Todavía quedan muchos asuntos por cerrar, pero todo indica que la Unión Europea deberá pagar un 15% de aranceles en la mayoría de sus productos si quiere venderlos en Estados Unidos. Este es el acuerdo al que llegaron el pasado domingo 27 de julio el presidente norteamericano Donald Trump y su homóloga europea Ursula Von der Leyen.
El tiempo dirá quién saldrá beneficiado de todo esto, pero de momento ambos mandatarios se han felicitado por lo que consideran un buen trato para ambas partes.
La realidad es que la Unión Europea no tenía mucho margen para negociar después de que tuviese solo 90 días para mover ficha. Es posible que se haya aprendido la lección y a partir de ahora se empiece a trabajar para desvincularse de tanta dependencia norteamericana, como hizo China en su momento a quién los aranceles le entraban por una oreja y le salían por otra (actualmente solo el 10,7% de sus exportaciones van a los Estados Unidos frente al 21% que representa para la Unión Europea).
Con todo, la realidad es que el acuerdo firmado por la Unión Europea es de los mejores de todos los que ha ido firmando Estados Unidos estas semanas. Por ejemplo a sus dos vecinos, Canadá y México, les pretende colocar un 35 y un 25% respectivamente. Taiwan o Vietnam pagarán un 20%. Y después hay casos extremos como el de India y Brasil con un 50% que se aplican por cuestiones de injerencia política, caso similar al de Sudáfrica con un 30%. La misma injerencia que hace que a la Argentina de Milei solo le aplique un 10%.
Y luego está Suiza, a quién Donald Trump le ha 'cascado' un 39% en aranceles. Allí, empresas como el fabricante de esquís Stöckli se ha mostrado preocupado por lo que puede repercutir esto en sus ventas en los Estados Unidos, uno de sus mercados principales. Y es que ahora su material, que de media suele ser más caro que el de las otras grandes marcas austriacas y francesas, se quedará notablemente descolgado en el mercado estadounidense.
Menos preocupación deben tener los fabricantes europeos de remontes, esquís o máquinas pisanieves, ya que en Estados Unidos nadie fabrica estos equipamientos. Con unos precios que ya suelen estar ajustados, a sus estaciones solo le quedará tener que pagar un 15% más por todo eso. Y es que la mayoría de veces los aranceles no los va a pagar el vendedor, sino el comprador, en este caso estadounidense.
En Estados Unidos nunca tuvieron grandes fabricantes de remontes. Aunque hubo algunos, sus productos solían tener problemas lo que les obligó a cerrar. Fue el caso de Yan Lifts (con un desastrosos currículum de averías y accidentes). En los '90 aún se podía ver compañías como Riblet, Hall o CTEC pero producían remontes sencillos de dos o cuatro asientos, de pinza fija y sin barra. Las que no cerraron fueron compradas por Leitner o Doppelmayr. De todas ellas solo sobrevivió Skytrac, pero fue comprada por Poma-Leitner en 2016.
Actualmente ambas marcas tienen dos centros de producción en Estados Unidos, pero sin la capacidad de producción de sus centros europeos, no para lanzar modelos más complejos como un telecabina o un teleférico, que se traen desde Austria o Italia.
En el caso de los esquís una situación similar. K2 Skis hace años que deslocalizó totalmente su fabricación a China. Y aunque Head nació en los Estados Unidos, se trasladó a Austria en 1970. Lo que sí hay son pequeñas marcas con producciones limitadas. La mayoría de material que se ve en las estaciones siguen siendo tablas de Atomic, Rossignol y Head. Algo menos de Fischer, Salomon y Dynastar. Y también está Stöckli, que ahora se ve mucho menos competitiva que sus homólogas austriacas y francesas. Será probablemente la única que se vea en la obligación de tener que ajustar algo sus precios para poder seguir siendo opción del comprador.
Las máquinas pisapistas es un mercado prácticamente monopolizado por la alemana Kasbohrer y sus Pisten Bully, y Leitner con sus Prinoth. Estados Unidos nunca tuvo un fabricante de este tipo de vehículos. Si estuvo Bombardier en Canadá.
En definitiva, con un mercado sin competencia, a las estaciones de esquí solo le quedará tener que aflojar ese 15% extra o pausar sus compras a la espera de que amaine el temporal.
Pero deberán decidirse rápido. Trump ha amenzado con subirlos al 35% si no se cumplen ciertos acuerdos como la inversión que tiene que hacer la Unión Europea en los Estados Unidos. De momento no han salido muchas empresas dispuestas a hacerlo. Tampoco está claro que dirá cuando vea que es del todo imposible cumplir con la compra de productos energéticos, calculados en unos 750.000 millones de dólares en tres años (en 2024 la UE compró 76.000 millones y fue un año excepcional). También hay que tener en cuenta que nuestro continente cada vez usa menos gas y que los precios del petroleo bajarán notablemente en septiembre después de que la OPEP+ haya decidir colocar más barriles en el mercado para influir en el mercado.
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El teleférico de Big Sky inaugurado en 2023 fue fabricado por Garaventa en Olten (Suiza) y trasladado a los Estados Unidos tras un largo viaje de 37 días



