Cada año, lo que comienza como unas vacaciones idílicas en la nieve para miles de personas termina convirtiéndose en una auténtica pesadilla debido a caídas y lesiones en las pistas. Con una cifra que alcanzó los 57.000 accidentes vinculados al esquí o el snowboard el año pasado en territorio francés (lo que supone una intervención de los servicios de auxilio cada cuatro minutos de media), la vuelta a casa en el coche puede ser un desafío logístico casi insuperable para quienes sufren fracturas o roturas de ligamentos.
Para aliviar este trance y evitar que el regreso sea un calvario en transportes públicos masificados, la compañía ferroviaria francesa SNCF, en colaboración con algunas compañías de de seguros, ha consolidado un servicio de vagones medicalizados en sus trenes de alta velocidad (TGV).
Este operativo de repatriación cuenta con una trayectoria consolidada en la red ferroviaria gala. Este servicio se inauguró en el año 2001 bajo el nombre de Le Train des neiges (el tren de las nieves, a veces rebautizado como como el de los «éclopés du ski», los «lisiados» del esquí) y desde 2014 se sumaron también otras compañías para ofrecer esta alternativa a sus clientes.
El servicio está diseñado para trasladar a los heridos desde el corazón de los Alpes, concretamente desde las estaciones de Saboya, con salidas estratégicas en las estaciones ferroviarias de Bourg-Saint-Maurice y Albertville. El destino final es la capital, París, donde los pacientes llegan a la estación de Lyon tras un trayecto de unas cinco horas diseñado para minimizar el impacto de sus lesiones.
Las características de estos vagones están pensadas exclusivamente para la atención médica. En lugar de viajar en los coches estándar, se privatiza la parte inferior de un vagón de primera clase para garantizar la máxima tranquilidad y espacio. A menudo junto a sus familiares en el mismo espacio.
Una de las medidas más concretas y valoradas es que cada herido dispone de dos asientos para él solo en lugar de uno. Esto permite, por ejemplo, que una persona con una pierna escayolada o con los ligamentos cruzados rotos pueda mantener la extremidad en alto y en reposo, algo imposible en un tren convencional completamente lleno durante la temporada alta.
La atención a bordo es constante y profesional. En cada trayecto viajan dos enfermeros que permanecen al cuidado de los pasajeros, disponiendo de un equipo médico que incluye desde material para vendajes hasta kits de perfusión. Es importante destacar que este servicio no funciona como una unidad de cuidados críticos, sino que está destinado a pacientes que ya han sido estabilizados previamente y cuyo traslado no presenta riesgos graves. De hecho, la decisión de quién puede subir al tren es estrictamente médica; aquellos heridos que deban permanecer encamados o que hayan sufrido politraumatismos severos son evacuados por otros medios.
Respecto al coste, el servicio resulta sorprendente para muchos usuarios que desconocen sus coberturas. Aunque un traslado de estas características podría costar habitualmente unos 800 euros, la inmensa mayoría de los beneficiarios no tienen que pagar ni un solo céntimo adicional. Esto se debe a que el servicio suele estar incluido en las pólizas de seguro de las tarjetas de crédito o en los contratos de asistencia contratados para el viaje.
Al llegar al andén en París, el operativo concluye con un despliegue de ambulancias que esperan a pie de vía para recoger a los viajeros y trasladarlos a sus hogares o centros hospitalarios, facilitando así una transición segura hacia su rehabilitación final.

Un viajero lesionado es recogido del vagón medicalizado para su traslado
