En el corazón de los Alpes franceses, donde el aire se vuelve más fino y el silencio de las cumbres domina el paisaje, una figura inusual rompe la monotonía cromática de la nieve. Se trata del padre Geoffroy Génin, un sacerdote de sesenta y nueve años que ha decidido trasladar el sacramento de la reconciliación desde la penumbra de los templos tradicionales hasta la luminosidad de los remontes mecánicos.
Este sacerdote, de aspecto atlético, alto y delgado, ha cambiado el confesionario de madera por el telesilla del Solert, situado a unos 2500 metros de altitud en la estación de Val Cenis, en la región de Saboya de los Alpes de Francia. Con su traje de esquí, gafas de ventisca y una llamativa camiseta roja o un peto azul donde figuran su nombre y la dirección web de su parroquia, Génin se ha convertido en una celebridad local y un apoyo espiritual para quienes buscan algo más que adrenalina en las pistas.
La iniciativa, que el propio sacerdote define con humor como un «confesionario al aire libre para un ministerio pastoral aireado», no es un mero reclamo publicitario, sino una respuesta a la escasez de sacerdotes en la diócesis de Saboya y a la necesidad de encontrar a los fieles allí donde se encuentran. Cada lunes por la mañana, durante la temporada de esquí, el padre Geoffroy se sitúa en la base del remonte para invitar a los esquiadores a compartir el trayecto de seis o siete minutos que dura el ascenso. En ese breve lapso de tiempo, suspendidos entre el cielo y la nieve, se producen encuentros de una profundidad inesperada que, según el clérigo, permiten a los practicantes sentirse «más ligeros para descender las pistas».

Un esquiador confiesa sus pecados al padre Geoffroy Génin
Todos son bienvenidos a este confesionario por cable
El origen de esta singular práctica se remonta a su etapa en Bourg-Saint-Maurice, en el valle de Tarentaise, cerca de estaciones de renombre como Les Arcs. Durante una misa dominical casi en Pascua, un grupo de esquiadores le solicitó confesión, pero ante la falta de tiempo en ese momento, Génin los citó al día siguiente al pie de las pistas.
La experiencia de subir con cada uno de ellos, escuchando sus confidencias en voz baja mientras el panorama alpino se abría ante sus ojos, resultó tan natural y efectiva que decidió convertirla en una rutina habitual. Tras la absolución y al llegar a la cima frente a las montañas nevadas, el sacerdote sella el encuentro bajando la pista esquiando junto al fiel, uniendo de forma simbólica el bienestar espiritual con el físico.
La trayectoria de Geoffroy Génin es tan fascinante como su método pastoral. Nacido en Lyon en el seno de una familia donde la fe no se practicaba de forma activa, él mismo se describía como un «cristiano cultural» que apenas había recibido unas nociones básicas de catecismo. Antes de vestir los hábitos, desarrolló su carrera profesional en la gestión de producción, pero hacia los treinta y cinco años comenzó a sentir un vacío existencial que no lograba llenar.
El punto de inflexión ocurrió de manera fortuita durante una visita turística con amigos a las bodegas de vino de Borgoña; allí, casi por casualidad, entró en la Abadía de Cîteaux. La paz profunda que emanaba de los monjes cistercienses lo impactó de tal manera que regresó varias veces antes de ser ordenado sacerdote en el año 2000, a la edad de 43 años.
En 2014, decidió dejar la vida urbana de Lyon para trasladarse a Saboya, una región montañosa que conocía de sus vacaciones de infancia y donde su pasión por los deportes al aire libre como el parapente, la escalada, el senderismo y el esquí, encajaría a la perfección con su vocación.
Los usuarios de este servicio religioso son diversos y no se limitan únicamente a católicos devotos. Entre las cinco o seis personas que suelen subir con él cada mañana, se encuentran desde turistas sorprendidos hasta trabajadores de la propia estación. El padre Geoffroy destaca especialmente su relación con los operarios de los remontes, personas que a menudo se sienten ignoradas por el flujo incesante de esquiadores y que encuentran en el sacerdote a alguien dispuesto a escuchar sus intenciones de oración o incluso a confesarse en los momentos de menor afluencia.
Incluso para aquellos que no son creyentes, Génin ofrece un espacio de escucha y acompañamiento humano, defendiendo que la sencillez de la vida en la montaña facilita unas relaciones humanas más directas y auténticas. Esta visibilidad fuera de los muros de la iglesia es lo que él denomina a veces como «ski dating», un concepto que busca romper las barreras tradicionales y mostrar que el amor de Dios está presente tanto en el trabajo como en el ocio.
Uno de los aspectos que más curiosidad despierta es la gestión de la confidencialidad en un entorno tan abierto. A pesar de estar suspendidos en el aire, el padre Génin asegura que la discreción es total, ya que el ruido del viento y la distancia entre las sillas garantizan que nadie más escuche los intercambios, que suelen ser directos y van a lo esencial debido a la limitación temporal del trayecto.
Para aquellos casos en los que la conversación requiere más tiempo, el sacerdote no duda en realizar una segunda subida consecutiva con la persona. Además de las confesiones, Génin dedica parte de su tiempo a una labor social muy valorada en Val-Cenis: utiliza sillas de paraski para llevar a personas ancianas o con discapacidad a deslizarse por las laderas, compartiendo con ellos una felicidad que no podrían alcanzar por sus propios medios.
La figura del padre Geoffroy se ha convertido en un símbolo de modernidad dentro de una institución que a veces lucha por conectar con los modos de vida actuales. En un departamento como Saboya, donde el noventa por ciento del territorio es montañoso y la población se duplica durante la temporada de invierno, su presencia en las pistas de Val-Cenis o Val d'Isère es vista como un puente necesario entre lo sagrado y lo cotidiano.
Al final del día, este sacerdote esquiador no solo busca perdonar pecados, sino ofrecer un momento de recogimiento en un entorno que, por su propia naturaleza, invita a la introspección y al asombro ante la magnitud de la creación. Su parroquia, Notre-Dame de l'Alliance, se extiende así mucho más allá de las naves de piedra, alcanzando las crestas nevadas donde el cielo parece estar un poco más cerca.

El padre Geoffroy Génin dando la absolución a un pecador
