Esta temporada de esquí, Grandvalira Resorts ha dado un paso definitivo para implantar el forfait digital, que se integra de esta manera en el teléfono móvil del usuario. Es un gran salto tecnológico pero también uno que plantea una pregunta incómoda: ¿es obligatorio exigir un smartphone para acceder a los remontes?.
La escena es cada vez más habitual en muchos servicios turísticos. Un cliente llega sin móvil o con la batería agotada, y de pronto descubre que no puede reservar una pista de pádel, ver la carta del restaurante o mostrar la entrada del concierto. Ahora, en la montaña andorrana, también puede ocurrir en el propio acceso del telesilla. El forfait ya no es una tarjeta ni un papel: es una app.
El movimiento de Grandvalira se presenta como una modernización lógica: más comodidad, menos plástico, más fluidez en los accesos y gestión más eficiente. Pero, como ocurre siempre que la digitalización se convierte en única vía posible, surge una franja de consumidores que quedan en el borde del sistema. ¿Qué ocurre con quienes no quieren llevar smartphone? ¿Y quien no se aclara bien? ¿O el que se quedan sin batería en mitad de la jornada?. O el extranjero que simplemente no quiere conectarse a una wifi pública (aunque el Mobile Pass funciona con bluetooth.
David Ledesma, Director de Marketing de Grandvalira, defiende que
"tal como ocurre actualmente cuando alguien pierde su forfait y tiene que ir a taquillas a pedir un duplicado pagando un pequeño coste administrativo, en el caso de que no pueda acceder a su pase digital también podrá tener su duplicado con el comprobante de pago.
Se anulará el que está activado en el móvil, ya sea porque te has quedado sin batería o te has dado cuenta al intentar acceder al primer remonte, que te los has dejado en el hotel. Y se le imprime uno físico por los días correspondientes."

Un esquiador observa en su móvil la App de Grandvalira Resorts
En un país como España, la respuesta jurídica sería relativamente clara en algunos supuestos. La Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios insiste en que la información y el acceso no pueden excluir a colectivos vulnerables. Algunas administraciones, como la Junta de Andalucía o la Xunta de Galicia, ya han declarado ilegal que un restaurante ofrezca la carta solo mediante un código QR. Y las autoridades de consumo han repetido en varias ocasiones que las alternativas analógicas deben existir. Pero Andorra no es España.
El Principado cuenta con normativa de protección del consumidor, aunque no existe (al menos públicamente) un cuerpo jurisprudencial que aborde la obligatoriedad de vías digitales como condición de acceso a un servicio turístico. No hay resoluciones que establezcan si un forfait exclusivamente digital es discriminatorio ni si una estación de esquí está obligada a ofrecer una alternativa física. Pero desde Grandvalira recuerdan que en su caso el forfait tradicional, el de toda la vida, seguirá.
"El Mobile Pass es una apuesta de Grandvalira Resorts por mejorar la eficiencia y sostenibilidad. Pero de momento seguirá conviviendo con el forfait en en formato físico, la famosa tarjeta manos libres que lleva años en nuestras estaciones"
La situación se parece mucho a otros escenarios en los que la tecnología se impone antes que la regulación. Cuando Ryanair implantó su tarjeta de embarque digital, tuvo que aclarar que, si el pasajero se quedaba sin móvil, recibiría un documento en papel sin coste adicional. Lo hacía no solo por imagen, sino para evitar conflictos con la normativa europea sobre derechos de pasajeros vulnerables. Es el tipo de matiz que evita que la digitalización se convierta en una forma de exclusión. En Andorra, sin embargo, no existe un equivalente directo a esa regulación.
No obstante sí que se está implantando en el país la Cartera Digital de Andorra, una aplicación oficial del Gobierno que funciona como un monedero seguro para la identidad digital de ciudadanos y residentes. Su objetivo es modernizar la administración y permitir llevar la documentación oficial de forma segura en el teléfono móvil, facilitando trámites e identificación. Esta herramienta utiliza tecnología blockchain para garantizar la seguridad, la privacidad y el control total de los datos por parte del usuario. La identificación se realiza mediante la generación de un código QR. La Cartera permite digitalizar documentos clave como el Pasaporte andorrano, el Permiso de Residencia y Trabajo, la Tarjeta de la CASS (sanitaria) y el Permiso de Conducir, además del certificado de vehículos. Ledesma recuerda que al final,
"Las estaciones estamos siendo las últimas en llegar a esta digitialización en el país. No obstante, antes de ponerlo en marcha, estuvimos viendo el sistema en Park City (USA) y St. Martino di Castrozza en Dolomiti Superski. Y pudimos comprobar que los usuarios están muy contentos con el funcionamiento. El cliente aprecia la solución y cada vez lo utiliza más. Y estoy seguro que crecerá el número de estaciones de esquí que integrarán esta solución en estos próximos años"
El debate, en realidad, no es solo jurídico. Es también social. La digitalización masiva de servicios está generando brechas que afectan especialmente a personas mayores o a quienes carecen de habilidades tecnológicas. La Agencia Española de Protección de Datos lleva meses advirtiendo de que no son los mayores quienes son “vulnerables” de origen, sino que se les vuelve vulnerables al ofrecer servicios únicamente en formato digital.
La montaña no es una excepción: si el esquí solo se puede disfrutar a través de una app, habrá quien probablemente quede fuera. Aunque de momento parece que las estaciones no quieren ser tan radicales y mantendrán su soporte físico. Eso si, David Ledesma añade que
"como el forfait digital tiene menos costes de impresión, de tarjeta e incluso de administración, podría ser que en un futuro fuese más barato que el físico. Pero ahora mismo no hay discriminación. Quién quiere su forfait físico pagará lo mismo que el que opta por el digital".
Grandvalira Resorts defiende su apuesta tecnológica como un paso hacia la eficiencia y la sostenibilidad. Y no le falta razón: una empresa con más de 2,2 millones de días de esquí vendidos por temporada, genera kilos de soportes físicos que al ser plástico son difíciles de reciclar. Digitalizar el acceso puede ser un avance natural. Para que ese avance no se vuelque por completo sobre el consumidor, que es quien debe asumir la dependencia del dispositivo móvil, la conexión, la batería y la habilidad técnica, se mantiene el soporte físico e incluso personal, "si alguien necesita ayuda con la App solo tiene que pedirlo a cualquier empleado" explica Ledesma.
El forfait digital de Grandvalira abre así una conversación más amplia sobre derechos, tecnología y montaña. La nieve, como la banca, la sanidad o el transporte aéreo, está entrando en esa zona donde la modernización avanza más rápido que la regulación.
Lo que está claro es que en un futuro, un esquiador que llegue a los remontes, antes de preocuparse por la cera de los esquís o por la meteorología, tendrá que asegurarse de algo más básico: llevar el móvil cargado. Pero de momento, al menos en Grandvalira, seguirá conviviendo el formato físico con el digital.
La estación ha lanzado videos explicativos como soporte a la implantación de forfait Mobile Pass
