Maier tenía entonces 28 años y estaba en la cima absoluta de su carrera. Acababa de ganar la Copa del Mundo por tercera vez, dos medallas de oro olímpicas y doble campeón mundial. Además, venía de una concentración de verano en Chile y estaba, según él mismo diría posteriormente, en una forma física excepcional.
Aquella tarde volvía en motocicleta hacia su casa en Radstadt, Salzburgo, después de entrenarse en Obertauern. Estaba a unos diez minutos de casa. Entonces un automóvil conducido por un jubilado alemán de 73 años que hacía turismo por la zona realizó un giro inesperado delante de Maier. Hermann intentó esquivarlo, pero no pudo evitar el impacto. Salió despedido de la moto, cruzó por encima de un pequeño arroyo y cayó en una cuneta. En el vuelo pasó peligrosamente cerca de una farola. El impacto fue tan brutal que las consecuencias hay que listarlas:
- Fracturas abiertas de tibia y peroné de la pierna derecha;
- Una destrucción importante de músculos y tejidos blandos;
- Heridas profundas;
- Pérdida de dos dientes;
- Problemas renales durante la operación; y
- Una contaminación de la herida que preocupaba enormemente a los médicos.
Pero lo verdaderamente grave era otra cosa: la pierna estuvo a punto de ser amputada.

Hermann Maier era un gran aficionado a la motocicleta
La operación que le salvó la carrera
Fue trasladado en helicóptero a Salzburgo. El cirujano Arthur Trost estuvo varias horas trabajando sobre aquella pierna destrozada. La primera operación duró alrededor de siete horas.
En aquel momento nadie estaba hablando de cuándo volvería a ganar carreras. La pregunta era mucho más básica: ¿Conservará la pierna?
El propio hospital hablaba de una situación extremadamente grave. Los médicos llegaron a considerar la amputación, y durante los primeros días el pronóstico deportivo era prácticamente imposible de establecer.
Maier, cuando despertó de la anestesia y comprendió la gravedad de lo ocurrido, cayó en una fuerte depresión. El hombre que parecía indestructible de repente estaba en una cama sin saber siquiera si volvería a caminar normalmente. Una semana después todavía permanecía ingresado, aunque había abandonado la UCI. A mediados de septiembre pudo salir del hospital y comenzar una rehabilitación mucho más intensa.

Hermann Maier en el hospital de Salzburgo en 2001
Maier intentó volver demasiado pronto
Los Juegos Olímpicos de Salt Lake City eran en febrero de 2002. Habían pasado solamente cinco meses y Maier se empeñó en intentar llegar.
En enero de 2002 tuvo que admitir la realidad. Los huesos estaban soldados y había recuperado fuerza muscular, pero todavía tenía problemas de sensibilidad nerviosa y la pierna no estaba preparada para la alta competición. Finalmente renunció a los Juegos. Eso fue probablemente fundamental. Porque entonces dejó de perseguir un milagro inmediato y empezó una rehabilitación de verdad.
Pasó aproximadamente 17 meses entre el accidente y su regreso a la competición. Pero antes tuvo que soportar intervenciones y rehabilitación extraordinariamente duras. En la pierna llevaba una barra metálica de unos 36 centímetros que hacía prácticamente las funciones de la tibia y el peroné durante la reconstrucción. Posteriormente tuvieron que retirársela junto con los tornillos.Incluso después de volver seguía teniendo problemas físicos, entre ellos una tendinitis del tendón rotuliano.
El regreso: enero de 2003
El 14 de enero de 2003, aproximadamente 17 meses después del accidente, Maier volvió oficialmente a competir en la Copa del Mundo en Adelboden, en un Gigante. Fue 31.º, quedándose fuera de la segunda manga por muy poco. Pero para Maier e incluso para la afición, aquello fue una victoria.
Había conseguido volver a colocarse en la salida de una prueba de Copa del Mundo después de que los médicos hubieran dudado incluso de que pudiera conservar la pierna. Él mismo resumió aquel momento con una frase: "Lo más duro fue salir". Y tenía razón. El problema no era bajar rápido. El problema era volver a ponerse el dorsal.
Y entonces ocurrió algo increíble. Tan solo 13 días después de aquel regreso, el 27 de enero de 2003, Hermann Maier se impone nada menos que en el Super-G de la muy exigente pista Streiff de Kitzbühel. Una barbaridad. En casa, ante los suyos y en la meca del esquí austriaco (ostras, si es que es de película!).

