse para transportar a personas que no iban a esquiar: visitantes, acompañantes, turistas o simplemente personas que querían subir a la montaña. Bastaba con sentarse en la silla.
Por eso el monoplaza encontró en Japón un territorio especialmente favorable. No era necesariamente el remonte más barato ni el de mayor capacidad, sino una solución equilibrada para estaciones pequeñas, con terrenos variados y una demanda moderada, que además permitía ofrecer un acceso cómodo a la montaña incluso a quienes no llevaban esquís.
En Europa y Norteamérica, muchas estaciones fueron creciendo y aumentando progresivamente su capacidad. Cuando llegó el momento de renovar aquellos remontes, los monoplazas quedaron atrapados entre dos soluciones: el telesquí, todavía más sencillo y barato para las instalaciones pequeñas, y los telesillas de más asientos si se necesitaba transportar muchos esquiadores.
En Japón, en cambio, muchas de aquellas pequeñas estaciones nunca necesitaron dar ese salto. Y mientras el remonte siguiera funcionando y su capacidad fuese suficiente, no había una razón económica evidente para sustituirlo. Así es como una tecnología que en otros lugares prácticamente desapareció terminó convirtiendo a Japón en el último gran refugio mundial de los telesillas de una plaza.
Algo similar podemos encontrar en Tavascán. Es una estación de esquí pequeña, muy local, que no necesita un remonte de gran capacidad. Pero su fuerte desnivel desaconsejaba un telesquí o varios en sucesión. El telesilla de dos plazas fue la decisión perfecta. Además de pinza fija, lo que reducía costes. La realidad es que nunca se han formado colas. Aunque eso si, la responsabilidad del complejo invernal recae sobre un Ayuntamiento demasiado pequeño, lo que la ha dejado actualmente en un limbo.

En un telesilla monoplaza viaja un solo esquiador, como en un telesquí. Pero no necesita una linea de nieve debajo ni que la superficie sea plana
Cuando un monoplaza no cabe en un Niseko Internacional
Pero Niseko está cambiando. De ser una pequeña estación de esquí local, está pasando a todo un destino internacional, y sus propietarios además quieren que el esquiador y cliente que llegue, se deje una pasta en su complejo invernal. Y para eso ha de atraer una viajero de alto poder adquisitivo que valore sus instalaciones y remontes de alto nivel. La inversión, los hoteles, la clientela internacional y la creciente orientación hacia un turismo de alta gama están cambiando completamente la experiencia que se busca en la montaña. Y los remontes son una parte esencial de esa transformación.
El proyecto actualmente en marcha en Niseko Village contempla sustituir cinco instalaciones antiguas por dos nuevas secciones de telecabina y la instalación de un nuevo telesilla Wonderland de dos plazas.
El nuevo Shin Mori-no Gondola tendrá cabinas para ocho personas y aproximadamente 2.000 metros de longitud total. Se construirá en dos fases: la primera, desde la base hasta una estación intermedia situada alrededor de los 670 metros, está prevista para diciembre de 2026; la segunda llegará hasta una nueva estación superior en torno a los 970 metros en diciembre de 2027.
De las 86 cabinas previstas, cuatro serán VIP y dispondrán de mesas para ofrecer una experiencia gastronómica durante el trayecto. Otras dos tendrán el suelo acristalado para permitir contemplar el paisaje bajo los pies. No es simplemente un remonte nuevo. Es parte del producto turístico.
La propia estación pretende además estudiar la explotación durante todo el año a partir de 2028, avanzando hacia el modelo de destino de montaña cuatro estaciones. En ese contexto, cuesta imaginar algo más alejado de la nueva filosofía que una pequeña silla individual en la que subes solo, lentamente y a la que no le puedes añadir ningún extra.
El cambio de los dos Wonderland es mucho menos espectacular que el nuevo telecabina, pero tiene un enorme valor simbólico. En diciembre de 2027, el actual sistema de una plaza será sustituido por un telesilla de dos plazas. La capacidad aumentará aproximadamente un 70%, hasta 1,7 veces la actual. No parece una revolución tecnológica. Y precisamente por eso resulta tan interesante.
Niseko está haciendo ahora lo mismo que las grandes estaciones europeas hicieron hace décadas: sustituir capacidad modesta por instalaciones capaces de mover grandes cantidades de personas con mucha más comodidad.

El nuevo Niseko Village ha dejado de ser una estación de esquí local a un resort internacional

