Solo el turismo de montaña que cuide y sitúe la naturaleza en el centro de sus decisiones será viable en el contexto actual del cambio climático. Esta es la conclusión de un estudio publicado en la revista Mountain Research and Development, que sostiene que la mejor inversión de futuro para las instalaciones de esquí y de montaña es conservar o mejorar la naturaleza que las rodea.
La investigación, llevada a cabo en colaboración con Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC) y dirigida por investigadores del CREAF y de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), Joan Rabassa y Bernat Claramunt, propone un conjunto de 36 propuestas concretas para la gestión del capital natural destinadas a mejorar la sostenibilidad de estas zonas turísticas y reducir los riesgos medioambientales del cambio climático.
Este estudio forma parte del Proyecto Neret, iniciado por FGC con el objetivo de aumentar el capital natural del entorno que rodea a los complejos de montaña que gestiona y establecer objetivos a largo plazo para su preservación.
Para lograrlo, el equipo de investigación ha analizado el capital natural que rodea dos estaciones de esquí y montaña 100% públicas de los Pirineos catalanes, La Molina y Vall de Núria, y ha estudiado las conexiones con sus actividades. El resultado fue claro: su actividad depende de los recursos naturales de su entorno, como bosques, pastos y cursos de agua, de los que se obtienen las zonas esquiables, la protección contra avalanchas, el agua para la fabricación de nieve artificial y los paisajes que dan sentido a la experiencia turística. Joan Rabassa ha explicado al respecto que
«El reto científico ha sido, por tanto, proponer soluciones realistas para hacer que estos espacios sean sostenibles, conservando al mismo tiempo la naturaleza y adaptándose a un contexto de crisis climática y a las crecientes necesidades de la población en los territorios de montaña».
Para analizar todo esto y formular las propuestas, el equipo ha combinado información científica, modelos económicos, datos geográficos y trabajo de campo con talleres participativos en los que han intervenido diversas partes interesadas.
Entre las medidas propuestas se encuentran:
- la conservación y la ampliación de la cubierta forestal,
- la restauración de pastos degradados,
- la eliminación del pavimento y la reducción de infraestructuras innecesarias,
- la mejora del almacenamiento de agua,
- la restauración de ecosistemas como arroyos de montaña o prados alpinos, y
- la protección de hábitats de interés comunitario o la creación de otros nuevos, como jardines de mariposas.
Ferrocarrils ya ha comenzado a implementar diversas acciones relacionadas con el proyecto Neret. En cuanto a La Molina, y como parte de la mejora de la masa forestal, se está trabajando en el sistema de créditos climáticos forestales de Cataluña a través del programa PROMACC, que se pondrá a disposición del público, que permitirá contribuir a retener carbono en las masas forestales y los suelos; optimizar el consumo de agua de los bosques; conservar la biodiversidad y reducir el riesgo de incendios.
En el caso de la Vall de Núria, se está restaurando una superficie de 30 000 m² de zonas ajardinadas y pastos como espacios para el libre crecimiento de especies vegetales, creando zonas para fomentar la polinización de las mariposas y restaurando y ampliando el estanque de sapos. Aquí también se celebró el pasado mes de octubre el Congreso de Bioingeniería, donde se pudieron ver algunas de las técnicas de bioingeniería utilizadas para reparar una ladera dañada por un deslizamiento de tierra.

Una familia disfruta de la naturaleza de La Molina en verano
Pastos, ganado y biodiversidad
En las pistas de esquí de La Molina pastan alrededor de 3.500 ovejas, además de ganado vacuno y caballos. Una de las recomendaciones específicas que propone el estudio es mejorar la gestión de estos pastos.
Esta ganadería extensiva se utiliza para mantener los prados que posteriormente sirven como pistas de esquí, pero la gestión actual presenta algunos retos logísticos y ecológicos, como el pastoreo excesivo en algunas zonas, que pone en riesgo la biodiversidad vegetal, o la presencia de especies invasoras, como la centáurea, que también dificultan la tarea. Por ello, el estudio propone establecer sistemas de rotación de ganado, restaurar los pastos degradados y controlar estas plantas invasoras, con el objetivo de mejorar la calidad del ecosistema y reducir la degradación del suelo.
Agua, paisaje y usos rurales: factores clave
Una de las principales conclusiones del estudio es que, a pesar de las diferencias entre las dos estaciones analizadas, hay algunos elementos del capital natural que surgen de forma sistemática como prioridades tanto para la empresa como para los actores locales. Entre ellos, destacan especialmente el agua y el paisaje, los usos rurales del suelo (como la ganadería o la explotación forestal) y los servicios culturales (como el paisaje o las actividades recreativas en la naturaleza).
Estos factores cumplen los tres requisitos clave: son esenciales para el funcionamiento de las estaciones de esquí, para el bienestar de las comunidades locales y para mantener el atractivo turístico del territorio.
Según los autores, integrar el capital natural en los planes de gestión de las estaciones es una nueva forma de trabajar y pensar que puede ayudar a identificar mejor los riesgos y oportunidades asociados al cambio climático y a los cambios en el uso del suelo y, en última instancia, facilitar decisiones que hagan que este sector sea sostenible a largo plazo.

La Molina integra paisaje natural y agua para usos recreativos y culturales