Hermann Maier celebra su victoria en el Super-G de Kitzbuehel en 2003
Y no fue una casualidad. Diez meses después, en noviembre de 2003, ganó el Super-G de Lake Louise. y a la semena siguiente también se quedó el Descenso de Beaver Creek, volviendo de esta manera a la senda de las victorias durante aquella temporada.
Pero lo realmente extraordinario estaba por llegar.
Aquí está, para mí, la parte más impresionante de toda la historia. Porque una cosa es regresar. Otra es ganar una carrera. Y otra completamente distinta es volver a ser el mejor esquiador del planeta durante toda una temporada. En la de 2003-04, Maier ganó nuevamente la General de la Copa del Mundo absoluta. Fue su cuarto Globo de Cristal absoluto. Y lo hizo con 1.265 puntos, por delante de Stephan Eberharter y Benjamin Raich. Además, ganó por quinta vez la clasificación de Super-G, algo que continúa siendo un récord.
Y espera, que todavía tenía más. En 2005 Maier tenía 32 años y ese año Bormio organizó el Mundial de esquí alpino. Y allí sobre otra de las pistas más exigentes del circuito, la Stelvio, volvió a conseguir algo que parecía todavía más improbable unos años antes: Campeón mundial en Gigante.

Hermann Maier celebra su oro en Bormio 2005
Según se puede leer en la web de la FIS, después del accidente volvió a modificar su manera de esquiar. Su estilo anterior era extremadamente agresivo y asumía enormes riesgos. Tras la lesión aprendió a controlar aquella agresividad y a encontrar un equilibrio entre agresividad y seguridad. Es decir, que no volvió exactamente siendo el mismo Maier, sino un Herminator algo más controlado, pero seguía siendo tremendamente rápido.
Y bueno, llegó lo que finalmente le convertiría en quizás 'la leyenda' del esquí alpinó: Turin 2006. Cuatro años después de haberse perdido Salt Lake City por aquella pierna, Maier volvió a disputar unos Juegos Olímpicos. De Italia a sus 33 años se volvió con una plata en Super-G y un bronce en Gigante. Además terminó sexto en descenso.
Y todavía siguió sumando triunfos en la Copa del Mundo después de aquello. de hecho terminó su carrera con 54 victorias y 96 podios en el circuito internacional, entre ello el Descenso de Garmisch en enero de 2006 y de nuevo el Super-G de Kitzbühel pocos días antes.
Ëxitos de Hermann Maier
- 4 Globos de la General de Copa del Mundo.
Dos Globos de Descenso,
Tres Globos de Gigante y
Cinco Globos en SuperG, - 54 victorias en la Copa del Mundo (en cuatro disciplinas diferentes) y 13 de ellas tras su regreso.
- 2 medallas de oro olímpicas,
- 3 oros en los Mundiales,
Es el tercer corredor con mas victorias masculinas tras Ingemar Stenmark y Marcel Hirscher y empatado demomento con Marco Odermatt.

Hermann Maier posa con algunos de los Globos ganados en la Copa del Mundo de esquí
Una recuperación históricamente extraordinaria en el deporte
Maier había construido su reputación sobre la idea de que era prácticamente indestructible. El accidente de Nagano de 1998 había contribuido a crear esa imagen: se cayó de forma espectacular en el Descenso y pocos días después ganó dos oros olímpicos. De ahí nació en buena medida el sobrenombre de "Herminator".
Pero el accidente de 2001 fue diferente. Esta vez no había nieve. No había una carrera. No había una caída espectacular delante de millones de espectadores. Era simplemente un accidente de carretera que podía dejarle sin pierna y sin carrera. Y durante las primeras semanas, Maier tuvo que aceptar algo que probablemente nunca había tenido que aceptar como deportista: no podía decidir cuándo volvería. Los médicos, la cirugía, la infección, la consolidación ósea, los nervios y la rehabilitación mandaban.
Por eso su regreso tiene una dimensión diferente al de Nagano. En Japón demostró que podía levantarse después de una caída. En su proceso de 2001 a 2003 tuvo que demostrar que podía reconstruirse desde cero. Y lo más increíble es que lo logró para volver a ser uno de los mejores esquiadores del mundo.
Por eso, si hoy, 25 años después, tuviera que elegir cuál fue la verdadera hazaña de Hermann Maier, yo no elegiría ni siquiera la victoria de Kitzbühel de 2003. Elegiría la temporada entera de 2003-04. Porque ganar Kitzbühel podía ser un milagro (como vemos a veces en los Juegos Olímpicos). Pero ganar la Copa del Mundo absoluta significaba que, después de todo lo ocurrido, durante meses había sido capaz de esquiar mejor que prácticamente todos los mejores esquiadores del planeta. Y eso convierte su accidente del 24 de agosto de 2001 y su posterior regreso en una de las historias de recuperación más extraordinarias de toda la historia del deporte.

Hermann Maier sigue esquiando como embajador de la estación de esquí de Flachau

