La esquiadora estadounidense Lindsey Vonn ha protagonizado el momento más dramático de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina d'Ampezzo al sufrir un grave accidente durante la prueba de Descenso femenino. A sus 41 años, la deportista de Vail tuvo que ser retirada de la pista Tofana en helicóptero tras una caída que ha silenciado a la grada y pone un amargo e incierto punto final a su regreso a la alta competición.
El accidente se produjo apenas doce segundos después de comenzar su bajada, cuando el desafío de la esquiadora terminó de forma abrupta. Vonn, que portaba el dorsal trece, sufrió un enganchón con una de las puertas tras un salto en el primer sector de la pista, lo que la hizo volar por los aires y caer con extrema violencia contra el suelo. Los gritos de auxilio de la campeona, que exclamaba desesperadamente "Help, help!", resonaron con nitidez en el estadio, encogiendo el corazón de médicos, fisioterapeutas y aficionados que seguían la prueba en una atmósfera de absoluta consternación.
La situación física de Vonn ya era extremadamente delicada antes de la cita de este domingo, pues competía con una placa de titanio en su rodilla derecha y se había lesionado la izquierda hace apenas una semana en Crans Montana, donde sufrió roturas de ligamentos, menisco y un edema óseo. Tras el impacto en Tofana, la esquiadora quedó inmóvil con ambas rodillas en una posición alarmante, lo que obligó a una intervención inmediata de los servicios médicos en plena pista antes de su evacuación definitiva.
Con el dorsal 13, ha caido en el segundo 13. Sin duda el número de la mala suerte
El accidente provocó la interrupción prolongada de la competición, dejando rostros de profunda preocupación tanto en la grada como entre sus propias compañeras. En el momento del suceso, la prueba estaba liderada por la también estadounidense Breezy Johnson, actual campeona mundial de la disciplina, quien aventajaba por tan solo cuatro centésimas a la alemana Emma Aicher y en 86 centésimas a la austriaca Cornelia Hutter.
Esta caída supone un golpe devastador para una de las figuras más grandes de la historia del esquí, quien aspiraba a despedirse por todo lo alto tras haber sorprendido en los entrenamientos previos y haber vuelto a la senda del triunfo esta temporada. Sin embargo, la crudeza del deporte ha dictado una sentencia amarga en la pista italiana, donde el silencio sepulcral en la zona de meta ha servido como un respetuoso y doloroso reconocimiento a una trayectoria que, con casi total probabilidad, ha llegado a su fin entre lágrimas y traslados hospitalarios.
