Un interesante y bien documentado vídeo publicado en youtube por SnowStash ejemplifica de manera clara el problema ya crónico de los Estados Unidos. Un país cuyas infraestructuras envejecen de manera rápida y que apenas invierte en renovaciones integrales. Y que cuando lo hace, es a base de sistemas poco modernos. Allí no tienen ni siquiera un tren de alta velocidad, la magnífica red de autopistas de los años '50 y '60 apenas ha crecido y muchos de sus puentes presentan graves problemas estructurales (solo en este siglo han colapsado entre 50 y 60).
El sector del esquí en los Estados Unidos parece que no escapa a esta tendencia. Cada vez son más los accidentes que se registran en sus remontes. Y los aficionados del país se quejan de que la inversión en nuevos telesillas o telecabinas se queda muy atrás con la que se ve en Europa. Y cuando se hace, se opta principalmente por aparatos muy sencillos. Mientras en las Rocosas se opta por instalar Toyotas Corolla, en los Alpes se ponen Audi.
Los datos macroeconómicos y técnicos recopilados por este youtuber muestran que mientras las estaciones de esquí europeas apuestan por proyectos con grandes innovaciones tecnológicas, en los complejos invernales norteamericanos gestionan un parque de remontes envejecido, lento y lastrado por imperativos financieros corporativos.
Esta brecha no solo altera la experiencia del esquiador en las colas de remontes, sino que impide que estas estaciones de esquí busquen una viabilidad financiera mediante la explotación de sus recursos todo el año, es decir, no solo en invierno, sino también en verano.
El estudio analiza un total de nada menos que 226 nuevos remontes instalados en 32 países. Las cuatro principales potencias de los Alpes (Italia, Francia, Austria y Suiza) invirtieron 1.090 millones de dólares. mientras que entre Estados Unidos y Canadá se quedaron en apenas 317 millones de dólares. Es decir, que en Europa se invirtió el año pasado tres veces y media más que en Norteamérica. Una proporción que resulta todavía más llamativa si se considera que el mercado de los Alpes atiende a una dimensión geográfica y de esquiadores proporcionalmente menor que las gigantescas extensiones de las Rocosas y las montañas de las costas americanas.
La disparidad se vuelve aún más evidente cuando el análisis desciende al coste medio por unidad instalada. En Suiza sale una media 16.750.000 dólares. en Estados Unidos cae hasta los 6.850.000 por remonte. Es decir, Suiza multiplica por 2,5 a las Rocosas. SnowStash lamenta que esto se traduce en una ventaja tecnológica en términos de velocidad de transporte, capacidad de carga por hora, resistencia aerodinámica ante temporales de viento y confort para los usuarios.
Video donde se explica la gran diferencia en inversiones de Estados Unidos frente a Europa
Norteamérica prefiere el Toyota Corola. Europa los Audi
Esta diferencia de presupuesto determina de forma directa la tipología del remontes que se monta. Para esta temporada de esquí, las estaciones europeas instalaron un total de 27 telecabinas con 10 asientos, además de doce telesillas de ocho plazas desembragables de alta velocidad, muchos de ellos con capotas de protección y sistemas de calefacción integrados en los asientos.
En contraste, las estaciones de esquí norteamericanas no montaron ni un solo telesilla de ocho plazas y apenas cuatro telecabinas de diez plazas (la mitad en el proyecto de expansión de Deer Valley). El verdadero motor de la renovación norteamericana se concentró en la colocación de 14 telesillas de pinza fija con capacidad para cuatro pasajeros, una tipología técnica que representó el 28% de todos los remontes montados al otro lado del atlántico.
El telesilla de pinza fija de cuatro plazas se define como el auténtico Toyota Corolla de las estaciones de esquí, un remonte mecánico que destaca por ser estrictamente funcional, mecánicamente fiable y económico de mantener, pero que carece por completo de innovación tecnológica, velocidad o atractivo, ofreciendo una experiencia al usuario idéntica a la que se reflejaba en los catálogos comerciales de la temporada de mil novecientos ochenta y siete.
