Desde una humilde pista de plastico colocada en una colina alejada de cualquier sitio, hasta la cima del esquí mundial, la historia del Pendle Ski Club y de su pista de esquí seco es una de perseverancia, ingenio y amor por un deporte que aquí no se da de forma natural.
La modesta instalación, enclavada en el corazón del Ribble Valley, en Lancashire (a unas dos horas al norte de Manchester), no solo ha acercado el esquí a generaciones de aficionados británicos, sino que también ha sido el punto de partida para uno de los mayores éxitos de este deporte en el país: la victoria en una prueba de la Copa del Mundo de esquí alpino de Dave Ryding, un corredor que aprendió a deslizarse sobre plástico mucho antes de dominar la nieve de los Alpes.
La pista, con unos 170 metros de longitud y otros 10 de ancho, está cubierta por un material plástico que imita la fricción de la nieve y permite girar y deslizar los esquís sin necesidad de frío ni nieve real. Este tipo de superficie, que suele regarse ligeramente para reducir la fricción y el calor por rozamiento, fue una respuesta práctica a una realidad del Reino Unido, un país donde aunque se ven nevadas regularmente, son muy localizadas y su consistencia apenas permite aguantar unos días.

Un esquiador baja por la pista seca del Pendle Hill Ski Club
El auge del esquí entre la clase obrera
La historia de la pista se remonta a 1967, año de fundación del club y de la instalación del centro de esquí en la colina junto a Pendle Hill, un lugar que, pese a estar lejos de centros urbanos y de estaciones alpinas, ofrecía terreno idóneo para esta aventura: una pendiente regular, suelo barato y un clima húmedo y fresco que favorece el mantenimiento del material sintético y alarga la vida útil de la superficie, reduciendo el desgaste y haciendo posible entrenar gran parte del año.
El contexto de esos años explica también por qué surgieron tantas pistas secas en Inglaterra y en otras zonas sin nieve natural. En los años sesenta y setenta, el esquí alpino empezaba a popularizarse en Europa y los viajes a los Alpes se convirtieron en un sueño accesible para muchas familias británicas, aunque seguían siendo caros y esporádicos. Para que el esquí dejara de ser una afición de vacaciones y se convirtiera en una práctica regular, los clubes locales impulsaron la construcción de pistas artificiales que permitieran acercar esta actividad a casa, sin depender del clima o de largos viajes. Esto fue clave en un país donde la montaña y la nieve no son recursos naturales explotables para este deporte.
A diferencia de muchas otras pistas que nacieron en esa época como iniciativas comerciales y luego desaparecieron, Pendle Ski Club siempre funcionó como una asociación de voluntarios, sostenida por sus propios socios y por el trabajo desinteresado de entrenadores y aficionados. Esa naturaleza comunitaria ha sido su fortaleza: todo lo que el club genera (desde cuotas de socios hasta eventos y clases) se reinvierte en la pista y en la formación de nuevos esquiadores, lo que ha permitido que sobreviva incluso cuando otras instalaciones similares han cerrado.

Sobre esta superfície, compuesta de cerdas a lo largo de 170 metros, aprendió Dave Ryding
Dave Ryding: del fin del mundo a la cima de la gloria alpina
La pista no es un simple lugar de ocio: es un centro de formación técnica para jóvenes que quieren iniciarse y progresar en el esquí alpino. Semanalmente acuden cientos de niños y adolescentes a clases, entrenamientos y competiciones locales, perfeccionando habilidades que luego trasladan a la nieve cuando tienen la oportunidad de viajar al extranjero. Entre ellos destaca una figura que ha marcado un hito en la historia del esquí británico: Dave “The Rocket” Ryding.
Ryding comenzó a esquiar en Pendle. A los seis años aprendió en esa superficie de plástico antes de pisar nieve por primera vez a los doce. En una entrevista a AP News, el británico recuerda que acudía a las clases con un pantalón de chándal y una camiseta de manga larga, y que cada vez que se caía se hacía quemaduras por fricción con la superficie rugosa.
Las sesiones de entrenamiento y las carreras solían tener lugar en los cálidos días de verano. En ocasiones, se veían interrumpidas por ovejas que cruzaban la pista desde los campos cercanos, en una región designada por el Gobierno como «área de excepcional belleza natural». Se trata de un parque nacional, por lo que las ovejas podían vagar libremente y hacer sus necesidades o lo que quisieran en las pistas. Si durante la sesión de entrenamiento decidían cruzar la pista, había que respetarlas y darles tiempo.
La pista era tan corta que Ryding tardaba apenas 12 segundos en bajarla. Él cree que eso le ha ayudado, y no le ha perjudicado, en su carrera profesional.
«Cuando empecé a esquiar, y aún hoy en día, si hay una sección llana o un inicio de carrera especialmente llano, soy muy, muy rápido en comparación con la mayoría de la gente.
Los que empezamos sobre las cerdas (superficie rugosa de la pista en forma de cepillo invertido) aprendemos la técnica de apoyar el peso en el esquí exterior, conseguir un buen agarre... la dirección y la forma del giro. Así que sí que inculca los fundamentos».
Tras años de trabajo y participación en circuitos de competición, el esquiador británico escribió una de las páginas más brillantes del deporte británico cuando, el 22 de enero de 2022, ganó el Slalom de Kitzbühel. Con esa victoria, se convirtió en el primer esquiador británico en ganar una prueba de la Copa del Mundo, además de lograrlo a los 35 años y ser el ganador más veterano de un slalom en la historia de la competición.

Dave Ryding con el trofeo al ganador en el Slalom de Kitzbuehel
Este triunfo, logrado en una pista de nieve real a miles de kilómetros de Lancashire, pero con fundamentos técnicos forjados sobre plástico, simboliza la capacidad de los clubes británicos para formar talentos pese a la falta de recursos naturales.
Ryding, hoy uno de los deportistas más respetados en el circuito, ha anunciado que los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano-Cortina d’Ampezzo 2026 serán sus últimos, poniendo el broche a una carrera que comenzó en una colina sintética rodeada de ovejas y terminó con un lugar destacado entre los mejores del mundo. En una entrevista estos días en medios británicos, el corredor britanico explicaba que
Nunca se había hecho antes y espero que siga influyendo en la próxima generación».
La historia de Pendle Ski Club y de su pista de esquí seco es, en definitiva, la de un sueño convertido en realidad: acercar el esquí a quienes no tenían nieve en su puerta, construirlo con manos voluntarias y, con humildad, producir a uno de los campeones más singulares del esquí alpino moderno. Un relato que demuestra que, en deporte, los inicios a veces más improbables pueden generar los frutos más extraordinarios.

A veces nieva sobre la pista del Pendle Ski Club
