En biatlón es un deporte apasionante. Haciendo un resumen, el deportista tiene que salir a la carrera con sus esquís de fondo para llegar lo antes posible al primer punto donde tiene que disparar. Y con el corazón saliéndole por la boca y los latidos tocando palmas a toda máquina por ese primer esfuerzo, tiene cinco intentos para acertar, de pie, en la diana con el arma que llevaba a la espalda.
Después sale de nuevo pitando hasta la segunda posición de tiro donde ya todavía más exhausto, en esta ocasión tumbado, tratará de acertar manteniendo el pulso y la concentración, con la presión de que está viendo como otros participantes llegan y le pisan los talones.
Después sale corriendo otra vez haciendo esquí de fondo con el objetivo de marcar el mejor tiempo. Eso si, por cada tiro fallado, el esquiador o esquiadora debe esquiar una vuelta de penalización de 150 metros. Pero si tras los 8 disparos (5 reglamentarios + 3 de repuesto) no aciertan los 5 blancos, se penaliza con otra vuelta extra al circuito, lo que añade entre 20 y 30 segundos más al crono.
Generalmente el ganador es el competidor que completa el recorrido en el menor tiempo, incluidas las penalizaciones.
Es un deporte que se basa en los ejercicios militares de países con nieve, donde el soldado se entrena para combatir con el arma a la espalda y parando para poder disparar. Acertar al blanco con las pulsaciones saliendo por la boca es muy complicado. Es una modalidad que se entiende más en países alpinos y nórdicos de paisajes nevados, y es en esas zonas exclusivamente donde tiene éxito.
Así que no es de extrañar el 'pedazo' de camión para el Biatlón que la Federación Suiza de Esquí Nórdico presentó ayer miércoles. Un laboratorio sobre ruedas que acompañará al equipo nacional por todo el circuito internacional
En el aparcamiento helado de Davos, bajo un cielo que promete nieve, un camión brilla más que los esquís recién encerados. No es un vehículo cualquiera. Es el nuevo taller móvil de Swiss-Ski, una máquina diseñada para una misión muy suiza: llevar la precisión técnica al límite en la Copa del Mundo de biatlón.
Detrás de su aspecto sobrio y robusto se esconde un prodigio de ingeniería pensado para que los skiman puedan trabajar con la misma exactitud que un relojero de Zúrich.
Treinta y cuatro toneladas de eficiencia suiza. El camión mide 13,6 metros de largo, 5 de ancho y 3,84 de alto, y ofrece 62 metros cuadrados de espacio útil. En su interior, seis estaciones de trabajo (ampliables a ocho) permiten preparar más de 400 pares de esquís sin interrupción. Cada herramienta, cada mesa, cada rejilla de ventilación tiene su razón de ser. En el comunicado de prensa, Jürg Capol, director del área nórdica de Swiss-Ski explica que
“Es el doble de grande que el camión del equipo de esquí de fondo. Nos permite trabajar más rápido, con más comodidad y sin tener que montar ni desmontar nada en cada competición.”
El trabajo del skiman no es simplemente encerar: es ajustar la velocidad, la adherencia y el deslizamiento al milímetro. Y para eso, el clima lo es todo. El interior del nuevo camión mantiene una temperatura constante gracias a un sistema de calefacción por suelo radiante y techo térmico, además de cuatro generadores de calor por condensación que distribuyen el aire de forma homogénea.
Nada se deja nada al azar. La ventilación filtra los vapores de los productos químicos, los bancos están a la altura ergonómica ideal, y los suelos antideslizantes aseguran estabilidad incluso cuando fuera el termómetro cae a -20 grados.
“Trabajar en estas condiciones cambia todo. Antes teníamos que improvisar con tiendas o contenedores, ahora tenemos un taller de verdad, con luz, calor y espacio para concentrarnos.”
Más allá del acero y las herramientas, el camión también es un hogar. En la parte trasera, una pequeña sala de estar con cocina sirve como punto de encuentro para los deportistas, entrenadores y técnicos. Es un lugar donde secarse, comentar las carreras o simplemente descansar entre mangas. Capol lo resume con naturalidad,
“Un equipo no solo se construye en la pista. También se construye aquí, entre ceras, café y conversación.”
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Financiado con ingenio y madera suiza
El proyecto, valorado en 400.000 francos suizos (429.000 euros), fue posible gracias a patrocinadores y a una fundación de apoyo al biatlón nacional. Pero la mayor curiosidad está en su interior: fue diseñado parcialmente por el propio jefe de servicio, un antiguo carpintero que adaptó el mobiliario a las necesidades del equipo. Resultado: un taller funcional, cálido y hecho literalmente a medida.
Cuando la nieve se derrita, el camión no quedará aparcado. Durante los meses estivales, servirá como vehículo promocional para Swiss-Ski, recorriendo el país y participando en eventos para jóvenes deportistas. La idea es clara: acercar el biatlón a las nuevas generaciones y mostrar que detrás de cada victoria hay tanto talento como trabajo invisible.
Hay que decir que estos camiones son muy habituales en los equipos nacionales de deportes de nieve de países alpinos y nórdicos. Con mayor o menor tamaños, los hay sobre todo en modalidades de esquí nórdico y biatlón ya que a menudo van a estaciones sin instalaciones adecuadas. Los skiman de esquiadores alpino de Copa de Mundo suelen tener zonas adecuadas para trabajar, requisito ya obligatorio para poder ser candidata a una de estas pruebas.
Aquí van algunos de los más espectaculares.
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