Ya era otoño de 2014 cuando un grupo de arqueólogos encontró en un glaciar de Noruega un viejo esquí de nada menos que... ¡1.300 años!. Pues bien, siete años después hallado la pareja de esta tabla. Estaba tan solo a cinco metros del primero, y al parecer también se ha conservado bastante bien. Ahora, estudiados ambos objetos se han publicado algunas primeras concliusiones.
La noticia siempre es positiva porque nos ayuda a conocer más como eran nuestros antepasados y qué material usaban para moverse por la nieve. Pero por otra parte esto nos recuerda que estamos ante un momento de retroceso de los glaciares por un cambio en el patrón climático.
Las dos piezas, datadas mediante radiocarbono en unos 1 300 años, constituyen hoy en día el par de esquís mejor conservado que se conoce hasta la fecha. Este hallazgo, realizado por el equipo del programa «Secrets of the Ice», dirigido por el Consejo del condado de 🇳🇴 Innlandet y el Museo de Historia Cultural de la Universidad de 🇳🇴 Oslo, va mucho más allá del objeto en sí mismo. Revela que en pleno invierno los humanos se las arreglaron para seguir a gran altitud incluso durante el invierno. De hecho, arroja luz sobre las estrategias de supervivencia desarrolladas ante las adversidades climáticas de la época.
En concreto, el esquí de 2021, y el que se encontró en 2014, estaban enterrados en el hielo de un glaciar a más de 1.600 metros de altitud situado en la cima del Digervarden, en el centro de Noruega. Estando uno al lado del otro, parece claro que pertenecían al mismo esquiador. Sin embargo están hechos con diferentes maderas. Mientras un tiene pino, el otro es de abedul. Este sorprendente detalle no se interpreta como un error ni como una casualidad. Más bien se trataría de un ejemplo de la escasez de materiales y de la capacidad de adaptación de las poblaciones de la época.
¿Y por qué subían tan arriba nuestros antepasados? Pues según explicaba este verano Lars Holger Pilø, codirector del programa «Secrets of the Ice», parece que estos grupos de humanos no dudaban en aventurarse a gran altitud, incluso en invierno, para garantizar su supervivencia, ya fuera para cazar o para desplazarse. El yacimiento se encuentra mucho más allá del límite forestal. Esta ubicación hace que estas incursiones resultaran especialmente arriesgadas. Sin embargo, la presencia de fijaciones de cuero aún intactas da testimonio de una gran destreza. Y, sobre todo, de un dominio técnico adaptado a condiciones extremas.

Trozo de un esquí del año 700 d.c. hallado en Divergen (Noruega)
La glaciología arqueológica
Con la aceleración del cambio climático, se espera poder sacar más artefactos de bajo el hielo. De hecho, en vista de que esto iba a más, en 2006 tras un verano también excepcional en altas temperaturas, se creó el programa «Secrets of the Ice» de glaciología arqueológica. Un programa que desde entonces se ha convertido en una referencia en este campo aún poco explorado, y que ahora resulta esencial para documentar las interacciones entre las sociedades antiguas y su entorno.
Este tipo de glaciología arqueológica es muy distinta a la que conocemos tradicionalmente. Además de que aquí Indiana Jones hubiera tenido que ir con guantes y gorro en lugar de látigo y sombrero, también debería tener en cuenta que los glaciares se mueven. Así que los hallazgos se han dispersado, por lo que hay que saber leer el hielo para saber de donde vienen lo más exactamente posible. Una gran diferencia de una momia en Egipto, que siempre estuvo en el mismo sitio durante siglos.
Por otra parte estos hallazgos no solo nos revelan el modo de vida de nuestro ancestros, sino como ha ido evolucionando el clima de la tierra. El ejemplo más destacado es el de la Pequeña Edad de Hielo Antigua, un periodo que se extiende desde el año 535 hasta el 660 d. C. Se caracteriza por un enfriamiento brusco y duradero del clima. Y es en ese contexto que se entiende que hacía aquella gente tan arriba en pleno invierno. Y es que al helarse muchas zonas donde crecían los frutos, aquellos humanos pasaron de la recolección a la caza, en particular la del reno, en las zonas glaciales. Y esto se sabe porque además se han encontrado muchas puntas de flecha.
El reciente hallazgo de esquís en alta montaña constituye, por tanto, un indicio más de esta presencia invernal. Refuerza la idea de que las sociedades de la época sabían aprovechar los recursos disponibles, adaptándose rápidamente a perturbaciones climáticas importantes.
Y bueno, la pregunta ahora sería, ¿cómo saben que en ese momento había una Pequeña Edad de Hielo? Pues bien, aquí entraría entonces el equipo Paleoclimatología. Aporta una profundidad temporal indispensable para la interpretación de los artefactos encontrados. Al combinar estos hallazgos con los datos procedentes de la dendrocronología (el estudio de los anillos de crecimiento de los árboles), los científicos pueden reconstruir las condiciones ambientales a lo largo de varios milenios.
Aún así, queda mucho por hacer. La relación entre los objetos arqueológicos y los datos climáticos aún no se comprende bien. Este es uno de los grandes retos de la arqueología glaciar.

En el Museo de Historia Cultural de la Universidad de Oslo conservan este esquí del 700 d.c., e incluso otro de más atrás, con 2.700 años más.
