El primer sitio donde se esquió en toda la provincia de Terual fue en la Sierra de Javalambre. Antes de la existencia de remontes modernos o infraestructuras de ocio, la nieve era un elemento con el que los habitantes locales jugaban de forma rudimentaria. Los testimonios gráficos más antiguos muestran una realidad hoy difícil de imaginar: la gente subía a la montaña utilizando burros desde los pueblos cercanos.
Sin embargo, no alcanzaban las cotas más altas donde hoy se ubican las pistas principales, sino que se detenían en lo que actualmente se conoce como el sector Lapiaz. Allí, en esas laderas naturales, se realizaban las primeras prácticas de un deporte que en aquel entonces era pura experimentación.
En un pequeño video que Aramón Javalambre ha publicado hace unos días, Mario Gómez, Director de Nieve de Teruel, empresa participada por Aramón que gestiona Valdelinares y Javalambre; explica junto a Daniel Alcon, responsable de explotación, que la decisión de montar una estación de esquí en Javalambre no fue improvisada.
El emplazamiento se eligió aprovechando una zona donde ya existía un antiguo telesquí llamado Alto Ventisquero. Y de allí se trazaron dos pequeñas pistas: una de ellas tomaba el nombre de ese remonte, y la otra Sabinas.
Antes de colocar la primera piedra de la estación de esquí actual, fue necesario realizar un estudio técnico riguroso de la montaña. Los responsables del proyecto acudían al monte cuando este era todavía un terreno virgen y "pelado" para monitorizar las condiciones ambientales. Instalaron anemómetros y dispositivos de medición de temperatura y humedad para comprobar si era viable la acumulación de nieve y el funcionamiento seguro de los remontes frente a las rachas de viento.
El proyecto arrancó oficialmente en el año 1995, enfrentándose inicialmente a dudas estratégicas dentro de la propia empresa. Existía el temor de que la nueva estación de Javalambre pudiera restar esquiadores a Valdelinares, que ya funcionaba en la provincia. No obstante, el resultado fue un efecto multiplicador: la apertura de la nueva estación de esquí atrajo a más público todavía, especialmente procedente de la Comunidad Valenciana, aumentando la cifra total de esquiadores en la provincia de forma exponencial.

Esquiadores con rudimentarias tablas se reunen en la Puebla de Valverde para iniciar los 22 km de trayecto a Lapiaz (Javalambre)

Subiendo con burros a través de la nieve hasta Lapiaz, inicios de Javalambre
La formación de los debutantes y los primeros monitores
Interesante es también la intervención en el video de Pedro Frías, pionero en la formación de nuevos esquiadores en Javalambre, quién recuerda que en sus primeros años, la infraestructura allí arriba era mínima: solo contaban con un remonte y cuatro casetas de chapa. Uno hacía de oficinas con taquillas, el otro un pequeño bar, otro para guardar material y el último era el espacio donde los trabajadores se cambiaban de ropa.
La gestión de las clases era igualmente artesanal: no existían sistemas de reserva; el monitor llevaba un papel donde anotaba la hora de la clase, cobraba directamente al cliente y lo recogía a la hora acordada para enseñarle los fundamentos básicos sobre la nieve,
- ¿tienes clase?
- si
- ¿A qué hora?.
- A las 11h
Apuntábamos en un papel, le cobrábamos allí mismo, y a las 11h le recogías y empezabas la hora o dos de clase, lo que comprara..."
El perfil del esquiador de Javalambre quedó definido desde el principio por su carácter de "aprendiz". Al observar que la mayoría de los visitantes se concentraban en las zonas llanas de la base, los responsables entendieron que el principal activo de la estación debía ser la iniciación.
Pedro Frias recuerda que los primeros equipos eran rudimentarios; incluso se llegaban a fabricar esquís utilizando tablas de madera para poder deslizarse. Con el tiempo, la estación se especializó en el sector de debutantes, convirtiéndose en el lugar de referencia para que miles de personas tuvieran su primer contacto con la nieve.

Pedro Frías con un pequeño grupo de monitores
Domesticar la montaña y expansión técnica
La evolución técnica de Javalambre ha sido constante desde su inauguración. Tras el arranque inicial en 1995, en el año 1996 se consolidó la zona de debutantes. Dos años más tarde, en 1998, la estación dio un salto importante hacia los sectores de Lapiaz y Portillo. El hito más reciente en esta expansión cronológica se produjo en el año 2010, con la puesta en marcha de la zona de Camarena, que conectó el sector inferior y amplió significativamente el dominio esquiable.
Domar esta sierra, como explica Mario Gómez, ha sido un reto constante debido a su meteorología extrema y complicada. El personal de explotación tuvo que aprender a "navegar" la montaña, instalando paranieves para retener la nieve frente al viento y perfeccionando la producción artificial. Las cifras reflejan esta transformación radical: la estación pasó de contar con apenas 6 cañones de nieve a los 170 actuales, y de disponer de 2 kilómetros de pistas a los 15 kilómetros que ofrece hoy en día. Igualmente, los remontes han pasado de ser solo 2 a conformar una red de 10 instalaciones mecánicas.

Paravientos colocado en Javalambre en los años '90
El factor humano y el legado del proyecto
Uno de los pilares del éxito de Javalambre ha sido la formación de equipos de trabajo compuestos por gente de la zona. Profesionales con raíces locales que han creído en la viabilidad del proyecto y han trabajado para mantener la estación operativa incluso en los momentos más difíciles, cuando las condiciones climáticas invitaban a abandonar.
Mario Gómez, Director de Nieve de Teruel, y Daniel Alcon, responsable de explotación, han compartido estas tres décadas de evolución, transformando lo que era una pasión personal por el esquí en una profesión dedicada al desarrollo económico de su provincia.
Para los protagonistas de esta historia, la mayor satisfacción no reside únicamente en las cifras de remontes o cañones, sino en el aspecto humano.
Pedro Frías destaca el orgullo que siente al ver progresar a los alumnos, desde sus primeros pasos en cuña hasta que son capaces de realizar sus primeros giros. Por su parte, los gestores subrayan el valor de haber convertido un 'monte pelado' en un motor turístico maduro, gestionado por equipos altamente capacitados que garantizan el futuro de la nieve en la Sierra de Javalambre.
Tres décadas de esquí en Javalambre condensadas en cinco minutos
