Lo que empezó como discusiones puntuales en el sur de Francia, cada vez más se va extendiendo al resto de Europa: el uso del burkini. Ese bañador completo que usan las mujeres musulmanas para meterse en aguas públicas tapándolas casi por entero. Esta semana una sentencia quita la razón a un hotel que impidió el paso a la piscina a dos mujeres por ir vestidas con este tipo de prenda.
Ocurrió el pasado mes de febrero en un hotel situado a los pies de la estación de esquí de St. Johann im Pogau. El gerente del establecimiento vio que entraban al agua con un burkini, y tras una acalorada discusión las convenció para que se fueran después de decirles también que tenían que adaptarse, y que podían “nadar con Burkini en Arabia Saudita”, pero no en Austria. Pero las dos clientas decidieron poner una reclamación por discriminación.

Boshra y Jasmina Amasha posan junto al Tribunal Administrativo Regional del estado federado de Salzburgo (Austria)
A los pocos días unos inspectores de la localidad se presentaron en el hotel y les impuso una sanción de 100 euros. Pero el dueño del establecimiento no estuvo de acuerdo y apeló al Tribunal Regional de Salzburgo, que nuevamente dio la razón a las dos mujeres, y además impuso otros 20 euros de costas.
El meollo del asunto es que en Austria no hay una ley que prohiba entrar con burkini a las piscinas. Pero en su defensa el hotel aseguró que bañarse con ese tipo de bañador es algo antihigiénico. Entonces se le pidió algún informe que diese vericidad a esa acusación. El tribunal destacó que el tejido es el mismo que el de muchos bañadores deportivos y que los controles del agua no detectaron ningún problema. Si el hotel hubiera podido demostrar un riesgo sanitario real, el resultado podría haber sido distinto.
Uno de los aspectos que suelen valorar los tribunales en estos casos es si la norma se aplica de forma coherente. Si, por ejemplo, ya en el caso de piscinas públicas al aire libre, se permiten camisetas de licra para protección solar, trajes de neopreno o bañadores de competición que cubren casi todo el cuerpo, resulta más difícil justificar la prohibición exclusiva del burkini.
Austria prohibió en 2017 cubrirse completamente el rostro en espacios públicos (burka y niqab) y en 2019 aprobó una prohibición del velo islámico en escuelas primarias, aunque posteriormente fue anulada por el tribunal constitucional. El burkini, al dejar el rostro descubierto, nunca ha estado incluido en esas prohibiciones.
Pese a lo anecdótico de la multa y que sea un caso local, la polémica ha saltado a nivel nacional en un contexto de auge de la extrema derecha que ha encontrado en la inmigración islámica un caldo de votos. Es el caso de Herbert Kickl y el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), que han convertido la inmigración y el islam en uno de sus principales ejes políticos. Eso ha hecho que un litigio relativamente pequeño tenga una repercusión mediática mucho mayor y que incluso se haya dicho que el burkini se está extendiendo tanto que incluso llega a zonas poco habituadas hasta ahora.
El burkini se ha convertido en un tema político controvertido en varios países europeos, especialmente en Francia. Los intentos de los alcaldes del sur de ese país por prohibirlo en las playas del Mediterráneo en 2016 fueron finalmente anulados por los tribunales. Otros países europeos, como los Países Bajos y Dinamarca, han prohibido el burka y el niqab, prendas que cubren el rostro.

Mujeres con burkini en una piscina pública