Mientras el esquiador norteamericano continúa utilizando de forma masiva estos utilitarios industriales, las estaciones de los Alpes compran vehículos equivalentes a la gama alta de Audi. Lo habitual es instalar telesillas de seis plazas. Pero también se ven cada año algún 3S, funiculares de alta inclinación y cabinas panorámicas diseñadas por firmas especializadas como la suiza Garaventa o incluso Porsche.
Los hitos constructivos europeos de este último año ilustran el nivel de ambición de sus comités técnicos. En Suiza, la estación de Mürren-Schilthorn sustituyó su histórico teleférico por un nuevo sistema de vaivén con vagones de cien asientos y un diseño de vía ancha de alta estabilidad frente a vientos cruzados, un proyecto presupuestado en 43,8 millones de euros que forma parte de un plan director de 200 millones de euros para transformar el eje de transporte desde el fondo del valle hasta la cumbre.
En la región italiana de los Dolomitas, la instalación de Campello Corella en Val di Fassa supuso la puesta en marcha de un telecabina 3S con una inversión de casi 40 millones de euros. Asimismo, la estación suiza de Hoch Ybrig inauguró el primer remonte de tecnología Tri-Line del mundo, una variante tricable de veinte plazas que conllevó un desembolso de 32,2 millones de euros.
Frente a este despliegue de tecnología punta, las mayores obras registradas en el territorio estadounidense se limitaron a las dos nuevas telecabinas de Deer Valley Resort en su expansión de East Village, tasadas en 28,8 y 23,6 millones de dólares. En Big Sky onstalaron el Explorer por 27,6 millones de dólares. En telesillas el más destacable fue un seis plazas en Aspen Snowmass por 18,5 millones y la renovación del Superstar Express de Killington. después de que un grupo de empresarios la compraran a un gran operador.

Cientos de esquiadores hacen largas colas en un telesilla de Vail Resorts (Colorado, Estados Unidos)
Pagar dividendos antes que invertir
Y es en esta última estación donde encontramos una de las principales razones para esa falta de inversión en Norteamérica. El mercado allí está fuertemente centralizado por el modelo que encarna Vail Resorts, una empresa que cotiza en la Bolsa de Nueva York y que gestiona de manera directa 42 complejos invernales a nivel internacional.
Durante su último año fiscal, esta compañía reportó unos ingresos totales de 2.900 millones de dólares y un beneficio antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones de 840 millones. ¿Un dineral para invertir? Pues no. La asignación de este flujo de caja revela que las prioridades de su consejo de administración es pagar dividendos a los accionistas, así que solo se destinó un exiguo 7,6% de los ingresos a mejoras.
Por el contrario, la firma desvió 265 millones de dólares a programas de recompra de acciones propias y 330 al pago de dividendos. Esto significa que la dirección de Vail Resorts devolvió a los mercados financieros un total de 595 millones de dólares, una cantidad que supera en 2,6 veces todo el dinero invertido en el mantenimiento y la modernización de sus infraestructuras de esquí.
Esta política de priorizar el rendimiento financiero de las acciones a corto plazo para cumplir con las exigencias fiduciarias de Wall Street choca de frente con los tres grandes modelos de propiedad que sostienen el negocio en el continente europeo.
Modelo mixto
El primer modelo se basa en las empresas privadas de carácter familiar o municipal muy extendidas en Austria, donde estaciones de esquí renombre internacional operan bajo la forma jurídica de sociedades limitadas que carecen de inversores externos. La empresa de remontes mecánicos de Kitzbühel está controlada en un 49,3% por el propio ayuntamiento de la localidad, mientras que la compañía que gestiona los remontes de Ischgl pertenece al 100% a las comunidades locales y municipales de los valles de Paznaun. Al no existir juntas de accionistas que reclamen dividendos trimestrales ni llamadas de resultados económicos, la totalidad de los beneficios generados se usan íntegramente a renovar instalaciones.
Modelo SEM
El segundo modelo corresponde a la estructura legal de las Sociedades de Economía Mixta (SEM) empleada en Francia. Bajo el marco normativo de la Ley de la Montaña de 1985, los remontes pasaron a estar clasificados jurídicamente como un servicio público industrial y comercial, lo que delega la autoridad de explotación en los ayuntamientos o comunas.
(NdA.Todos los propietarios de remontes tuvieron que venderlos a los Ayuntamientos, aunque actualmente queda algún caso en manos privadas como en La Quillane).
