El esquí y el sector industrial español de la nieve se visten de luto este 10 de junio de 2026, para despedir a una de sus figuras más visionarias y queridas: José 'Pepe' Santoyo Morillas, quien ha fallecido a la edad de 91 años dejando un legado de excelencia que entrelaza la precisión técnica con la pasión por el esquí.
Nacido en Madrid en 1935, Pepe Santoyo, como era conocido por todos, comenzó su andadura vital formándose en el oficio de matricero, una profesión basada en la exactitud que marcaría el resto de su trayectoria profesional y personal.
Buscando nuevos horizontes, decidió emigrar en su juventud, durante las décadas de los años 50 y 60, hacia Suiza, un destino que resultaría fundamental para su formación. En Ginebra, su talento natural para la mecánica le permitió prosperar hasta alcanzar el puesto de rectificador en la que era considerada la mejor fábrica de material de precisión del mundo. Allí realizaba trabajos de una gran complejidad.
A pesar del éxito profesional en tierras suizas, el arraigo y el deseo de un ambiente familiar para sus hijos, que apenas hablaban castellano en aquel entonces, le impulsaron a tomar la decisión de regresar a casa antes de que fuera demasiado tarde. A su vuelta a España, a finales de la década de los 60, Pepe buscó un lugar donde volcar su experiencia y su amor por la nieve. Inicialmente barajó opciones en estaciones consolidadas como Baqueira Beret o Sierra Nevada, pero el destino le llevó hacia un proyecto incipiente cerca de la capital. Tras una conversación con José Pirinoli, quien le presentó las bondades de una estación que acababa de nacer en 1968, Santoyo decidió apostar por La Pinilla.
Se instaló en Riaza aquel mismo invierno, donde sus inicios fueron polifacéticos: montó un bar y un negocio de alquiler de esquís que rápidamente se convirtieron en referencia para aquellos pioneros del deporte en la zona. Su vinculación con la estación fue tan profunda que ejerció como monitor de esquí y llegó a ser cofundador y director de la Escuela Española de Esquí de La Pinilla, una institución que hoy le reconoce como uno de sus pilares fundamentales por su dedicación a la enseñanza y su capacidad para formar a generaciones de esquiadores.
Sin embargo, fue una época de crisis la que le obligó a reinventarse una vez más. Aplicando su mentalidad de matricero suizo a la industria textil, se planteó un desafío: fabricar ropa de nieve con una calidad técnica superior. Así, en 1971, alquiló un pequeño local en Madrid donde comenzó la fabricación de las primeras prendas bajo su nombre: Santoyo. El éxito de los pedidos, impulsado por la durabilidad y el diseño de sus piezas, permitió que en 1973 trasladara definitivamente la empresa a la localidad segoviana de Riaza, donde se estableció en su polígono industrial.

La marca Santoyo se distinguió desde el principio por su precisión en la costura. Pepe solía decir que, si una prenda debía coserse a cinco milímetros, esa medida era sagrada y no se permitían fallos. Mientras el mercado se inundaba de tejidos económicos procedentes de otros continentes, él se mantuvo fiel a la alta gama, importando los mejores tejidos técnicos directamente de Japón. Esta exigencia por la excelencia hizo que sus anoraks, monos de competición y plumíferos fueran la elección predilecta de los principales clubes de esquí de España y hasta de pisteros.
A partir del año 2005, la empresa, ya gestionada junto a su hijo José Santoyo Marguolles, adaptó su modelo de negocio para centrarse en la ropa técnica personalizada para profesionales. Santoyo se convirtió en el fabricante de confianza para escuelas de esquí, estaciones y cuerpos de emergencias como bomberos, policías y guardas forestales, ofreciendo prendas adaptadas específicamente a las condiciones de transpirabilidad y resistencia al sol propias de la geografía española. Con una facturación que alcanzó el millón de euros, la firma demostró que era posible mantener una producción 100% española frente a la competencia de los gigantes asiáticos.
Hoy, la Escuela Española de Esquí de La Pinilla y el pueblo de Riaza lloran la pérdida de un maestro, un amigo y un gran empresario que supo transformar el metal en tela y la montaña en un hogar. José Santoyo Morillas no solo fundó una marca; creó una forma de entender la montaña basada en el respeto por el trabajo bien hecho, un legado que seguirá en cada chaqueta que todavía porta su apellido. Su fallecimiento este 10 de junio marca el fin de una era, pero su huella milimétrica permanecerá imborrable en la historia del esquí español.

Pepe Santoyo con la escuela española de esqui de La Pinilla en los años '70
