La bicampeona olímpica fue operada el martes 25 de agosto de 2026 en la Clínica La Madonnina de Milán, en una intervención realizada como es habitual en la selección azzurra por el doctor Andrea Panzeri, presidente de la Comisión Médica de la Federación Italiana de Deportes de Invierno (FISI). El objetivo era relativamente sencillo aunque llegaba después de uno de los episodios más duros de su carrera: retirar la placa y los tornillos que habían sido colocados en su rodilla izquierda después del gravísimo accidente sufrido el 3 de abril de 2025.
Y la operación salió bien. Más que bien, incluso. Porque había una preocupación añadida: comprobar qué se encontraban los médicos dentro de la rodilla y decidir si era necesario intervenir también sobre el menisco. Finalmente, no hizo falta. La artroscopia mostró un panorama mejor de lo esperado, con el menisco y el ligamento cruzado anterior en buenas condiciones. Se retiraron la placa y las fijaciones y no fue necesario realizar ninguna otra intervención.
La propia Brignone fue la primera en tranquilizar a sus seguidores después de salir de la clínica. Explicó que todo había ido bien, que tendrá que utilizar las muletas solamente durante unos días y que después comenzará la fisioterapia para volver progresivamente a la preparación física. Su mensaje fue especialmente significativo: "el ginocchio sta bene e anch'io sto molto bene", (la rodilla está bien y también yo estoy muy bien).
Pero para entender por qué ha tenido que volver a operarse hay que retroceder al 3 de abril de 2025. Aquel día, durante los Campeonatos Italianos en Val di Fassa, Brignone sufrió una de las caídas más graves de su carrera. Se fracturó la tibia y el peroné de la pierna izquierda, además de sufrir una lesión del compartimento capsuloligamentoso medial y una rotura del ligamento cruzado anterior. La lesión obligó a realizar una primera intervención y posteriormente otra dentro de aquel largo proceso quirúrgico.
Lo que ocurrió después fue otra de esas extraordinarias historias del deporte del esquí. Brignone volvió a esquiar a finales de noviembre de 2025 y regresó a la competición en enero de 2026, en Kronplatz. Allí terminó sexta. Apenas unos meses después de una lesión que, para cualquier esquiador, habría podido significar el final de una temporada y probablemente mucho más.

Federica Brignone tras esta última intervención quirúrgica
Y entonces llegó el milagro olímpico.
En los Juegos de Milano-Cortina 2026, apenas diez meses después del accidente, Brignone ganó el oro olímpico en Super-G... y por si aquello ya era extraordinario, tres días después también ganó el de Gigante. Lo hizo con una rodilla que todavía no estaba completamente libre de problemas y con dolor. El resultado fue extraordinario, pero también tuvo un precio. Su temporada terminó antes de lo que ella hubiera querido y durante los meses siguientes continuó trabajando para recuperar completamente la pierna.
Ahí está precisamente la razón de la nueva operación. No se trataba de que la primera recuperación hubiese fracasado. Tampoco de que hubiese aparecido de repente una nueva lesión. La pierna estaba mejorando, pero Brignone seguía teniendo dolor cuando esquiaba y durante determinadas actividades.
La propia campeona lo había explicado antes de entrar en el quirófano,
"no quiero afrontar otra temporada teniendo que luchar contra el dolor en cada curva. Por eso, después de hablar con el equipo médico, se decidió volver a intervenir para retirar el material y limpiar la zona."
Antes de la operación existía la posibilidad de que los médicos tuvieran que intervenir también el menisco. Era una de las incógnitas que había que resolver cuando entraran en la rodilla. Sin embargo, la artroscopia permitió comprobar que no había ningún problema que justificara actuar sobre él. Tampoco fue necesario realizar una nueva intervención sobre el cruzado.
El doctor Panzeri se encontró, por tanto, con una rodilla en mejores condiciones de las que esperaba. El cruzado presenta un estado satisfactorio y el menisco está bien. Persisten, eso sí, las consecuencias del enorme traumatismo sufrido en 2025 y daños en el cartílago, algo que explica también por qué nadie puede prometer que el dolor vaya a desaparecer por completo.
Y eso es una diferencia importante. La operación ha eliminado una posible fuente mecánica de molestias (la placa y los tornillos), pero no puede borrar las consecuencias de una fractura tan grave. Por eso los médicos son optimistas, pero prudentes. La expectativa es que el dolor se reduzca de forma importante, no que puedan garantizar que desaparezca para siempre.

Federica Brignone celebra en Cortina d'Ampezzo uno de sus dos oros olímpicos
Ahora empieza otra carrera contra el reloj
El primer objetivo es relativamente modesto: unos días con muletas, fisioterapia inmediata y después recuperación progresiva de la condición física. El doctor Panzeri calcula que en aproximadamente cuatro a seis semanas podrá recuperar la actividad física de manera progresiva.
Eso significa que Brignone tendrá que renunciar al próximo periodo de preparación de la selección italiana en Chile y que su presencia en el comienzo de la Copa del Mundo 2026-27 queda seriamente comprometida. El circuito internacional arrancará a finales de octubre en Sölden, pero ese objetivo parece ahora demasiado cercano para una esquiadora que acaba de salir del quirófano.
La idea que maneja la selección es volver a esquiar durante el otoño y tratar de regresar a la competición entre diciembre de 2026 y enero de 2027. No hay, por tanto, un calendario cerrado de regreso. Primero tendrá que comprobar cómo responde la rodilla a la rehabilitación, después al entrenamiento y, finalmente, a los esquís.
Porque esa será la prueba definitiva. Una cosa es que Brignone pueda caminar, pedalear, hacer gimnasio o recuperar fuerza. Otra completamente diferente es volver a ponerse unos esquís y someter esa rodilla a las fuerzas, impactos y torsiones de un Gigante o un Super-G de Copa del Mundo.
Y ahí está la gran pregunta que la prensa italiana se hace para los próximos meses: ¿conseguirá esta operación convertir una rodilla que funcionaba, pero que dolía, en una rodilla capaz de volver a competir sin dolor? De momento la respuesta es suficientemente buena como para mantener vivo el proyecto.
Brignone no está retirándose. No hay una nueva operación programada y tampoco se ha encontrado durante esta intervención una lesión que obligue a replantearse su carrera. Al contrario: la planificación apunta a que vuelva a esquiar y a intentar llegar a los Mundiales de Crans-Montana 2027, que se disputarán en Suiza del 1 al 14 de febrero.
Y ese puede convertirse en el gran objetivo de esta nueva temporada. Después de ganar dos oros olímpicos con una rodilla reconstruida y todavía dolorida, Brignone quiere ahora algo que quizá sea incluso más importante que otra medalla: volver a esquiar sin tener que buscar cómo esquivar el dolor en cada curva.
La operación del 25 de agosto no garantiza que lo consiga. Pero ha eliminado la placa y los tornillos, ha confirmado que el menisco está bien, que el cruzado presenta buenas condiciones y que la situación interna de la rodilla es mejor de lo esperado.
Ahora toca esperar. Primero cuatro o seis semanas. Después, volver a entrenar. Luego, volver a ponerse los esquís. Y solo entonces sabremos si aquella caída del 3 de abril de 2025, que ya ha dado lugar a uno de los regresos más extraordinarios de la historia reciente del esquí, todavía tiene un último capítulo.
Brignone quiere que ese capítulo se escriba en Crans-Montana, en febrero de 2027. Y, después de lo ocurrido en Milán, ese objetivo vuelve a parecer posible.

Federica Brignone posa con sus dos medallas de oro olímpicas logradas en Cortina d'Ampezzo 2026
