Entre el 3 y el 4 de junio cayeron mas de 20 cm de nieve en las Drakenberg, la cadena montañosa más alta del sur de África, y que a lo largo de sus más de 1.000 kilómetros de longitud separa las fronteras de Sudáfrica y Lesotho. Podría parecer una nevada insignificante, pero no es muy habitual esta intensidad para esta época del año pese a que por allí hayan entrado ya en el invierno meteorológico.
Los dos países tenían una estación de esquí cada uno. Nada del otro mundo. Apenas un par de pistas y no más de 1 kilómetro para esquiar con un par de telesquís. Pero la de Sudáfrica no aguantó la pandemia y desde entonces no volvió a abrir. Con la economía nacional prácticamente estancada desde hace años, nadie ha querido hacerse cargo de ella, y ahí sigue con el cartel, en venta.
La de Lesotho sí ha aguantado. Se llama Afriski, y es literalmente como una de esas pistas de esquí cubiertas, pero sin techo. Y es que pese a tener su base en los 3.322 metros de altitud y superar la cota 3.500, el clima allí es muy seco. Así que frío hace, pero las nevadas ni aparecen ni se les espera. Así que lo apuestan todo a la producción de nieve.
Y en eso estaban estos días, cañoneando su zona de debutantes para empezar a dar clases ya para después ir trabajando la pista hacia arriba, cuando les cayó una nevada. Inesperada e intensa. Tanto fue así que se tuvo que cerrar el Sani Pass, una carretera que hace de frontera entre Sudáfrica y Lesotho.
De todas maneras desde la estación de esquí de Afriski han avisado que son conscientes de la nevada, que la han visto, pero que les ha pillado preparando las instalaciones, así que en breve anunciarán su fecha de apertura de temporada.
A Afriski se va básicamente a aprender a esquiar. Montan algunas fiestas a lo largo de la temporada y últimamente incluso alguna carrera de esquí y snowboard. Aquello no da para más. Por eso como complemento ofrecen otras actividades como paseos en quads y ahora también e-bikes.
Toda una isla de consumo en un país donde la miseria y el SIDA se huele nada más entrar. Allí viven de la minería, y aunque genera muchos puestos de trabajo, están muy mal pagados y nada mecanizados. ¿para qué poner máquinas si un esclavo es mucho más barato?. También se vende su agua a las zonas industriales de Sudáfrica, dejando sin recursos a las comunidades locales y secando grandes zonas de praderas.
El turismo empieza a tener cierta relevancia. Ya representa entre el 5 y el 6,1 % de su PIB, y ofertas como las de la estación de esquí de Afriski y sus actividades complementarias ayudan a hacer crecer este nuevo motor económico.
Afriski abrió en 2004 por un empresario sudafricano de origen austriaco ligado a los deportes y turismo de nieve en Sudáfrica, que en 2012 se vendió parte de sus acciones a una empresa de Arabia Saudí para impulsar Tiffindell Ski en Sudafrica junto a otros socios. En 2019 se desprendió todas sus participaciones en Afriski para darle el espaldarazo definitivo a su nuevo proyecto. Quería ampliarla a 10 kilómetros esquiables, ponerle un telesilla y hacer un complejo invernal de referencia en el sur de este continente. Lamentablemente solo un año después llegó el COVID y la economía sudafricana entró en estancamiento, así que todo se fue al garete.
Entre la quiebra en Sudáfrica de Tifindell Ski Resort ese 2020, y la avería del telesilla de Oukaïmeden en Marruecos un año después, África se quedó tan solo con la estación de esquí de Afriski en Lesotho. Es decir, 1 kilómetro para esquiar. Esa es toda la oferta que queda en un continente que llegó a tener más de media docena de centros invernales si contamos con los tres que se cerraron también en Argelia.


La nieve cubría el Sani Pass este pasado 4 de junio
