Con los dos de este domingo (en las cercanías de Baqueira y Cerler), solo en lo que llevamos de invierno en el Pirineo, han fallecido ya ocho personas víctimas de avalanchas de nieve. Este es el registro más alto de la última década.
Según los expertos de la Asociación por el Conocimiento de la Nieve y los Aludes (ACNA), se han contabilizado cerca de una treintena de accidentes con personas arrastradas solo en este inicio de campaña, una cifra que califican como una auténtica barbaridad. Para comprender esta situación, es necesario analizar la compleja orografía del Pirineo, donde el peligro no es exclusivo de las cumbres más remotas, sino que acecha en zonas frecuentadas y aparentemente seguras.
Un 33% de aludes mortales son cerca de estaciones de esquí
Un aspecto crítico que destacan diversos expertos es la localización de estos aludes, ya que aproximadamente uno de cada tres accidentes se produce en zonas muy próximas a estaciones de esquí, ya sea practicando fuera de pista o en sectores cercanos a los remontes. Algo que hemos podido ver en los dos accidentes ocurridos, uno cerca de Cerler y el otro en saliendo de Baqueira gracias a un telesilla.
Aunque dentro de los dominios esquiables la seguridad se garantiza mediante aludes provocados de forma controlada, a escasos metros de las pistas señalizadas la situación cambia drásticamente y el terreno se vuelve virgen e impredecible. Ejemplos recientes como el fallecimiento de un trabajador en la estación de Ordino-Arcalís o el reciente accidente mortal de un esquiador que salió fuera de las pistas de Cerler subrayan que la proximidad a los remontes no disminuye el riesgo real del manto nivoso.

Un alud rompe en la zona de pistas de una estación de esquí del Pirineo
La configuración del terreno pirenaico genera una falsa sensación de seguridad debido a su gran irregularidad. Es habitual encontrar canales cargados con dos metros de nieve justo al lado de laderas donde asoma la hierba, lo que lleva a muchos esquiadores (de montaña o alpinos) a pensar erróneamente que si no hay nieve continua, no hay riesgo. Sin embargo, esta irregularidad lo que hace es concentrar el peligro en puntos específicos como vaguadas o canales, donde el viento ha acumulado grandes espesores que permanecen en un equilibrio precario.
Riesgo 3, el momento de más accidentes por aludes
El origen del problema este año reside en la estructura interna del manto, donde las nevadas de principios de noviembre, al ser escasas y estar expuestas a temperaturas gélidas, se transformaron en 'escaletas' y nieve granulada. Estos cristales carecen de cohesión y han quedado enterrados bajo las potentes nevadas posteriores, actuando como una capa débil que puede colapsar con facilidad. En estas condiciones, el simple peso de una persona puede ser el detonante de aludes de dimensiones considerables, que pueden alcanzar desde centenares de metros hasta uno o dos kilómetros de longitud.
Este escenario explica la peligrosidad del nivel de riesgo 3 (Notable), que concentra el 70,3% de los accidentes en el Pirineo. En este nivel, la montaña se vuelve accesible (aunque ha nevado, las carreteras están abiertas) y el buen tiempo suele acompañar, lo que reduce la percepción de amenaza y hace que los usuarios no estudien con el detalle necesario la ruta o los posibles escapes.

La mayoria de accidentes se producen en días de Riesgo 3 (Fuente: datos desde ICGC desde 1980)
A diferencia de los niveles 4 o 5, donde el peligro es evidente y la gente desiste de salir, el nivel 3 presenta muchas cotas inestables donde el paso de un solo esquiador es suficiente para desencadenar el alud.
Además, la influencia de las redes sociales ha normalizado la búsqueda de "nieve polvo", empujando a personas sin la formación necesaria a asumir riesgos que no alcanzan a comprender.
Para mitigar estos riesgos, las fuentes insisten en que no basta con conocer el número del Boletín de Peligro de Aludes (BPA), sino que debe interpretarse de forma completa y piramidal, analizando los problemas típicos del día, las orientaciones peligrosas y las cotas críticas. Es imperativo que cualquier persona que salga fuera de los dominios controlados porte el equipo de autorrescate básico compuesto por ARVA, pala y sonda, y que sepa utilizarlo con destreza mediante entrenamiento previo.
En caso de verse atrapado, es vital intentar escapar en diagonal hacia un lateral o realizar movimientos de natación para mantenerse en la superficie (nadie es capaz de correr más rápido que un alud. Solo yendo a un lateral tienes una remota opción).
Dado que la probabilidad de supervivencia cae drásticamente tras los primeros 15 minutos bajo la nieve debido al riesgo de asfixia, el rescate inmediato por parte de los compañeros de grupo es la única garantía real de éxito, pues los equipos profesionales rara vez pueden llegar en ese margen de tiempo tan estrecho.

Ferrán Latorre realizaba este sábado en el Freeride world Tour Baqueira Pro, un taller de manejo de DVA de Mammut (también llamado Arva)
