El pasado martes 7 de julio fue un día histórico para los Juegos de Invierno. No porque el Freeride fuera aprobada como disciplina olímpica, sino porque al mismo tiempo se eliminaba por completo la Combinada Nórdica, uno de los pocos deportes que ha estado siempre en la calendario de los cinco aros. Adiós a 102 años de historia desde Chamonix 1924 a Cortina d'Ampezzo 2026.
Adiós a lo viejo, hola a lo nuevo.
La eliminación de la Combinada Nordica (pese a las lógicas protestas de los especialistas en esta disciplina) no fue una sorpresa. Ocupó el puesto más bajo entre los deportes olímpicos de invierno en varios indicadores de popularidad desde Sochi 2014 hasta Milano Cortina 2026. Incluso terminó último en 11 de las 14 métricas analizadas en los Juegos más recientes. El COI había considerado un último intento, que era ampliarla añadiendo eventos femeninos y de equipos para poder reducir mucho más su desequilibrio de género, pero finalmente optó por eliminarla del programa 2030.
Y es que esa igualdad la encontró en el Freeride. Cuatro eventos, todos con categoría masculina y femenina, 44 deportistas. Junto al también añadido Patinaje Sincronizado, Alpes 2030 serán los primeros Juegos de Invierno en lograr la plena paridad de género, con 3.046 atletas, 1.525 mujeres y 1.521 hombres, que se espera que compitan en 126 eventos.
De todas maneras no es que el COI se encontrara de repente con el Freeride y le tocada la 'lotería de paridad de género' sino que previamente hubo un arduo trabajo de Nicolas Hale-Woods, fundador y director general del Freeride World Tour. Este suizo de origen británico, tuvo claro casi desde el principio, que este deporte debía acabar siendo olímpico. Y desde entonces ha ido haciendo un camino largo, pero bien estudiado.
Todo comenzó con la creación del Xtreme de Verbier, en la temible cara norte del Bec des Rosses, en Suiza, en 1996. Curiosamente esta competición, pionera en su momento, era solo para snowboarders.
Y así estuvo durante 12 años, hasta que en 2008 nace el Freeride World Tour (FWT) incluyendo también el esquí. Hasta entonces estas competiciones se organizaban de forma individual. Es decir, una estación o empresa proponía un evento y los freeriders se iban apuntando. El ganador se iba a casa con un premio y ya está.
Pero ese 2008 por primera vez se organiza una competición internacional de freeride con varias etapas en todo el mundo, y una final en Verbier. Y es entonces cuando el circuito atrae rápidamente a deportistas, patrocinadores y cadenas de televisión. Entonces, Nicolas Hale-Woods tiene claro que aquello tiene que acabar siendo una disciplina olímpica.

Primera edición del Xtreme Verbier de 1996, only snowboard
El camino olímpico pasaba por Andorra
Pero para ello, el CEO suizo sabía que también tenia que ir de la mano de una Federación internacional. Es así como empieza a trabajar para incorporarse a la FIS. En 2022 se produce el acuerdo para que el circuito del FWT entre en la FIS. Y sin perder un segundo, Hale-Woods solicita ser ya disciplina olímpica para los Juegos de Cortina d'Ampezzo 2026. Pero era muy justo y el COI quería antes examinar bien este deporte, y sobre todo saber qué pasa cuando tienen un calendario cerrado a apenas dos semanas y si era tan peligroso como parecía (¡veian a gente saltando rocas y dar volteretas en acantilados!)
Todos los deportes de los Juegos Olímpicos se disputan en una ventana de apenas dos semanas. La coordinación y preparación tienen que ser perfectas. Y es así como para poder demostrar al COI que el FWT es capaz de convocar a deportistas de varios países en organización a escala internacional, nacen los Mundiales de Freeride.