Estas entidades públicas conceden contratos de operación a empresas privadas por periodos cerrados de veinticinco años. Disponer de una garantía de explotación de un cuarto de siglo permite a los operadores amortizar inversiones masivas en infraestructuras a largo plazo. Además, el sistema estipula que al concluir el contrato de concesión, todas las instalaciones y remontes vuelven automáticamente al municipio, lo que elimina cualquier incentivo para exprimir los activos y posponer el mantenimiento, obligando a las empresas a entregar los remontes en perfecto estado operativo.
Un ejemplo de este dinamismo es la Compagnie des Alpes, una empresa cotizada europea que, a pesar de estar sujeta a los mercados, reinvierte el 18% de sus ingresos, habiendo destinado 106 millones de euros sobre unos ingresos de 594, una tasa que duplica la proporción de Vail Resorts y que ha permitido asegurar la concesión de explotación de Les Arc con una cartera de compromisos a largo plazo.
Modelo local
El tercer modelo europeo es el cooperativo de la comunidad local, dominante en Suiza en zonas como Zermatt o Aletsch Arena, donde los habitantes del valle poseen las acciones de los remontes porque entienden que el futuro de su economía regional depende de la excelencia de esas líneas de transporte.
Más allá de la estructura societaria, la gran diferencia que permite a estos operadores alpinos justificar instalaciones que superan los treinta millones de dólares es que el remonte europeo no se concibe exclusivamente como un equipamiento deportivo para esquiadores, sino como una infraestructura de transporte público de uso anual.
En Suiza, los teleféricos y telecabinas están sometidos a la Ley de Transporte de Pasajeros de carácter federal, situándose exactamente bajo el mismo paraguas normativo y de planificación que la red de trenes estatales. Esto implica que (algunos) de sus remontes están plenamente integrados en los sistemas de abonos nacionales como la tarjeta de transporte general, otorgando descuentos de la mitad de precio o accesos gratuitos a los ciudadanos que viajan por las líneas que conectan estaciones de tren con núcleos habitados en las cumbres.
Este estatus de transporte esencial habilita la llegada de subvenciones estatales directas no reembolsables a través de las ordenanzas federales de conectividad regional, cubriendo hasta el cincuenta por ciento de los costes de obra civil con fondos públicos de manera directa.
El funicular de Stoos, reconocido como el más inclinado del mundo con una pendiente del cuarenta y siete coma siete por ciento, requirió una inversión total de 50 millones de francos suizos, de los cuales diez millones fueron aportados de forma directa por el gobierno federal y los fondos cantonales como una ayuda directa al transporte y no como un crédito financiero. La razón que justifica este desembolso es que muchas de estas líneas constituyen la única vía de transporte disponible para la población.
Municipios como Zermatt cuentan con casi seis mil residentes permanentes y por sus calles está prohibido el acceso a vehículos privados de combustión, obligando a realizar todo el movimiento de personas, basuras y suministros hoteleros a través de la línea de ferrocarril que conecta con Tasch.
Localidades como Saas Fee prohibieron los coches por votación municipal en 1951, convirtiendo el telecabina que asciende desde Saas-Grund en su cordón umbilical diario. Comunidades de montaña como Mürren, Gimmelwald, Riederalp o Bettmeralp albergan poblaciones de cientos de habitantes que dependen de forma exclusiva del remonte para trasladar los materiales de construcción, los alimentos básicos o a los niños que asisten a los colegios del valle.
El caso más extremo se localiza en la comunidad italiana de Chamois, en el Valle de Aosta, donde sus ciento once habitantes votaron en 1965 en contra de la construcción de una carretera y eligieron el teleférico como su medio de transporte definitivo, funcionando desde las siete de la mañana hasta las diez y media de la noche de manera ininterrumpida.
En Austria, la ley de teleféricos dictamina expresamente que estas instalaciones sirven al interés público general al sostener el empleo en las regiones rurales remotas, movilizando 3.000 instalaciones que transportan 600 millones de pasajeros al año, una cifra que supera el tráfico conjunto de la red ferroviaria nacional austríaca y todas las líneas de autobuses del país.

