Nueva Zelanda es conocida por sus bellos paisajes y sus montañas de leyenda. Escenario de películas como El Señor de los Anillos, tampoco se queda atrás cuando hablamos de sus estaciones de esquí. Pero prácticamente todos sus complejos invernales están en la isla sur. Para los aficionados que viven en la del norte, las opciones de pegarse una esquiada sin tener que volar hasta Queenstown son realmente escasas.
Por suerte, justo en mitad de esa isla norte se alza el viejo volcán Mt. Ruapehu que alcanza una altitud de 2.797 metros. Suficientes para convertir en nevadas las precipitaciones que en invierno llegan a esa zona. En sus faldas hay tres estaciones de esquí, Turoa, Whakapapa y la pequeña Tukino. No obstante en Nueva Zelanda al contrario que en Europa, cuanto más al sur mejores condiciones, así que estos tres centros invernales tienen que asegurar su temporada con producción de nieve.
Pero en el oeste de esta isla norte, casi a la misma latitud, existe una cuarta opción para los esquiadores de esta parte de Nueva Zelanda. Se trata de Manganui, un pequeño centro menajado por voluntarios y un par de sencillos remontes instalados un poco más abajo de la cima del Monte Taranaki, otro viejo volcán que en este caso alcanza una altitud de 2.518 metros.
Sin embargo el remonte que llega más alto de Manganui se queda en la cota 1.618 metros. Además no tienen ni un solo cañon de nieve artificial. Entre esto y la falta de altura, pues aquí la nieve aparece de vez en cuando. Entonces un ejército de voluntarios del Stratford Mountain Club llega, arregla las pistas y si ve que no hay rocas o piedras asesinas, avisan por redes sociales y le dan al botón de sus telecuerdas.
No obstante, pese a esa incertidumbre, la gente por las previsiones meteorológicas ya saben cuando es posible que los chicos de Manganui pongan en marcha los remontes. Así que suelen estar atentos a los anuncios oficiales. Y en cuanto hay luz verde, salen disparados. Esa flexibilidad tiene otra parte positiva, y es que sea cuando sea la época del año, si hay nieve, se abre. Y esto alguna vez ha sucedido a principios de mayo, que es muy pronto para Nueva Zelanda. Y en otra ocasión no nevó en todo el invierno, pero si en su primavera, así que cuando todas las estaciones ya estaban cerradas, ellos inauguraron su temporada.
Pero para hacernos una idea de las condiciones meteorológicas por estas latitudes, resulta que la competencia de Manganui no está en aquellas tres estaciones de esquí de Mt. Ruapehu, sino en las olas de Plymouth. Y es que cuando llega una tormenta que deja nieve en este pequeño centro invernal, coincide que también hay viento en la costa, lo que ayuda a levantar olas, algo a lo que también están atentos los surferos. Entonces es momento de decidir: palillos o tabla. Nieve o mar.
Pues bien, el sábado nevó, el domingo pudieron abrir todos sus remontes, por allí aparecieron 100 personas, y más o menos la mitad al día siguiente lunes. El martes ya no había nieve. Así que todo el mundo se fue a casa a esperar una nueve borrasca.
Otra de las curiosidades de Manganui, es que no hay un aparcamiento a pie de pista. El coche se deja en el Plateau Car Park y desde allí se camina unos 30 minutos hasta los remontes. Antes el recorrido era más argo, pero en 2024 se inauguró el espectacular puente colgante de Manganui que cruza el desfiladero de Manganui y llega a alcanzar una altura de 50 metros al suelo. A la entrada de este puente hay un elevador de carga donde puedes dejar tu material de esquí y snowboard y te lo transportan hasta la base de la estación.

Los que llegaron el martes ya solo pudieron caminar por la nieve
