El 23 de febrero de 1981 quedó fijado en la memoria colectiva por las imágenes del asalto al Congreso encabezado por el teniente coronel Antonio Tejero durante el intento de Golpe de Estado del 23-F. A las 18:23 horas, los disparos en el hemiciclo interrumpieron la votación de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo y sumieron al país en una noche de incertidumbre.
Sin embargo, a esa misma hora, en las montañas españolas la jornada de esquí ya había terminado o estaba a punto de hacerlo. Y los datos de esa semana muestran que la temporada 1980-81 seguía plenamente activa. La temporada comenzó bien, y pronto. Para las semanas de navidad las estaciones tenian ya mucha nieve.
Y para esa semana de 23-f, el parte de nieve publicado en aquellos días dibuja una fotografía precisa del estado de las estaciones. En el Sistema Central, las condiciones eran similares a las de la semana anterior, con algo menos de nieve en cotas altas pero con pistas abiertas.
- En Puerto de Navacerrada se podía esquiar en El Escaparate y El Telégrafo, aunque con nieve escasa en las zonas superiores.
- En Valcotos estaban operativas las pistas del puerto de los Cotos, Las Hoyas, el camino de Zabala y el telesquí Junior, con nieve dura.
- En Valdesquí mantenía esquiables La Pradera, la Bola del Mundo y el collado de Valdemartín. En la segoviana La Pinilla funcionaban el Gran Plató, Testero, Cervunal, Descenso y Las Focas, con nieve polvo pisada.
Más allá del Sistema Central, los espesores eran notables.
- Valdezcaray: entre 75 y 115 centímetros de nieve polvo, con todos los remontes en funcionamiento y accesos abiertos.
- Baqueira Beret registraba entre 82 y 415 centímetros de nieve polvo pisada, con todos los remontes operativos y accesos abiertos.
- Tuca-Betrén los espesores oscilaban entre 65 y 275 centímetros, también con la totalidad de las instalaciones en servicio.
- La Molina entre 30 y 50 centímetros y tenía doce remontes en marcha; Masella ofrecía entre 35 y 55 centímetros con todos sus remontes funcionando;
- Vall de Núria destacaba con entre 120 y 190 centímetros y accesos abiertos.
- Cerler: entre 30 y 60 centímetros;
- Formigal entre 80 y 220;
- Panticosa entre 40 y 70;
- Candanchú entre 125 y 280; y
- Astún alcanzaba entre 225 y 365 centímetros de nieve polvo. En todos los casos funcionaban todos los remontes y los accesos estaban abiertos.
- Alto Campoo contaba con entre 80 y 120 centímetros y siete remontes en servicio.
- Valgrande-Pajares registraba entre 40 y 50 centímetros con ocho remontes operativos.
- San Isidro acumulaba entre 35 y 135 centímetros, con seis remontes en marcha y accesos con cadenas.
- Sol y Nieve: como se llamaba por entonces Sierra Nevada, en aquel parte presentaba entre 50 y 60 centímetros de nieve polvo, con seis remontes funcionando y accesos abiertos.
Las cifras hablan por sí solas: en varias estaciones pirenaicas los espesores superaban ampliamente los dos metros y en algún caso rozaban o superaban los cuatro. No era una temporada marginal ni una actividad residual. Era plena campaña invernal.
¿Por qué la actividad siguió con normalidad pese al terremoto político?
Hay varias razones objetivas.
La primera es la hora.
El asalto al Congreso comenzó a las 18:23 horas. En febrero, con la luz limitada y temperaturas en descenso, la mayoría de estaciones españolas cerraban igual que ahora, entre las 16:30 y las 17:00. En ese momento los esquiadores ya habían bajado las últimas pistas y se encontraban regresando a hoteles, apartamentos o emprendiendo viaje de vuelta a sus ciudades.
- El golpe se produjo cuando la jornada de esquí había terminado.
La segunda razón es el día de la semana.
El 23 de febrero de 1981 fue lunes. En aquella época, el grueso del esquí nacional se concentraba en fines de semana. La mayoría de aficionados procedían de grandes núcleos urbanos relativamente cercanos a las montañas: Barcelona y su área metropolitana hacia el Pirineo catalán; Zaragoza, Pamplona o el País Vasco hacia el Pirineo aragonés y navarro; Madrid hacia el Sistema Central; Santander y Asturias hacia la cordillera Cantábrica; Granada y Málaga hacia Sierra Nevada. Muchos subían el viernes por la tarde o el sábado temprano y regresaban el domingo por la tarde o noche para reincorporarse al trabajo el lunes.
- El día 23, por tanto, no era jornada punta en las pistas.
La tercera razón es la rapidez con la que se resolvió la crisis institucional.
La noche del 23 al 24 estuvo marcada por la incertidumbre, pero el mensaje televisado del rey Juan Carlos I y el fracaso del intento golpista devolvieron la normalidad al país en cuestión de horas. No hubo interrupciones prolongadas del transporte ni restricciones generalizadas de movilidad que afectaran a las estaciones en los días siguientes.
Por último, el esquí en 1981 era mayoritariamente turismo interior y de proximidad.
No dependía en gran medida de flujos internacionales ni de grandes operadores turísticos. Las decisiones de viaje se tomaban a corto plazo y estaban más condicionadas por el parte meteorológico (que esa semana anunciaba incluso la entrada de un nuevo frente frío con nevadas generales para el fin de semana) que por la coyuntura política, una vez constatado el fracaso del golpe.

Cogiendo bronceado en Sol y Nieve
El contraste resulta significativo: mientras en Madrid se vivía una de las horas más delicadas de la democracia española, en las montañas había estaciones de esquí con más de cuatro metros de nieve en cotas altas, todos los remontes funcionando y previsiones de nuevas precipitaciones. Los partes de nieve de esa semana hablan de espesores, calidad de la nieve (polvo, polvo pisada o dura), número de remontes y estado de los accesos. No registran cierres extraordinarios ni cancelaciones masivas.
El 23-F marcó un antes y un después en la historia política del país. En la cronología del esquí español, en cambio, fue un día más dentro de una temporada 1980-81 que continuó desarrollándose con normalidad técnica y meteorológica. Mientras el Congreso estaba tomado, en la montaña la vida siguió al ritmo de los remontes, las cadenas en los puertos y los partes de nieve.