Una imagen nocturna de Zermatt, pueblo enteramente peatonal
Europa desestacionaliza y gana dinero con los remontes todo el año
Este carácter multifuncional alimenta el segundo pilar de la superioridad financiera de los Alpes: la explotación intensiva del turismo de verano.
En Suiza, los ingresos generados por los remontes en verano han crecido un 260% desde 2008, mientras que los puramente invernales apenas avanzaron un 23% en el mismo periodo, siempre según datos aportados en el vídeo de SnowStash.
El balance financiero de la compañía de trenes y remontes de Jungfraubahn ilustra esta realidad, ya que durante su último ejercicio contable, el segmento turístico de verano generó 56.100.000 CHF en ingresos, registrando un margen operativo del 65%. En cambio, su división de esquí de invierno facturó 42 millones de francos suizos pero solo retuvo un margen operativo del 11%.
En Austria, las actividades de verano ya aportan el 15% de la facturación de las 253 empresas que gestionan remontes, y el 80% de ellas abren también en verano. De hecho, esos meses estivales generaron el año pasado 81,6 millones de pernoctaciones frente a las 72,2 millones en temporada de esquí.
Francia aparece como la única excepción en este proceso de diversificación debido a que sus grandes complejos en altura como Tignes o Val Thorens fueron planificados en los sesenta y setenta como centros alpinos orientados en exclusiva al esquí, en zonas donde no había tradición previa de senderismo. Aunque mantienen su alto nivel de inversión en un 34% de sus ingresos gracias al blindaje normativo de sus contratos de concesión municipal.
Por el contrario, el mercado de los Estados Unidos se encuentra estancado en una cuota de ingresos de verano que no supera el 11% del total, debido a las restricciones legales impuestas por su propio gobierno. Cerca del 60% del terreno esquiable de los Estados Unidos se ubica sobre suelo público administrado por el Servicio Forestal del gobierno federal. Los contratos de explotación comercial incluyen una cláusula estricta que obligaba a demostrar que la actividad principal del operador es el esquí.
El video explica que hubo una reforma legislativa en 2011 para poder instalar tirolinas y bikeparks, las estimaciones del departamento de agricultura cifraron el impacto de esa apertura en cuarenta millones de dólares anuales para un sector que factura más de 4.600 millones, una cantidad insignificante.
Las declaraciones obligatorias de Vail Resorts ante la comisión de bolsa y valores del gobierno americano (como todas las empresas cotizadas) confirman que el 82% por ciento de todos sus ingresos por alojamiento y transporte de montaña se concentran exclusivamente entre los meses de noviembre y abril.
A pesar de que existe una propuesta de cambio en el registro federal para eliminar estas trabas regulatorias sobre la preponderancia de los ingresos invernales, las estaciones americanas se enfrentan al reto de construir desde cero una cultura de ocio alpino estival que en Europa se desarrolla de forma ininterrumpida desde hace décadas, cuando se inauguraron líneas ferroviarias de montaña como el tren de Rigi o el de Jungfrau antes de la popularización del esquí.
Cuando se analiza por qué las estaciones americanas no emulan este modelo, la respuesta se encuentra en Whistler - Blackcomb, el complejo estival más exitoso de la región, donde el volumen de visitas veraniegas alcanza el 35% del invernal, pero la facturación final se queda en una horquilla de entre el 10-15% del total porque el turista de verano gasta mucho menos que un esquiador que paga forfaits de 250 dólares, alquila material y come en pistas.

En verano los remontes de Whistler se abren a las bicicletas de montaña
El esquiador norteamericano prefiere pagar más si hay calidad en los remontes
Esta parálisis en la reinversión y la excesiva dependencia de los ingresos de la temporada de esquí, están empezando a pasar factura en los balances comerciales de los grandes operadores de norteamérica. Esta pasad temporada, el Epic Pass de Vail Resorts sufrió la primera contracción en volumen de su historia con una caída del 2% en ventas, interrumpiendo una trayectoria, de las 650.000 pases vendidos en 2016 a los 2,3 millones en 2022.
Los beneficios operativos de Vail Resorts se han mantenido completamente planos durante cuatro ejercicios consecutivos, (836, 834, 825 y 844 millones de dólares), evidenciando una fuerte presión sobre los márgenes financieros a pesar de haber incrementado su facturación en 79 millones de dólares en ese mismo intervalo de tiempo.