Imágenes como esta asustaban el COI
Todo se confió a Andorra, y más en concreto Ordino Arcalís. El país tenía sobrada experiencia en la organización de eventos de todo tipo a escala internacional. Desde las propias etapas del FWT a Copas del Mundo de esquí alpino o de MTB en verano, así como un largo etcétera
Esos primeros campeonatos del mundo celebrados en Ordino Arcalis este pasado mes de febrero de 2026, sirvieron como prueba a gran escala y terminaron de convencer al COI. Una de las cosas que preocupaban a los miembros del Comité Olímpico, es ver a esos chicos y chicas saltar sobre grandes rocas y acantilados. Lo último que querían ver es un grave accidente con los cinco aros de fondo. En una de las entrevistas que ha dado estos días Nicolas Hale-Wood, dijo que
"Al contrario de lo que se suele pensar, nuestro deporte no es peligroso, en el sentido de que, si nos fijamos en nuestras estadísticas de accidentes, hay muy pocos. El freeride es una forma de educar a los practicantes sobre los riesgos de la montaña."
Los miembros del COI salieron de Andorra encantados porque tenían un nuevo deporte para atraer gente joven. Y es que el interés por la disciplina de Hale-Wood va más allá de la mera dimensión deportiva. Al igual que el surf, el skate, la escalada o el slopestyle, que se incorporaron a los Juegos antes que el freeride, forma parte de la estrategia de apertura a disciplinas capaces de atraer a un público más joven y de renovar la imagen de los Juegos Olímpicos.

El 7 de julio de 2026 el freeride entró de lleno en la historia de los Juegos Olímpicos
Además, el freeride presenta varias ventajas
En primer lugar, su popularidad va en aumento, sobre todo entre los jóvenes. Según datos que maneja Hale-Wood, entre los jóvenes el número de practicantes aumenta aproximadamente un 10% cada año.
Otra ventaja es el coste de organización, relativamente moderado. Las infraestructuras necesarias son mucho menores en comparación con otras disciplinas. No se necesitan cañones de nieve por ejemplo. Ni siquiera una gran linea de meta ni graderías porque es una disciplina visual, para televisión y redes. De hecho, muchas pruebas del FWT se hacen alejadas de las propias estaciones de esquí. Prácticamente solo Baqueira Beret tiene un balcón privilegiado al escenario de competición. Una prueba del FWT tiene un presupuesto aproximado de unos 900.000 euros. Para el COI, que busca contener el gasto de los Juegos, esto supone una gran ventaja.
Aún así, el freeride sigue siendo un deporte muy de nicho. Apenas hay 11.000 deportistas federados y se organizan competiciones en 23 países. Es cierto que teniendo en cuenta que se necesita nieve natural, difícilmente se van a encontrar más naciones donde montar este tipo de eventos. Sin embargo sí deberá crecer el número de freeriders.

Nicolas Hole-Wood, CEO del Freeride World Tour
Quienes también están interesadas en este crecimiento son las marcas. Grupo Rossignol, que ha apoyado el FWT desde sus inicios a través de Dynastar, sin duda ha presionado para que esta sea disciplina olímpica. Como empresa francesa, que mejor que Alpes 2030 para estrenarse en una disciplina que tanto han ayudado en su crecimiento. Aunque los esquís de freeride representan un porcentaje menor de su negocio de invierno (un 15% aprox), dejan un margen mayor que en el de alpino porque la competencia no es tan feroz y el comprador mira mas el rendimiento que el precio.
Ahora el siguiente paso de Nicolas Hale-Wood es algo que pocos han logrado en los deportes de nieve: que los riders puedan ganarse mejor la vida con su deporte. Lamentablemente quedan a años luz de otros como el tenis o la bicicleta. Para ello deberá seguir captando patrocinadores incluso de fuera del sector nieve y no menos importante, ampliar las paradas del circuito.
Con apenas cuatro o cinco etapas (hay años que menos) no se logra el impacto mediático constante que buscan las marcas. Sobre todo teniendo en cuenta que otros deportes como el fútbol o la F-1 duran un mínimo de nueve meses.
Técnicos del FWT estudian una de las lineas del circuito
