Milano‑Cortina 2026 acoge una de las historias más inspiradoras de estos Juegos Olímpicos de Invierno: la de Samer Tawk, el esquiador de fondo libanés que ha logrado regresar a la élite del deporte siete años después de un accidente del que nadie daba un euro por su regreso, no solo a la competición, si no a caminar con normalidad. Esta semana está en Italia no compite en busca de medallas, sino por algo mucho más profundo: demostrar que la perseverancia y la determinación pueden superar incluso los obstáculos más devastadores.
Samer nació y creció en Bsharri, en el norte de Líbano, una región montañosa conocida por sus bosques de cedros y sus pistas de esquí. Desde joven, se dedicó al deporte, entrenando con constancia y compitiendo en circuitos nacionales e internacionales. Aunque siempre discreta, su carrera internacional comenzó en 2017, participando en competiciones FIS en Japón y Austria, y rápidamente se convirtió en el primer esquiador de fondo libanés en competir en unos Juegos Olímpicos, representando a su país en PyeongChang 2018. Allí finalizó el 109.º en los 15 km estilo libre, un resultado modesto, pero histórico para un país con tan poca tradición en este deporte.
El 26 de abril de 2019, mientras entrenaba fuera de pista en las montañas cercanas a The Cedars, sufrió un accidente que cambiaría su vida. Cayó unos 14 metros por un barranco, sufriendo fracturas graves en cadera, brazo y mano, hemorragias internas y parálisis parcial de la pierna izquierda. Fue trasladado de inmediato a un hospital, donde pasó más de una semana en cuidados intensivos y fue sometido a nueve cirugías. Los médicos fueron claros: era improbable que volviera a caminar normalmente, y mucho menos a competir. Samer permaneció 3,5 meses postrado en cama, perdió 17 kg de masa muscular y tuvo que enfrentarse a la dura realidad de que su sueño olímpico parecía desvanecerse.
Sin embargo, la voluntad de Samer era más fuerte que cualquier pronóstico médico. Comenzó un proceso de rehabilitación progresiva, aprendiendo primero a sostenerse, luego a caminar y más tarde a moverse sobre esquís. Cada día implicaba no solo entrenamiento físico, sino también trabajo mental y psicológico, visualizando su regreso a la competición y encontrando en la rutina un sentido de propósito y superación. Su familia, especialmente sus hermanos, desempeñó un papel crucial en este proceso, acompañándole a terapias, entrenamientos y desplazamientos, y ofreciéndole un apoyo constante que resultó determinante para su recuperación.
Durante los años siguientes, Samer combinó fisioterapia intensiva con entrenamiento de resistencia y fuerza, ajustando cada sesión a sus limitaciones físicas. Incluso después de tres años de trabajo incansable, aún sentía dolor y tenía movilidad limitada en algunas articulaciones, pero eso no le detuvo. La disciplina diaria, la resiliencia mental y la pasión por el esquí lo impulsaron a seguir adelante, reconociendo que su objetivo principal ya no era medirse con los mejores del mundo, sino volver a sentirse atleta y estar de nuevo en la línea de salida de unos Juegos Olímpicos.
En 2026, esa meta se ha convertido en realidad. Samer Tawk ha competido en los 10 kilómetros de estilo libre en Milano‑Cortina, llevando consigo no solo los recuerdos de su trayectoria anterior, sino también la fuerza adquirida durante años de recuperación y sacrificio.
Pese a quedar en el puesto 107 (aún fue capaz de dejar a otros cuatro corredores por detrás), su historia recuerda que el deporte no siempre se trata de victorias o medallas, sino de superar límites, afrontar adversidades y honrar la pasión que nos mueve. Para Samer, simplemente estar ahí es el triunfo más grande de todos.