Frente a este estancamiento, el otro gran operados, Alterra Mountain Company está ganando terreno al aplicar una estrategia financiera mucho más cercana a los estándares europeos. Esta empresa invierte unos 490 millones de dólares anuales, es decir, entre el 20 añ 25% de sus ingresos totales.
Al no cotizar en bolsa, la compañía financia este despliegue de infraestructuras mediante la emisión de deuda privada en lugar de desviar su flujo de caja hacia recompras de acciones o dividendos masivos. Esta estrategia ha permitido a Alterra aplicar una tarifa de 1392$ para su Ikon Pass y que la gente lo pague sin protestar. Es decir, que gana 310 dólares más por cada uno de ellos que Vail Resorts con su Epic Pass.
El mercado norteamericano está absorbiendo este sobrecoste, demostrando una preferencia clara de los esquiadores por pagar más dinero a cambio de acceder a remontes de mayor calidad, menor saturación en las colas y una mejor gestión de los flujos de usuarios en las estaciones de esquí. La tensión en el sector americano es de tal magnitud que se ha presentado una demanda colectiva de carácter antimonopolio contra ambos pases bajo la acusación de realizar prácticas anticompetitivas que reducen la presión del mercado para invertir en la mejora de la experiencia de los clientes.
Mientras el modelo norteamericano muestra estas grietas comerciales, las estaciones de esquí en los Alpes encadenan temporadas con récords absolutos de facturación y visitas.
Austría cerró 2025 con un récord histórico de 2.000 millones de euros en ingresos tras registrar 51,9 millones de días de esquí. Francia alcanzó las 54,8 millones y ese verano aplicaba una inversión histórica de 568 millones de euros. Suiza, por su parte, consolidó su mejor registro en quince años al alcanzar las 26,3 millones de jornadas y 1.800 millones de CHF en facturación de remontes. Solo Zermatt supeó los cien millones de francos de ingresos por primera vez en su historia con un EBITDA de 56 millones de francos y un volumen récord de 664.000 tickets para turistas en verano.

Capota, asientos de cuero, calefacción e innovación tecnológica hace que subirse a un telesilla de Kitzbuehel sea una experiencia por sí sola
Alpes seguirá manteniendo su hegemonía
Según el autor del video, para que las estaciones de los Estados Unidos y la gestión de Vail Resorts logren converger con los niveles de excelencia de los Alpes, se requeriría una transformación estructural fundamentada en tres reformas que considera de difícil ejecución.
En primer lugar, los consejos de administración deberían recortar drásticamente los programas de retribución a los accionistas, asumiendo que los 265 millones de dólares quemados en recompras de acciones en el último ejercicio fiscal equivalen exactamente a todo el presupuesto que se destinó al mantenimiento y mejora de las 42 estaciones del grupo.
Esta reconfiguración del capital solo se producirá si el estancamiento en las ventas de pases de temporada obliga a los inversores a entender que la calidad de los remontes es el único activo que preserva el valor de la empresa a largo plazo.
En segundo lugar, se necesita la aprobación definitiva de las reformas del Servicio Forestal para que las estaciones de esquí en suelo público obtengan la flexibilidad jurídica necesaria para operar y amortizar remontes sobre una base comercial de doce meses al año.
En tercer lugar, el mercado americano debe afrontar el reto de crear un entorno urbano y de ocio integrado que emule el concepto de los valles europeos, un proceso de maduración de marca que requiere más de una década de inversiones continuadas. El proyecto de expansión de Deer Valley East Village, liderado por Alterra y valorado en 3.200 millones de dólares combinando usos mixtos residenciales y remontes integrados de última generación, constituye el primer experimento a gran escala para verificar si el modelo de inversión alpino puede florecer en el ecosistema de las Rocosas americanas.
Hasta que ese cambio de mentalidad financiera y constructiva se generalice, las estaciones de esquí en los Estados Unidos seguirán operando remontes obsoletos de pinza fija mientras los Alpes consolidan su dominio tecnológico mediante redes integradas de transporte público de alta capacidad.

Un nuevo telesilla en Deer Valley Excellence de Alterra Mountain. El operador prioriza la calidad de los remontes frente al ahorro de inversiones
